Saturday, July 28, 2007

Mi coca-cola más tonta

¿Qué pasa “biciosos”?.

06:30 Suena el despertador, y no, no me he equivocado al "programarlo". Carmen no da crédito de lo loco que está su marido cuando me despido de ella.

07:00 Empiezo a pedalear. Ya es de día. Ya puestos podría haber madrugado más.

Pedaleo a buen ritmo. Me encuentro fresco, bien.

Km15 Subida a la Marañosa sin forzar la máquina. Me levanto y me siento buscando pasar el trago cómodamente.

Bajada de la Marañosa. Sigo pedaleando porque hace un poco de frío; son las 07:45.

Glorieta de la estación. Juro que en este momento pensé en cambiar el recorrido que tenía pensado. Me digo "no seas gallina" y tiro pa'lante.

Carretera hasta el puente sobre el río. Ni me entero de como la he pasado. Voy muy bien.

Subida a Vallekillas. Sigo con mis prácticas en subir de pie. Me subo de pie los dos tramos duros. Regulando.

Bajada de Vallekillas. La carretera está vacía y me tumbo en la bici. Disfruto poniéndome a 56 km/h.

Llego a Morata y subo hasta el aparcamiento. Vuelvo a subir de pie. Aun así la subida me sorprende con un desarrollo inadecuado y llego arriba jadeando. Coño, esta la he notado.

Carril bici hasta Perales de Tajuña. La experiencia es un grado y negocio las rampas con plato mediano sin machacarme.

Llego a Perales y.... sigo de frente. Que soy cabezón no lo voy a descubrir ahora.

Este es el tramo que estaba esperando. A partir de aquí pienso ponerme a ritmo para ganar tiempo. Son aprox. las 09:00.

Me hago a ritmo alegre tirando a fuerte todos los kilómetros del carril bici hasta que llego a Ambite, fin de la vía verde del Tajuña. Donde comimos la última vez que había hecho este recorrido.

Ambite. 10:00. Entro en el bar y me tomo un bote de coca-cola. También me compro dos botes de Aquarios y dos botellas de agua fría. Relleno los dos botellos. Estos son los datos a mitad de etapa:
  • Distancia: 71,79 Km/h
  • Tiempo: 2:53:00
  • Velocidad Media: 24:89 km/h
  • Velocidad Maxima: los 56,31 km/h mencionados
  • Km totales de la bici: 10.174 km
  • Calorías: 2.044 cal (el pulsómetro no es de fiar)
  • Pulsaciones medias: 139 ppm (el pulsómetro sigue sin ser de fiar)
10:13. Me pongo en marcha. Después de lo que en condiciones normales sería una salida normal las piernas se sorprenden y recibo las típicas señales de "pero tío ¡no habíamos llegado ya! ¿No tocaba ahora ducha?".

Pues no. Y además, me pongo otra vez a ritmo. Por otras veces que he hecho este recorrido sé que en la vuelta da la sensación de picar para abajo. Además, hace unos minutos ha salido de Ambite un grupo de ciclistas de montaña en dirección al carril bici. A mi me ha parecido que me miraban con un poco de desprecio por la cara de hecho polvo que tenía mientras estaba descansando. Eso... eso se paga.

En una mirada al pulsómetro veo que la temperatura es de 30 grados. Pues va a ser que no es escogido el mejor día para hacer mi machada particular.

Adelanto a los globeros a toda leche. Tres de ellos intentan seguirme, pero voy como una bala y se quedan atrás. ¿Que se pensaban?

Llego a Morata. Llevo 105Km y me noto cansado. Tal vez no ha sido lo más inteligente que he hecho en mi vida meterme esta minipaliza.

Primeras rampas de Vallekillas. El sol cae sin piedad y cuando veo que el termómetro marca 37 grados definitivamente estoy seguro de que no es el mejor día para intentar este recorrido.

Subo Vallekillas relativamente bien. Entre 12 km/h y 14 km/h. Cuando llego arriba compruebo que estoy en una velocidad media de 24,9 km/h. No va mal la cosa.

La bajada de Vallekillas mola un montón, pero esta vez tenía viento de cara. Aun así alcanzo los 61 km/h. Acabo de caer en que el viento de cara podría ser un problema, previsor que es uno.

El tramo hasta San Martin lo paso bastante bien dadas las circunstancias. Cuando llego a la rotonda de la estación llevo una velocidad media 25,3 km/h. Esto sigue marchando.

Subida a la Marañosa. Pongo un ritmo tranquilo y sostenido de unos 20 km/h. Me noto ya bastante cansado, además ya no se ni como sentarme en la bici, estoy incomodo en cualquier postura. Encima, por si fuera poco, tengo viento de cara. El último kilómetro se me hace durísimo. El termómetro me marca 43 grados y eso que mi cuerpo lo mantiene en la sombra.

Bajada de la Marañosa. Me dejo caer. Bajo sin manos, erguido en la bici para que me descanse la espada y los hombros.

Tramo hasta Perales del Rio. Como no podía ser de otra manera, tengo viento de cara. Empiezo a dejarme la piel en cada pedalada, aun así soy capaz de mantener mi media en los 25 km/h.

Cuesta de los gitanos. Voy muerto. La subo en plato mediano y arrastrandome.

Gasolinera. Tengo que parar. Ya no puedo dar ni una pedalada. Estoy exprimido. Me tomo un bote de coca-cola como si fuera a darme la vida. Estoy muerto. El viento me ha matado. Compro un litro de Aquarios para rellenar los botellos. Estoy a 7 km de casa y aunque la velocidad media es de 24,98 km/h está claro que no voy a poder mantenerla. Mejor me dejo llevar y a sufrir lo menos posible.

Joder que 7km. Cada pedalada ha sido un mundo. El cuerpo me dolía en todas las posturas. Me bebí el litro de Aquarius antes de llegar a casa. Rezaba para que los semáforos se pusieran en rojo y poder parar a descansar. El sudor me caía a chorros. No tengo ni idea de los Haribos que me habré comido en ese tiempo. Me recordaba el estado en el que llegaba a casa las primeras veces que salía en bici.

Llego a casa. Me pego un baño de agua templada y entro en estado de semicoma en la bañera. Estoy derrotado.

Comida. Siesta y contrareloj del tour. Mientras escribo esta crónica. Alberto Contador ha ganado el Tour y pillo el pulsómetro y el velocímetro. Estos son los datos:
  • Distancia: 143,45 km
  • Tiempo: 5:50:17 pedaleando, llegue a casa aprox a las 13:30, unas 6:30 de tiempo total
  • Vel media: 24,57 km/h. Los últimos 7 km han destrozado la media (además de a mi).
  • Vel máxima: 61,88 km/h (bajada de Vallekillas con viento de cara)
  • Km totales de la bici: 10.246
  • Calorías: 4.460 cal. 552 más que en la ida. Los globeros y el viento de cara tienen que ser la explicación
  • Pulsaciones medias: 146 ppm
Que más puedo decir. El primer objetivo era estar en casa antes de las 13:30. Bien. El segundo era una velocidad media de 25 km/h. Mal. Creo que con menos calor y sin viento de cara lo podría haber conseguido, pero claro, si mi abuela tuviese ruedas.....sería una bici.

Conclusión. Coño, pues que lo volveré a intentar.

A cuidarse
Javier Arias González

Tuesday, July 17, 2007

Salidas en Asturias 14 y 15 de Julio 2007

¿Qué pasa “biciosos”?

Una breve crónica (esta seguro porque ando liado) para contaros las salidas de este pasado fin de semana en Asturias. La verdad es que este fin de semana podría llamarse la segunda parte de la visita de los madrileños. Raúl (el abuelito), Oscar (la apisonadora de cuatro caños), el Traper, Vicente (sin mote todavía) y yo fuimos los que salimos los dos días.

El sábado el Traper tenía que estar temprano en casa porque tenía una comida familiar, por lo que nos planteamos hacer una ruta corta. ¿Qué hacemos? qué no hacemos? ¿a donde vamos?. Vámonos a acabar la ruta que no nos dio tiempo cuando vinieron los madrileños. Dicho y hecho. Como íbamos cortos de tiempo nos fuimos directamente al Violeo por la carretera. La subida a el Violeo es aquella en la que parte de la expedición madrileña decidió darse la vuelta harta ya de asturianos locos. En vez de hacerla por la pista la subimos por la carretera. Mejor piso, pero subida bastante dura. Una vez en el Violeo nos dirigimos a la pista y empezamos a subir hasta el chus. ¡¡¡¡Menudas rampitas que tiene esa pista!!! ¡¡Menudo calor!! Llegamos al chus sin mayor novedad y sin tiempo para pararnos nos decidimos a bajarnos del Naranco por los caminos hasta dar a la pista de hormigón que pasa por el depósito de agua de Cuyences Sur. Todavía tuvimos tiempo para dar algún que otro rodeo sin excesivas cuestas antes de llegar a casa. Como era temprano decidimos irnos a tomarnos unas sidras que así, cansados y con el estómago vacío pega más fuerte y el pedo sale más barato. Os cuelgo una foto que saque con el movil


El domingo ¿que hacemos que no hacemos? que nos vamos a Tellego. Tellego es el pueblo donde comimos el domingo con los colegas madrileños. Llegamos a Tellego sin demasiada complicación. La subida que en coche parecía durísima en bici no era para tanto. Aun así nadie pudo evitar pensar que podríamos pararnos a comer un poco de pote o fabada. Si es que hasta olía ya a la comida que estaban preparando. Una vez has subido a Tellego empieza la subida para llegar a donde empieza lo que íbamos a subir. Es un poco complicado, lo se, pero quedaros con que se trata de subir y subir. Tampoco tiene más misterio. Como la subida nos la tomamos en plan vago total (faltaban los Víctor, Oscar y Juan que animasen el cotarro) pudimos disfrutar del paisaje y de las vistas. A mi me pareció u sitio precioso. Estábamos rodeados de castaños, avellanos y nogales (aquí el Jorge se habría sentido como en familia) ganando altura sobre un valle en el que a lo lejos (y abajo) veíamos el pueblo de Tellego. Como decía después de subir llegamos al sitio donde empezaba la subida. En pleno monte aparece una rampa de hormigón no muy larga pero dura, dura, dura. Ninguno de nosotros fue capaz de subirla sobre la bici. El cacharro de Raúl midió un desnivel del 25% pero como la parte más dura la pasó andando (como todos) nos quedamos sin saber que desnivel tenía la rampita de las narices. Total para llegar a una braña en la que sólo había un rebaño de cabras y cinco tíos como cabras. Admiramos el paisaje, ¡Que vistas! y bajadita técnica y larga. Vicente protagonizó el vuelo sin motor sobre el manillar de la jornada que incluyó el típico golpe doloroso en el pecho producto del choque con el manillar. Nada fuera de lo común. Al final de la bajada fuimos a parar a ¿Soto de Rey? donde paramos a pillar agua momento que aproveche para retratar al grupo.


Yo aquí estaba ya situado otra vez, pero Raúl se encargó de que la subida (porque siempre se sale subiendo) para salir del valle fuese por una pista que yo no conocía. Interesante también esta subida que al final nos dejó en San Esteban de las Cruces. Terreno peligroso donde los haya. Y como no podía ser de otra forma Raúl nos ofreció un par de regalos de los suyos que vaya usted a saber porque siempre tienen forma de cuestas. Al final y para demostrar que aún éramos todos colegas nos fuimos a tomar unas sidras (siempre igual) que no todo va a ser sufrir.

Poco más puedo contar. Una vez más se cumple el objetivo de Raúl de enseñarme una ruta nueva cada vez que salimos, en este fin de semana las dos rutas fueron nuevas para mí.

No tengo los datos de kilómetros y esas cosas pero creo que fue algo así como 46km el sábado y 40 el domingo a velocidades medias de unos 13km/h, "pa'vernos matao".

Por cierto, me han dado muchos recuerdos los asturianos para los madrileños aunque todavía no se creen del todo que me sigáis hablando.

A cuidarse

Sunday, June 24, 2007

Salida Domingo 24/6/07

¿Qué pasa "biciosos"?

07:30 Suena el despertador. Me cuesta levantarme, estoy hecho un vago.

08:00 Empiezo a pedalear. La carrera de ayer me pasa factura, me siento cansado.

Pedaleo tranquilamente, a ritmo de Rebeca Bakken, una especia de Diana Krall sueca o noruega o finlandesa (yo que se).

Km15 Subida a la Marañosa al tran tran, ni siquiera rompo a sudar.

Bajada de la Marañosa. Me dejo caer.

Carretera hasta el puente sobre el río. A buen ritmo, unos 26 Km/h, me han adelantado unos ciclistas de carretera y me han "motivado".

Subida a Vallekillas. Quiero practicar a subir de pie por lo que me la hago entera de pie sobre la bici (salvo las partes llanas). Aun así tranquilamente, más o menos a 10Km/h.

En la cima veo que llevo 22Km/h de velocidad media, estoy vago total.

Llego a Morata y me tomo un café. Compruebo que la velocidad media ha subido hasta los 23km/h por la bajada.

Subida a Vallekillas. La Mala Rodríguez me pone y subo con un poco más de alegría, más o menos 16km/h.

En la cima veo que he perdido un poco de velocidad media, ahora llevo 22km/h. No hace calor y me empiezo a encontrar bien.

La bajada impresionante, alcanzo los 68,90 km/h. Para haberme matado.

El tramo de la carretera se me da muy bien, no bajo de los 30km/h.

Rotonda de la Warner. La velocidad media es ahora de 24,30km/h, estoy en tiempos de mi record personal. Empiezan a sonar los Red Hot Chilli Peppers en directo, me encuentro genial
Subida a la Marañosa. No bajo de los 26km/h. He subido a toda leche. En la cima la velocidad media es de 24,33km/h. No sólo no ha bajado sino que la he subido. Me empiezo a picar conmigo mismo.

Resto de la ruta. Voy sin cadena, mantengo una velocidad muy alta y no me canso. Me encuentro como nunca.

Llego a casa mucho antes de lo que había estimado. Estos son los números:
  • Distancia: 76,51 Km
  • Tiempo: 2:59:47 (Menos de tres horas!!!)
  • Velocidad Máxima 68,90 (lo dicho, para haberme matado)
  • Velocidad Media 25,53 Km/h (mi anterior record estaba en 24,03 km/h)
Me merezco un baño relajante.

Me encuentro genial, ni siquiera estoy cansado. Eso si, como los orejones y los plátanos tiene
mucho potasio y eso es muy malo para lo mío voy a tener que buscarme otro alimento. ¿Pasamos a llamarnos los bicipasas?

Hoy todo me sale bien, hasta la crónica me ha quedado cortita.

A cuidarse
Javier Arias González

Saturday, June 16, 2007

Salida el 16 de Junio de 2007

¿Qué pasa “biciosos”?

Me tiré de la cama a las 7:30, como quien no quiere la cosa. Llovía mientras me ponía la ropa de "torero". Estaré en casa a las 10 o 10:30 le dije a Carmen cuando me despedía. Quería estirar un poco las piernas.

¡¡¡A las 08:05!!! Me ponía a pedalear con mi chubasquero puesto, mi mp3 con música tranquila y con la sana intención de acercarme a San Martín de la Vega al tran tran y volver.

Claro que al llegar a Perales del Río, en la rotonda justo después de la bajada de los gitanos, me adelantaron dos ciclistas en bicis de montaña. "Buenos días" dijeron ellos "buenos días" contesté yo todo educado.

A pesar de la educación no pude evitar el ponerme a rueda (a una distancia prudencial) e intentar seguirles el ritmo. Llevaban un ritmo alegre. Empecé a prepararme para la batalla de la Marañosa, se veía que iba a ser dura.

El caso es que cuando llegamos al desvío de la gravera ellos se salieron del carril bici. "Hasta luego" dijeron. ¿Como que hasta luego? pensé yo. "¿Donde vais?". "Vamos a meternos por esa pista y a pillar unos caminos por la Marañosa, ¿te vienes?".

Ese ¿te vienes? a mi me sonó un poco a "No hay huevos" y ante semejante tono no pude más que imitar a Camilo Jose Cela y decir "venga, vale". Nos presentamos y me encontré acompañado por Javi, un tipo alto y delgado, y Edu, un tipo bajo y delgado (una especie de Oscar y Andrés, Jorge no encaja en el segundo adjetivo)

Pillamos la pista de las graveras a toda leche. Llevábamos un ritmo de esos de "vamos a putear a este pringado que chupaba rueda". Al llegar a Casa Eulogio. Cambio de planes, que ya no vamos a la Marañosa que nos vamos a los caminos de Rivas. Yo me quité el chubasquero (ellos no llevaban, debí haber caído en ese sospechoso detalle) porque ya me sobraba todo y recordaba la cuesta de Rivas que habíamos bajado la última vez que estuvimos por allí. Temiéndome lo peor hice repaso mental. Orejones, 5. Gatorade, no traía, para ir a San Martin no lo necesito. Agua, poca, con lo que llueve no beberé mucho. Cojonudo, como siempre, preparado para un día de gloria. Envío un mensaje a Carmen para avisarla de que no llegaré tan temprano y me dispongo a la batalla.

Tenían razón Miguel y Fernando. Las cuestas de Rivas son duras y tienen vistas preciosas. Un sube y baja, más sube que baja que te destroza las piernas. Tenemos que acercarnos por allí un día. Eso sí, ni a la mitad de velocidad a la que fuimos hoy. Me llevaron a toda leche. Yo sólo me decía: aguanta, aguanta, que ellos pararán. Coño, si ni siquiera nos hablábamos, con lo educados que habíamos sido al principio.

Cuando llegamos a lo que se supone que era el final del camino paramos y departimos amistosamente. Yo me comí con toda mi ansia los cinco orejones y me acabé el agua que llevaba. Entre charla y charla me cuentan que ENTRENAN tres veces por semana en bici, que se dedican también al atletismo y que ahora con el buen tiempo también a la natación y así hacen triatlón. Ah, que también juegan al ping pong, pero a eso ya no le di importancia. Es en este punto en el que me confiesan que el mote de Edu es "el guindilla", más concretamente "el guindilla cabrón" apunta Javi. Claro que yo pienso que deberían ascenderle el adjetivo y pasar a igualar el mío

Empecé a sospechar la razón por la que muchos ciclistas no se saludan cuando se cruzan en el carril bici. Dos veces que me he enrollado con alguien en el carril bici, dos veces que me han salido unas bestias del deporte que me arrastran a locuras físicas no sexuales.

Pues nada camino de regreso. Bajando íbamos a tanta leche que una de las curvas la tomé recta, percance sin consecuencias gracias a las pastillas nuevas que llevaba en los frenos, que sino vuelo por uno de los acantilados.

Que vamos a volver por los conejos muertos (son de Villaverde), me alegro, conozco el camino, podré regular. Hicimos los conejos muertos a una velocidad que yo no creía posible. ¡Coño, si no me daba tiempo ni a esquivar los baches! Eso sí, Edu recibió una llamada y en vez de bajar el ritmo soltó las manos del manillar y contestó la llamada mientras rodábamos a 30km/h por debajo de la autopista. Yo estaba por hacer como que me tropezaba y tirarle de la bici.

Llegamos al parque del manzanares. ¡Menos mal! Y Edu se separa para irse a su casa. Rodando ya tranquilamente va Javi y me confiesa que Edu se dedica a correr en bici con la de carretera y que es un bestia. ¡Que el tío iba regulando! Como yo, regulando para no morirme.

Por fin se fue también Javi y me quedé solito. Bajé el ritmo un poco más hasta hacerlo de globero total y me fui a casa orgulloso. No había hecho comentarios del tipo "vamos a un ritmo rápido, eh". Me había demostrado que era un biciorejon con todas las de la ley, de los que les pierde la boca (ese Andrés).

En fin, perdonad el rollo (nunca me salen cortas las crónicas) pero es que ahora estoy destrozado y me duelen un tanto las piernas y quería compartir la experiencia con vosotros. Eso si mañana no pienso saludar ni a dios por el carril bici, que nunca sabes con quien puedes acabar la ruta.

A cuidarse
Javier Arias González

Wednesday, June 13, 2007

Fin de semana 9 y 10 de Junio. Visita de los Madrileños

¿Qué pasa “biciosos”?

Como nadie se anima a publicar su crónica sobre las salidas del fin de semana en Asturias me voy a animar yo a hacer un resumen. Intentaré que sea breve porque ando muy liado, veremos como me queda.

Sábado 9 de Junio - Nos vamos a Proaza.

Habíamos quedado a la puerta de la pensión Mencia a las 08:00. Medio dormidos pillamos las bicis y nos fuimos al bar donde nos esperaban los asturianos. Presentaciones de rigor, comentarios sobre el buen tipo que tenían los madrileños (el churri, Andrés y Abraham son sílfides comparadas con Traper, Raúl y Oscar), cafés para desayunar y a cantar el cumpleaños feliz a Raúl que cumplía nada menos que 52 años (como los suyos los firmaba yo sin dudar).

En el bar estaba un paisano en pantalón de deporte y camiseta de algodón al que yo nunca había visto. Fito. El dueño del ¿mesón los arcos? donde la noche anterior Raúl y Traper habían estado de "fartura". Estatura media europea, los cuarenta ya no los cumple. El caso es que Fito estaba participando en la conversación y, no se muy bien como, cuando me quise dar cuenta Raúl había sacado su bici de reserva y Fito estaba enrolado en la salida ciclista. Es lo que tiene el "no hay huevos".....

Yo de momento me preocupé un tanto porque para alguien que no está acostumbrado a montar en bici la salida iba a ser dura. "No te preocupes, Fito es un torbellino" me dijeron. Pues nada, después de barajar las distintas rutas alternativas, nos pusimos en marcha.

Éramos 10. Fito, Raúl, Jorge, Oscar (mi tío), Traper, Vicente, Abraham, el churri (para distinguirle de mi tío), Andrés y yo. El tener que ir a Proaza nos obliga a atravesar Oviedo si no queremos perder mucho tiempo. A un ritmo no de guerra, pero si alegre llegamos a San Claudio, donde empezarían los primeros repechos. Poco que contar salvo que ya tan temprano el churri había caído en la típica broma del Traper. "A la derecha" (cuando a la derecha hay una cuesta) y el churri que se lo tragó y se tiró a la derecha. La pena es que no pudimos verlo, pero aun así el Traper se encargo de contarlo para que fuese público y notorio. Mira que os lo había advertido.

Nada más llegar el primer repecho digno de mención (una subida de unos 200 metros con una rampa al 20%) va Vicente y pincha. La típica disculpa del que se caga de miedo al ver lo que le viene. Paradita a la española (uno cambiando la rueda y los demás mirando) y a darle al repecho. Primer contacto serio de los madrileños con Asturias. Salvado con notable general.

Después bajada a Trubia y llaneo hasta la cuesta de Perlines. Perlines es un pueblo (tres casas deben ser) subido en un monte. No existe motivo razonable alguno para que fuésemos a ese pueblo y menos en bici.

La subida a Perlines es espectacular. En poquísimo espacio se gana mucha altura (eso significa que las pendientes son altas) y las vistas sobre Trubia están muy bien. Jorge, Andrés y yo nos pusimos en cabeza e hicimos la subida a ritmo de samba. Cuando llegábamos arriba vi el cartel del Perlines y comenté ahí acaba. Cuando nos acercábamos al cartel aceleré un poquito y pase el primero por el cartel. Claro que al instante Jorge y Andrés me adelantaron para continuar con la subida que no acababa en el cartel sino unos metros más allá (empieza a ser legendaria mi capacidad de finalizar los sprints donde a mi me da la gana). Una vez arriba fueron llegando los demás, cada uno a su ritmo. Cuando llegó Fito ya estaba claro que esto estaba siendo demasiado para él y eso que yo creo que llevábamos unos 20Km, asturianos, pero sólo unos 20.

Lo malo que tiene la subida a Perlines si no la conoces es que donde crees que se ha acabado, donde está el pueblo, no es más que un descanso para empezar la siguiente parte de la subida. Se repite más o menos la historia, pero esta vez cuando Fito llega ya se le ve muerto. Llegados a este punto, y en vista de la hora y del ritmo que llevábamos decidimos separarnos. Los asturianos darían la vuelta y los que íbamos a hacer la senda del oso seguiríamos adelante.

Seguir adelante significó meterse por un camino estrecho con ortigas y pinchos a los lados. Con suelo mojado y piedras resbaladizas. Los cuatro nos ortigamos. Al poco nos tuvimos que bajar de la bici por la combinación de barro, piedras húmedas y cuesta empinada. Nos tocó caminar un rato.

Al final llegamos de nuevo a la carretera. Paradita para pillar agua en el pilón y rápido a pedalear que ya íbamos tarde. Nos quedaba la última subida del día. No muy larga, no muy empinada, pero lo suficientemente dura para que Abraham empezara a tocar sus reservas de fuerzas. El churri se pilló un ritmo adecuado y con alegría se llevó a si mismo hasta la cima. Andrés y yo acompañamos a Abraham mientras los tres comentábamos el magnifico paisaje que teníamos a nuestra izquierda.

Y una vez arriba..... Pues a bajar. Lo que tiene esta zona es que no hay mucha transición entre valles. Nada más empezar a bajar ya se veía hasta donde teníamos que bajar. Impresionante. Una bajada rápida (el churri se puso a 70km/h) por una carretera de buen asfalto sin coches. Fue un subidón de adrenalina. Cuando llegamos al fondo del valle vimos un cartel que ponía Trubia a 8 Km. (¡8km llanos!). Eso es salir en bici por Asturias. En vez de hacernos los 8km llanos nos habíamos hecho unos 10 de los cuales 5 habían sido subiendo y otros 5 bajando, eso si, en plan bestia.

Poco más queda de esta salida. Pillamos la vía verde y llaneando a buen ritmo llegamos a Proaza donde nos esperaban nuestras mujeres e hijos y una coca-cola fresquita. No sabría yo decir que disfrutamos más.

El resto del día fue la excursión en bici de la senda del oso que por ser prácticamente llana y por haberla hecho a ritmo de paseo no tuvo mayor historia. Si tal resaltar que el amigo Andrés tuvo la ocasión de tirar de un carro cargado con dos niños y una bici.


Domingo 10 de Junio - Master del Naranco.

El sábado no había sido una etapa dura, pero la etapa planificada para el domingo si que era dura de verdad. Volvimos a quedar a las 08:00. Desayunamos en el bar de la estación. Volveríamos a ser 10. Raúl, Jorge, Oscar, Traper, Vicente, Abraham, el churri (para distinguirle de mi tío), Andrés, yo y Víctor que llamó a última hora para decir que se apuntaba. Cambiar a Fito por Víctor eleva varios puntos el nivel ciclista del grupo.

Salimos en dirección a Oviedo, pero en menos de 3 kilómetros ya estábamos subiendo. El Traper, que se conocía el recorrido, optó por un recorrido alternativo más corto y llano. Se le sumaron Oscar y Abraham que prefirieron reservar fuerzas (se tomaron al pie de la letra eso de que la rueda a seguir era la del Traper). Hasta cierto punto acertaron, porque lo cierto es que las rampas de Cuyences sur te despiertan si venías dormido en los primeros kilómetros. Nada más llegar a la cima paramos a quitarnos ropa. Ya nos sobraba todo. ¡¡¡¡Llevábamos menos de 5km!!!!. Víctor, como siempre, hizo la subida quejándose de que si era muy pronto para empezar tan duro, de que si estábamos locos, etc. etc. Pero bueno. ¿no hay que calentar antes de hacer una ruta?, pues nosotros ya estábamos calientes.

Subir Cuyences sur para llanear un poquito a media altura del Naranco en inmediatamente después perder toda la altura ganada. De tontos, pero así son las cosas. Nos dirigíamos al pilón que hay antes de Lladines (¿en Quintana?) donde nos esperarían el Traper, Oscar y Abraham. Mira que habré hecho veces ese recorrido, pues todavía Raúl se buscó una ruta alternativa para enseñarnos algo nuevo.

La subida a Lladines es muy bonita. Una carretera recién asfaltada, sin coches, toda entre árboles y valles preciosos. Tiene con cuatro repechos, nada duros y al final una rampa de hormigón de unos 150 metros que, digamos, te despeja la garganta. A partir de ese momento empieza lo que es el monte y es la parte más entretenida. Tranquilos sube y baja entre los árboles. Precioso.

Cuando pillamos el asfalto de nuevo Víctor se saltó el desvío que nos llevaba al Asturcón. Yo creo que lo hizo con toda la intención de no entrar en el barro y, de paso, ahorrarse kilómetros de ruta. Pero yo insistí y acabamos todos dirigiéndonos al Asturcón. Esta parte del recorrido es en el bosque del fondo del valle. Todo verde, húmedo y a la sombra. Bastante barro, partes con piedras que tuvimos que hacer andando y un riachuelo que recorrimos caminando hundiendo los pies hasta los tobillos (alguien comentó que parecíamos vaqueros intentando hacer que los indios nos perdiesen el rastro). Desde luego si de algún sitio podía salir un indio, un vietnamita o un japonés de esos que se piensa que la guerra sigue es de esa zona.

Justo antes de llegar al Asturcón, en el paseo a la vera del río, se me rompió la cadena de la bici. No cundió el pánico. Raúl llevaba eslabones de sobra y yo tenía la herramienta y la experiencia necesaria para solucionar el problema. Con la ayuda de Jorge (los demás, a la española, mirando y criticando) reparé la cadena. Cuando le dimos la vuelta a la bici el Traper se dio cuenta de que no la habíamos pasado por el desviador. Venga, a abrir la cadena, pasarla por el desviador y volver a cerrarla. Ya se encargo el Traper de que se enterasen todos (Víctor y Raúl en particular) de lo buen mecánico que yo era. Algún comentario jocoso hubo, para que voy a negarlo.

En el Asturcón volvimos a pillar asfalto en una zona de transición. Nos dirigíamos a Brañes para iniciar la subida al Violeo. Yo conocía la subida por la carretera (alguna vez he enviado el perfil), pero hoy íbamos a subir por pista....

Hicimos una parada estratégica en el pilón de Brañes para aprovisionarnos de agua y comer unos orejones y nos metimos por un camino con unas subidas curiosas que hicieron que cuando llegamos a la pista donde empieza la subida ya llegásemos "calientes". Encima la pista que apareció ante nuestros ojos acojonaba....

Como buen anfitrión expliqué las opciones que teníamos. Opción 1 subir la rampa que tendría..... 3km, dijo Víctor (coño!!! pensé yo). Opción 2 girar a la derecha y dejarse guiar por el Traper camino a casa. Mientras explicaba las opciones Raúl empezó a subir, quería sacarnos fotos subiendo.

Como siempre pasa en estos casos todo el mundo optó por la opción 1. A subir tocan. Pues nada, Andrés, Jorge y yo empezamos a subir. La rampa se las tenía. Todo metido y con calma que esto sería largo. Raúl estaba en el primer descanso sacándonos fotos mientras subíamos. Cuando llegamos a su altura aprovechamos para parar a recuperar un poco. En esto que vimos llegar a Víctor que subía a un ritmo envidiable. Viéndole parecía fácil. Cuando llegó a nuestra altura apenas nos miró y siguió pedaleando. Coño pues si el sigue nosotros también. Jorge, Andrés y yo arrancamos dejando a Raúl sacando fotos y esperando por los últimos.

Mientras nosotros subíamos esto es lo que me contaron que les pasó a los demás mientras subían:
  • Traper. Sin moverse del sitio, venga, id subiendo, aquí os espero.
  • Abraham. Empiezo a subir. Después de 50m opto por darme la vuelta.
  • Vicente. "Subía yo con todo metido y me fui contra una sebe. Ya no podía más, preferí dar la vuelta."
  • El Churri. "Empecé a subir pero me dio por mirar el velocímetro. Iba a 4 km/h. Hice el cálculo mental. A 4km/h 3km voy a tardar más de media hora. Media hora en este plan. Paso, me doy la vuelta."
Total que los cuatro se dieron la vuelta. Claro que se les pasó avisar y el pobre Raúl se quedó esperando indefinidamente a que subieran. Cuando se cansó de esperar me llamó por teléfono para ver que pasaba. Me paré para llamar al Traper, y entonces me contó que se habían dado la vuelta. Avisé a Raúl y seguí subiendo a mi ritmo (Jorge, Andrés y Víctor no habían parado). Cuando llegué al Violeo allí estaban dando vueltas para no enfriar. Todavía tuvimos que esperar bastante tiempo por Oscar y por Raúl. Ya era muy tarde. Lamentablemente tuvimos que recortar la ruta. Nada de visita al chus y directos para Oviedo y de allí a Lugones o nos darían las tantas.

Camino a Oviedo vimos las rampas que llevaban hasta el chus. Por esta vez nos las perdíamos, pero yo, la próxima vez, me las haré fijo.

Mientras bajábamos del Violeo Víctor, que no puede evitar estudiar y analizar los comportamientos de todos los ciclistas con los que sale, me estuvo comentando lo mucho que le había gustado Andrés (como ciclista). Que si no se había cebado, que si supo regular, que si inteligente, que si prudente. Definitivamente el Andrés había sido reconocido por Víctor, y eso no le pasa a cualquiera.

Circulábamos por una calle en Oviedo cuando a lo lejos vimos a unos ciclistas que cruzaban nuestra calle en dirección a Lugones. ¡¡¡¡Era el resto del grupo!!!!!. Se nos puso un semáforo en rojo y esperábamos ansiosos a que se pusiese en verde. Cuando se puso en verde nos lanzamos como balas para alcanzarlos.

De nuevo agrupados, y camino a Lugones, decidimos parar a lavar las bicis. Momentos que aprovechamos para contarnos los unos a los otros como nos había ido mientras estuvimos separados. Todos menos Raúl que se dedicó a lavar las bicis y el Traper que en cuanto le dieron la manguera se dedico a "chiscar" a todo el grupo.

Aun tuvimos tiempo para el sprint del semáforo en Lugones. Un sprint largo, con ligero viento de cara en un, también ligero, falso llano. Después nos reagrupamos y nos despedimos hasta la hora de la comida. Habíamos hecho suficiente ejercicio como para que a la hora de la comida todos tuviésemos un hambre y una sed digna de los platos a los que nos íbamos a enfrentar.

Poco más se puede contar. Se echó de menos al resto de los biciorejones, pero habrá más ocasiones. Eso si, si no quieres morir, a Asturias no se puede ir en baja forma, Oscar, Abraham y Andrés os lo pueden confirmar.

Intenté que me fuese breve, pero no se porque no fue posible. Otra vez será :-)

A cuidarse
Javier Arias González

Monday, April 30, 2007

Subida al Angliru 20/04/2007



¿Qué pasa "biciosos"?
Como muchos sabéis el objetivo que teníamos para la salida de ayer domingo era, nada más y nada menos, que subir el Angliru desde Lugones.
El sábado, para ir calentando motores, nos hicimos una ruta sencillita y a ritmo de colegas para no quemarnos de cara al domingo (57Km en 3h 22minuots, 17Km/h de media). Aun así no faltaron un par de repechos dignos de mención que aunque los subimos a ritmo tranquilo si que se hicieron notar. El mismo sábado ultimamos los detalles de la salida del domingo. Saldríamos una hora antes de lo normal para tener tiempo y subiríamos por Santa Eulalia de Morcin.

(perfil sacado de la página del Grupo Ensidesa Cicloturismo)

Este detalle podría parecer no importante, pero nada más lejos de la realidad amigos míos. Lo que es la subida al Angliru propiamente dicha empieza en un área recreativa que se llama Viapará. A Viapará, desde Lugones (desde Oviedo), se puede llegar, siempre subiendo, de dos maneras. O por Santa Eulalia de Morcin o por Riosa. Por lo visto, la ruta que pasa por Riosa es más larga en kilómetros, pero con una subida más tendida. La ruta que pasa por Santa Eulalia tiene menos kilómetros pero, como ambas llegan a Viapará, tiene necesariamente más desnivel. Para aclararlo un poco os pongo los dos perfiles. Como digo nosotros subimos desde Santa Eulalia, pero el perfil desde Riosa tiene más detalles de cómo es en realidad la subida al Angliru desde Viapará.

(perfil sacado de la página del Grupo Ensidesa Cicloturismo)

Total que quedamos a las 08:15 de la mañana el en bar de la estación del tren. Único bar abierto un domingo a esas horas. Lleno, como no podía ser de otra manera de trasnochados aprovechando para tomarse el último cubata. Allí nos presentamos Raúl, Jorge, Oscar, Juan y yo. A Víctor le recogeríamos por el camino, en la Corredoria. Una curiosa mezcla de novatos y expertos. Oscar, Juan y yo éramos noveles en esta aventura, Jorge buscaba su segunda ascensión, Raúl su tercera y Víctor no se acuerda del montón de veces que ha subido.
Nos tomamos el pertinente café y a las 08:30 nos pusimos en marcha entre bromas y consejos de cómo afrontar la subida.
De Lugones a Oviedo es subida, no muy empinada, pero subida, de Oviedo a Santa Eulalia es fundamentalmente llano. Pero a partir de Santa Elulalia es todo para arriba. No se puede decir que fuésemos muy deprisa, pero os puedo jurar que despacio no íbamos. Enseguida nos dividimos en dos grupos, Oscar, Víctor y Jorge en cabeza y Raúl, Juan y yo manteniendo el tipo. He de decir que a mi este primer tramo se me hizo eterno. Se hablaba de subir a Busloñe y cuando llegamos a Busloñe no dejamos de seguir subiendo. Incluso con rampas del 11,5%, 12,8%, 14% y ¡¡¡17%!!! Cuando llegamos a Viapará el cuenta kilómetros marcaba 30 kilómetros exactos de los cuales los 11 últimas habían sido de subida, y os puedo asegurar que de subida "interesante". Yo no se los demás, pero este que os escribe, cuando llegó a Viapará estaba ya de subir hasta los mismísimos. ¡¡Y quedaba lo mejor!! Yo entiendo perfectamente que a ese área recreativa la llamen Viapará. Después de todo es un sitio de "pará" obligatoria después de haberte metido entre pecho y espalda una subida "curiosa" y antes de darte un atracón de subida "divertida".
En Viapará nos sacamos una foto para que constase que por lo menos hasta allí habíamos llegado. En la foto podéis ver, de izquierda a derecha, a Juan (sin mote de momento), a Raúl "el abuelito", a Jorge "el Furby", a Oscar "la apisonadora de cuatro caños" y a Víctor "el enano gruñón".
Al ponernos en marcha pasamos delante de una señal que no pude dejar de retratar. La verdad es que si lo pensáis la cosa tiene su miga. La señal dice: Prohibido pasar de 40Km/h, atención a las vacas, a los derrumbes y a los desniveles de hasta el 24%. Vamos, para darse la vuelta en ese mismo instante. No solo desniveles dignos de becario de ingeniería de caminos sino que además derrumbes y vacas sueltas ¿y para fastidiar no nos dejan pasar de 40km/h? ¡Pues no vamos a poder subir a la carrera! Tendremos que subir en plan amiguetes de paseo por la montaña..... Bueno yo os puedo asegurar que no pase de 40km/h y doy fe de las tres advertencias que se hacían en la señal, había vacas sueltas (y vaqueros buscándolas), derrumbes (había llovido mucho los días de atrás) y me parece haber pasado repechos como los que se advertían, aunque no estoy muy seguro.
Hasta Viapará el paisaje estaba siendo espectacular, pero el disfrutar se iba a acabar. El Angliru estaba envuelto en una densa niebla que iba a impedir por un lado que disfrutásemos del paisaje y por otro que pudiésemos ver lo que nos quedaba de subida (no se si esto es bueno o malo). Sea como sea nos pusimos en marcha. El Angliru está muy bien señalizado, en cada curva, en cada repecho tienes un cartel que te va diciendo que desnivel estás sufriendo, cuantos kilómetros te quedan por sufrir hasta la cima y el nombre propio de esa curva o repecho en concreto (digo yo que en honor de un ciclista muerto en ese punto). En Viapará la primera señal decía que nos faltaban 6,5km hasta la cima.
Ya en la primera rampa Víctor y Oscar imprimen un ritmo que a los demás nos parece a todas luces de locos. La verdad es que en poquísimos metros afrontamos unas rampas duras (En el perfil marcadas con un 14% y con un 20% en las Cabanes) que nos obligaron a cada uno a buscar nuestro ritmo de subida. Víctor y Oscar por delante y por detrás de mí venían Jorge con Juan a rueda y unos metros por detrás Raúl. Poco más puedo contar, al poco perdí entre la niebla a Víctor y a Oscar por delante y a Jorge, Juan y Raúl por detrás. Me quedé aislado. ¿Que haces cuando estás en medio de una subida rodeado únicamente de niebla? Pues nada, me puse un ritmo "cómodo" y me dispuse a subir a mi bola. Pedaleaba fundamentalmente sentado, pero levantándome de cuando en cuando para atacar las rampas más duras. Tranquilamente y sin agobiarse.
Cuando llevaba subiendo unos dos kilómetros vi por delante de mí a Oscar. Tampoco quise cebarme, pero el contacto visual me sirvió para motivarme y acelerar para alcanzarle. Me estaba encontrando bien dentro de lo posible y la posibilidad de subir acompañado era muy interesante con lo que nos quedaba por delante.
Alcancé a Oscar e intercambiamos las típicas palabras: "¿Como vas?", "De momento bien", "¡Vaya rampas!", "Hay que regular que todavía nos queda la Cueña les cabres", etc, etc. Tampoco mucho más que había que ahorrar oxigeno. Rodamos juntos muy poco, porque al levantarme sobre la bici para atacar una rampa se me rompió la cadena de la bici.
Creo que los cagamentos y juramentes se oyeron claramente en el cielo, no en vano estábamos a más de 1.000 metros sobre el nivel del mar. Con lo bien que yo me encontraba.....
Le dije a Oscar que siguiese, que tenía de todo para reparar la avería sin problema. Me puse a reparar la cadena y en ese momento recibí una llamada telefónica. No quise contestarla, estaba tan enfadado que lo único que quería hacer era reparar la cadena lo más rápidamente posible para no perder demasiado tiempo y no enfriarme mucho. Con la sudada que tenía y la humedad que la niebla dejaba en el ambiente si te quedas mucho tiempo parado luego pareces robocop. Más tarde me enteré de que la llamada era de Andrés y Jorge Nogales, los compañeros de Madrid que llamaban para ver como llevábamos la etapa.
Para reparar la cadena quité el eslabón roto y traté de unir la cadena de nuevo. No pude, el siguiente eslabón también estaba doblado. Al final tuve que quitarle dos eslabones a la cadena para poder unirla de nuevo. Entre tanto fueron pasando Jorge, Juan y Raúl. No se cuanto tiempo tarde en arreglar la cadena, pero lo que si se es que cuando me puse de nuevo a pedalear ya estaba totalmente frío y fuera de ritmo. Me costó un huevo encontrar un ritmo de subida. Y cuando lo encontré me encontré también con la cueña les cabres.
La cueña les cabres, como se puede ver en el cartel de la foto PICT0004.JPG (también se puede apreciar la densidad de la niebla) es una rampa de 450 metros con un desnivel mínimo del 16% y uno máximo del 23,5%. Duro, muy duro. Todo metido, sentado en la puntita del sillín para que no se te levante la rueda delantera y zizagueando de vez en cuando para encontrar aire y esquivar uno de los derrumbes. Al final de la cueña les cabres me encontré con Raúl y partir de ese momento hicimos juntos la subida.
Justarme a Raúl me vino genial. Su ritmo era un poco más suave que el mío y eso me permitió encontrar el punto de pedaleo. Juntos afrontamos las últimas rampas del 18% (les piedrusines) y del 22% y juntos llegamos hasta la cumbre, donde nos esperaban hacía ya bastante rato los demás. Por lo que me contaron Víctor llegó en solitario y sobrado. Jorge fue de menos a más y adelantó a Juan en la cueña de las cabres y a Oscar un poco más adelante y acabó llegando detrás de Víctor, al parecer a no mucha distancia. Juan se recuperó del bajón de la cueña y acabó adelantando a Oscar al que le quedó larga la subida. El comentario general es que había pagado el ritmo de subida hasta Viapará y de los primeros kilómetros del Angliru. Aun así todos estábamos muy enteros y habíamos subido muy dignamente. Somos unos globeros, pero con estilo.
Nos sacamos una foto en la cumbre para que quede constancia del hecho. Si os fijáis en la foto no hay nada de niebla. Esto es debido a que el cartel esta en la cara sur del Angliru y toda la niebla estaba en la cara norte. Enseguida nos dispusimos a bajar.
Y enseguida Jorge se tiró como una flecha Angliru abajo y yo detrás. Menudo frío, que poco se veía y cuanto recé para que los frenos no dejaran de frenar. Lo cierto es que no llegué a disfrutar de la bajada, con tan poca visión, tantas curvas y tantas posibilidades de acabar volando literalmente se apoderó de mi lo que simple y llanamente se conoce como miedo y baje casi todo el tiempo con las dos manetas de freno apretadas. Casi se me solidifican los dedos en esa posición.
En Viapará estaba Jorge esperando y juntos nos pusimos a esperar al resto. Entre comentarios sobre la subida y el intercambio de experiencias el tiempo pasaba. La verdad es que tardaban en bajar. Jorge empezó a comentar que si habría pasado algo..... ¡¡¡¡PUES CUALQUIERA SUBE A COMPROBARLO!!!!
Al final bajaron y se confirmaron nuestros temores. A Víctor le había estallado la rueda delantera en plena bajada. Por suerte, y gracias a su habilidad, no llegó a caerse y la anécdota se quedó sólo en eso, en anécdota. Pusimos el turbo y seguimos el descenso hacia Santa Eulalia. Este descenso ya fue mucho más bonito. No había niebla y las posibilidades de volar con la bici eran menores. Bajamos a buen ritmo Jorge y yo y llegamos a Santa Eulalia con unos minutos de adelanto sobre el resto. En Santa Eulalia nos reagrupamos y pusimos rumbo a Oviedo.
De Santa Eulalia a Oviedo hay tres repechos. Uno un poco más largo e inclinado y dos un poco más cortos y tendidos. Normalmente estos tres repechos no serían dignos de mención, pero cuando los pillas al final de la etapa la cosa cambia y los repechos ya no son tan triviales. Aun así nos portamos como colegas en tregua y no hubo ataques ni intentos de medir fuerzas, los subimos a un ritmo que fuese aceptable para todos.
Poca más historia queda por contar. Únicamente que llegando a Lugones me dispuse de nuevo a disputarle el sprint a Jorge. Andaba yo un tanto picado después de su victoria en el anterior fin de semana (ver crónica del 23 de Abril). El caso es que repetimos situación. Yo delante marcando ritmo y el a rueda. Esta vez no traté de quitármelo de mi rueda. Puse un ritmo alto pero buscando desgastarle. Esta vez no jugué con los cambios en la última rotonda, simplemente mantuve el ritmo alto. Esta vez quise mostrarme frío y no incrementé el ritmo a medida que se acercaba Lugones. Sabía que le tenía a mi espalda y sabía que mi sprint final no iba a ser una sorpresa. Aun así metí todo y me levanté sobre la bici para impulsarla con más fuerza. Noté (en esos casos no se ve, se nota, se percibe) que efectivamente no había habido sorpresa, Jorge también se levantaba y también impulsaba con fuerza su bicicleta a la vez que se abría hacia la izquierda saliéndose de mi rueda y poniéndose en paralelo. Agaché la cabeza y eché el resto, el semáforo ya estaba allí y había que hacer el esfuerzo final. Sentía que Jorge seguía hay. Cuando levanté la cabeza me di cuenta de que un autobús estaba parado en el semáforo. Yo lo esquivé por la derecha y Jorge por la izquierda. Creo que llegamos empatados, pero también "sentí" que yo había frenado antes.
Desde aquí lo digo, el sprint de Lugones viniendo desde Oviedo va a tener que terminar un poco antes del semáforo. Sino cualquier día nos vamos a tragar a un peatón, a un coche o a un autobús, que nada vemos cuando vamos al sprint. :-)
A cuidarse
Javier Arias González

Monday, April 23, 2007

Crónica de un fin de semana en Asturias. Empiezan los preparativos

¿Qué pasa "biciosos"?
 
Seré breve porque estoy liado ;-)
 
Hemos tenido un fin de semana fantástico para la práctica del ciclismo. Un muy buen clima, unas rutas preciosas, compañía de la mejor y sin un sólo contratiempo mecánico.... todo perfecto para empezar a preparar la llegada de los madrileños. Con los brazos abiertos se les espera....
 
El sábado, como es de rigor, a las 09:00 en el bar Naranco. Allí estaba mi tío Oscar. El Traper ya había advertido que el sábado no podía salir (eso tiene ser padre) y cuando no sale el Traper la ruta se hace un poco más dura. Si además se presenta Oscar "la cosa" empieza a pasar de castaño a oscuro..... Aparece Raúl y nos ponemos a comentar las alternativas para la ruta de hoy. En esto aparece Víctor. El que faltaba. Se prepara día duro y con batalla. Empiezo a pensar que me va a costar..... Nos ponemos en marcha y cuando llevamos 20 metros aparece un ciclista que se une al grupo. Resulta que es Juan, vecino de Jorge (el Furby) que se apunta. El caso es que "la cosa" es definitivamente oscura, porque Raúl dice "Prepárate Javier que este es una máquina". ¿Por que yo? ¿Por que prepararme? Nada bueno se escondía tras esas palabras. Pero la puntilla la puso Oscar al comentar: "Hostia, hoy me va a tocar sufrir". Yo, para que negarlo, me acojoné.
 
La ruta no puedo describirla. Bastará con que os diga que fue una típica salida guiada por Raúl por la zona de Muñó. Una salida típica guiada por Raúl por la zona X significa que damos vueltas sin separarnos más de 3 ó 4 km del punto X, en esas vueltas subimos todas las rampas sin excepción y después de 10 minutos sólo Raúl sabe donde estamos aunque, insisto, no estamos a más de 4 km del punto X. Una típica salida guiada por Raúl es esa en la que pillas un desvío a la derecha y después de unos kilómetros y una rampa considerable (lo que en el argot se llama un regalito) acabas en el punto donde habías pillado el desvió +/- 300 metros.
 
Lo que si os puedo describir con todo lujo de detalles es la cara de susto que me quedó al llegar la primera "rampa" y ver que desde atrás, de pie sobre la bicicleta y a toda leche nos pasaba "el nuevo". Cuando llegamos arriba nos explicó que había tenido que subir en plato mediano porque el pequeño no le entraba... Pues ya me quedo yo mucho más tranquilo.
 
En una de las rampas (ya no se cual, pero una que yo no conocía) empezamos a subir disparados. Yo pillo la rueda de Juan y Víctor la mía. A media cuesta me fijo en que Víctor se queda. Me alegro, es la primera vez que le dejo atrás, y el ánimo me da fuerzas, me siento bien. Seguimos subiendo y ya hemos abierto hueco con Víctor. Juan sigue tirando y yo sigo aguantando, no voy tan mal como creía. Ya veo el final de la cuesta y empiezo en pensar en cambiar para esprintar. Mejor lo dejo, acaba de pasarnos Víctor por la izquierda a toda leche y nos ha sacado lo menos treinta metros de ventaja. Que hábil, que fuerza, que estrategia. Una lección más a aprender...
 
En un momento dado, después de pasar una cuesta que un lugareño nos había advertido que estaba muy empinada (que razón tenía el buen hombre), comento: "Esa rampa era dura eh?". Raúl dice: "Tengo el altímetro en revisión, no te se decir..." Víctor dice: "Esa.... un 18%". Coño, pues lo que yo decía una rampa dura....
 
Bajando (de vez en cuando también bajamos) un tramo que estaba mojado Juan frenó con la rueda delantera para no salpicarse y acabó arrastrándose de pecho por todo el charco. No fue una caída muy sería, un par de rasguños, pero si lo suficiente como para que enterrásemos los hachas de guerra por hoy. La conclusión era clara, el nivel ciclista en Asturias ha subido un escalón. Sólo nos queda seguir mejorando.
 
Aun tuvimos tiempo para una demostración de lo que es una ruta guiada por Raúl. Al final del recorrido ya estábamos un poco cortos de agua y claro, "Raúl llevamos a una fuente". Cuando llevábamos quince minutos pedaleando Víctor ya comentaba: "Mejor nos hubiésemos ido a un chigre [un bar].." y es que claro, no hay fuente sin regalito.....
 
Bueno, pues nada, camino de casa, Víctor pregunta "Y lo del Angliru para cuando?". Me pongo a hacer cuentas y el Angliru, a no ser que lo hagamos el próximo fin de semana, se va, como poco, a primeros de Julio. Poco más se discutió el próximo domingo 29 al Angligu.....Andrés (el bocas) estaría en su salsa en este grupo de Asturianos locos.
 
Los números no nos dejan en muy buen lugar ciclista. 52.78 Km en 3:16:49 con una velocidad media de 16.08 km/h. Somos unos globeros.
 
El domingo salimos Raúl, Jorge, Víctor, el Traper y yo. La ruta preciosa. Nos guió Víctor, una ruta guiada por Víctor es una ruta en la que se va discutiendo de futbol, se rueda a ritmo de colega, pero una ruta que tiene al menos tres rampas superan el 18%. Así fue la de este domingo.
 
Yo la primera rampa ya la conocía. Tiene un repecho de más o menos un 20%. Es corto, pero obviamente se siente en las piernas. En la primera Jorge, Víctor y yo nos pusimos a prueba sin llegar a esprintarnos. Jorge la subió en plato mediano, Víctor y yo la subimos en plato pequeño. Cuando Raúl se enteró nos descalificó por "mariconada" y Jorge exigía que volviésemos a subir el repecho en penitencia. Si es que no perdonan una.....
 
Para cuando llegó la segunda rampa yo ya no sabía donde estaba. Jorge y Raul se quedaron a castigar al Traper y yo empecé a subir la rampa tranquilamente, ahora sentado, ahora de pie sobre la bici. Coño!!!! miro para atrás y tengo un hueco entre yo y Víctor. Como soy un tipo "listo" me digo: "tate chaval que este te la va a liar como ayer". El caso es que sigo subiendo pero con la jodida sensación de "no bajes el ritmo y aprovecha el hueco que ya tienes ganado pero no te quemes que te la va a liar". Casi me quedo bizco mirando para atrás para no perderme el momento de su salto. El caso es que ya alcanzo a ver el fin de la rampa. ¿qué hago? ¿sprint? ¿no sprint? como había hueco bastante decido "no sprint", llego a la parte llana y empiezo a pedalear relajando las piernas esperando a que Víctor se pusiera a mi altura. He de confesar que estaba satisfecho conmigo mismo... fuerte, inteligente y no muy castigado, que más se puede pedir...
 
Cuando Víctor llegó a mi altura me dice: "Ahora después de esa curva viene un repecho duro". "¿Cómo?" pienso yo a punto de ponerme a llorar. Mira, cuando doy la curva y veo lo que queda yo: "ME ACUERDO DE LA MADRE DE TODOS LOS INGENIEROS DE CAMINOS!!!!!" Claro está que lo único que pude hacer fue intentar seguir la rueda de Víctor y comentar la jugada una vez arriba. Que si a mi me parece más duro que el "me cago en Dios" (un 23%), que si yo creo que no, que si yo creo que si pero más corto, etc, etc.
 
Después de rodar por una pista forestal junto al río subiendo repechos con piedra suelta y bajando rampas de las de dar miedo llegamos a una encrucijada de caminos. ¿Que hacemos?. Pues la solución es fácil. "Vámonos a subir al Violeo".
 
El Violeo es una de las rampas que están esperando a los madrileños. Os pongo el perfil pero con la condición de que ninguno deserte. En realidad, si os fijáis, son sólo tres kilómetros duros, luego ya se hace llano...... Bueno, yo por si acaso me tome el medio gel que me quedaba y dos orejones.
 
(perfil sacado de la página del Grupo Ensidesa Cicloturismo)

En la base del Violeo hay una fuente donde paramos a beber. Cuando nos decidimos ponernos en marcha veo que Víctor sale el primero. Entre pitos y flautas un minuto más tarde salimos Jorge y yo. Empieza a tirar Jorge. Al poco me pregunta: "¿Víctor?". "Esta adelante" le digo. Pues nada Jorge pone un ritmo un tanto vivo a ver si nos está esperando para hacer juntos la subida. Al girar una curva vimos parte de la subida y ni rastro de Víctor. Comento: "Coño, esta subiendo a toda leche". Pues nada Jorge sigue tirando y yo sigo chupando rueda. En otra curva volvemos a ver parte del recorrido y ni rastro de Víctor. Jorge dice: "esta detrás" yo que no, "que está delante". Que carajo, seguimos subiendo a buen ritmo, yo siempre a rueda. En una de estas, más o menos a mitad de la subida, miramos para atrás y allí estaba Víctor. Yo no se como coño estaba convencido de que estaba delante, pero el caso es que el tío apareció detrás. Pues nada, si bajar el ritmo Jorge sigue tirando y yo sigo a rueda. Tenemos bastante hueco lo mismo no nos pilla..... Tonterías, cuando estábamos llegando al Violeo, donde esta la rampa más dura, Víctor nos alcanza y nos adelanta. Yo dejo la rueda de Jorge (perdón Jorge por haber chupado rueda toda la subida) y me pongo a rueda de Víctor. Cuando llegamos a la rampa del Violeo tengo las pulsaciones en 185, estoy de pie sobre la bici y todavía me queda el último arreón. Víctor también sube de pie, cuando se sienta, en una maniobra muy suya, no baja piñones sino que aumenta el ritmo de pedalada con lo que me da un arreón de la leche. Yo meto un piñón y acelero, meto otro y me siento en la bici cerrando la boca para que no se me salga el corazón. Ya estamos arriba. Menos mal porque ya no puedo con mis piernas.
 
Del Violeo a Ules, de Ules a Oviedo tranquilamente y de Oviedo a Lugones.... pues a toda leche. Asume el Traper la batuta de la orquesta, plato y a toda leche hasta Lugones. Tanto que ni paramos para despedirnos de Víctor que se queda a medio camino. Llegando a Lugones sprint entre Jorge y yo. Voy marcando el ritmo y se que le llevo en mi espalda. Acelero y pongo un ritmo ágil para endurecer el sprint, a la vez regulo que todavía falta un kilómetro para Lugones. La rotonda de los peñones la tomamos a toda leche, trato de jugar con los piñones para tomar ventaja en los giros, pero el tío no se despega de mi. Mantengo el ritmo, no quiero desfondarme, se que el al ir a rueda irá un poco más cómodo. Cuando veo el primer semáforo de Lugones a tiro meto un piñón y lanzo el sprint. Jorge, que me vigilaba los piñones también se lanza. Nos ponemos en paralelo durante unos metros y...... me acaba pasando irremediablemente.....
 
Los números siguen dejándonos muy mal. 53.56 kilómetros en 3:35:12 y una velocidad media de 13.93!!!!  Estamos que nos salimos.....
 
MENOS MAL QUE HE SIDO BREVE!!!!!!
 
Poco más que contar. A cuidarse
Javier