miércoles, 16 de mayo de 2012

Old Roads 300

Una de dos. O soy tonto, o soy arrogante. Y ninguna de las dos opciones me gusta.

El plan era desplazarse hasta Devon para hacer el Old Roads 300.


El plan era hacerse los primeros 230 kilómetros a buen ritmo y parando lo menos posible; parar, aunque poco tiempo, a comer algo y hacerse los 84 kilómetros finales otra vez a buen ritmo y parando lo menos posible.

La idea de fondo era que haciendo esto me estaría "entrenando" para la Quebrantahuesos.

¿Por qué o bien soy tonto o bien arrogante? Porque me descargo el track para cargarlo en el móvil y no se me ocurre consultar el perfil...

Y el perfil tenía esta pinta
Casi 3.500 metros de desnivel con cuatro "colinas" en los últimos 40 kilómetros. La cuenta para llegar cansado a los kilómetros finales.

Eramos unos 20 ciclistas. Nos pusimos en marcha y enseguida me puse a seguir a una distancia prudencial a un ciclista que circulaba a buen ritmo y que casi inmediatamente distanciamos a todos los demás. La ventaja que me sacaba oscilaba entre ir a rueda y 100 metros, más que nada dependiendo de sus cambios de ritmo porque yo juro que rodaba a un ritmo constante.

Menos cuando atravesamos una ciudad. De repente me encontré con que había perdido la línea de la hoja de ruta por la que iba y con el dilema de si parar y comprobar mi móvil o seguir de cerca al ciclista y fiarme de él hasta que me volviese a encontrar.

No era una decisión fácil. El ciclista parecía saber a donde se dirigía, pero circulaba por la ciudad demasiado deprisa, arriesgaba demasiado para mi gusto.

Decidí seguirle y aunque un semáforo él que se saltó en rojo nos separó momentáneamente al final salimos de la ciudad "juntos" (y lo entrecomillo porque es decir juntos es mucho decir, estábamos en esa situación rara en la que él sabía que yo estaba ahí y yo le tenía a él como referencia, pero no nos habíamos dirigido la palabra).

Y "juntos" llegamos al primer control, km 63.8. El Little Red Rooster Café. Mientras aparcamos la bici le comento que lleva un buen ritmo y su respuesta es un poco cortante. Se ve que no quería conversación. Y yo, sensible a los estados de ánimo de los demás, me abstuve de darle más conversación.

Entramos en el café; él se pone en el mostrador y yo detrás de él haciendo cola. El señor que atendía la barra estaba en la cocina preparando algo, se asomó a la puerta y nos dijo algo como "yaaaa voooy".

Al ciclista que estaba delante de mi le debió parecer demasiado larga la espera porque sin llegar a esperar un minuto decidió salir, cruzar la calle y dirigirse a un cajero automático. Obtuvo un ticket del cajero automático, volvió a su bici y se puso en marcha. Yo seguía esperando al camarero...

Y cuando salió me selló la brevet, pero no era plan irse sin consumir por lo que le pedí un chocolate caliente (eran las 8:30 de la mañana) y me senté a beberlo. Si, ya se que el plan era parar lo menos posible, pero la elegancia ha de tener prioridad frente a los planes.

Cuando acabé mi chocolate caliente me puse en marcha y justo en ese momento llegaba un grupo de tres o cuatro ciclistas. Habíamos abierto un buen hueco.

El caso es que ahora rodaba sólo, pero estaba disfrutando la sensación. No es que hiciese calor, pero el sol brillaba en el cielo, el paisaje era realmente bonito y las instrucciones de la ruta eran sencillas, es decir, una instrucción para varios kilómetros y la siguiente un giro en T, los más fáciles de navegar, tiras todo de frente hasta que sólo puedes ir o a la derecha o a la izquierda y entonces vuelves a consultar la hoja de ruta. Me gustan las hojas de rutas sencillas porque me permiten olvidarme de la navegación y disfrutar de la ruta, del paisaje, del ritmo, de la bici.

Y disfrutando, disfrutando cuando faltaban unos 10 kilómetros para el siguiente control me adelantó un ciclista. Rodaba rápido y con pedalada pesada, imposible seguirle.

Y a los 5 kilómetros para el control me encontré con el ciclista con el que había "compartido" el primer tramo. Estaba meando en medio de la carretera. Le adelanté con un saludo breve y seguí disfrutando.

En el kilómetro 168 estaba el siguiente control. Entré en un supermercado, compré algo para comer y enseguida me puse en marcha.  El ciclista que me había adelantado también se ponía en marcha, me saludó y creo que casi hizo ademán de que fuésemos juntos, pero él rodaba más rápido que yo, enseguida se distanció.

Me quedaban 60 kilómetros hasta el siguiente control, donde pensaba comer y, la verdad, se me pasaron muy rápido. Me estaba gustando el recorrido. No sólo seguir la hoja de ruta era sencillo sino que la ruta estaba teniendo subidas muy interesantes, bajadas muy rápidas y llanos en los que rodar alegre y, además, los paisajes oscilaban entre muy bonitos y preciosos.

Aun así, cuando llegué a Cheddar, la ciudad del famoso queso, donde se encontraba el siguiente control (km, 227) ya me sentía un poco cansado. Eran las 15:36, llevaba 9 horas y media de ruta a buen ritmo, las piernas empezaban a notarse cansadas.

En Cheddar el control era en un pub. Como la temperatura era agradable me senté en la terraza, compré la bebida y saqué mi tupper con mi ensalada de pasta. En la mesa de al lado estaba el ciclista rápido comiéndose un sandwich de lomo comentamos la ruta, le comento que rodaba muy rápido y él deja caer que se sorprendía de lo poco cansado que se encontraba. Ojiplático me dejó.

En otra mesa cercana una señora mayor y su hijo cercano a la treintena me preguntaron si era de Kingston (llevaba el maillot de los Kingston Wheelers), resulta que ellos también vivían en Kingston. Casualidades de la vida.

El ciclista rápido se puso en marcha unos cinco minutos antes que yo y se despidió diciendo, nos vemos en el siguiente control.

El siguiente control estaba a 45 kilómetros de distancia pero se me hicieron pesados. Había parado "sólo" 30 minutos para comer pero me costó arrancar. Encima me pasé un giro y acabé haciendo dos o tres kilómetros de más. También soplaba algo de viento...

Vamos que ya estaba cansado y cualquier disculpa era buena para quejarse.

De todas maneras no me torturé mucho. Bajé un poco el ritmo haciendo el cálculo mental de que una vez que pasase la digestión me encontraría mejor.

Y en estas llegué al siguiente control. Una gasolinera en el kilómetro 272. Ni rastro del ciclista rápido, pero no me extraña, imagino que no habría parado mucho tiempo y viendo su ritmo iría bastante por delante. Yo tampoco paré mucho, lo justo para comprar un zumo y una bolsa de cheetos (voy a tener que revisar mi dieta en las rutas) y dar cuenta de lo comprado.

Cuando me puse en marcha ya me sentía mucho mejor. Quedaban sólo 37 kilómetros, la ruta estaba prácticamente echa.

Pero no. El ser tonto o arrogante es lo que tiene, que vas sin saber lo que te viene por delante. Y lo que apareció por delante fue una colina con un desnivel que nada más verla me hizo poner el piñón más grande y eso que me faltaban varios metros para llegar a la subida.

Una subida corta, pero dura. El peso de la bici, las piernas pensando ya en descansar, el corazón que se niega a bombear más rápido; de repente los metros avanzaban muy despacio.

Y cuando se acabó esa colina vino otra. Posiblemente un poco más corta, pero un poco más empinada. Ni siquiera la cuesta abajo me sirvió para relajarme.

Más que nada porque enseguida apareció otra colina. Además esta era de las que engañan; de esas que te crees que estás coronando y de repente tomas una curva y descubres otra cuesta que te espera. Y así varias veces, y cansado como estaba, y venga pa'riba después de otra curva, se me estaba quedando larga la ruta...

Cuando coroné me sentí muy aliviado, estaba en el kilómetro 300, faltaban 10 kilómetros para el control final, estaba en lo alto de una colina. De aquí en adelante tendría que ser to'pa'bajo...

Y con esa idea me planteé el descenso. Pedaleando con alegría, agilidad y fuerza. Buscando acabar la ruta con rapidez.

Pero mira tu por donde que a los tontos y a los arrogantes el destino les tiene preparadas sorpresas y en mi caso la sorpresa era una colina.

Y es que la cosa pintaba mal. El descenso me estaba llevando a un valle bastante profundo. Y explorando hacia donde se dirigía la carretera no parecía ni que el pueblo final estuviese cerca ni que se pudiese salir del valle de otra manera que no fuese "pa'rriba".

Y así fue. Por suerte la carretera de esta "colina" tenía buena trazada y la pendiente no era muy pronunciada. Sin fiarme ya de nada decidí poner un ritmo de subida tranquilo y armarme de paciencia.

Y con paciencia todo de anda. Al final coroné. Ahora si que si, apenas faltan 5 kilómetros, ahora si que tiene que ser todo "pa'bajo". Meto plato y acabo fichando en el último control a las 20:30.

En el último control está el ciclista rápido y veo en su brevet que él ha llegado 35 minutos antes que yo. ¡Que tio!

Yo comento que me habían sorprendido las últimas colinas, que no me las esperaba; y uno de la organización dice que la ruta del año pasado era más fácil, pero que este año la han cambiado. A pesar de todo les cuento que me había encantado la ruta. Sencilla de navegar, con paisajes preciosos, con buenas subidas. Un 300 que me gustará repetir AHORA QUE YA CONOZCO EL PERFIL...

Me acabo la leche y las galletas que me había pedido en el control (gran costumbre esta de que los brevets acaben en un control donde te ofrecen comida) y me despido. Todavía me quedan tres horas de conducir hasta llegar a casa y quiero cenar algo antes de ponerme al volante.

En el restaurante del hotel donde había dormido la noche antes me pido una hamburguesa de pollo, mientras me la preparan me cambio y meto la bici y demás enseres en el coche. Me como la hamburguesa, arranco el coche y, cuando estoy saliendo del pueblo, ya de noche, me cruzo con el siguiente grupo de ciclistas, 50 minutos más tarde y con una cara de cansancio que me impresionó. Se ve que a ellos también se les había hecho larga la ruta.

Pero no acaba aquí la cosa. El domingo dediqué el día a la familia. El lunes fui a trabajar en bici (23 kilómetros en cada sentido) y noté que no me había recuperado del todo.

¡¡¡¡Pero que esperabas alma de cántaro!!!!

No contento con eso el martes decido ir de nuevo en bici al trabajo. "Rodaré despacio para estirar los músculos". A los 100 metros ya noto que ni despacio ni leches, que estoy cansado. A los 200 metros se pone a llover con mucha fuerza. A los 250 se me pasa por la cabeza la idea de dar la vuelta y dejar la bici en casa e ir en tren a trabajar. A los 300 metros, inexplicablemente, decido que voy a trabajar en bici.

Llegué con la mayor mojadura que recuerdo en mis desplazamientos al trabajo. Hasta se hizo un charco en el ascensor; y eso que yo me bajo en la primera planta...

De vuelta a casa iba pensando "mañana voy a trabajar en tren, que tengo que descansar, este domingo tengo la Etape du Dales (175km y 3.540 metros de desnivel)"

Hoy, miércoles, se ha levantado el día con un sol expléndido, y yo a trabajar en tren.

Mira que sea lo que sea, tonto o arrogante, pero YO MAÑANA ME VOY A TRABAJAR EN BICI.


Los datos de la ruta:
  • Kilómetros: 317,34
  • Tiempo empleado: 14:27:42
  • Velocidad media total: 21,94 km/h
  • Tiempo rodando: 13:02:00
  • Velocidad media rodando: 24,35 km/h
  • Tiempo parado: 1:25:42
  • Velocidad Máxima: 61,00 km/h
  • Calorías consumidas: 8.413 kcal
  • Pulsaciones medias: 127 ppm
  • Pulsaciones máximas: 166 ppm
  • Cadencia media: 82 rpm
  • Cadencia máxima: 107 rpm
  • Link a stravaapp.strava.com/rides/8428558

A cuidarse
Javier Arias González
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