domingo, 14 de octubre de 2012

En algún momento tenía que volver a empezar...

¿Qué pasa "biciosos"?

55 días después de haberme roto el brazo derecho, 48 días después de que me lo operasen y me pusiesen una chapa y siete tornillos de titanio (no lo tenían de fibra de carbono), me decidí a salir a dar una vuelta en bici.

El médico ya me había dado luz verde en la revisión que me hizo tres semanas después de haberme operado, hace 21 días. "Si no te duele y montas con precaución, sin problema".

Pero me dolía... Y no sólo la postura de agarrar el manillar con las palmas paralelas al suelo me dolía mucho, sino que, además, no tenía fuerza en el brazo como para rodar con seguridad. Tocaba esperar...


El caso es que cuando ayer viernes le contaba mis penas y dolores al fisio, él trató de tranquilizarme diciéndome que no me preocupase, que la recuperación iba muy bien; pero que el hueso tardaría en estar totalmente soldado entre 6  y 18 meses. "No cuentes con recuperar toda la movilidad hasta entonces" me soltó.

Tuvo suerte de que antes de que me diese tiempo a procesar la noticia que me acababa de dar añadió: "Lo que te vendría bien sería montar en bici. Las vibraciones que absorvería el brazo estimularán al hueso para que se suelde más rápido".


El brazo me sigue doliendo y todavía no he recuperado toda la movilidad pero si es bueno para la recuperación...

Total que ayer por la noche, como todas las noches antes de montar en bicicleta, preparé los aperos de ciclista. La ropa, el casco, los botellos, el móvil, la cinta para el pulsómetro, ... Me sentía extraño. ¿Coullote largo o coullote corto? ¿Dos capas o tres? ¿guantes largos o cortos?. Dos o tres veces tuve que asegurarme de que lo había preparado todo. He perdido la práctica.

Esta mañana no necesité madrugar. Total, para dar una vuelta corta...

Desayuné y después de desayunar vencí la tentación de volverme a la cama y me puse en marcha.

Salí sin rumbo fijo, pero en dirección a las colinas de Surrey. Y justo llegando a Esher vi que se incorporaba a la carretera un pelotón con 20 ó 30 ciclistas. Los alcancé cuando se pararon en un semáforo.

¡Esta es la mía! ¡A rueda!

Claro que cuando el semáforo se puso en verde se pusieron en movimiento. Y yo también... Sólo que su movimiento era a mayor velocidad de la que yo me esperaba.

Yo me acordaba de que el Arguedas dice que debería rodar con pulsaciones bajas; pero ni Arguedas ni leches, yo apreté los dientes y pedaleé con fuerza para no perder la rueda de las dos ciclistas que cerraban el grupo.

Saliendo de Esher hay tres "repechos" (repecho, en este contexto, es una rampa de unos 100 metros con un desnivel del, digamos 6%). Los conozco bien porque a la vuelta el último de ellos marca el último sprint de la jornada.

En el primero aguanté a rueda. En el segundo no pude aguantar a rueda, pero enganché en la bajada. En el tercero ni pude aguantar a rueda ni pude enganchar en la bajada.

Con las pulsaciones al nivel de la máxima que tuve este verano cuando subí el Angliru, decidí que "mejor dejarles ir y hacer caso al Arguedas". Tramposo con uno mismo que es uno.

Yo tenía pensado rodar tres o cuatro horas. Pero cuando llevaba una hora y vi que ya estaba perdido decidí que el brazo me dolía lo suficiente como para justificar una vuelta a casa con la honra intacta a pesar de haber rodado sólo 20km.

Despacito para estar seguro de no perderme en la vuelta a casa, despacito para mantener las pulsaciones bajas y, en realidad, despacito porque el cuerpo ya no me daba para más... Y aun así, al llegar a los repechos de Esher no pude evitar sprintarme a mi mismo.

Menos mal que gané el sprint.

Llegué a casa y completé 40km de ruta, dos horas de rodar. El brazo dolorido, la forma totalmente perdida pero muy, muy, muy contento de estar de volver a montar en bici.

Y ahora, poco a poco...


A cuidarse
Javier Arias González
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