lunes, 17 de mayo de 2010

Navacerrada y Morcuera - 16 de Mayo de 2010

¿Qué pasa "biciosos"?

Me había llamado Jose (no confundir con Jose del Pakefte) y me había propuesto salir con la grupeta de Juan Carlos este domingo. Por lo visto tenían planeada una ruta por la sierra de Madrid, 100 kilómetros subiendo Navacerrada y Morcuera.

Yo ya había rodado con Jose y con Juan Carlos en el año 2008 cuando participamos juntos en la X marcha Lale Cubino y me apetecía volver a rodar con ellos. Le pregunto por la grupeta de Juan Carlos y me dice que no me preocupe que no ruedan rápido. Yo acepté la propuesta. Si había acabado un 400 podría rodar 100 km por la sierra de Madrid

El miércoles Jose sale a "rodar" después de varios meses saliendo muy poco por una sesión y decide darse una paliza soberana sobre la bice. Resultado. La lesión se resiente su participación es dudosa.

El sábado Jose se prueba en la bicicleta estática y efectivamente se duele de la lesión. La prudencia aconseja que no salga el domingo. Me llama y me dice que él no va, pero que no me preocupe que salga Juan Carlos y su grupo, que yo, que he acabado un 400, aguataré bien. Y yo pienso que si, que voy, que aguantaré bien.

El sábado por la tarde, y dado me temo que para mi este año se han acabado los brevets, le quito el transportín, el soporte de la bolsa delantera y los soportes de los focos a la bici. También bajo el manillar y trato de ajustar los cambios que me habían quedado desajustados del 400 dándole un cuarto de vuelta de apriete al cable. De paso engraso la cadena y la dejo como los chorros del oro. Voy a ser una máquina sobre mi bicicleta.

El domingo por la mañana miro el cielo, hace sol y decido. No llevo guantes largos, no llevo camiseta interior, llevo coullote corto. Me llevo la chaqueta de entretiempo pero la dejo en el coche. Se me pasa por la cabeza la idea de llevar la bici de montaña en vez de la de carretera, pero finalmente desecho la idea.

A las 8:00 en Cerceda. Puntual como un británico. Puntuales ellos también.

Saludos y miradas observalotodo por mi parte.

Todos de coullote largo menos dos que van de corto. Todos con camisetas interiores. Todos menos Juan Carlos con guantes largos. Yo miro el cielo y pienso que va a hacer calor que mejor dejo la chaqueta en el coche. Al final, por no acercarme hasta el coche, por pura vaguería, no me quito la chaqueta.

Tres detalles me llamaron la atención. Algunas pepino-bicis con ruedas de perfil alto, los dos que iban de corto tenían las piernas depiladas y uno que le dice a otro si quiere usar la crema para calentar los músculos que él ya se la ha echado. ¿¡EIN!?

Empezamos a rodar. Me sitúo en la cola del grupo en paralelo a Juan Carlos. Empieza la subida. Así, en frío.

Nada más salir tres (dos eran los que iban de corto) ponen un ritmo alto y abren un hueco con el resto del grupo.

Que se van.

Que se van.

Que se han ido.

Juan Carlos y yo adelantamos a nuestro grupo y ahora estamos divididos. Tres por delante. Juan Carlos y yo y cuatro por detrás. Debemos llevar dos kilómetros de ruta. Todo pa'riba.

Juan Carlos me va contando. Los que van por delante ya han hecho la Quebrantahuesos y su intención es subir Navacerrada y luego a la bola del mundo para luego seguir a Morcuera.

Yo lamento no haber tirado con ellos para haber subido también a la bola del mundo. Pero iban demasiado rápido. No les hubiese podido seguir rueda.

Juan Carlos también me informa sobre el perfil de Navacerrada. Son siete kilómetros de subida. Algunas rampas son duras. Pero a pesar de que llevamos varios kilómetros subiendo, el puerto todavía no ha empezado. Yo voy bien.

Empieza el puerto y vamos hablando, pero poco a poco el ritmo y la dureza de la carretera hacen que nos callemos. Cuando me quiero dar cuenta llevo todo metido y las pulsaciones a 175. Estoy aguantando bien, pero no puedo ir más rápido. Juan Carlos a mi lado, con un piñón grande de 25 parece ir tranquilamente.

Nos adelantan tres ciclistas de carretera. Van prácticamente silbando y nos dejan atrás con mucha rapidez. Nos adelanta una chica en una bicicleta de carretera. Va con mucha frecuencia en la pedalada, pero poco a poco se va. Nos adelanta otro ciclista de carretera, este sólo un poco más rápido. Nos ponemos a su rueda.

Yo aguanto una distancia indeterminada, pero más de 10 metros y menos de 100. Es decir. Que me quedo.

Juan Carlos se va con él.

Vamos a ver. Aquí algo no funciona. Yo, que con mi bici de montaña soy el terror de los ciclistas de carretera que circulan por la Marañosa. Yo, que el pasado fin de semana he completado un 400 incluso disfrutando. Yo, que por pura vaguería me había traído la chaqueta de entretiempo. Ese yo estaba pedaleando con todo metido, con las pulsaciones en 180 y con la sensación de que no es que me faltasen fuerzas, sino de que eso era todo lo fuerte que yo era. Me acordé de que casi traigo la bicicleta de montaña. Que iluso, que prepotente.

Y además tenía un frío de la leche. Si es que el agua a la derecha de la carretera estaba helada. Y soplaba un viento de cara impresionante.

Me resigné a la realidad y bajé un poco el ritmo para no desfondarme en el primer puerto. Aun así las curvas antes de llegar a lo alto se me hicieron duras de verdad.

Empecé a pensar en la Quebrantahuesos y en la subida al Angliru, ambos planes para este verano. Tomé consciencia de que no tengo las fuerzas necesarias para mover el desarrollo que llevo en la bicicleta. Menos mal que ya llegaba al alto de Navacerrada y ya no me dio tiempo a pensar más.

Juan Carlos me esperaba y cuando llego a su altura me dice que vamos a tomar un café. ¡Pero si llevamos 18 kilómetros!

Pues dicho y hecho. Nos tomamos un café. Cuando llegan los que venían por detrás comentan que ellos se van a Cotos y que se dan la vuelta. Que van a buscarnos a Miraflores de la Sierra pero que se ahorran la subida de Morcuera.

Pues va a ser que nos quedamos los dos ciclistas de corto, Juan Carlos y yo. Yo a estas alturas de la mañana, con sólo 18 km en el cuerpo tengo más miedo en el cuerpo que frío. Que ya es decir.

Los dos ciclistas de corto no habían podido subir a la bola del mundo porque el hormigón estaba nevado. Uno de ellos pinchó y nos paramos a cambiar la cámara en el parking de Navacerrada. Yo tiritaba y me acordaba de los guantes largos y de la camiseta interior que había descartado en casa mientras Juan Carlos explicaba que en la sierra es normal que haga tanto aire y tanto frío.

Empezamos a bajar, pero a los dos o tres kilómetros tenemos que volver a parar. La reparación del pinchazo no ha ido bien y la rueda ha perdido aire. Vuelta a cambiar la cámara. Vuelta a tiritar.

Cuando empezamos a bajar de nuevo tirito tan fuerte que me cuesta mantener el manillar recto. Encima esta gente baja muy rápido para mi. Hoy era la décima vez que montaba en bici de carretera y no tengo yo costumbre de bajar a 50 ó 60 kilómetros por hora mientras tirito.

Me cuesta seguir el ritmo, en un par de curvas me abro demasiado. Pero a base de levantarme sobre la bicicleta con todo metido a la salida de las curvas consigo mantener el ritmo de la bajada. Como a medida que bajamos la temperatura sube empiezo a encontrarme cómodo en la bici.

Llegamos al Paular y me acuerdo de la regla de los siete kilómetros y decido comerme una barrita energética.  Bebo y como a la cola del grupo de cuatro mientras me mentalizo para la subida a Morcuera.

Cuando llegamos a Rascafría deciden que paramos a tomar algo. Los dos que iban de corto, los que habían intentado subir a la bola del mundo no habían tomado nada en Navacerrada y se toman un café y un donuts de chocolate. Yo, más prudente, me tomo un aquarius de naranja.

La parada no duró ni diez minutos. Nos pusimos en marcha en fila de a uno dirección al puerto de Morcuera.

Veo un cartel que pone al puerto de Morcuera 16km. Llevamos 40 kilómetros de ruta. Pues tampoco es tanto.

Llegan las primeras rampas. Los dos que van de corto mantienen el ritmo y a los 100 metros y me doy cuenta de que no voy a poder seguirlos. Levanto el pie y dejo que se vayan. Juan Carlos se queda conmigo.

Entiéndaseme bien. No es que yo fuese mal. No, yo iba bien. Pero es que estos tíos iban a toda leche.

Levantar el pie significaba rodar con las pulsaciones a 175 atacando las rampas del puerto. Me notaba al límite y Juan Carlos con su corona grande de 25 piñones, con la que el próximo fin de semana se va a subir los lagos, subía bastante más relajado.

Y oye que no íbamos muy despacio. Que adelantamos a dos ciclistas de la peña Morcuera y a los pocos kilómetros a otros dos del mismo grupo.

Poco a poco nos vamos haciendo con el puerto. Van pasando los kilómetros y de vez en cuando hay zonas en las que se puede descansar. Me empiezo a animar no podré ir más rápido, pero se que no estoy desfondado.

Coronamos el puerto y casi sin parar empezamos el descenso. Un descenso rápido y con buena visibilidad. En un santiamén estábamos en Miraflores de la Sierra y allí nos esperaba los dos ciclistas de corto y parte de la grupeta.

Ni nos paramos. Enseguida se puso en marcha uno de los de corto y puso un ritmo endiablado. Yo lo podía seguir, pero a base de levantarme sobre la bicicleta y de llevar las pulsaciones altas, pero notaba que aguantaba bien.

Los kilómetros iban pasando y el grupo no bajaba de 30 km/h ni cuesta arriba. Yo iba echando cuentas de los kilómetros que nos quedaban y sabía que aguantaría a este ritmo hasta, pero era claramente un ritmo duro, que desgasta.

De repente, sin darme cuenta estábamos en Cerceda. Sólo llevábamos 88 kilómetros, pero la ruta se había acabado. Eran las 13:30 de la mañana.

Pensé: vale, no estoy tan fuerte como yo creía, pero yo aguantaría otra vuelta a la ruta. Pero lo cierto es que desde la tranquilidad de mi sofá se que ese era un cheque sin fondos. Yo no estaba cansado, pero me habían vaciado las piernas en 88 kilómetros.

Después del subidón del 400 hoy tocó lección de humildad. Bueno para la quebrantahuesos.

Los números:

  • Kilómetros: 88.21
  • Tiempo rodando: 3:44:25
  • Velocidad media: 23.5 km/h
  • Velocidad máxima: 65.6 km/h
  • Pulsaciones medias: ¡¡¡¡¡149!!!!!
  • Pulsaciones máximas 218 (es que el pulsómetro algunas veces se vuelve loco)
  • Calorías consumidas según el pulsómetro: 3.315
  • Calorías por kilómetro: 37.58, frente a las 25.26 del 400

A cuidarse
Javier Arias González
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