martes, 11 de septiembre de 2007

21/8/07 Subida a los lagos

¿Qué pasa "biciosos"?

Era junto uno de los objetivos que nos habíamos marcado mi tío Oscar (la apisonadora de cuatro caños) y yo para este año y estando los dos de vacaciones no íbamos a dejar pasar la oportunidad. Durante el fin de semana habíamos salido con Raúl y acabamos de concretar el plan. Saldríamos desde Lugones, iríamos hasta Covadonga, subiríamos los lagos y después de la bajada nos juntaríamos en Covadonga con Carmen, las niñas y la familia de Carmen para comer todos juntos y volvernos tranquilamente en coche. Basándonos en los comentarios de Raúl nos salían unos 82 km de llano asturiano (del que sube y baja constantemente), unos 11km de subida asturiano (todo para arriba en plan bestia) y sus correspondientes 11 de bajada asturiana.

Como salían muchos kilómetros y el tiempo era limitado dimos por buena la idea de Raúl de ir en bici de carretera. Como yo no tengo, Raúl me prestaría la suya.

Era la primera vez en mi vida que iba a montar en una bici de carretera. Nunca lo había hecho antes, ni siquiera de niño, y para estrenarme toma etapa. Pero, ¿quien dijo miedo?; digamos que se quedaba en ligero acojone.

Lo que no teníamos claro era el día concreto. La climatología no acompañaba (llovió en 8 días de los 9 que estuvimos en Asturias) y teníamos (yo concretamente) algunos compromisos familiares. Pero al final el lunes por la tarde decidimos que el mismo martes sería el día D. No importaba que la previsiones fuesen de lluvia.

Claro que no importaban, porque el martes amaneció lloviendo de todas maneras. A la hora convenida y con puntualidad británica (influencia del clima supongo) nos pusimos en marcha. Nada más empezar a rodar ya pude notar las diferencias entre mi bici de montaña y la bici de carretera de Raúl. Para empezar la bici me venía grande de talla. La postura era bastante más tirada sobre la bici, en horizontal respecto a la carretera. La bicicleta corría bastante más que la de montaña. A los pocos kilómetros ya pude entender que si adelantamos a alguien que va con bici de carretera con la bici de montaña no es porque seamos unos cracks sino porque ese alguien es un globero. Con una bici de carretera, especialmente en llano y cuesta abajo, se corre muchísimo más que con una de montaña... aunque llueva.

Y llovía. Sea como fuese empezó marcando el ritmo mi tío. Y eso significa que salimos como tiros. Levantándonos en cada cuesta. Con ritmo alegre. A mi me costaba seguirle el ritmo. Menos mal que a la altura de Lieres (¿km 15?) comenta: "me parece que vamos un poco rápido, no se si a este ritmo aguantaremos". ¡¡Pues menos mal que lo comentó!! porque yo ya estaba empezando a dudar de mis propias fuerzas.

Seguía lloviendo y a un ritmo más humano llegamos a Arriondas (¿km 65?). Nos salimos de la carretera para entrar al pueblo y hacer una paradita. Café, pincho y plátano (que no se entere mi médico). La velocidad media en este punto era de 28,8 km/h. Ni se sabe las veces que tuve que parar a mear, pero, ¿he mencionado que llovía?, pues eso influye.

Llegamos a Cangas de Onis y ya llovía menos. Parece que no, pero llegando a Covadonga la carretera ya pica para arriba. La prueba de ello es que en mi empeño de mantener la velocidad que llevábamos hasta entonces tenía que poner más fuerza en cada pedalada. Oscar, más prudente ahora, me dejó tirar e irme. Cuando me di cuenta ya le sacaba una buena distancia, pero yo estaba asfixiado. ¡¡Y apenas habíamos llegado a Covadonga!!

Al llegar a Covadonga desvío la izquierda para subir a los lagos (lo que en el perfil es "cruce a la Basílica"). Unas chicas de uniforme estaban en la carretera para impedir que subiesen coches. En plan machote les hicimos la típica pregunta de: "¿queda mucho para los lagos?". Si es que somos unos cachondos. Aunque yo creo que ellas se rieron más que nosotros.

Aun tuvimos tiempo para hacer una paradita. Nos quitamos los chubasqueros, nos sacamos una foto y empezamos la juerga (esta vez no hubo meadita).


Y digo que empezamos la juerga porque la subida se hace dura desde la primera rampa. Y como siempre pasa empezamos demasiado rápido, demasiado fuerte. Después de los dos primeros kilómetros otra vez Oscar volvió a decir eso de "yo creo que vamos muy rápido" y otra vez volví a agradecerle que pusiese palabras a mis pensamientos. Nos relajamos un poquito aprovechando unos 50 metros llanos que aparecieron en la subida como un regalo y a partir de ese momento encontramos nuestro ritmo.

Todo estaba muy bien planeado, pero a ninguno de los dos se nos había ocurrido mirar el perfil antes de empezar la ruta. Gracias a esta peculiar preparación no teníamos muy claro lo que se nos venía encima cuando en un cartel se nos anunciaba "la huesera". Yo de dije a Oscar: "yo diría que aquí empieza lo duro, esto de la huesera me suena de la vuelta a España", pero el tramo de carretera que veíamos no parecía tan complicado. Eso si, nada más tomar la siguiente curva flipamos en colores. La rampa de la huesera estaba delante de nosotros y a lo lejos, a lo alto, a nuestra derecha se distinguía por donde iba la carretera. Todavía quedaba muuuuucho y muuuuuy empinado.

Otra de las diferencias entre la bici de carretera y la de montaña son los desarrollos. En la de montaña tienes desarrollos de sobra para estas subidas en carretera. En caso de duda metes el plato pequeño, piñón grande y pasito a pasito subes. En la de carretera no funciona así. A la primera rampa ya te quedas sin piñones que meter. A partir de ese momento ya es cuestión de ponerse de pie y de aprovechar que la bici pesa y roza menos. La bici de Raúl es en ese sentido más cómoda que la de Oscar porque su piñón grande es más grande que el piñón grande de la bici de Oscar. Para equilibrar los esfuerzos yo me hice la subida sin meter el piñón grande.

Pasamos la huesera relativamente bien. Y basándome en el profundo estudio que había hecho del perfil le comenté a mi tío "ya sólo nos queda la rampa del mirador de la reina". ¡¡Que cachondo!!

La rampa del mirador de la reina también tuvo su gracia porque nos adelantó un autobús y lo pudimos seguir con la vista. En un momento dado la pendiente era tan grande que el autobús se veía extraño sobre el asfalto, como si fuera a volcarse hacia atrás. Estaba claro que ese repecho sería duro.

El caso es que después del mirador de la reina tienes un descanso y luego aunque sigues subiendo ya te parece que no es para tanto. Al poco incluso tienes una cuesta abajo y a partir de este momento y cada poco decía "ya estamos, ya llegamos, lo hemos conseguido".

Llegamos al lago Enol y nos sacamos las fotos de rigor. Habíamos tenido suerte, apenas habían caído unas gotas en toda la subida, eso si, arriba, un frío que hacía, un viento. A poco nos quedamos helados.



Todavía nos quedaba la bajada. Y lo extraño es que los lagos de Covadonga se empiezan a bajar subiendo. Son unas buenas rampas, no muy largas pero duras, y después de haberte quedado mínimamente frío se hacen bastante incomodas. Después vienen otras diferencias con la bici de montaña. Bajar en la postura de la bici de montaña es cómodo, en la postura de la bici de carretera es cansado. Se cansa el cuello, los brazos, la espalda, todo. Las ruedas son muy finas y con el asfalto mojado (como podéis imaginar ese era nuestro caso) da miedo pensar que vas a patinar en una curva, y la carretera de los lagos tiene muuuuchas curvas. Por otro lado los frenos de las bicis de carretera no son hidráulicos. En los hidráulicos con dos dedos y sin apenas fuerzas frenas totalmente la bici. En la de carretera (por lo menos en la de Raúl) tienes que hacer fuerza para frenar. ¿He mencionado que las bicis de carretera corren más que las de montaña?, pues imaginad cuesta abajo. Total que la bajada fue de todo menos divertida. Mucho frío, mucho miedo, mucha incomodidad, brazos atenazados, manos doloridas. Menos mal que el ánimo estaba alegre después de la gesta.

Llegamos abajo y Carmen ya había pillado mesa en un merendero en Covadonga. Fue llegar, subir las bicis, ponernos ropa seca y sentarnos a comer. Ya os podéis imaginar a que me supieron los huevos fritos con patatas que me zampé.

A los pocos días comentando la subida a los lagos con Jose Manuel (el colega de Asturias que me introdujo en la bici de montaña) me comentó que él, en sus tiempos buenos, se hacía la subida en 1h 5'. Yo no tenía muy claro cuanto habíamos tardado, pero luego, en casa, mirando las horas de las fotos, he visto que habíamos tardado en subir 1h 16' lo que no está mal para ser la primera vez, pero que me obliga a repetir la subida pero con objetivo de tiempo. Competitivo que es uno mecachis.

Los datos de la ruta fueron:
Distancia: 106,32 km
Tiempo: 4:49:36
Velocidad media: 22,03 km/h
Velocidad máxima: 49,60 km/h
Pulsaciones medias: 130 ppm
Calorías gastadas: 3.207,6

(perfil sacado de la página del Grupo Ensidesa Cicloturismo)

a cuidarse
Javier Arias González
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