lunes, 25 de febrero de 2013

Crónica del "The Hell of the Ashdown"


¿Qué pasa "biciosos"?


Me preguntaba cuando sálía de casa yo porqué le llamarán "hell" (infierno) si estamos en Febrero, el termómetro marca 1ªC y las previsiones son de nieve. No caía, fíjate tu que curioso, en que si no era por el calor que íbamos a pasar por algo sería...

Con mi bendita inconsciencia me planté en el punto de salida al que llegué con casi una hora de adelanto respecto a mi hora programada de salida. Costumbre curiosa la que he visto en algunas marchas ciclistas por estas tierras de dar horas de salida escalonadas a los ciclistas, en este caso salidas de diez ciclistas cada dos minutos. La hora de salida más temprana que pude seleccionar cuando me apunté a esta aventura eran las 9:38.

Total que allí me encontré yo a las 8:45, sin ganas de tomar nada porque había desayunado fuerte, sin cobertura en el móvil (la Inglaterra profunda es lo que tiene) y con más sueño que otra cosa. ¿qué hacer?

Pues lo normal, buscar una esquina de la cafetería, sentarme en una mesa vacía y pegarme una cabezadita. Entrenamiento para la London-Edingurgh-London pensaba mientras me dejaba abrazar por Morfeo.

A las 9:35 me desperté. Y oye ¡Que bien me sentó la siesta! si es que a esas horas es lo mejor que se puede hacer.

Todavía tuve tiempo de ir a echar una meadita y cuando me dirigía a la bicicleta llamaban por los altavoces a los ciclistas que tenían como hora de salida las 9:38.

Me dirijo a la línea de salida, un tipo nos da un par de indicaciones de carreteras que tienen obras o baches. Yo tiemblo del frio que tengo. A ver si nos deja ponernos en marcha que a mi me va a dar un mal.

Sin muchos más miramientos nos da la salida. Pasamos sobre una manta que nos toma tiempo y allá vamos. Giro a la izquierda y mirada atrás a ver si alguien se sabe el camino que yo no tengo ni idea de por donde es la ruta.

Llevábamos pedaleando unos cinco minutos y ya habíamos tomado unos tres o cuatro giros cuando caí en la cuenta de que yo llevaba GPS en la bici y de que había cargado la ruta. ¡Si es que todavía estoy dormido!

Cargo la ruta en el GPS, aprovecho para ponerlo a grabar, que tambíén se me había olvidado eso, y ya se por donde voy (o mejor dicho, lo sabe el GPS, que yo ni idea); no necesito seguir la rueda de este grupo. A buscar mi ritmo.

Y mira que lo busqué, pero no lo encontraba. Entre el estar todavía despertándome, el frío que hacía y el continuo sube y baja que era la carretera no encontraba yo ese ritmo que sirviese a mis planes de rodar los 110km de esta marcha a ritmo constante, sin seguir la rueda de nadie y sin paradas. Tan pronto una cuesta empinadísima me obligaba a meterlo todo y, con las pulsaciones por las nubes, a esquivar ingleses atascados con su piñón de 23 dientes, como un fuerte viento de cara me frenaba en las bajadas y en el llano.

Pero oye, yo no cesé en el intento. Cabezón que es uno. Me adelantaban ciclistas, pero yo adelantaba a muchos más. No es que fuese muy rápido, pero el frío hacía que ir despacio tampoco fuese una opción.

El caso es que la bicicleta empezó a resentirse de la mala calidad de algunas de las carreteras por las que nos metieron. El guardabarros empezó a rozar con la rueda y el desviador empezó a rozar con el pedal derecho, al piñón grande le costaba entrar con el plato pequeño... Menudo festival de ruidos era la bici, pero ni por esas me paré. Yo, cabezón, al plan.

¿Qué sería el kilómetro 50? No estoy seguro, no me acuerdo. Pero el caso es que de repente apareció un puesto de avituallamiento. Y digo de repente porque no tenía ni idea de donde estaban los puestos de avituallamiento. Como había decidido no parar ni siguiera me fijé en que kilómetro estaban (aunque creo que la hoja de ruta estaba en millas). Y que conste que esto lo considero un fallo...

Me salí de la carretera, pasé por la manta que nos tomaba tiempo y di media vuelta para volver a pasar y volver a salir a la carretera. Ni siquiera puse el pie a tierra. ¿He mencionado que el plan era hacer la ruta sin parar?

Pues no se porqué lo menciono, porque a los dos o tres kilómetros del avituallamiento caigo en la cuenta de que una varilla que sujeta el guardabarros delantero se ha soltado. Pienso seriamente en seguir sin parar, pero la perspectiva de que la varilla se meta entre los radios en el momento menos esperado y acabe por los suelos me convence de que lo sensato es parar y tratar de solucionar el problema.

En realidad nada que no sea capaz de solucionar una de esos plásticos que sirven para abrazaderas (¿cómo se llaman?). De hecho el apaño ha quedado tan bien que yo diría que así se queda hasta que quite los guardabarros a principios de Junio.

Pues solucionado el contratiempo me pongo en marcha y venga a dar pedales. Y dando pedales se pasaron los kilómetros que no dejaron en ningún momento de ser un subeybaja azotado por viento frio con caidas intermitentes de copos de nieve.

Yo frio, la verdad, ya no tenía, pero un poco mosca con el viento si que estaba. Es que no acababa yo de entender eso de que después de cada giro el viento siempre pareciese que soplaba de cara. Oye que mira que hasta empecé a hacerme teorías meteorológicas para explicar el fenómeno.

En uno de estos giros avisté la carretera por donde íbamos a rodar. Una colina con aspecto más serio que las que habíamos pasado hasta ahora. En la lejanía la carretera se veía ascender por la ladera, salpicada de ciclistas que se distinguían claramente con sus colores chillones. Ciclistas que ascencían muy despacio, como si costase. ¿qué sería, el kilómetro 75?. A ver que tal responden las piernas.

Y mira tu por donde que las piernas respondieron. Subí con una buena cadencia y, por fin, a "mi ritmo". Que buenas sensaciones. No se trataba de que estuviese subiendo rápido, aunque adelanté a un montón de ciclistas y nadie me adelantó a mi; se trataba de la sensación, del ritmo. Justo lo que llevaba buscando toda la mañana.

Al poco de la cima estaba el segundo control de avituallamiento. Hice igual que en el primero. Pasé por encima de la manta para que tomasen tiempo y segui mi marcha sin siquiera fijarme en el aspecto del control.

Y es que una vez encontrado el ritmo no era plan de parar. Ahora se trataba de mantenerlo, de estirar la sensación, de sentir la cadencia, la respiración acompasada. Insisto, no se trata de ir rápido, se trata de la sensación de armonía. Y ahora que la había encontrado estaba enganchado a ella como un niño a un caramelo.

Tan concentrado en mi ritmo estaba que me sorprendió un pitido del GPS en medio de una bajada. ¡¡¡Que te has salido de la ruta!!!

¿Cómo que me he salido? Si no he pasado ningún desvio...

Dejo de dar pedales y la bici sigue cuesta abajo aunque pierde algo de inercia. Miro hacia atrás y no viene ningún ciclista. Por delante no va nadie.

¿Por qué pasa esto siempre bajando? Este Murphy es un cabrón.

Decido pararme. Por delante nadie, por detrás nadie. ¿qué hago?

Pues dar la vuelta. Ala pa'rriba.

Claro que en estas circunstancias ni ritmo ni leches. Sube uno al tran-tran y con la mosca detrás de la oreja. De repente situación surrealista al canto.

A lo lejos veo que los ciclistas se están desviando hacia su izquierda. Efectivamente me había pasado un desvio. Pero es que hacia mi venía otro ciclista. Otro que se había pasado el desvío. El típico ciclista pasado de peso, abrigado de más, como si hubiese seguido las recomendaciones de su madre antes de salir de casa; sudoroso depués de la subida, pero relajado porque ahora ya bajaba, montando en una pepino bici de esas que se ven en las revistas con ruedas de perfil alto.

Le grito que se ha equivocado, pero el tio está tan contento de que sea hacia abajo que ni me oye. Pues yo no bajo a buscarle...

Tomo el desvio que me había pasado y todo vuelve a la normalidad. La carretera sigue llena de baches, el viento sigue soplando de cara, pero mi ritmo sigue conmigo.

Y en estas estoy tranquilamente cuando me pasan dos ciclistas con pinta de profesionales del ciclodeportivismo. Finos como espigas, rápidos, dándose relevos. Impresionante. A poco me despeinan.

Y todavía estaba yo viendoles a lo lejos cuando veo que giran a la derecha. Y al seguir su giro caigo en la cuenta de que habían esprintado porque allí estaba el final de la ruta.

Me pilló por sorpresa. Según mi cuenta llevaba rodando unos 103 kilómetros y la ruta era de 110. Aquí me han mangado unos kilometros.

Tampoco es que yo me quejase mucho. Esto de llegar tiene su cosa buena porque mucho ritmo y muchas leches, pero yo empezaba a estar cansado y, además, ya estaba que me meaba, que, por increíble que parezca en un tipo al que sus ¿amigos? asturianos apodan ¿cariñosamente? "la meona", no había parado a mear en toda la ruta (yo creo que ha sido mi record sin mear en una bicicleta).


En el control de llegada me dieron un diploma que insisten en que rode 110K en 04:08:36, yo se que no es cierto, pero a quien le importa. Me pedí un chocolate caliente y una cookie gigante y me senté en la misma mesa en la que había dormido antes de la salida a disfrutar de lo rico que me supo el chocolate, lo bien que me sentía físicamente y del placer que da comer cuando tienes hambre.

Llegado a casa y ya en la ducha no podía dejar de pensar en lo bien que me encontraba. Contento con el ritmo que había encontrado, con las sensaciones que había sentido y con el sentimiento de no estar cansado, de que podría haber aguantado más, que podría haber ido más rápido. Incluso pensando si no habré empezado demasiado suave. Una salida de 110 kilómetros cuando los amigos del Pakefte en Madrid ya están con su primer 200. Es sólo el primer paso, pero ¿estaría siendo demasiado conservador?

Pregunta que se respondió por si sóla y sin ningún género de dudas cuando después de alargar la sobremesa leyendo en el móvil me dispuse a ponerme de pie. El mensaje de las piernas era claro. "Apeate de la moto Javier, apéate de la moto. Habrán sido "sólo" 110, pero a ti te han hecho mella".

Os dejo aquí algunos números de la ruta:
  • Kilómetros: 103,06km
  • Desnivel acumulado: 2.055m
  • Velocidad Media: 25 km/h, así, número redondo
  • Velocidad Máxima: 62 Km/h Otro número redondo
  • Calorías consumidas: 3.021
  • Pulsaciones medias: 140 ppm
  • Pulsaciones máximas: 164 ppm
  • Cadencia media: 81 rpm
  • Cadencia máxima: 128 rpm
  • Potencia máxima: 669w
  • Potencia normalizada: 230w
  • Kilómetros totales de la bici: 20.200,65
  • Link a Strava: http://app.strava.com/activities/42116184
  • Datos de la organización:
    • Primer control de tiempo: 01:40:54
    • Segundo control de tiempo: 03:11:25
    • Tiempo total: 04:08:36
    • Posición: 111 de 835 (había 1.508 apuntados, pero se ve que el frío asustó a más de uno)
A cuidarse
Javier Arias González
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