viernes, 13 de mayo de 2011

400 Hailsham - Español

[This is the Spanish version of my cycling report riding the Hailsham 400K. The English version can be found at this page]


¿Qué pasa "biciosos"?

El despertador sonó a las 3:15 de la mañana. Atención al detalle que tiene su importancia. ¡A las 3:15 de la mañana!

A las 4:00 con la puntualidad que se le supone a los aborígenes de mi país de acogida estaba dando los buenos días a Pete.

Un poco antes de las 6 de la mañana estábamos en Hailsham. Nos disponíamos a participar en un evento organizado por una institución en el mundo del ciclismo de larga distancia por estos lares. David Hudson, "El Supremo" (en inglés se pronuncia "el suprimo").

(la foto no es muy buena, pero Dave "El Supremo" Hudson es el de amarillo)

Todavía no nos habíamos puesto en marcha y se puso a llover.

Nos pusimos en marcha y se puso a llover con más fuerza.

Llevábamos unos pocos kilómetros y ya llovía mucho.

Kilómetro 17. Primer punto de control. Símplemente teníamos que anotar a que hora habíamos pasado por allí. Yo lo anoto mentalmente, las 6:40; no quiero sacar la brevet porque con lo que llueve se me empaparía. 

En algún momento después del kilómetro 17 dejó de llover. Momento que muy oportunamente escogió Pete pinchar la rueda de atrás. Si es que hay que saber cuando hacer las cosas.

En el kilómetro 67 nos enteramos que la puerta de iglesia de Warminghurst está hecha de madera.

Rodamos a un ritmo tranquilo, pero constante. Apenas hacemos paradas y eso hace que los kilómetros pasen con rapidez.

En el kilómetro 90 me percaté de la primera pista de porque Dave es El Supremo. Esta es la pinta que tenía el control.

(Pete a la izquierda, David "El Supremo" a la derecha, con camiseta blanca)

En medio de un bosque precioso se había montado un tenderete donde ofrecía a todos los ciclistas sandwiches, bizcochos, galletas, zumo de naranja, café. Una maravilla vamos. ¡Si es que incluso tenía sillas para sentarse!

Eran las 10:15 de la mañana, pero habiendo desayunado a las 3:15, siete horas antes, y con 90 kilómetros en las piernas llegué a la conclusión de que tenía que comer sólido y aproveché para comerme una de las dos raciones de ensalada de pasta que llevaba. Bueno, eso, y también dos magdalenas y un zumo de naranja de entre todo lo que ofrecía David.

En el kilómetro 120, nos enteramos que el nombre de esa casa de Burinton era Burinton House. Simple.

Cuando llegábamos a Alresford. Me pregunta Pete si me es familiar el sitio. ¡Coño! si es uno de los pueblos donde paramos en el 300. En el mismo Tesco Express tenemos que conseguir un ticket.

(esta foto es del 300, pero así queda mejor la entrada y os aseguro que el panorama era muy parecido)

Eran las 13:15, lo que quiere decir que llevábamos dos horas y media de adelanto sobre el horario máximo. Llevamos 146km en las piernas, buenas sensaciones.

Una de las ciclistas, creo que era la única ciclista que participaba en este brevet, está sentada en el suelo comiendo un queso en rodajas que se acababa de comprar. Yo, en plan culo veo culo quiero, comento que me apetece queso. Ella me dice que no compre que ella tiene mucho y que no quiere cargar con ello. Pues me compro dos ensaladas de frutas y las acompaño con un par de lonchas de queso. No muy ortodoxo, pero era lo que apetecía.

Nos ponemos en marcha y al poco, apenas siete kilómetros más tarde, Pete vuelve a pinchar la rueda trasera. En esta ocasión damos con la típica "piedra pequeña totalmente incrustada y que como no la encuentres te va a estar dando la lata hasta que decidas cambiar la cubierta" y estamos razonablemente seguros de que el pinchazo no se va a repetir. Yo, de todas maneras, le comento al amigo Pete que ya le vale y que se vaya haciendo con una cubierta nueva. Tomamos nota. "Si vemos una tienda de bicicletas compramos cámaras y una cubierta".

En este momento circulamos por los tramos más bonitos de toda la ruta. Se cruzan con nostros varios ciclistas que van rápido. Pienso que son los que van por delante y le comento a Pete que lo mismo es que tenemos que volver por el mismo camino. Me alegro porque es una carretera sin apenas desnivel y con un paisaje muy bonito.

Kilómetro 201. Se confirma la pista y David es definitivamente "El Supremo". Nos está esperando a la vera de una rotonda con el tenderete montado.


Comida, bebida y beans CALIENTES "on a toast", cubiertos incluidos. ¡Impresionante!

¡Lo bien que sientan!

La ciclista que me había dado el queso está descansando y en un momento dado me pregunta que de donde soy. Cuando le contesto que español me dice que no han acertado, que estaban ellos tratando de averiguarlo y que dudaban si italiano o si aleman. Se ve que mi acento no mejora, simplemente se vuelve más confuso.

Al ir a sellar me entero de que el 400 lo están haciendo 41 ciclistas y que el 200 (no sabía yo que se estaba haciendo un 200 a la vez) 16.

Estamos a mitad de recorrido y llegado a este punto todo el mundo hace el mismo ejercicio. Olvidarse de lo todo que has rodado y tratar de convencer al cuerpo de que simplemente empieza un 200.

Yo hago lo que puedo y la cosa no pinta mal. Son las 16:24. Llevamos 10 horas y 24 minutos y estamos a mitad de recorrido. No me preguntéis cómo pero llego a la conclusión de que acabaremos sobre las 2 de la mañana. 2 horas antes del horario previsto en mis cálculos.

Claro que no todo el monte es oregano, en mi Google Buzz reporto: "Kilómetro 200 todo bien si no fuera porque me quedan 200 km, 100 de ellos los rodare de noche, amenaza lluvia y empiezo a estar cansado." Y aun así, optimista de mí, pensaba que acabaríamos sobre las 2am.

Nos ponemos en marcha y ya en el primer giro nos damos cuenta de que no vamos a volver por la carretera que hemos venido. Llegamos a la conclusión de que los ciclistas con los que nos cruzamos eran del 200. ¡Por eso iban tan rápido!

Kilómetro 236 tomamos nota de que el pub a la salida de Stockbridge se llama The vine inn y, no se si será casualidad, al poco se pone a llover.

Se pone a llover con la suficiente fuerza y el cielo está lo suficientemente nublado como para que sepamos al instante que esto no va a parar. Decidimos pararnos para ponernos guapos. Yo me pongo los calienta brazos, los calienta piernas, los escarpines, una camiseta interior, los guantes largos y el chubasquero, no me pongo más encima porque no tenía más ropa. Encendemos las luces y nos ponemos en marcha.

Menos de 37 kilómetros nos faltaban hasta el siguiente control, menos de dos horas empleamos, pero no paró de llover con fuerza por lo que cuando llegamos a la cafetería de la gasolinera Esso de Petersfield ya estábamos empapados hasta los huesos y helados de frio. Cuando vi la cafetería pensé "a ver si tienen chocolate caliente".

Y lo tenían.

Aproveché para comerme mi segunda ración de ensalada de pasta. Un chocolate caliente "grande" y un croissant de almendra. Eran las 21:08 de la noche y estábamos en el kilómetro 283. Viendo cómo se nos habían dado los últimos kilómetros vuelvo a hacer cálculos y el resultado es que estimo llegaremos sobre las 4 de la mañana, así lo reporto en mi Google Buzz a quien le pueda interesar.

No había conseguido quitarme la tiritona ni con el chocolate caliente, seguía lloviendo de lo lindo y estaba muy oscuro. No es que me diese pereza ponerme en marcha, es que miedo me daba salir a la calle.

Y no debería; porque aunque parezca increíble hacía más frío dentro de la cafetería que fuera. Es una pena que fuera lloviese...

El siguiente control estaba a 60km ¡y tardamos 4 horas en recorrerlos!. Podríamos decir que no eran las mejores condiciones para el ciclismo.

El control era un cafetería en el área de servicio de una autopista. Da igual que fuese la 1:09 de la madrugada, aprovechando que tenemos que hacernos con un ticket yo me tomé un bocata de lomo (creo que era de lomo) que me sentó de maravilla.

Ahora me doy cuenta de que el panorama era un tanto surrealista. Unos 10 ciclistas en una cafetería que normalmente estaría vacía a esas horas. Algunos de ellos aprovechaban para echar una cabezada en la zona que estaba a oscuras, aunque el sitio no estaba en silencio. Había gente (no ciclistas) jugando a las máquinas tragaperras, que digo yo que ya son ganas. En la televisión daban la noticia de que Seve se había muerto. Cuando salíamos por la puerta tres mujeres de moral distraída que en ese momento entraban se dirigieron a nosotros y aunque no las entendí estaba seguro de que la respuesta era "no". Lo que digo, un panorama un tanto surrealista.

Nos ponemos en marcha. Tenemos 50 kilómetros hasta el próximo control, 55 hasta el final de la ruta. Había dejado de llover con tanta fuerza y un ciclista cuyo nombre no recuerdo se había unido a nosotros. Aunque desde el primer momento nos lo advirtió: "si me quedo no me esperéis, vosotros vais más rápido".

Nosotros no rodábamos rápido, más bien al contrario, pero en cuanto llegaron las primeras cuestas nuestro acompañante se quedó.

Y al poco el que se quedaba era yo. Me estaba durmiendo. Literalmente me estaba durmiendo mientras daba pedales. Yo pensaba que eso no era posible, pero de hecho en un momento se me cerraron los ojos y al segundo se me volvieron a abrir con un sobresalto.

Normal, llevaba 24 horas en pie, la mayoría de ellas pedaleando y no había tomado ninguna bebida estimulante (al igual que en el 200 y el 300), nada de té, café o toros rojos.

Decido que tengo que parar si no quiero tener un accidente. Aviso a Pete que me paro pero le pido que siga que luego le alcanzo.

Me paro, aprovecho para mear. Me empiezo a despejar. Aprovecho para tomarme una barrita energética.  Aparece nuestro acompañante y pasa delante de mi. Yo hago un poco más de tiempo. Ya estoy mucho mejor, pero gracias al curso de medicina de la señorita pepis que todos hemos hecho decido que 80 pulsaciones por minuto es un ritmo cardiaco demasiado bajo y que por eso me duermo. Necesito activarme físicamente. Pensado y hecho. Me subo a la bici y arranco con todas mis fuerzas. Físicamente me encuentro bien por lo que  no me cuesta ponerme de pie sobre la bici y hacer que coja velocidad. Adelanto a nuestro acompañante y para cuando alcanzo a Pete ya me encuentro como nuevo.

Llegamos al último control, kilómetro 396 y....

¡¡¡¡NOS PERDEMOS!!!!

Vamos a ver, no es que nos perdiésemos de que no supiésemos donde estábamos (aunque yo no sabía donde estaba durante la práctica totalidad de la ruta), es que estábamos buscando un giro a la derecha y no aparecía. No daré los detalles porque tampoco son importantes, pero baste decir que estuvimos recorriendo una calle arriba y abajo y parándonos a mirar la hoja de ruta y a decidir que deberíamos hacer bastante tiempo.

Al final, después de consultar con el señor Google Maps y después de considerar que a las 4:45 de la mañana, con 396 kilómetros en las piernas es mejor arriesgarse a recorrer 600 metros cuesta abajo que 2,7 kilómetros hacia atrás tomamos una decisión.

Y nos salió bien.

Y gracias; porque cuando bajábamos eso 600 metros, que se me hicieron eternos, pensaba que como nos tocase volver a subirlos me iba a dar algo.

Pero no. Al final de los 600 metros había una señal apuntando a la izquierda anunciando que a Rushlake Green se va hacia la izquierda, lo normal de las señales que apuntan hacia la izquierda.

Seguimos bajando y se pone a amanecer. Faltan unos minutos para las 5 de la mañana. Los pájaros cantan y las nubes se levantan, y se oyen un montón de pájaros. Pete anuncia que esta parte del recorrido le suena, que no estamos perdidos. Todo es felicidad.

Rodando tranquilamente llegamos al final del recorrido. Otra cafetería de una gasolinera. Varios ciclistas que sabíamos que estaban por detrás, incluido nuestro acompañante, están allí tomando algo. Para conseguir el ticket que justifique mi llegada me compro una bolsa de doritos picantes y una de maltesers. Es lo que me pedía el cuerpo y no estaba yo como para discutir. A Pete el cuerpo le pedía un helado y tampoco parece que lo discutiese porque acabó comprándose uno.

Son las 5:35.  Hemos invertido casi cuatro horas y media en hacer los últimos 62 kilómetros. Y me pregunto yo ¿para que me dedicaré yo a hacer cálculos? Si no sirven para nada, se llega cuando se llega...

Todavía nos tocó hacernos otros tres kilómetros hasta el coche, pero esos se hacen ya con la gorra.

Llegamos al coche, montamos las bicicletas y nos ponemos en marcha. Conduzco yo.

Por tres o cuatro veces (perdí la cuenta) tenemos que parar en la izquierda (por increíble que parezca en este país se circula por la izquierda) para que yo me baje del coche y me despeje bajo la lluvia. No se cuanto tardamos en hacer el viaje que se supone que era de hora y media, tampoco me importa, pero es que si no paraba me dormía en marcha.

¿Cómo lo solucionamos?

Pues nos pusimos a hablar sobre la mejor manera de afrontar el 600 sin cafeína. ¿Da tiempo a parar a dormir? ¿Cuando es mejor parar? ¿Interesa reservar en algún hostal o es mejor decidir sobre la marcha? ¿como se aplica todo eso luego a la Paris Brest Paris?.

Mano de santo oye. Sano y a salvo dejé a Pete en su casa y sano y a salvo llegué yo a la mía.

Por cierto no vimos ni una tienda de bicicletas en todo el recorrido (¿comprar cámaras y cubierta? ¿segundo pinchazo de Pete allá por el kilómetro 153?).



Los números
  • Kilómetros: 410.94
  • Tiempo total invertido: 23 horas 35 minutos
  • Tiempo rodando: 19 horas 14 minutos 26 segundos
  • Tiempo parados: 4 horas 20 minutos 34 segudos
  • Velocidad media: 21.30 km/h (22.7 durante el día, pero bajó durante la noche)
  • Velocidad máxima: 56.90 km/h
  • Pulsaciones médias: 105 ppm (sorprendentemente bajas, con razón me dormía)
  • Pulsaciones máximas: 195 ppm (el sprint despertador es el culpable)
  • Calorías consumidas: 8.571 (también bajas, con lo que comí seguro que gané peso)
  • Kilómetros que tiene la bici: 4.967
  • Es la vez número 38 que monto en bici de carretera en mi vida
Si, esto es una locura, pero para tratar de darle sentido a toda esta locura he donado 41 libras a Cancer Research UK en mi página de JustGiving: www.justgiving.com/Javier-Paris-Brest-Paris

A cuidarse
Javier Arias González
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