domingo, 21 de febrero de 2010

El 200 de Vicálvaro

La idea era levantarse a las 6:15 de la mañana para hacer una ruta de 200km en bicicleta (el brevet 200 de Vicálvaro de carretera) la sexta vez que montaba en bici de carretera y la segunda vez que lo hacía en mi bici nueva cuando nunca había rodado más de 165km. Por si fuera poco un compromiso familiar me imponía la obligación de acabar el recorrido no más tarde de las 19:00. No es que suene muy razonable, pero ese era el plan.

Obviamente este era mi primer brevet y la cosa atemorizaba un tanto, pero el estar acompañado por nueve componentes del Pakefte me daba confianza. Teníamos como plan el rodar juntos a un ritmo tranquilo y eso siempre es bueno. Nos presentamos (en perfecto orden alfabético) Agus, Antonio, Buje, Edu, Jose, Josu, Juan, Paloma, Pilar y yo.

Pilar me lo había advertido, "Verás aquí salen disparados"; yo debía haberlo intuido cuando vi que varios ciclistas, incluidos algunos del Pakefte, se ponían en marcha antes de la salida oficial. Pero aun así, cuando dieron la salida oficial yo empecé a ponerme los guantes; cuando me puse en marcha ya estaba de los últimos.

Salgo a toda leche y me pongo a adelantar ciclistas buscando alguna cara conocida. A los pocos minutos me encuentro con Pilar. Somos los últimos del Pakefte, pero a la vista esta Juan. A mi me vale. Me quedo con Pilar.

Por poco tiempo. En el kilómetro 7,700 nos encontramos con Agus parado en el arcén. Le preguntamos y nos contesta que ha reventado una rueda. Vaya mal sitio. En bajada, con arcén estrecho, con coches que circulaban bastante rápido. Me quedo con él para intentar echar una mano. Al poco llega Buje y entre los tres nos ponemos a reparar la rueda delantera.

Estamos listos, nos subimos en las bicis y no habíamos rodado ni 5 metros y se oye el estallido de una rueda. Agus ha vuelto a reventar su rueda delantera. Nos ponemos de nuevo a reparar el desperfecto. Yo controlando el tráfico y Agus y Buje con la rueda. Al final el problema era una cubierta desgastada. Nada que no se pueda resolver con un poco de cinta americana.

Cuando nos pusimos en marcha ya éramos, de largo, los últimos de todo el pelotón. Enseguida nos pusimos un ritmo trepidante. Agus tiraba bastante fuerte, Buje y yo seguimos su ejemplo y al final los tres nos movíamos con rapidez por un terreno favorable. Relevos con precisión impresionante. Sólo hicimos un par de paradas para comprobar el recorrido e incluso Buje nos recordó, en el llano argandiano, que debíamos comer. Nos comimos una barrita en marcha.

Llegamos a San Martin y nos encontramos con un ciclista "1/4 pro" que nos adelantó después de haber rodado unos momentos a nuestra rueda. Yo salté a su rueda, pero después de unos metros era evidente que rodaba demasiado rápido para nosotros. Le dejamos ir. Pero no se fue muy lejos. Se quedo a unos pocos metros por delante. Nuestros relevos fueron dando su fruto y un poco antes de Ciempozuelos le alcanzamos. Agus, muy educadamente, pidió permiso para ponerse a rueda, el ciclista aceptó y nos pusimos a gorronear. Lástima que sólo nos duró hasta la rotonda de Ciempozuelos. Allí nosotros tiramos hacia Aranjuez y el no.

Lo bueno es que ya habíamos divisado a lo lejos a Juan, Jose y Pilar. Yo creo que ellos debieron intuirnos y aflojar su marcha; pero sea como sea en el kilómetro 52 de la ruta nos encontramos. ¡Ya éramos seis! El ritmo del grupo era sensiblemente más bajo que el ritmo que habíamos llevado hasta entonces Buje, Agus y yo. Se agradecía el relax.

Que pena que esto no durase mucho. En el kilómetro 55 pinché mi rueda de atrás. Agus y Buje se quedaron conmigo a ayudarme a repararla. No tardamos mucho, pero otra vez los del trío calavera éramos los últimos.

Pues venga. Vuelta a un ritmo alegre y a rodar. Al poco llegamos a Aranjuez. Y entonces Buje tuvo una lúcida idea. ¿Por qué no nos paramos en Aranjuez a tomar el pincho? Yo, a pesar de que eran sólo las 11:30, ya tenía hambre y acepté encantado. Aranjuez también nos brindaba la oportunidad de encontrar una tienda de bicis para comprar una cubierta para la rueda de Agus.

Después de preguntar varias veces y callejear por Aranjuez encontramos una tienda de bicis. Agus se compró una cubierta y un par de cámaras, yo una cámara para reponer la que acababa de pinchar y Buje unos parches. "Por si acaso".

Junto a la tienda de bicis había una tienda en la que vendían pan caliente y fiambre. Nos compramos una barra y salchichón con tres latas de cocacola y sentados en la acera dimos buena cuenta de nuestros bocadillos. A mí me supo a gloria.

Antes de ponernos en marcha calculábamos cuanto tiempo nos quedaba hasta el primer control. Estábamos en el kilómetro 69, el primer control estaba en el km 85; teníamos más de hora y media para llegar. ¡Sobrados!.

Nos ponemos en marcha haciendo caso al GPS de Buje y empezamos subiendo una cuesta larga y dura, dura, dura. Tanto que Agus tuvo que pararse y yo descubrí la certeza de que o mejoro mi forma física o no voy a ser capaz de subir esta bicicleta al Angliru en el verano. Necesita más desarrollo en la bici. El GPS nos había guiado perfectamente hasta ese momento, pero este era su momento bromista y nada más coronar la cuesta nos tocó bajarla y perder toda la altura ganada.

Finalmente dimos con la carretera correcta y nos pusimos en marcha. Eso sí, ahora cuesta arriba. Hasta ahora todo el terreno había sido favorable, pero ahora no. Habíamos parado, estábamos fríos, soplaba el viento, esto se estaba poniendo duro.

En un par de llamadas Buje posicionó al resto de Pakefte. Jose, Juan y Pilar iban por delante, ya estaban en el primer punto de control; Antonio, Edu y Paloma estaban un poco por delante de nosotros, al parecer se habían dedicado a hacer turismo (se habían perdido) por la Poveda y por Aranjuez y eso les había retrasado. Josu desaparecido y a nadie le extrañaba.

A los pocos kilómetros nos encontramos con Edu que nos estaba esperando. Nos sacó una foto de la que llegamos a su altura. ¡Que alegría me dio! Ya éramos cuatro. Unos pocos kilómetros más adelante nos encontramos con Antonio, Paloma y ¿Pedro? (no estoy seguro de si se llamaba Pedro, pero con Pedro se queda para el resto de la crónica). Unos pocos kilómetros más y llegamos al primer punto de control. Kilómetro 85 de la ruta, eran las 12:49.

Aprovechando que teníamos que sellar el papel de ruta en un bar decidimos parar a retomar fuerzas. Yo me comí el casi medio kilo de ensalada de pasta que llevaba en un tupper, un plátano y un café con leche. Estos 16 kilómetros me habían hecho mella.

Al ponernos a rodar tomamos la primera carretera que era realmente tranquila, sin coches. Cuesta arriba, pero asumible. Ahora éramos un grupo de siete y el ritmo era tranquilo. Al tran-tran acabamos coronando y entonces llegó el nirvana. Entramos en una zona en la que el viento nos daba por la espalda, sin apenas esfuerzo podíamos rodar a 30 km/h. Disfruté de este periodo del recorrido y antes de que me diese cuenta ya estábamos sellando en la gasolinera de un pueblo cuyo nombre no recuerdo. Aprovechamos para sacarnos unas fotos, comer y beber.

Al poco de ponernos en marcha vimos un cartel que ponía Chinchón 20km. ¡Bien! pensé (creo que incluso lo pronuncié). Si Chinchón está a 20km y de Chinchón a casa ya se ir esto empieza a ser terreno conocido. Si me quedase atrás sabría llegar yo sólo.

Empezó una bajada larga y pronunciada. De esas que te hacen presagiar que después vendrá una subida equivalente. Y así fue, así lo comentamos "Pedro" y yo cuando llaneando por el valle vimos lo que se nos aparecía delante de nosotros. Lo que viene siendo una señora cuesta.

Las primeras rampas me sorprendieron. Antonio, Buje y Agus subían con facilidad y yo me retorcía para no separarme mucho de ellos, volvía a encontrarme frío. Edu, Paloma y "Pedro" se quedaron; hicieron la subida a su ritmo.

Pasadas las primeras rampas me empecé a sentir mejor. Al poco pude meter un piñón más y luego otro. Poco a poco me fui encontrando en la bicicleta. Y tras encontrarme vino el disfrute. Empecé a ser consciente del paisaje que nos rodeaba, un bosque de pinos, y de lo bonito de la carretera, tras cada curva el puerto tomaba una nueva dimensión y encima el viento soplaba de culo. Me lo pasé genial el resto de la subida. Me encontraba bien y no podía dejar de expresarlo verbalmente. Creo que les di un poco la coña a mis compañeros del rodar.

Cuando llegamos al pueblo (no me acuerdo del nombre) en el alto del puerto paramos. Pero no mucho tiempo. Antes de lo que yo esperaba aparecieron Edu, Paloma y "Pedro". "Yo no paro" dijo Paloma. Me metí el resto de la barrita en la boca y me subí a la bici. Seguíamos la marcha.

Tenía todo el sentido del mundo. Buje había hablado con Juan y sabíamos que estaban parados en Chinchón. Cuando llegamos ellos salían del bar, Juan, Pilar, Jose y un ciclista (tampoco recuerdo su nombre) que rodaba en una reclinada hand made a partir de una btwin del Decathlon. Hicimos una pequeña parada en la que aprovechamos para coger agua y nos pusimos todos en marcha. Ahora si que éramos un buen grupo; 11 ciclistas. Alguien me preguntó como iba con respecto al tiempo (tenía que estar en Vicalvaro a las 19:00 sin falta) y yo contesté que bien. Nos quedaban unos 60km y eran las cuatro de la tarde. Si manteníamos una media de 20km/h llegaría sin problemas.

Tras la bajada desde Chinchón llegó un terreno llano bastante "pestoso". Viento de lado y coches circulando rápido. Este fue mi momento de recogimiento. Me puse a la cola del pelotón y me deje llevar sumido en mis propios pensamientos.

En cuanto hicimos el giro en Ciempozuelos hacia San Martin de la Vega el viento empezó a darnos por la espalda y la cosa se animó. Me desperté de mi letargo y me hice esos kilómetros charlando con Jose. Sin darme cuenta llegamos a San Martin de la Vega. Ultimo sello en el papel de ruta. ¡Bien!

Paramos a tomar algo. Barrita energética, dos mandarinas y agua para beber. Los ánimos del grupo estaban altos. Habíamos decidido que de San Martin a Vicálvaro iríamos por el carril bici. Así nos evitaríamos el tráfico de entrada a Madrid. Yo encantado. Conocía el camino perfectamente. Estábamos en el kilómetro 165 de ruta y según mis cálculos nos quedaban unos 30km.

Un momento. Si son las 17:25 y nos quedan 30 kilómetros yo voy justo (muy justo) de tiempo. Como impulsado por un resorte me pongo en pie y anuncio que yo me tengo que ir. Me despido de manera un poco apresurada, y por tanto maleducada, de mis compañeros de ruta y me pongo a rodar por las calles de San Martin de la Vega comiéndome la cabeza.

El problema es este.
Tengo 165 kilómetros en las piernas. Nunca antes había rodado tantos kilómetros. A partir de ahora rodaré yo sólo. Tengo que hacer 30 kilómetros en una hora y media. Estos 30 kilómetros pican hacia arriba. Me encuentro razonablemente bien de fuerzas, pero delante de mi hay dos cotas (la Marañosa y el alto después de el Pozo) y cinco repechos dignos de mención (arroyo culebro, Perales del rio, Cuesta de los Gitanos, Puente sobre la A3 y rampa hasta donde tendré que abandonar el carril bici). Hace viento; no mucho, pero notable. Uf, esto no pinta bien. ¿Cómo me lo monto?

Pues antes de llegar al carril bici ya tenía la solución.
  • Ritmo de entre 150-160 pulsaciones por minuto en las subidas y en el llano.
  • Ritmo de entre 160-170 pulsaciones por minuto en el último km de la Marañosa
  • Los repechos dignos de mención de pie sobre la bici, sin forzar ritmo, pero descansando el culo
  • Fuera guantes y braga porque vas a pasar mucho calor
Si cumplía con estos requisitos podría mantener una media global de 23 km/h que me daría de sobra para llegar a tiempo. Consulto mi velocímetro y hasta entonces la media rodando había sido de 23,4km/h. Echo de menos mi reproductor de música, me habría venido muy bien para ponerme una música con ritmo, pero con una situación tan complicada no me voy a quejar por un detalle.

Me pongo a rodar Marañosa arriba. Mantengo el ritmo de 23km/h y las pulsaciones por debajo de 160 hasta el último kilómetro. El último kilómetro lo sufro las pulsaciones se me disparan.

Justo cuando corono me adelanta un "pro" a buen ritmo. Pienso en cogerle la rueda pero descarto la ida. Va demasiado rápido y necesito parar a ponerme los guantes y la braga, en la subida he pasado frío en las manos y no quiero ponerme a bajar sin guantes. Tampoco creo que hubiese podido aguantarle el ritmo, para que engañarnos.

En la bajada de la Marañosa no dejo de pedalear. Paso el repecho de Arroyo culebro muy bien y me pongo a rodar por el terreno que me viene. Se que es llano y rápido. Pongo las manos en la parte de abajo del manillar y giro los pedales con alegría preocupándome de la respiración y de las pulsaciones y atento a los mensajes de mi cuerpo.

El viento me castiga bien, pero aun así adelanto a un par de ciclistas en bici de montaña. Voy a una velocidad de 30km/h pero se que eso es despacio para esta zona. El viento tiene la culpa.

Negocio el repecho de Perales del Rio y el de la cuesta de los gitanos con cierta soltura y manteniéndome dentro de los límites de pulsaciones. Esto parece que marcha.

No entro en el parque del manzanares por el sitio habitual. Si sigo por la carretera puedo ir más rápido y ganar algo de tiempo.

Cuando entro en el parque del manzanares me relajo un poco. Aunque no muchos algún peatón si que hay y no puedo correr. Me digo que así recupero un poco antes de la cota de el Pozo.

Pienso que si atajo por el camino de la depuradora de la china me ahorraré dos kilómetros. Tendré que rodar 100 metros por un camino de tierra y barro, pero merece la pena el ahorro. Pues nada voy tan concentrado que cuando me doy cuenta ya me he pasado el desvío del atajo. Me toca hacerme dos kilómetros más por atontado.

Justo a la entrada del túnel bajo las vías del tren me paro. Meadita y control del tiempo. Son las 18:30 he rodado 20km. Tengo que hacer 10km, mayormente cuesta arriba (una cota y dos repechos dignos de mención) en media hora. Se me pasa por la cabeza la idea de irme directamente a casa y pasar de ir a Vicálvaro, pero la descarto. Estoy cansado y no creo que pueda mantener una media de 20km/h cuesta arriba pero me da mucha pena no acabar mi primera brevet.

Me pongo en marcha. Nada más pasar el túnel, justo debajo de las chabolas de los gitanos una manada de ratas, por lo menos veinte, se espantan a mi paso. ¡Coño que susto me dieron!

Empieza la subida y enseguida me doy cuenta de que esto no va bien. Las piernas no tienen ya fuerzas para mantener el ritmo que había planificado, las pulsaciones ya no suben.

Reajusto mi objetivo. Entre 140 y 150 para el ritmo constante no más de 160 en los esfuerzos puntuales. La velocidad, en consecuencia, se derrumba.

Cuando llego a la estación de el Pozo allí está el tren y vuelvo a tener la tentación de irme directamente a casa. Esto no tiene buena pinta, voy a llegar tarde. Pero, cabezón que es uno, decido seguir adelante. Ya sólo me quedan 500m para coronar el alto de el Pozo. Lo hago con más pena que gloria a una velocidad de 14km/h.

Recupero en la bajada y sufro, mucho, en el repecho hasta el puente sobre la A3. Vuelvo a recuperar en la bajada y me muestro patético en el repecho hasta donde tengo que abandonar el carril bici.

Es en este momento en el que caigo en que yo, desde aquí, no se ir a la plaza de la Vicalvarada. ¡Si es que soy un genio!

Saco el móvil y le pregunto al Sr. Google Maps. El teléfono tarda en captar la señal de los satélites de GPS, pero no me importa porque aprovecho para recuperar el aliento.

¡COÑO! Según Google Maps la plaza de la vicalvarada está a poco más de 2,5 km. Son las 6:51. Tengo 9 minutos para hacer 2,5km. Eso es asequible.

Me da un subidón de la leche. Me monto sobre la bici y me mezclo con el tráfico. Esprinto a la salida de cada semáforo. No noto el cansancio.

Llego a la plaza de la Vicalvarada y entro en el bar la Escopeta. Son exactamente las 19:00. Que contento estoy. Más por la puntualidad que por haber hecho mi primer 200.

La chica del bar me pone el sello en la hoja y pongo las 19:01 como hora de sellado (hay que ser honesto). Como quiere quedarse con el papel le pido que me deje hacerle una foto.
Caigo en la cuenta de que tengo hambre y sed por lo que me pido un zumo de melocotón y una bolsa de patatas fritas. Me las meto en un bolso, me las comeré en el tren.

Salgo pitando hacia el tren que llega en un minuto. Todavía jadeante me pongo a comer las patatas y a beber el zumo. Me saben tan ricas que me digo que cuando llegue a casa les sacaré una foto para ponerla en la crónica.

En atocha me subo otra vez en la bici. Ahora si que estoy contento por haber acabado mi primer 200. Los minutos sentados en el tren, el comer y el beber me han devuelto las fuerzas que junto con el ánimo hacen que me encuentre muy bien. Incluso me permito esprintar subiendo Antonio Leyva para ver cuanto daba de mi (conseguí subir mis pulsaciones hasta 170 y alcanzar una velocidad de 27 km/h). Cuando llegué a casa deba saltos de alegría.

Pongo aquí el mapa de la ruta:



View Bici-20100220-200 Vicalvaro in a larger map
El perfil:
Y los datos de la ruta:
  • Kilómetros: 195,6 (ha sido un 200 un poco escaso, pero 208 si cuento ir y venir de mi casa a Atocha. Es mi record personal)
  • Desnivel acumulado: 1.446 metros
  • Tiempo rodando: 8:21:26 (también mi record personal)
  • Tiempo total: 10:51:24 (por eso esta crónica es tan larga)
  • Velocidad media: 23,41 km/h (conseguí mantener 23,4 km/h de velocidad media en los últimos 30 kilómetros)
  • Velocidad máxima: 61,20 km/h
  • Km de la bici: 361km
  • Calorías consumidas: 3.596,6 (marcadas por el velocimetro)
Por cierto, ¿qué fue de Josu?

A cuidarse
Javier Arias González
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