lunes, 22 de marzo de 2010

San Martin - Villaconejos - Colmenar de la Oreja - Chinchón - San Martin

¿Qué pasa "biciosos"?

Me monto en la bici y me doy cuenta de que el pulsómetro no funciona. ¡Bien!

Habíamos quedado en Legazpi a las 08:00, pero Antonio me había enviado un mensaje corto diciéndome que no venía, que el 200 había sido un 225 por lo que no tenía muy claro con quien me encontraría en Legazpi. Por si acaso me veía sólo me había echado el mp3 en el bolso; pero no, en Legazpi estaban (por orden alfabético) Diego, Jose Manuel y Roberto. En el parque Manzanares se nos unió Juan y formamos el quiteto definitivo.

Llovía. Y eso demostraba que la meteorología, aunque útil en muchos casos, no es una ciencia exacta y comete errores que afectan a la práctica del ciclismo. Se había puesto a llover justamente a las 08:00 de la mañana. Como alguien dijo justo para que ya estuviésemos fuera de la cama y yo tuviésemos disculpa para no salir. Visto como se desarrolló el día, menos mal.

Llovía, cierto; pero en realidad llovía poco. Ejerciendo de asturiano ni siquiera me puse el chubasquero. No hacía falta.

Pusimos rumbo a San “Marting” de la Vega a ritmo de cháchara. Y enseguida llegamos a la base de la Marañosa. Nos dividimos en dos grupos. Diego, Jose Manuel y yo en cabeza. Juan, que el viernes se había ido a Cuenca en bici y Roberto que ayer se había hecho el 200, por detrás. Subida a buen ritmo, pero sin hostilidades. Aquí todos somos amigos.

En la parte alta de la Marañosa parada fisiológica y me pongo el chubasquero. No es que llueva mucho, pero bajando será mejor abrigarse. Prudente que es uno.

San “Marting” sigue en obras y la forma de pillar la carretera de Colmenar sin toparse con ellas sigue siendo un misterio. Nueva parada fisiológica y me quito el chubasquero, ha dejado de llover.

Llano “ciempozueliano”. Rodamos a ritmo de 30km/h. Estos “amigos” me llevan un poco fuera de punto.
Subida a Villaconejos. Yo esta subida no la conozco por lo que mi intención es dejarme ir. Pero una cosa son mis intenciones y otra las de mis “amigos”. Diego lanza un ataque no muy fuerte con la declarada intención de picarme. Jose Manuel sale con él. Oigo que Juan les “riñe” y les dice que no me provoquen. Yo, que, como dice la abuela de un amigo, parezco el más tonto de mi edad (ella lo dice hablando de mi amigo, que es insultantemente más joven que yo). Pico y aumento el ritmo. Diego y Jose Manuel me esperan entre comentarios jocosos. Parafraseando mentalmente a ese gran icono de la cultura popular pienso. ¡Aquí se va a liar parda!

Y es que la subida de Villaconejos no me viene nada bien. Repechos cortos y duros seguidos de subidas tendidas. Malo para subir a ritmo, bueno para pegar tirones. Malo para mi, bueno para mis “amigos”. Les confieso que esta subida no me conviene, comentamos que yo soy más diesel y como pillan el mensaje el siguiente repecho se ponen los dos de pie sobre la bicicleta y me obligan a aumentar el ritmo de pedalada. Puedo seguirles, pero me están dando bien.

La subida sigue a escalones que se convierten en pequeños tirones cada vez que Diego y Jose Manuel los afrontan poniéndose de pie en la bici. Ellos hablan, yo entre jadeo y jadeo creo que dejo escapar alguna palabra.

De repente veo que atravesamos una línea en el suelo y me parece ver un P.M. pintado. Diego ha pasado el primero, yo a su rueda y Jose Manuel a la mía. Yo no comento nada. En realidad la cuesta sigue.

De repente Jose Manuel lanza un ataque. Abre hueco. Sólo unos 10 ó 15 metros, pero ha abierto hueco. Diego chilla algo que no me acuerdo, pero que cuento para que os metáis un poco más en la situación. Yo pienso, si esta cuesta acaba ahí donde parece yo puedo responder al ataque, tengo permiso del cardiólogo. Meto un piñón más, me pongo de pie sobre la bici y a pedalear se ha dicho. No se si es cierto o si me lo invento ahora mismo, pero convengamos, por aquello del espectáculo ciclista, en que Diego chilla algo, yo no se que, a mi paso.

Creo que adelanto a Jose Manuel justo cuando pasamos por donde yo había fijado el final de la subida (no nos engañemos, no merece la consideración de puerto).

Levanto el pie para coger aire. Jose Manuel también. En esto que nos pasa Diego y dice, esta vez si que me acuerto, si la subida no se ha acabado. Jose Manuel salta a su rueda. Yo confieso en voz alta que no puedo seguirles y les dejo que se disputen la victoria.

Cuando levantan el pie enlazo con ellos y cuando Juan y Roberto nos alcanzan enfilamos hacia Villaconejos. Hora de parar.

En el bar bicicleta GAC con alforjas modelo rústico como se puede apreciar en la foto.


El bar con fotos y dedicatorias de Contador por todos los lados. Pedimos al tabernero que nos sirviera aquello que le sirve al genio cuando para por esos lares, pero como no nos desveló el secreto no decantamos por el tradicional pincho de tortilla. Como tenía una tortilla entera recién hecha le dijimos que nos la quedábamos, unos con café con leche, otros con acuarius. La tortilla se quedó en 2 piñones aunque se apuntó que podría ser 2,5 piñones por aquello de que estaba recién hecha. A mi me supo a gloria porque tenía un hambre tremenda. La dicusión sobre la personalidad de los grandes deportistas. Repasamos a Contador, Valverde, Fernando Alonso y alguno más que no me acuerdo.

Empezamos a rodar y empezamos bajando, lo que siempre viene bien para ir calentando.
Después de la bajada vino un llano en una carretera estrecha con buen asfalto. Lo que sigue viniendo bien para ir calentando.

En este tramo la conversación fue muy animada. Conversábamos sobre el dopaje y lo injustamente que son tratados lo ciclistas si se comparan con los futbolistas. No es que fuésemos muy originales, pero con tanta cháchara esa parte de recorrido se me pasó muy rápida.

Claro que, de repente, Juan advirtió que girábamos a la izquierda y que empezaba la subida a Colmenar de la Oreja. Una subida dura, nos advirtió. “Yo subo a 13 [por hora]” o “Yo de 13 [por hora] no paso” fue la expresión de Diego. A mi me pareció una gran idea y a Jose Manuel también pareció parecerle. Volvimos a formar los dos grupos de subida.

Esta subida es paralela a la que hicimos en el 200 y si aquella me gustó esta me gustó todavía más. ¡Que preciosidad! ¡Que carretera más tranquila! ¡Que subida más bonita!.

Nosotros la subimos sin hostilidades, pero a un ritmo más que digno. Lo que para Diego es subir a 13 se convierte en subir a 18. ¡Y eso que subíamos hablando!.

Curvas, contra-curvas. Pedaleo de pie, pedaleo sentado. Todo regado con una conversación sobre el deterioro de la profesión del informático/teleco que acabó derivando en un análisis de la estrategia a medio plazo de Telefónica. Si es que andar no andamos un pimiento, pero, eso si, las tertulias son de nivel.
Cuando llegábamos a las conclusiones finales de nuestra conversación llegamos al alto de la subida. Nos prodigamos en elogios mientras parábamos a esperar a Juan y a Roberto.

Cuando nos reagrupamos. Me subo en la bici para reanudar la marcha y ¡CLAC! Cadena rota. Esta vez no ha sido por no engrasarla. Pero la lluvia de primera hora de la mañana la ha dejado sin aceite. Me toca quitarle otro eslabón. [Recordatorio:  Javier, tienes que cambiar la cadena a la bici]

Reparo la cadena con rapidez y eficacia y enseguida nos ponemos en marcha. Estamos a la entrada de Colmenar de la Oreja. Por la hora que es y por el recorrido que falta me doy cuenta de que se ha hecho tarde. Si sigo con la ruta planificada llegaría sobre las 14:00 a Arganda y luego tendría el metro y el tren hasta casa. Si me desviaba de la ruta y me dirigía a Chinchon, Morata, San Martin y de ahí a mi casa llegaría a las 14:00 si consigo pedalear a buen ritmo. Juan comenta que tendré viento a favor.

Analizadas las opciones decido formar mi propia disidencia y me despido de mis compañeros de ruta. Me quedo sólo.

Llego a Chinchón y caigo en la cuenta que llevo conmigo el mp3. Parada para consultar el GPS (si, es triste, pero cierto), ponerme la banda sonora que empieza Dreamer de supertramp, premonitorio y sacar una barrita.

Paso por Chinchón. Bajada rápida. Una subida de la que no me acordaba y una bajada más rápida aún. Ya estoy en el valle del Tajuña. El viento me da de cara. ¡Pues no era este el plan!

Me hago este llano a un ritmo tonto. Me estoy cansando, pero no ruedo a buena velocidad.

Empieza la subida a “Vallekillas”. Yo me lo tomo con filosofía. Subo con mucha frecuencia de pedalada, siento que no tengo fuerzas en las piernas.

Llego al cruce con la carretera de Morata. Giro a la izquierda y ya estoy en terreno conocido al milímetro. Pedaleo 100 metros y me doy cuenta de que voy fuera de punto. Estoy en un ritmo demasiado alto. “Así no llego”.

Reajusto el ritmo y me doy cuenta de que no voy tan mal. En realidad voy muy bien. Lo único que pasaba es que estaba tratando de rodar más rápido de lo que yo podía. Al verme en terreno muy conocido me ajusté y en realidad estaba muy bien. Son las 13:45; si mantengo el ritmo estaré en casa a las 14:00. Me animo. Suena el “Always on the run” de Lenny Krawitz. ¡Que título más adecuado! [me acuerdo de mi amigo, ese sobre el que su abuela no tiene un gran concepto de él].

Bajada de “Vallekillas” y el viento sopla de culo. Bajada muy rápida.

Llano argandiano y yo me encuentro bien, pero el que el viento de de culo es determinante; ruedo a 34km/h
Subida a la Marañosa. 100km de ruta. Me encuentro bien;  empiezo la subida a 27 km/h. hago la mayoría de la subida a 25km/h y el último kilómetro a 22km/h. Corono en plan campeón y meto plato grande. El viento sigue soplando de culo.

Bajada muy rápida. El repecho de Arrollo Culebro lo subo de pie para descansar de rodar sentado. Buen ritmo en el terreno favorable hasta Perales de Rio. El repecho de Perales del Rio lo subo sentado y corono a 28 km/h sin forzar al máximo. Esto de que el viento sople de culo esta muy bien.

Rotonda del avión. Me salgo del carril bici. Rehago cálculos y llego a la conclusión de que puedo estar en casa a las 13:50. Esto marcha.

Cuesta de los gitanos. Me pongo de pie sobre la bici para descansar de tanto pedalear sentado.
Se me rompe la cadena. Si, otra vez.

¡Cáspita, que mala suerte! Es la versión políticamente correcta de lo que se me pasó por la mente.
Llamo a casa. Llegaré a las 14:15. Falta, pero el árbitro no me saca tarjeta amarilla; yo entré al balón.
Quito otro eslabón, con el de hace quince días esta cadena ya tiene tres eslabones menos. Pero oye. Cadena arreglada. Eso si cuando me subo en la bici ya no era lo mismo. Estaba bien, si. El viento deba de culo, pues también. Pero el saber que ya no llegaría a las 14:00 me quitó el aliciente de picarme. Además en el mp3 sonaba Dido y en ese momento parecía un poco deprimente. Mi única preocupación era que la cadena no se volviese a romper. Empiezo a pensarme dos veces cada cambio, cada intención de ponerme de pie, cada vez que tengo intención de poner fuerza en la pedalada. Un rollo. [Recordatorio: Javier tienes que cambiar la cadena a la bici]

Sin más llego a casa. Son las 14:15. No he sido todo lo puntual que me hubiese gustado, pero estoy contento porque me he estado más fuerte de lo que me he sentido durante la mañana.

Me pongo a pasar los datos al ordenador y me doy cuenta que no había puesto en marcha la grabación en el GPS. Pues va a ser que la frase de la abuela de mi amigo hoy se me puede aplicar perfectamente. En fin, estos son los datos que tengo sobre la ruta.

  • Kilómetros: 124,59
  • Tiempo rodando: 5:06:11
  • Velocidad Media: 24,41 km/h
  • Velocidad Máxima: 66,20 km/h
  • Km en esta bici: 3.337 (957 este año)

A cuidarse
Javier Arias González

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