martes, 11 de diciembre de 2012

Dando pruebas de mi (falta de) inteligencia, prudencia y sentido de la justicia


¿Qué pasa "biciosos"?

Este domingo, con el jet lag correspondiente al que aterrizó en Londres el sábado viniendo de San Francisco, no se me ocurrió tontería más inteligente que contestar con un "yo voy contigo" a la frase "¿No viene nadie en mi ruta?" de Jim Ley, uno de los chicos rápidos de los Kingston Wheelers.

Pa' mi que me salió el "gallu" que todo asturiano lleva dentro y una vez pronunciada en voz alta y clara tres de las más tontas palabras que he dicho en mi vida no era plan de volverse atrás. Aunque al final sólo fuéramos tres en el grupo; a lo hecho pecho.

Jim se puso a tirar del pelotón de tres y Dave a su rueda. Cuando parecía que Jim se cansaba y el ritmo se volvía humano Dave le adelantaba y se ponía a tirar él. Yo, demostrando que soy más tonto de lo que parezco, entré al relevo dos veces. Era perfectamente consciente de que entrar al relevo era una tontería, pero ayer debía tener el día tonto (puede ser que fuese el jet lag) el caso es que, aun sabiendo que no debía hacerlo, entré al relevo dos veces.

Claro que después de la segunda vez, y una vez que Jim me relevó al frente del pelotón de tres y comprobé que seguir su ritmo me costaba más que ir en cabeza, afirmé para mis adentros "a vosotros os va a dar un relevo rita the singer" (nótese el uso del inglés, incluso en mis pensamientos, más que nada por aquello de que Jim y Dave son guiris).

Sea como sea, "sólo" me descolgaron dos veces. Fue en sendas colinas que ellos subieron al mismo ritmo que llaneaban y yo me vi obligado a subir "ligeramente" más despacio (tengo un gran respeto por la fuerza de la gravedad). Los muy cabrones ni siquiera pararon en la cima de las colinas, pedalearon a ritmo suave para dejar que les alcanzase y en cuanto les dije un "all right" (que, digo yo, quien me manda a mi...) volvieron a poner su ritmo de crucero que para mi era ritmo de "esta tarde te vas a enterar tu de lo que es un dolor de piernas".

Paramos con 70 kilómetros en las piernas. Ellos se tomaron un té y yo un chocolate caliente. Debió ser la activación de las endorfinas debidas al efecto del chocolate porque a la pregunta de Jim "¿cuanto más queréis rodar?" yo contesté "Por mi lo que queráis, yo con estar sobre las 13:00 en casa me vale". ¡Tonto! eso está claro, pero al menos que se note que soy "gallu".

Jim no contestó y no se si me dio más miedo su silencio o el ritmo que puso nada más ponernos en marcha. ¿Pero es que este tío no se cansa?

Juro que yo ya pedía la hora con más insistencia que el Repuscuetes FC ganando 1-0 al Barcelona en el minuto 89 de la final de la champions cuando al entrar en una rotonda la bicicleta de Dave, que rodaba en cabeza, perdió la adherencia y acabó con el pobre Dave por los suelos.

Claro que lo de pobre Dave lo digo ahora, porque en el momento, juro que pensé "Cojonudo, no es más que chapa y pintura, pero ahora moderarán el ritmo". Así de miserables llegan a ser los pensamientos de uno cuando las pulsaciones medias de la ruta están por encima del umbral ese cuyo nombre no me acuerdo ahora.

El ritmo se moderó, más que nada porque Dave no entró a ningún relevo más, y poque daba viento de cara. No fue una moderación espectacular, pero si lo suficiente para que osase adelantar a Dave y ponerme a rueda de Jim. Nos estábamos acercando al sprint de Felix Line y el buitre que habita en mi empezó a barajar la posibilidad de disputarles el sprint. Tenía a uno herido y al otro cansado (Jim debía llevar tirando en cabeza unos 20 kilómetros seguidos), era mi oportunidad...

No me atreví. Jim no esprintó, y saltar de su rueda esprintándole habría sido demasiado rastrero; incluso para mi y mi personal, por decirlo de alguna manera, sentido de la justicia ciclista.

En Hamton Court nuestros caminos divergían, me despedí de ellos y puse rumbo a mi casa. El cuenta marcaba 97 kilómetros y una media de ¡¡¡más de 33 km/h!!!

El Arguedas dice que los últimos kilómetros hay que hacerlos tranquilos para eliminar ¿lactato? Yo los hice tan tranquilo que en los cuatro kilómetros que faltaban hasta mi casa la media bajó hasta los 29,7; que estuviese cansado a lo mejor también tuvo algo que ver, no estoy seguro.

Por la tarde en casa me llamaron robocop, posiblemente por lo ágil de mis movimientos. Por la noche fue la cena de navidad de los Kingston Wheelers. Hablando con Jim me contó que al llegar a casa había cogido a su hija en un carrito (su hija debe tener año y medio) y se había ido a correr 5 kms ¡Empujando el carrito!


A cuidarse
Javier Arias González
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