domingo, 28 de febrero de 2010

Desde casa a Carabaña, ida y vuelta

¿Qué pasa "biciososos"?

Aviso 1: Léase esta crónica en tono jocoso o si no, no se lea

Aviso 2: Los hechos de esta crónica han sido convenientemente exagerados para que ésta tenga sentido

Aviso 3: Si no pillas el humor de alguno de los chistes no te preocupes; yo acabo de releer la crónica y algunos tampoco los he entendido; pero me daba pereza quitarlos.


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La cita era a las 8 de la mañana en Legazpi. El día después de la tormenta "ferpecta", vientos huracanados y esas cosas.

A las 6:52 me llega un SMS de Antonio que dice "Paso de huracanes. No voy". Cuando lo vi casi me vuelvo a la cama. El viento había soplado a conciencia durante toda la noche y prometía un día de bici "eólico". Todavía no se porqué pero decidí seguir a lo mío y salir de todas maneras.

A las 8 estaba en Legazpi por eso de comprobar si alguien más se había animado y por allí se presentó Roberto.

Roberto es el ciclista que en la crónica del 200 de Vicálvaro quedó descrito como "un ciclista (tampoco recuerdo su nombre) que rodaba en una reclinada hand made a partir de una btwin del Decathlon". Os pongo una foto para que os hagáis una idea.

La ruta sería cosa de dos. Un señor, con toda su barba, en bicicleta rara y yo en bici de montaña. ¡Vaya pareja!

El plan que yo había propuesto era una ruta estándar de Madrid a "San Marting" y luego vía verde del Tajuña. ¿Hasta dónde llegaríamos? Hasta donde nos diese tiempo. El plan era estar a las 13:30 en casa. Roberto también había propuesto un plan, pero después de comparar pros y contras nos decidimos por el mío. Nos permitía ajustar la distancia del recorrido en función del viento más fácilmente.

Va que nos podemos a rodar y apenas llevamos un par de kilómetros, todavía estábamos en la calle Antonio López, al ponernos en marcha, pongo fuerza en la pedalada y se rompe la cadena.

Yo sé que tengo fuerza en las piernas, pero esto no para tanto ¿no?

El caso es que yo sabía que esto podía pasar. Tengo una lista larga de circunstancias y disculpas que me justifican (o eso me digo yo para poder vivir conmigo mismo) pero el caso es que hacía quince días había lavado la bici en una gasolinera, con una pistola a presión y desde entonces la bici había dormido el sueño de los justos en el trastero. ¡Sin una gota de aceite en la cadena!

Fascinado como he estado (¿sigo estándolo?) con mi nueva bici, de carretera, la bici de montaña decidió vengarse y romper la cadena para hacerse notar.

Reparé la cadena con rapidez y precisión. Y aunque no quedó engrasada, el quitar un eslabón le vino muy bien. Ni un problema más en toda la ruta.

La cosa no se dio del todo mal. El viento soplaba de culo y eso hacía que rodásemos rápidos.

La subida a la Marañosa muy bien. Buen ritmo, pero sin matarse. Nos adelantó un ciclista en bici de montaña y va el tío y se queda a unos metros por delante de nosotros.

Vamos a ver tío. Si adelantas a alguien le adelantas y le dejas atrás. Si le adelantas y que quedas a unos metros pues eres una tentación.

De todas maneras como yo a Roberto no le conocía mucho me corté bastante. Yo seguí subiendo al ritmo que nos habíamos marcado conteniendo las ganas de saltar a por el imprudente.

Van pasando los metros poco a poco y la cosa no cambia. A mi, para que negarlo, me está empezando a salir el instinto competitivo y me cuesta contenerme. Doy un par de tirones, pero me contengo. Seguimos a pocos metros del ciclista.

Siguen pasando los metros y yo ya no puedo más. ¡Si es que esto no se puede aguantar!. ¡Vamos provocando... y claro, tenía que pasar!. ¡Que uno no es de piedra!. Como quien no quiere la cosa, guardando la compostura para que Roberto no tenga mala opinión de mi, hago un pequeño cambio de ritmo para alcanzar al ciclista. Gano terreno rápidamente y me pongo a su rueda. Deben de quedar 300 metros hasta la cima de la Marañosa.

Total, que me pongo a su rueda. Sin pedir permiso ni nada. El tío va y mira para atrás y no dice nada. Yo tampoco. Veo que no aumenta el ritmo y yo me quedo a su rueda. Pasan unos pocos metros y yo me siento bien y el tío sigue sin aumentar el ritmo.

¡Bah! Clase teórica. Decido unilateralmente que soy más fuerte que él, pero que no le adelanto para no quedar mal con Roberto que todavía no me conoce. Me dejo caer unos metros para volver a ponerme en paralelo con Roberto. ¡Uno cero y Zamora de portero!

Desde "San Marting" hasta Vallekillas el viento daba de espalda pero bien. Rodábamos a 33 km/h y sin esfuerzo. Como los profesionales. Claro que ya veríamos a la vuelta.

Paradita fisiológica (esta era la segunda) antes de la rotonda de Vallekillas y a subir que se ha dicho.

Al comienzo de la subida me dice Roberto. "Tu tira si quieres, que yo te alcanzo en la bajada". Yo le contesto en plan Jose Mota "Vamos a nuestro ritmo y luego yo ya si ya yo, y eso...". Que todavía hay que volver (eso lo pensé, pero no lo dije).

Coronamos Vallekillas y bajamos como balas. La velocidad más alta de todo el día fue en ese descenso. Eso de que el viento de de culo se nota.

A la entrada de Morata tuvimos un pequeño susto. A Roberto se le atascó la cadena y su bici se fue contra el guarda raíl. Un golpe en el costado de la pierna. Pero aparentemente nada serio.

Tomamos el carril del Tajuña y a rodar. Que sopla el viento. Un poco antes de Tielmes tomamos referencia para comparar con la vuelta. Rodábamos a 35 km/h y podíamos conversar. Madre mía que miedo da la vuelta. Nos acordamos de Antonio y nos dijimos que tampoco hacía tanto viento (lo que implica que nos estábamos diciendo que éramos unos campeones) y que se había perdido un magnífico día de ciclismo. Para mi que fue para conjurar nuestros miedos.

Hicimos un re-cálculo de tiempos y estimaciones y acabamos decidiendo que la parada sería en Carabaña. Eso no dejaría la ruta en unos 120km, pero así podíamos asegurar que a las 13:30 estaríamos en casa. Al menos yo.

En Carabaña, foto, café y bizcocho de nueces y naranja hecho por Roberto que preferí a una barrita energética.


Nos ponemos en marcha. Son las 11:00, tengo dos horas y media para llegar a casa. ¡Sobrados!

Al poco comentario entre la pareja. Pues tampoco hace tanto viento.

Un poco más tarde pensamiento del que escribe. Pues hombre algo si que sopla.

Pasamos por el punto de control ahora rodamos a 25 km/h, ¿conversamos? si, algo, pero las pulsaciones van altas. Se nota la diferencia.

Ahora tenemos más tráfico de ciclistas que vienen de frente. Y es un problema. Yo ruedo paralelo a Roberto, a su izquierda; por lo que me toca negociar con ellos el cómo nos cruzamos. El caso es que todos ellos se quedan tan sorprendidos con la bici de Roberto que no me prestan atención y al final soy siempre yo el que se va apartando. Si, ya se que por mi posición en el carril debo ser siempre yo, pero si Roberto fuese en una bici normal y echándole yo un poco de cara alguna que otra vez es el que viene de frente el que se aparta ¿no?. ¡Además! Me siento un poco celoso, me quita protagonismo.

El caso es que seguimos rodando bastante rápido y claro llegamos a Morata en un santiamén. Son las 12:00. Vamos un poco justos. 1:30 es lo que tardo en un día normal y hoy tendremos viento de cara. No nos pongamos nerviosos ...

La subida a Vallekillas bien (según mi ranking personal). No pasé de 170 pulsaciones y subíamos a buen ritmo. No me acuerdo del viento. Para mi que no hacía.

Bajada de Vallekillas. Pues si que hace viento porque la bici no corre. 55 km/h de velocidad máxima y eso que me puse agachado en plan profesional sobre la bicicleta.

Llano desde Vallekillas a "San Marting" (¿Cuenta esto como parte del llano Argandiano?. El viento si que sopla de cara. Aun así nos estamos dando cera y rodamos rápido.

A las 12:30 llegamos a la rotonda de la estación de tren y tomamos el carril bici. Tengo una hora para llegar a casa. Vamos muy justos. ¿Nos ponemos nerviosos? Venga no. Estamos rodando rápido.

Nada más tomar el carril bici lo comentamos. Como se nota que estamos en hora punta. Había muchísimos ciclistas. Todos menos Antonio. Y nosotros los adelantábamos a todos. Daba igual que fuesen en bicicleta de montaña o de carretera, los pasábamos a toda leche.

Un inciso. No me acuerdo de cuando fue, pero acabo de acordarme ahora y quiero contarlo para que no se me olvide. En algún momento de la ruta (y yo creo que fue en dos o tres ocasiones) comentamos que nos gustaba rodar a buen ritmo, Roberto mencionó entre un 70 y un 90% de las pulsaciones máximas (¡Que profesional!, y yo también que le entendí).

Pues como a los dos nos gustaba rodábamos a buen ritmo Marañosa arriba.

Para situarnos que esto tiene miga. Estamos en el km 14 aproximadamente. Llevamos un kilómetro de subida y quedan tres.

De repente van tres tíos en bici de carretera y nos adelantan. No muy fuerte, saludando con educación, pero nos adelantan, eso esta claro. Un adelantamiento en toda regla.

El caso es que se me pasa un pensamiento y creo recordar que a estos tres les habíamos adelantado nosotros, también saludando con educación, hace como dos kilómetros.

Yo no pensé mal, que conste. En ningún momento pensé que aquí había pique ni nada. No, no. Incluso lo asumí con normalidad. Te adelantan, pues te adelantan. Tampoco pasa nada.

Lo que pasa es que, como había tanto tráfico, unos pocos metros después de habernos adelantado tuvieron que reducir la velocidad para ponerse detrás de unos ciclistas que iban más lentos y así dejar pasar a otros ciclistas que bajaban. ¡Coño! pues les volvimos a alcanzar. Lo normal ¿no?

Pero nada oye. Todo normal. Ellos adelantan a los que iban más lentos. Y nosotros también. Ellos incrementan el ritmo y nosotros también. Miro para atrás y veo que Roberto no se mete en la refriega. El es un hombre de paz. Yo ya que estaba a rueda ... le indico a Roberto, con un gesto que no se si el entendió, que subiré con ellos.

El caso es que los tíos van rápido. Adelantamos a todo el mundo, pero ahora más rápido que antes. El que va el último mira para atrás y confirma que voy pegado a su rueda. No detecto un gesto hostil y yo bastante tengo con seguir el ritmo.

Veo la señal del kilómetro trece. Miro el pulsómetro y bien. llevo 171 pulsaciones por minuto. Estoy hecho un campeón, con los kilómetros que llevo en las piernas, subiendo a este ritmo y "sólo" llevo 171 pulsaciones. ¡Que machote!

Vuelvo a mirar las pulsaciones, para regodearme y vaya. Que son 177. Que he confundido el último 7 con un uno. ¡Que genio!. Pues la cosa ya no pinta tan bien. Si me quedan dos kilómetros y mi máximo teórico está en 179 eso significa que no voy a aguantar mucho.

¿Sabes que te digo? Que yo sigo. Si luego no puedo pues ya si eso voy más despacio y me justifico pensando que estoy esperando a Roberto. Pero de momento yo sigo a rueda a ver que pasa.

Llegamos al kilómetro 12 y mis pulsaciones ya van a 182. Me acuerdo de que el cardiólogo me había dicho hace tiempo, cuando le pregunté por los máximos de pulsaciones y esas cosas importantes de la vida, que el cuerpo es muy sabio y que yo tire que si me paso de mi máximo el cuerpo me obligará a parar. Pues oye, con permiso médico a rueda.

Yo se que detrás de esa curva el viento va a dar de cara. Y lo va a dar fuerte. Me pego más, si es que eso es posible, al ciclista que me precede.

Llegamos a la parte más dura.

Atención. El ciclista que rueda en el segundo puesto cede. Se abre un hueco entre el primero y el segundo.

Que nervios, que nervios.

El que rueda el tercero se echa a la izquierda. Y yo también.

El que rueda el tercero adelanta al que rueda al segundo. Y yo también.

El que rueda el tercero alcanza al que rueda al primero. Y yo también.

Miro el pulsómetro y dice que 188. Me entra la duda de si mi cardiólogo fue a clase el día que se explico que eran y como funcionaban las pulsaciones máximas. Pero oye, ya liados ...

Ya estamos en la recta final. Ya se ve el "premio de la montaña". Llegó el momento.

Me pongo de pie sobre la bici. Y lanzo mi "ataque".

En el momento de adelantar a los ciclistas hice un alarde de educación y dije (verídico) "Perdón. voy a sprintar que yo quiero probarme". Humilde, pero educado.

Llego al alto de la Marañosa. A toda leche me echo a la izquierda para poder parar sin que me atropellen los que vienen detrás. Derrapo con la bici al frenar.

Miro el pulsómetro y dice que 192, lo que le quita mérito a todo este asunto porque sólo puede significar que el pulsómetro no marca bien.

En menos de dos minutos llega Roberto.

En la cumbre de la Marañosa nos adelanta un grupo de "pros" y se monta una de la leche. Un momento estresante. Ciclistas de frente. Un grupo adelantando. Nosotros rodando rápido. Por fortuna no pasó nada.

Rodamos el resto del carril bici a un ritmo realmente rápido. Con la justificación de que a los dos nos gusta rodar rápido pues venga, gusto al cuerpo.

Llegamos al cruza de la calle Rosales con la Avda de Andalucía y nos separamos quedando yo con la mitad de la frase en la boca. Buen rollo.

Miro el reloj y leches. Las 13:20. Tengo 10 minutos para llegar a casa. Me quedan casi cuatro kilómetros. Hay semáforos por lo que tendré que apretar si quiero llegar a tiempo.

Cada salida de semáforo un sprint. La subida por Rafaela Ybarra a 27 km/h. ¡Dándolo todo!

Cuando abría la puerta del portal mi reloj marcaba las 13:30 exactas. Dos veces en dos salidas. Estoy jugando con fuego y un día de estos me voy a quemar.

Os pongo los perfiles.

De casa a Carabaña:

Y de Carabaña a casa:
Y los números de la ruta (según el GPS):
  • Kilómetros: 120,8
  • Desnivel acumulado: 938
  • Tiempo rodando: 4:41
  • Velocidad media: 25,69 km/h
  • Velocidad máxima: 65,43 km/h
  • Km de la bici: 3048
  • Pulsaciones medias: 144
  • Pulsaciones máximas: 192
  • Calorías consumidas: 3.856
A cuidarse
Javier Arias González
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