domingo, 20 de marzo de 2011

Tendrá que ser un acto de fe

Sabía que vendrían. Creo haberlo leido en algún sitio y creo que Juan me lo había advertido. Pero no por ello han dejado de pillarme por sorpresa.

Hoy, por primera vez he sentido dudas.

Serias dudas.

Todo parecía ir según lo planeado. La semana que viene será mi última semana del periodo de entrenamiento de base. He adelgazado los dos kilos que tenía pensado adelgazar para estas fechas. He rodado lo que tenía pensado rodar al ritmo que tenía planificado rodar. Poco a poco he empezado a hacer estiramientos y estoy descansando lo que me había propuesto. Y sin embargo...

Y sin embargo en la salida de hoy no me he reconocido. Las sensaciones que sentía no las reconocía. Me sentí extraño. No era el yo de siempre en la bicicleta.

Hoy en mi salida con los Kingston Wheelers, con toda la intención del mundo, me sumé a una ruta que sabía que sería corta (75 kilómetros), rápida (una media final de 26.6 km/h), sin parada para tomar el té y con subida a tres colinas. Hoy quise probarme; no reconocí mis sensaciones y me invadieron las dudas.

No es que me encontrase mal. No. Al contrario, me he encontrado bastante bien en general. Incluso ahora, después de la ducha, diría que no estoy cansado.

La ruta a la que me sumé la formamos una docena de ciclistas. Como era de esperar enseguida se puso un ritmo más que alegre, pero nada que yo no pudiese seguir con comodidad colocado, como suelo estar, en la segunda o tercera fila del pelotón. Eso si, en cuanto llegó la primera colina me llevé la primera sorpresa del día. ¡No subía!

Todos mis compañeros salieron disparados colina arriba y yo me quedé atrás incapaz de seguir su ritmo. Me sorprendió. La colina la conocía. La pendiente tampoco era para tanto y el ritmo de los demás era rápido si, pero nada del otro mundo. Lo que había cambiado era yo. No me subían las pulsaciones por encima de 160 y si intentaba ir más rápido notaba que las piernas no tenían fuerza.

"No pasa nada", pensé. "tu regula" (este es mi lema en ciclismo). A pesar de ser un ciclista relativamente novato, yo lo de regular lo tengo bien ensayado, por lo que me puse un ritmo sostenido en el entorno de las 160 pulsaciones. Acabé adelantando a un par de ciclistas a los que la colina se les hizo larga y coroné sin gloria, pero tampoco dando pena.

El caso es que yo me encontraba bien, no subía, pero me encontraba bien. Nada más parar a esperar a los dos ciclistas que yo había adelantado las pulsaciones me bajaron a 90 en poquísimo tiempo. ¡Raro!

En la segunda colina yo ya estaba sobre aviso y me lo tomé con calma desde el principio. También la conocía. Por lo que se ve un par de ciclistas no la conocían y también se les hizo larga. Volví a acabar el tercero por detrás de la docena y volví a recuperar el pulso con mucha rapidez nada más parar. ¡Raro, raro!

Llegó la tercera colina, esta no la conocía y al que se le hizo larga fue a mi. Llegué el último esforzándome hasta más no poder y sin embargo con las pulsaciones en 170, muy lejos de mi límite máximo. ¡Raro, raro, raro!

Pues si todo esto es raro lo que viene ahora ya no se como calificarlo. Resulta que en el camino de regreso a casa el terreno era favorable; yo, como casi siempre, colocado en la segunda fila del pelotón. Se rodaba con rapidez, pero yo estaba muy cómodo con el ritmo. Ultimo repecho. Llega el sprint final. Por un momento pienso que no hay sprint, porque me da la sensación de que no vamos tan fuerte como un buen sprint se merecería, pero los "ataques" de unos y otros me confirman que aqui hay batalla. El caso es que llegado el momento yo aprieto los dientes y pedaleo con todas mis fuerzas. Adelanto a dos de los que rodaban delante de mi y finalizo el sprint segundo detrás de Dan P. Miro para atrás y veo que hemos abierto un hueco considerable con el resto del pelotón. Se ve que a más de uno la ruta se le ha hecho larga. A mí, mi pulsómetro me dice que el esfuerzo que acababa de realizar era equivalente al de la subida de la última colina.

¿Cómo se explica esto? Yo, como siempre, tengo un montón de disculpas a mano para justificarme. He pasado dos semanas viajando en zonas con diferentes usos horarios. No he tocado la bicicleta en los dos últimos domingos. Todas las sesiones de rodillo se han concentrado en hacerme pedalear en ritmos por debajo de 140 pulsaciones y sólo en esta semana que acaba han empezado a incluir picos de cinco minutos a 150 pulsaciones (¡y me han parecido duros!). Yo que sé, no será por disculpas.

Pero no se trata de eso. No.

A mi, a estas alturas de la partida me da igual llegar el último en una colina o el segundo en un sprint. A mi lo que me ha creado dudas han sido mis sensaciones. El no reconocerme en ellas.

Yo las sensaciones en las que me reconozco son las de que cuando me noto bien ruedo bien y subo bien;  el corazón responde subiendo las pulsaciones en proporción al esfuerzo que estoy haciendo y todo tiene sentido. Cuando estoy cansado dejo de rodar bien y obviamente dejo de subir bien, el corazón, cansado, se niega a que las pulsaciones suban y todo sigue teniendo sentido.

Hoy me encontraba bien. Rodaba bien (mucha cadencia, no mucha fuerza en la pedalada). Pero no subía bien, vamos que no subía un pimiento. No tenía fuerzas en las piernas y aparecieron las dudas. ¿Cómo voy a afrontar la quebrantahuesos si no subo? ¡Que la quebrantahuesos tiene cuatro puertos como cuatro morlacos!

Perfil sacado de la crónica de la quebrantahuesos 2010 del blog de Juliá 

Pensando en lo que creo haber leído en algún sitio (y en lo que creo que Juan me advirtió hace tiempo) yo diría que de lo que se trata es de que en los últimos tres meses (casi, a falta de una semana) he estado "entrenando" el fondo. Y que cuando empiece con el entrenamiento de fuerza-resistencia todo se corregirá.

Sentado en el sofá de mi salón las dudas no se disipan del todo. Como dice el título de esta entrada "tendrá que ser un acto de fe" lo que me motive ahora mismo.

Como yo no soy muy dado a actos de fe no he podido evitar el plasmar mis sensaciones por escrito a modo de akelarre.

Compañeros Wheelers que habéis rodado conmigo hoy, que os conste. ¡Me he quedado con vuestra cara! :-)

A cuidarse
Javier Arias González
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