Monday, March 22, 2010

San Martin - Villaconejos - Colmenar de la Oreja - Chinchón - San Martin

¿Qué pasa "biciosos"?

Me monto en la bici y me doy cuenta de que el pulsómetro no funciona. ¡Bien!

Habíamos quedado en Legazpi a las 08:00, pero Antonio me había enviado un mensaje corto diciéndome que no venía, que el 200 había sido un 225 por lo que no tenía muy claro con quien me encontraría en Legazpi. Por si acaso me veía sólo me había echado el mp3 en el bolso; pero no, en Legazpi estaban (por orden alfabético) Diego, Jose Manuel y Roberto. En el parque Manzanares se nos unió Juan y formamos el quiteto definitivo.

Llovía. Y eso demostraba que la meteorología, aunque útil en muchos casos, no es una ciencia exacta y comete errores que afectan a la práctica del ciclismo. Se había puesto a llover justamente a las 08:00 de la mañana. Como alguien dijo justo para que ya estuviésemos fuera de la cama y yo tuviésemos disculpa para no salir. Visto como se desarrolló el día, menos mal.

Llovía, cierto; pero en realidad llovía poco. Ejerciendo de asturiano ni siquiera me puse el chubasquero. No hacía falta.

Pusimos rumbo a San “Marting” de la Vega a ritmo de cháchara. Y enseguida llegamos a la base de la Marañosa. Nos dividimos en dos grupos. Diego, Jose Manuel y yo en cabeza. Juan, que el viernes se había ido a Cuenca en bici y Roberto que ayer se había hecho el 200, por detrás. Subida a buen ritmo, pero sin hostilidades. Aquí todos somos amigos.

En la parte alta de la Marañosa parada fisiológica y me pongo el chubasquero. No es que llueva mucho, pero bajando será mejor abrigarse. Prudente que es uno.

San “Marting” sigue en obras y la forma de pillar la carretera de Colmenar sin toparse con ellas sigue siendo un misterio. Nueva parada fisiológica y me quito el chubasquero, ha dejado de llover.

Llano “ciempozueliano”. Rodamos a ritmo de 30km/h. Estos “amigos” me llevan un poco fuera de punto.
Subida a Villaconejos. Yo esta subida no la conozco por lo que mi intención es dejarme ir. Pero una cosa son mis intenciones y otra las de mis “amigos”. Diego lanza un ataque no muy fuerte con la declarada intención de picarme. Jose Manuel sale con él. Oigo que Juan les “riñe” y les dice que no me provoquen. Yo, que, como dice la abuela de un amigo, parezco el más tonto de mi edad (ella lo dice hablando de mi amigo, que es insultantemente más joven que yo). Pico y aumento el ritmo. Diego y Jose Manuel me esperan entre comentarios jocosos. Parafraseando mentalmente a ese gran icono de la cultura popular pienso. ¡Aquí se va a liar parda!

Y es que la subida de Villaconejos no me viene nada bien. Repechos cortos y duros seguidos de subidas tendidas. Malo para subir a ritmo, bueno para pegar tirones. Malo para mi, bueno para mis “amigos”. Les confieso que esta subida no me conviene, comentamos que yo soy más diesel y como pillan el mensaje el siguiente repecho se ponen los dos de pie sobre la bicicleta y me obligan a aumentar el ritmo de pedalada. Puedo seguirles, pero me están dando bien.

La subida sigue a escalones que se convierten en pequeños tirones cada vez que Diego y Jose Manuel los afrontan poniéndose de pie en la bici. Ellos hablan, yo entre jadeo y jadeo creo que dejo escapar alguna palabra.

De repente veo que atravesamos una línea en el suelo y me parece ver un P.M. pintado. Diego ha pasado el primero, yo a su rueda y Jose Manuel a la mía. Yo no comento nada. En realidad la cuesta sigue.

De repente Jose Manuel lanza un ataque. Abre hueco. Sólo unos 10 ó 15 metros, pero ha abierto hueco. Diego chilla algo que no me acuerdo, pero que cuento para que os metáis un poco más en la situación. Yo pienso, si esta cuesta acaba ahí donde parece yo puedo responder al ataque, tengo permiso del cardiólogo. Meto un piñón más, me pongo de pie sobre la bici y a pedalear se ha dicho. No se si es cierto o si me lo invento ahora mismo, pero convengamos, por aquello del espectáculo ciclista, en que Diego chilla algo, yo no se que, a mi paso.

Creo que adelanto a Jose Manuel justo cuando pasamos por donde yo había fijado el final de la subida (no nos engañemos, no merece la consideración de puerto).

Levanto el pie para coger aire. Jose Manuel también. En esto que nos pasa Diego y dice, esta vez si que me acuerto, si la subida no se ha acabado. Jose Manuel salta a su rueda. Yo confieso en voz alta que no puedo seguirles y les dejo que se disputen la victoria.

Cuando levantan el pie enlazo con ellos y cuando Juan y Roberto nos alcanzan enfilamos hacia Villaconejos. Hora de parar.

En el bar bicicleta GAC con alforjas modelo rústico como se puede apreciar en la foto.


El bar con fotos y dedicatorias de Contador por todos los lados. Pedimos al tabernero que nos sirviera aquello que le sirve al genio cuando para por esos lares, pero como no nos desveló el secreto no decantamos por el tradicional pincho de tortilla. Como tenía una tortilla entera recién hecha le dijimos que nos la quedábamos, unos con café con leche, otros con acuarius. La tortilla se quedó en 2 piñones aunque se apuntó que podría ser 2,5 piñones por aquello de que estaba recién hecha. A mi me supo a gloria porque tenía un hambre tremenda. La dicusión sobre la personalidad de los grandes deportistas. Repasamos a Contador, Valverde, Fernando Alonso y alguno más que no me acuerdo.

Empezamos a rodar y empezamos bajando, lo que siempre viene bien para ir calentando.
Después de la bajada vino un llano en una carretera estrecha con buen asfalto. Lo que sigue viniendo bien para ir calentando.

En este tramo la conversación fue muy animada. Conversábamos sobre el dopaje y lo injustamente que son tratados lo ciclistas si se comparan con los futbolistas. No es que fuésemos muy originales, pero con tanta cháchara esa parte de recorrido se me pasó muy rápida.

Claro que, de repente, Juan advirtió que girábamos a la izquierda y que empezaba la subida a Colmenar de la Oreja. Una subida dura, nos advirtió. “Yo subo a 13 [por hora]” o “Yo de 13 [por hora] no paso” fue la expresión de Diego. A mi me pareció una gran idea y a Jose Manuel también pareció parecerle. Volvimos a formar los dos grupos de subida.

Esta subida es paralela a la que hicimos en el 200 y si aquella me gustó esta me gustó todavía más. ¡Que preciosidad! ¡Que carretera más tranquila! ¡Que subida más bonita!.

Nosotros la subimos sin hostilidades, pero a un ritmo más que digno. Lo que para Diego es subir a 13 se convierte en subir a 18. ¡Y eso que subíamos hablando!.

Curvas, contra-curvas. Pedaleo de pie, pedaleo sentado. Todo regado con una conversación sobre el deterioro de la profesión del informático/teleco que acabó derivando en un análisis de la estrategia a medio plazo de Telefónica. Si es que andar no andamos un pimiento, pero, eso si, las tertulias son de nivel.
Cuando llegábamos a las conclusiones finales de nuestra conversación llegamos al alto de la subida. Nos prodigamos en elogios mientras parábamos a esperar a Juan y a Roberto.

Cuando nos reagrupamos. Me subo en la bici para reanudar la marcha y ¡CLAC! Cadena rota. Esta vez no ha sido por no engrasarla. Pero la lluvia de primera hora de la mañana la ha dejado sin aceite. Me toca quitarle otro eslabón. [Recordatorio:  Javier, tienes que cambiar la cadena a la bici]

Reparo la cadena con rapidez y eficacia y enseguida nos ponemos en marcha. Estamos a la entrada de Colmenar de la Oreja. Por la hora que es y por el recorrido que falta me doy cuenta de que se ha hecho tarde. Si sigo con la ruta planificada llegaría sobre las 14:00 a Arganda y luego tendría el metro y el tren hasta casa. Si me desviaba de la ruta y me dirigía a Chinchon, Morata, San Martin y de ahí a mi casa llegaría a las 14:00 si consigo pedalear a buen ritmo. Juan comenta que tendré viento a favor.

Analizadas las opciones decido formar mi propia disidencia y me despido de mis compañeros de ruta. Me quedo sólo.

Llego a Chinchón y caigo en la cuenta que llevo conmigo el mp3. Parada para consultar el GPS (si, es triste, pero cierto), ponerme la banda sonora que empieza Dreamer de supertramp, premonitorio y sacar una barrita.

Paso por Chinchón. Bajada rápida. Una subida de la que no me acordaba y una bajada más rápida aún. Ya estoy en el valle del Tajuña. El viento me da de cara. ¡Pues no era este el plan!

Me hago este llano a un ritmo tonto. Me estoy cansando, pero no ruedo a buena velocidad.

Empieza la subida a “Vallekillas”. Yo me lo tomo con filosofía. Subo con mucha frecuencia de pedalada, siento que no tengo fuerzas en las piernas.

Llego al cruce con la carretera de Morata. Giro a la izquierda y ya estoy en terreno conocido al milímetro. Pedaleo 100 metros y me doy cuenta de que voy fuera de punto. Estoy en un ritmo demasiado alto. “Así no llego”.

Reajusto el ritmo y me doy cuenta de que no voy tan mal. En realidad voy muy bien. Lo único que pasaba es que estaba tratando de rodar más rápido de lo que yo podía. Al verme en terreno muy conocido me ajusté y en realidad estaba muy bien. Son las 13:45; si mantengo el ritmo estaré en casa a las 14:00. Me animo. Suena el “Always on the run” de Lenny Krawitz. ¡Que título más adecuado! [me acuerdo de mi amigo, ese sobre el que su abuela no tiene un gran concepto de él].

Bajada de “Vallekillas” y el viento sopla de culo. Bajada muy rápida.

Llano argandiano y yo me encuentro bien, pero el que el viento de de culo es determinante; ruedo a 34km/h
Subida a la Marañosa. 100km de ruta. Me encuentro bien;  empiezo la subida a 27 km/h. hago la mayoría de la subida a 25km/h y el último kilómetro a 22km/h. Corono en plan campeón y meto plato grande. El viento sigue soplando de culo.

Bajada muy rápida. El repecho de Arrollo Culebro lo subo de pie para descansar de rodar sentado. Buen ritmo en el terreno favorable hasta Perales de Rio. El repecho de Perales del Rio lo subo sentado y corono a 28 km/h sin forzar al máximo. Esto de que el viento sople de culo esta muy bien.

Rotonda del avión. Me salgo del carril bici. Rehago cálculos y llego a la conclusión de que puedo estar en casa a las 13:50. Esto marcha.

Cuesta de los gitanos. Me pongo de pie sobre la bici para descansar de tanto pedalear sentado.
Se me rompe la cadena. Si, otra vez.

¡Cáspita, que mala suerte! Es la versión políticamente correcta de lo que se me pasó por la mente.
Llamo a casa. Llegaré a las 14:15. Falta, pero el árbitro no me saca tarjeta amarilla; yo entré al balón.
Quito otro eslabón, con el de hace quince días esta cadena ya tiene tres eslabones menos. Pero oye. Cadena arreglada. Eso si cuando me subo en la bici ya no era lo mismo. Estaba bien, si. El viento deba de culo, pues también. Pero el saber que ya no llegaría a las 14:00 me quitó el aliciente de picarme. Además en el mp3 sonaba Dido y en ese momento parecía un poco deprimente. Mi única preocupación era que la cadena no se volviese a romper. Empiezo a pensarme dos veces cada cambio, cada intención de ponerme de pie, cada vez que tengo intención de poner fuerza en la pedalada. Un rollo. [Recordatorio: Javier tienes que cambiar la cadena a la bici]

Sin más llego a casa. Son las 14:15. No he sido todo lo puntual que me hubiese gustado, pero estoy contento porque me he estado más fuerte de lo que me he sentido durante la mañana.

Me pongo a pasar los datos al ordenador y me doy cuenta que no había puesto en marcha la grabación en el GPS. Pues va a ser que la frase de la abuela de mi amigo hoy se me puede aplicar perfectamente. En fin, estos son los datos que tengo sobre la ruta.

  • Kilómetros: 124,59
  • Tiempo rodando: 5:06:11
  • Velocidad Media: 24,41 km/h
  • Velocidad Máxima: 66,20 km/h
  • Km en esta bici: 3.337 (957 este año)

A cuidarse
Javier Arias González

Friday, March 19, 2010

Una buena forma de empezar el día

¿Qué pasa "biciosos"?

Te levantas a las 6:30 de la mañana.

A las 7:00 te pones a rodar.

A las 8:30 en punto llegas a Morata y te tomas un café.

Son 15 minutos de parada.

A  las 10:15 estas entrando por la puerta de casa.

76 kilómetros en las piernas. Sientes el esfuerzo, pero no estás agotado.

Mola.

El mapa:

View Bici-20100319-Casa Morata in a larger map

El perfil:
Los datos (del GPS):
  • Kilómetros: 76,11
  • Desnivel acumulado: 736
  • Tiempo rodando: 2:49:00
  • Velocidad media: 26,99 km/h
  • Velocidad máxima: 66,08 km/h
  • Km de la bici: 3.212
  • Pulsaciones medias: 149
  • Pulsaciones máximas: 181
  • Calorías consumidas: 2.301
A cuidarse
Javier Arias González

Sunday, March 14, 2010

Multiherramientas Topeak Alien

¿Qué pasa "biciosos"?

Soy un fan de las multiherramientas de Topeak, en concreto de la serie Alien. Las he tenido todas, el Topeak Alien original (que creo que ya no se vende).

Todas ellas me parecen multiherramientas muy completas (26 herramientas la Topeak Alien II y 25 la Topeak Alien III) y me han sacado de más de un apuro cuando he tenido una avería en el monte. En cada una de mis bicicletas (Urbana, Carrtera y Mountain Bike) llevo una multierramienta Topeak de la serie Alien.

Aun así hay dos defectos que tienen que es importante resaltar. El primero es que estas multiherramientas se oxidan. Defecto importante si haces mountain bike en entornos húmedos (yo, además de por Madrid, también monto por Asturias) o si la lluvia no te sirve como escusa para quedarte en casa. De hecho la Topeak Alien III cuyas herramientas son de acero CrMo (Cromo Molibdeno) se oxida más que la Topeak Alien II cuyas herramientas son de acero endurecido. Este es el aspecto que tiene la Topeak Alien III que llevo en mi bicicleta de mountain bike después de un invierno.


El segundo defecto es que el bulón del trochacadenas es bastante sensible y se rompe con relativa facilidad. En mi experiencia con estas multiherramientas ya he roto dos. Uno de una Topeak Alien y otro de una Topeak Alien II. Lo bueno es que la Topeak Alien II estaba en garantía y me la cambiaron sin ningún problema una nueva.

En esta foto podéis ver el tronchacadenas sin bulón (arriba) de la Topeak Alien que llevo en mi bicicleta urbana y el tronchacadenas con bulón (abajo) de Topeak Alien III que llevo en mi mountain bike.


Conclusión
Las Multiherramientas de Topeak me parecen unas magníficas multiherramientas. De todas las que he probado la que me parece la mejor es la Topeak Alien II que es una versión mejorada de la Alien original y que, además de tener una herramienta más, me parece de más calidad en general que la Topeak Alien III. Como precaución esta bien el llevar la multiherramienta en una bolsa para evitar que se oxide y tener mucho cuidado a la hora de usar el tronchacadenas.

A cuidarse
Javier Arias González

Tuesday, March 9, 2010

Las Seis Tetas

¿Qué pasa "biciosos"?

Crónica que tiene el objetivo de ser breve. Veremos que es lo que sale.

Las Seis Tetas es una ruta regular del Pakefte, posiblemente la única ruta regular del Pakefte. Al parecer dice la tradición que se celebra justo el sábado del fin de semana antes de la Bilbao-Bilbao. Como su nombre indica en la ruta se suben seis (re)pechos: Chiloeches, Renera, Fuentelviejo, Valfermoso, Majadillas y Lupiana (aunque en el perfil se ve que son seis (re)pechos y medio).

Uno de los pakefteros definió la ruta de la siguiente manera: "es cicloturismo al estilo pakeftero autentico; la tradicion dice que cada uno tiene que atacar en un puerto, para alcanzar la gloria en solitario, menos Josu, que ataca en todos, y Adrian, que solo ataca si hay turrolate."

Al final nos presentamos siete elementos Josu, Jose, Diego, Buje, Juan, Pilar y yo.

Empezamos a rodar tranquilamente, pero es que en esta ruta apenas llevas dos kilómetros y empieza la primera teta, Chiloeches.

En esta subida no hay gran historia. Nada más empezar la subida Josu se adelanta al grupo y abre hueco. Yo pienso en saltar detrás de él pero alguien del pelotón dice "Javier cuéntanos algún gadget de Google" y entre pitos y flautas me lio a hablar de la capacidad de transcripción de YouTube y Josu corona la teta sin oposición alguna, se cumple la tradición, la primera teta siempre es de Josu.

Llueve, poco, soportable, pero llueve. Comienza un terreno favorable y luego la bajada.

Segunda teta, Renera. A la entrada de un pueblo me paro a mear. Cuando entro en el pueblo a con la intención de alcanzar el grupo me encuentro con Buje que se ha quedado a esperarme en un cruce para asegurarse que tomo el desvío correcto. Nos unimos al resto del grupo justo donde empezaba la subida. Estaban todos... menos Josu que ya había "atacado". Esta vez no dejo que nadie me pregunte nada y pongo ritmo de "a ver si le alcanzo". Desde el grupo me animan, pero yo contesto que ya me saca mucha ventaja.

Y es cierto. Josu pedalea en la lejanía de pie sobre la bicicleta. Yo sentado y con cadencia. Me suben las pulsaciones con rapidez, pero poco a poco, muy, pero que muy poco a poco, el hueco se va reduciendo. Cuando llegando a su altura las pulsaciones las tengo en 183 y veo que Josu me hace una señal de que le adelante. Le contesto que no, que yo tengo que recuperar. Bajo un piñón y me quedo a su rueda.

Lo cierto es que no mucho. Apenas me bajaron las pulsaciones a 177 noté como el ritmo no me convenía, podía ir más rápido. Meto un piñón más y vuelvo a recuperar el ritmo que tenía. Poco a poco voy dejando atrás a Josu. Pero tampoco mucho. Cada poco miraba hacia atrás por miedo a que de repente pegase un tirón y acabase adelantándome. Coronó muy poco tiempo detrás de mi.

Tercera teta, Fuentelviejo. Vamos todos en grupo y de repente, poco a poco, como quien no quiere la cosa Juan se sale del grupo y abre un pequeño hueco. Yo no estoy seguro de si estamos empezando ya la tercera subida, pero por si acaso aumento mi ritmo para llegar a su rueda. Siento a Josu tras de mi.

Nos juntamos los tres. Llegamos a un cruce y veo un cartel que ponte 1,9Km a Fuentelviejo. Pregunto a Juan y me confirma que es allí a donde vamos. ¡Bien! calculo que kilómetro marcará mi velocímetro cuando lleguemos ¡ya tengo una referencia de cuando falta!.

El ritmo no es muy alto, pero Juan se queda. Yo me pongo a rueda de Josu y dejo que el trabaje mientras yo tengo un ojo en el kilometraje.

Miro hacia atrás y veo que se nos acercan dos de amarillo (esos chubasqueros) creo que son Buje y Diego. Josu mantiene su ritmo y yo sigo a rueda.

Pasan los metros y ahora ya tengo tres cosas en las que fijarme. Lo que hace Josu, que mantiene su ritmo; el kilometraje, cada vez falta menos y a los de amarillo, que se están acercando.

Busco el momento adecuado y cuando veo donde se acaba la cuesta me levanto sobre la bici. Meto un par de piñones y lanzo un ataque.

Yo diría que Josu no me sigue, pero como la bici de carretera es agradecida y siento que puedo pues meto un par de piñones más y corono el primero, pero al final no hubo tanta ventaja.

Antes de la tercera teta viene el conocido como el llano tajuñero. Una zona en la que si hace viento se tiene que sufrir de lo lindo. Lo bueno es que hoy no lo hace por lo que se rueda bien.

Ha llegado el momento de organizar un relevo y discutimos cómo debe hacerse. Intentamos relevos cortos y relevos largos, pero no es que nos salgan muy bien. Este grupo es como el ejército de Pancho Villa, cada uno tiene un estilo diferente y nos cuesta acompasarnos. Habrá que seguir practicando.

Lo bueno de haber hecho relevos es que entre práctica y práctica se pasaron los kilómetros y sin darnos cuenta ya estábamos en la falda de la cuarta teta, Valfermoso.

Esta vez en cuanto noto las primeras rampas me pongo a ritmo. Siento que detrás de mi se situa Jose y pienso ¡Coño! que llevo carga de la dura. Menos mal que se apiada de mi y me deja irme. Estoy sólo y pienso. Mira tío la clave aquí es abrir un hueco lo suficientemente grande para que a nadie se le ocurra que va a poder alcanzarte; aprieta ahora al principio. Y yo, voy y aprieto.


La subida a Valfermoso es preciosa. Prácticamente abajo se ve toda la subida y lo tienes fácil para calcular lo que te queda. Yo ruedo confiado, pero mis pulsaciones están muy altas, entre 181 y 184, esto se va a hacer duro.

Por si fuera poco miro para atrás y veo a tres de amarillo. Jose, Buje y Diego que suben charlando tranquilamente. Veo el hueco que tienen y enseguida me doy cuenta que si se organizan me cojen seguro. Intento aumentar el ritmo, pero no me sale muy bien; digamos que consigo mantener el ritmo que llevaba y no es poco considerando que ya iba al límite.

Con este panorama discurren unos dos o tres kilómetros. Yo noto que ya no voy. Estoy cansado, y tengo que bajar piñones porque las piernas ya no pueden con ese ritmo. Miro para atrás constantemente y aunque todavía hay distancia en todo momento tengo la sensación de que si dejan de hablar entre ellos me alcanzan en un periquete. Uff! Que largo se me está haciendo esto...

Ultima curva y ya veo la cima. Me pongo de pie sobre la bici, pero casi instantáneamente me vuelvo a sentar, no puedo ya ni con mi alma. Por suerte para mi el cálculo comparativo de la distancia que me queda y el hueco que les saco a los de amarillo me dice que llegaré yo primero. Me relajo un poquito y cuando llego a la entrada del pueblo me paro a tomar aire y a esperar a los demás.

Llegan me adelantan y alguien comentan, tío pero si no has coronado. ¡Anda, pues es verdad! Me consuelo pensando que la victoria moral es mía, pero lo que realmente quiero ahora es parar a tomar algo. Estoy muerto.

Pillamos el bar del pueblo sucio después de una fiesta la noche anterior y vacio en sus estanterías. Yo me tomo un café con leche en vaso y dos barritas dos para recuperar un poco. Todavía quedan 35 kilómetros que incluyen dos tetas y media.

Pilar y Juan empiezan la bajada antes que los demás. El resto del pelotón hacemos la bajada tranquilamente.

Quinta teta, Majadillas. Ni rastro de Pilar y Juan que van por delante. El resto del pelotón sube agrupado manteniendo una conversación animada sobre límites de velocidad para los coches. Casi sin darnos cuenta coronamos. Seguimos sin ver ni a Juan ni a Pilar. La tradición dice que este es el puerto de Juan, pero luego me entero de que ha sido Pilar la que ha coronado primera. Bravo por ella.

Bajada tranquila y en el terreno entre-tetas el grupo se queda dividido. Un grupo por delante con Juan, Pilar, Josu y Jose y un grupo por detrás con Diego, Buje y yo mismo.

Llegamos al pie de la sexta teta, Lupiana. A lo lejos vemos al grupo que va en cabeza, Jose ha saltado del grupo y va en cabeza en solitario. Hay mucho hueco, pero que carajo voy a intentar cojerle. Se lo digo a mis compañeros de grupo, se rien y me mandan recuerdos para los de alante.

Yo pongo un ritmo lo más alto posible; me pongo al límite. 182, 183, 185 las pulsaciones por todo lo alto. Menuda juerga de día estaría pensando mi corazón.

No tardo mucho en alcanzar a Juan, Josu y Pilar. Le pregunto a Juan cuanto queda y me dice que unos dos kilómetros. Miro el hueco que me saca Jose y pienso que tengo posibilidades. Sigo a mi ritmo mientras oigo a Juan que me advierte de que el puerto es más duro de lo que parece y que Jose me va a esperar para luego dejarme tirar. Creo que le contesté que ya lo sabía, pero con lo asfixiado que iba me temo que todo se quedó en una exhalación para el cuello de mi chaqueta.

El caso es que para mis adentros pensé que si Jose dejaba que yo le alcanzase podría tener alguna posibilidad de robarle la cumbre. Todo era cuestión de hacer que el hueco disminuyese lo suficiente para que él pensase que lo mejor era esperarme.

Claro que la teoría es perfecta, pero por más que pedaleaba a un ritmo endiablado el hueco no se reducía.

Yo insistía con la cabezonería de los desesperados, pero era evidente que la estrategia no estaba funcionando. Jose no había picado. El seguía subiendo a su ritmo y como luego me contó incluso en las últimas rampas subió un par de piñones para apretar un poco más.

Cuando nos juntamos yo ya había calculado que no le había podido recortar nada. Yo diría que llegó arriba con el mismo hueco por delante de mi que tenía cuando salí en su persecución. Aun así esta es la subida que más me gustó. Me había esforzado de lo lindo. Había mantenido un ritmo de pulsaciones endiablado y el cuerpo había reaccionado bien. Estaba muy satisfecho. Eso si, había quedado claro una vez más que "mi arrogancia extendía cheques que mis piernas no podían pagar".

El resto de la ruta fue muy tranquilo, y eso que en la media teta (que no puntúa) hubo un amago, pudiera ser que involuntario, por parte de Josu con la consiguiente respuesta mía, ésta totalmente voluntaria. El grupo se mantuvo unido el resto del camino y dimos por terminados los juegos.

En definitiva una magnífica ruta. Muy entretenida en la que practiqué un poco de todo. El despistarse de la primera teta, la remontada de la segunda, el ataque a traición de la tercera, la arrancada desde la base de la cuarta, el relax de la quinta, la machada infructuosa de la sexta e incluso el amago en la media teta. Todo en magnífica compañía.

El año que viene repito...

Con la bici de montaña.

Os dejo el mapa de la ruta:


View Bici-20100307-Las Seis Tetas in a larger map

El perfil:
Y los números de la ruta:
  • Kilómetros: 102,81
  • Desnivel acumulado: 1.511
  • Tiempo rodando: 4:40:55
  • Velocidad media: 21,9 km/h
  • Velocidad máxima: 52,50 km/h
  • Km de la bici: 464
  • Pulsaciones medias: 142
  • Pulsaciones máximas: 188
  • Calorías consumidas: 3.721

A cuidarse
Javier Arias González

Sunday, February 28, 2010

Desde casa a Carabaña, ida y vuelta

¿Qué pasa "biciososos"?

Aviso 1: Léase esta crónica en tono jocoso o si no, no se lea

Aviso 2: Los hechos de esta crónica han sido convenientemente exagerados para que ésta tenga sentido

Aviso 3: Si no pillas el humor de alguno de los chistes no te preocupes; yo acabo de releer la crónica y algunos tampoco los he entendido; pero me daba pereza quitarlos.


********************

La cita era a las 8 de la mañana en Legazpi. El día después de la tormenta "ferpecta", vientos huracanados y esas cosas.

A las 6:52 me llega un SMS de Antonio que dice "Paso de huracanes. No voy". Cuando lo vi casi me vuelvo a la cama. El viento había soplado a conciencia durante toda la noche y prometía un día de bici "eólico". Todavía no se porqué pero decidí seguir a lo mío y salir de todas maneras.

A las 8 estaba en Legazpi por eso de comprobar si alguien más se había animado y por allí se presentó Roberto.

Roberto es el ciclista que en la crónica del 200 de Vicálvaro quedó descrito como "un ciclista (tampoco recuerdo su nombre) que rodaba en una reclinada hand made a partir de una btwin del Decathlon". Os pongo una foto para que os hagáis una idea.

La ruta sería cosa de dos. Un señor, con toda su barba, en bicicleta rara y yo en bici de montaña. ¡Vaya pareja!

El plan que yo había propuesto era una ruta estándar de Madrid a "San Marting" y luego vía verde del Tajuña. ¿Hasta dónde llegaríamos? Hasta donde nos diese tiempo. El plan era estar a las 13:30 en casa. Roberto también había propuesto un plan, pero después de comparar pros y contras nos decidimos por el mío. Nos permitía ajustar la distancia del recorrido en función del viento más fácilmente.

Va que nos podemos a rodar y apenas llevamos un par de kilómetros, todavía estábamos en la calle Antonio López, al ponernos en marcha, pongo fuerza en la pedalada y se rompe la cadena.

Yo sé que tengo fuerza en las piernas, pero esto no para tanto ¿no?

El caso es que yo sabía que esto podía pasar. Tengo una lista larga de circunstancias y disculpas que me justifican (o eso me digo yo para poder vivir conmigo mismo) pero el caso es que hacía quince días había lavado la bici en una gasolinera, con una pistola a presión y desde entonces la bici había dormido el sueño de los justos en el trastero. ¡Sin una gota de aceite en la cadena!

Fascinado como he estado (¿sigo estándolo?) con mi nueva bici, de carretera, la bici de montaña decidió vengarse y romper la cadena para hacerse notar.

Reparé la cadena con rapidez y precisión. Y aunque no quedó engrasada, el quitar un eslabón le vino muy bien. Ni un problema más en toda la ruta.

La cosa no se dio del todo mal. El viento soplaba de culo y eso hacía que rodásemos rápidos.

La subida a la Marañosa muy bien. Buen ritmo, pero sin matarse. Nos adelantó un ciclista en bici de montaña y va el tío y se queda a unos metros por delante de nosotros.

Vamos a ver tío. Si adelantas a alguien le adelantas y le dejas atrás. Si le adelantas y que quedas a unos metros pues eres una tentación.

De todas maneras como yo a Roberto no le conocía mucho me corté bastante. Yo seguí subiendo al ritmo que nos habíamos marcado conteniendo las ganas de saltar a por el imprudente.

Van pasando los metros poco a poco y la cosa no cambia. A mi, para que negarlo, me está empezando a salir el instinto competitivo y me cuesta contenerme. Doy un par de tirones, pero me contengo. Seguimos a pocos metros del ciclista.

Siguen pasando los metros y yo ya no puedo más. ¡Si es que esto no se puede aguantar!. ¡Vamos provocando... y claro, tenía que pasar!. ¡Que uno no es de piedra!. Como quien no quiere la cosa, guardando la compostura para que Roberto no tenga mala opinión de mi, hago un pequeño cambio de ritmo para alcanzar al ciclista. Gano terreno rápidamente y me pongo a su rueda. Deben de quedar 300 metros hasta la cima de la Marañosa.

Total, que me pongo a su rueda. Sin pedir permiso ni nada. El tío va y mira para atrás y no dice nada. Yo tampoco. Veo que no aumenta el ritmo y yo me quedo a su rueda. Pasan unos pocos metros y yo me siento bien y el tío sigue sin aumentar el ritmo.

¡Bah! Clase teórica. Decido unilateralmente que soy más fuerte que él, pero que no le adelanto para no quedar mal con Roberto que todavía no me conoce. Me dejo caer unos metros para volver a ponerme en paralelo con Roberto. ¡Uno cero y Zamora de portero!

Desde "San Marting" hasta Vallekillas el viento daba de espalda pero bien. Rodábamos a 33 km/h y sin esfuerzo. Como los profesionales. Claro que ya veríamos a la vuelta.

Paradita fisiológica (esta era la segunda) antes de la rotonda de Vallekillas y a subir que se ha dicho.

Al comienzo de la subida me dice Roberto. "Tu tira si quieres, que yo te alcanzo en la bajada". Yo le contesto en plan Jose Mota "Vamos a nuestro ritmo y luego yo ya si ya yo, y eso...". Que todavía hay que volver (eso lo pensé, pero no lo dije).

Coronamos Vallekillas y bajamos como balas. La velocidad más alta de todo el día fue en ese descenso. Eso de que el viento de de culo se nota.

A la entrada de Morata tuvimos un pequeño susto. A Roberto se le atascó la cadena y su bici se fue contra el guarda raíl. Un golpe en el costado de la pierna. Pero aparentemente nada serio.

Tomamos el carril del Tajuña y a rodar. Que sopla el viento. Un poco antes de Tielmes tomamos referencia para comparar con la vuelta. Rodábamos a 35 km/h y podíamos conversar. Madre mía que miedo da la vuelta. Nos acordamos de Antonio y nos dijimos que tampoco hacía tanto viento (lo que implica que nos estábamos diciendo que éramos unos campeones) y que se había perdido un magnífico día de ciclismo. Para mi que fue para conjurar nuestros miedos.

Hicimos un re-cálculo de tiempos y estimaciones y acabamos decidiendo que la parada sería en Carabaña. Eso no dejaría la ruta en unos 120km, pero así podíamos asegurar que a las 13:30 estaríamos en casa. Al menos yo.

En Carabaña, foto, café y bizcocho de nueces y naranja hecho por Roberto que preferí a una barrita energética.


Nos ponemos en marcha. Son las 11:00, tengo dos horas y media para llegar a casa. ¡Sobrados!

Al poco comentario entre la pareja. Pues tampoco hace tanto viento.

Un poco más tarde pensamiento del que escribe. Pues hombre algo si que sopla.

Pasamos por el punto de control ahora rodamos a 25 km/h, ¿conversamos? si, algo, pero las pulsaciones van altas. Se nota la diferencia.

Ahora tenemos más tráfico de ciclistas que vienen de frente. Y es un problema. Yo ruedo paralelo a Roberto, a su izquierda; por lo que me toca negociar con ellos el cómo nos cruzamos. El caso es que todos ellos se quedan tan sorprendidos con la bici de Roberto que no me prestan atención y al final soy siempre yo el que se va apartando. Si, ya se que por mi posición en el carril debo ser siempre yo, pero si Roberto fuese en una bici normal y echándole yo un poco de cara alguna que otra vez es el que viene de frente el que se aparta ¿no?. ¡Además! Me siento un poco celoso, me quita protagonismo.

El caso es que seguimos rodando bastante rápido y claro llegamos a Morata en un santiamén. Son las 12:00. Vamos un poco justos. 1:30 es lo que tardo en un día normal y hoy tendremos viento de cara. No nos pongamos nerviosos ...

La subida a Vallekillas bien (según mi ranking personal). No pasé de 170 pulsaciones y subíamos a buen ritmo. No me acuerdo del viento. Para mi que no hacía.

Bajada de Vallekillas. Pues si que hace viento porque la bici no corre. 55 km/h de velocidad máxima y eso que me puse agachado en plan profesional sobre la bicicleta.

Llano desde Vallekillas a "San Marting" (¿Cuenta esto como parte del llano Argandiano?. El viento si que sopla de cara. Aun así nos estamos dando cera y rodamos rápido.

A las 12:30 llegamos a la rotonda de la estación de tren y tomamos el carril bici. Tengo una hora para llegar a casa. Vamos muy justos. ¿Nos ponemos nerviosos? Venga no. Estamos rodando rápido.

Nada más tomar el carril bici lo comentamos. Como se nota que estamos en hora punta. Había muchísimos ciclistas. Todos menos Antonio. Y nosotros los adelantábamos a todos. Daba igual que fuesen en bicicleta de montaña o de carretera, los pasábamos a toda leche.

Un inciso. No me acuerdo de cuando fue, pero acabo de acordarme ahora y quiero contarlo para que no se me olvide. En algún momento de la ruta (y yo creo que fue en dos o tres ocasiones) comentamos que nos gustaba rodar a buen ritmo, Roberto mencionó entre un 70 y un 90% de las pulsaciones máximas (¡Que profesional!, y yo también que le entendí).

Pues como a los dos nos gustaba rodábamos a buen ritmo Marañosa arriba.

Para situarnos que esto tiene miga. Estamos en el km 14 aproximadamente. Llevamos un kilómetro de subida y quedan tres.

De repente van tres tíos en bici de carretera y nos adelantan. No muy fuerte, saludando con educación, pero nos adelantan, eso esta claro. Un adelantamiento en toda regla.

El caso es que se me pasa un pensamiento y creo recordar que a estos tres les habíamos adelantado nosotros, también saludando con educación, hace como dos kilómetros.

Yo no pensé mal, que conste. En ningún momento pensé que aquí había pique ni nada. No, no. Incluso lo asumí con normalidad. Te adelantan, pues te adelantan. Tampoco pasa nada.

Lo que pasa es que, como había tanto tráfico, unos pocos metros después de habernos adelantado tuvieron que reducir la velocidad para ponerse detrás de unos ciclistas que iban más lentos y así dejar pasar a otros ciclistas que bajaban. ¡Coño! pues les volvimos a alcanzar. Lo normal ¿no?

Pero nada oye. Todo normal. Ellos adelantan a los que iban más lentos. Y nosotros también. Ellos incrementan el ritmo y nosotros también. Miro para atrás y veo que Roberto no se mete en la refriega. El es un hombre de paz. Yo ya que estaba a rueda ... le indico a Roberto, con un gesto que no se si el entendió, que subiré con ellos.

El caso es que los tíos van rápido. Adelantamos a todo el mundo, pero ahora más rápido que antes. El que va el último mira para atrás y confirma que voy pegado a su rueda. No detecto un gesto hostil y yo bastante tengo con seguir el ritmo.

Veo la señal del kilómetro trece. Miro el pulsómetro y bien. llevo 171 pulsaciones por minuto. Estoy hecho un campeón, con los kilómetros que llevo en las piernas, subiendo a este ritmo y "sólo" llevo 171 pulsaciones. ¡Que machote!

Vuelvo a mirar las pulsaciones, para regodearme y vaya. Que son 177. Que he confundido el último 7 con un uno. ¡Que genio!. Pues la cosa ya no pinta tan bien. Si me quedan dos kilómetros y mi máximo teórico está en 179 eso significa que no voy a aguantar mucho.

¿Sabes que te digo? Que yo sigo. Si luego no puedo pues ya si eso voy más despacio y me justifico pensando que estoy esperando a Roberto. Pero de momento yo sigo a rueda a ver que pasa.

Llegamos al kilómetro 12 y mis pulsaciones ya van a 182. Me acuerdo de que el cardiólogo me había dicho hace tiempo, cuando le pregunté por los máximos de pulsaciones y esas cosas importantes de la vida, que el cuerpo es muy sabio y que yo tire que si me paso de mi máximo el cuerpo me obligará a parar. Pues oye, con permiso médico a rueda.

Yo se que detrás de esa curva el viento va a dar de cara. Y lo va a dar fuerte. Me pego más, si es que eso es posible, al ciclista que me precede.

Llegamos a la parte más dura.

Atención. El ciclista que rueda en el segundo puesto cede. Se abre un hueco entre el primero y el segundo.

Que nervios, que nervios.

El que rueda el tercero se echa a la izquierda. Y yo también.

El que rueda el tercero adelanta al que rueda al segundo. Y yo también.

El que rueda el tercero alcanza al que rueda al primero. Y yo también.

Miro el pulsómetro y dice que 188. Me entra la duda de si mi cardiólogo fue a clase el día que se explico que eran y como funcionaban las pulsaciones máximas. Pero oye, ya liados ...

Ya estamos en la recta final. Ya se ve el "premio de la montaña". Llegó el momento.

Me pongo de pie sobre la bici. Y lanzo mi "ataque".

En el momento de adelantar a los ciclistas hice un alarde de educación y dije (verídico) "Perdón. voy a sprintar que yo quiero probarme". Humilde, pero educado.

Llego al alto de la Marañosa. A toda leche me echo a la izquierda para poder parar sin que me atropellen los que vienen detrás. Derrapo con la bici al frenar.

Miro el pulsómetro y dice que 192, lo que le quita mérito a todo este asunto porque sólo puede significar que el pulsómetro no marca bien.

En menos de dos minutos llega Roberto.

En la cumbre de la Marañosa nos adelanta un grupo de "pros" y se monta una de la leche. Un momento estresante. Ciclistas de frente. Un grupo adelantando. Nosotros rodando rápido. Por fortuna no pasó nada.

Rodamos el resto del carril bici a un ritmo realmente rápido. Con la justificación de que a los dos nos gusta rodar rápido pues venga, gusto al cuerpo.

Llegamos al cruza de la calle Rosales con la Avda de Andalucía y nos separamos quedando yo con la mitad de la frase en la boca. Buen rollo.

Miro el reloj y leches. Las 13:20. Tengo 10 minutos para llegar a casa. Me quedan casi cuatro kilómetros. Hay semáforos por lo que tendré que apretar si quiero llegar a tiempo.

Cada salida de semáforo un sprint. La subida por Rafaela Ybarra a 27 km/h. ¡Dándolo todo!

Cuando abría la puerta del portal mi reloj marcaba las 13:30 exactas. Dos veces en dos salidas. Estoy jugando con fuego y un día de estos me voy a quemar.

Os pongo los perfiles.

De casa a Carabaña:

Y de Carabaña a casa:
Y los números de la ruta (según el GPS):
  • Kilómetros: 120,8
  • Desnivel acumulado: 938
  • Tiempo rodando: 4:41
  • Velocidad media: 25,69 km/h
  • Velocidad máxima: 65,43 km/h
  • Km de la bici: 3048
  • Pulsaciones medias: 144
  • Pulsaciones máximas: 192
  • Calorías consumidas: 3.856
A cuidarse
Javier Arias González

Sunday, February 21, 2010

Así gana un Biciorejón

Si hace unos meses os pasaba el video El espíritu de un Biciorejón. ahora os paso este que he titulado Así gana un Biciorejón que me recuerda un sprint, que no gané, subiendo a la Marañosa. Se ve en el segundo 59.

El resto del video también está gracioso. En el minuto 2:42 se ve a otro ciclista que por su habilidad podríamos admitir entre los biciorejones.





A cuidarse
Javier Arias González

El 200 de Vicálvaro

La idea era levantarse a las 6:15 de la mañana para hacer una ruta de 200km en bicicleta (el brevet 200 de Vicálvaro de carretera) la sexta vez que montaba en bici de carretera y la segunda vez que lo hacía en mi bici nueva cuando nunca había rodado más de 165km. Por si fuera poco un compromiso familiar me imponía la obligación de acabar el recorrido no más tarde de las 19:00. No es que suene muy razonable, pero ese era el plan.

Obviamente este era mi primer brevet y la cosa atemorizaba un tanto, pero el estar acompañado por nueve componentes del Pakefte me daba confianza. Teníamos como plan el rodar juntos a un ritmo tranquilo y eso siempre es bueno. Nos presentamos (en perfecto orden alfabético) Agus, Antonio, Buje, Edu, Jose, Josu, Juan, Paloma, Pilar y yo.

Pilar me lo había advertido, "Verás aquí salen disparados"; yo debía haberlo intuido cuando vi que varios ciclistas, incluidos algunos del Pakefte, se ponían en marcha antes de la salida oficial. Pero aun así, cuando dieron la salida oficial yo empecé a ponerme los guantes; cuando me puse en marcha ya estaba de los últimos.

Salgo a toda leche y me pongo a adelantar ciclistas buscando alguna cara conocida. A los pocos minutos me encuentro con Pilar. Somos los últimos del Pakefte, pero a la vista esta Juan. A mi me vale. Me quedo con Pilar.

Por poco tiempo. En el kilómetro 7,700 nos encontramos con Agus parado en el arcén. Le preguntamos y nos contesta que ha reventado una rueda. Vaya mal sitio. En bajada, con arcén estrecho, con coches que circulaban bastante rápido. Me quedo con él para intentar echar una mano. Al poco llega Buje y entre los tres nos ponemos a reparar la rueda delantera.

Estamos listos, nos subimos en las bicis y no habíamos rodado ni 5 metros y se oye el estallido de una rueda. Agus ha vuelto a reventar su rueda delantera. Nos ponemos de nuevo a reparar el desperfecto. Yo controlando el tráfico y Agus y Buje con la rueda. Al final el problema era una cubierta desgastada. Nada que no se pueda resolver con un poco de cinta americana.

Cuando nos pusimos en marcha ya éramos, de largo, los últimos de todo el pelotón. Enseguida nos pusimos un ritmo trepidante. Agus tiraba bastante fuerte, Buje y yo seguimos su ejemplo y al final los tres nos movíamos con rapidez por un terreno favorable. Relevos con precisión impresionante. Sólo hicimos un par de paradas para comprobar el recorrido e incluso Buje nos recordó, en el llano argandiano, que debíamos comer. Nos comimos una barrita en marcha.

Llegamos a San Martin y nos encontramos con un ciclista "1/4 pro" que nos adelantó después de haber rodado unos momentos a nuestra rueda. Yo salté a su rueda, pero después de unos metros era evidente que rodaba demasiado rápido para nosotros. Le dejamos ir. Pero no se fue muy lejos. Se quedo a unos pocos metros por delante. Nuestros relevos fueron dando su fruto y un poco antes de Ciempozuelos le alcanzamos. Agus, muy educadamente, pidió permiso para ponerse a rueda, el ciclista aceptó y nos pusimos a gorronear. Lástima que sólo nos duró hasta la rotonda de Ciempozuelos. Allí nosotros tiramos hacia Aranjuez y el no.

Lo bueno es que ya habíamos divisado a lo lejos a Juan, Jose y Pilar. Yo creo que ellos debieron intuirnos y aflojar su marcha; pero sea como sea en el kilómetro 52 de la ruta nos encontramos. ¡Ya éramos seis! El ritmo del grupo era sensiblemente más bajo que el ritmo que habíamos llevado hasta entonces Buje, Agus y yo. Se agradecía el relax.

Que pena que esto no durase mucho. En el kilómetro 55 pinché mi rueda de atrás. Agus y Buje se quedaron conmigo a ayudarme a repararla. No tardamos mucho, pero otra vez los del trío calavera éramos los últimos.

Pues venga. Vuelta a un ritmo alegre y a rodar. Al poco llegamos a Aranjuez. Y entonces Buje tuvo una lúcida idea. ¿Por qué no nos paramos en Aranjuez a tomar el pincho? Yo, a pesar de que eran sólo las 11:30, ya tenía hambre y acepté encantado. Aranjuez también nos brindaba la oportunidad de encontrar una tienda de bicis para comprar una cubierta para la rueda de Agus.

Después de preguntar varias veces y callejear por Aranjuez encontramos una tienda de bicis. Agus se compró una cubierta y un par de cámaras, yo una cámara para reponer la que acababa de pinchar y Buje unos parches. "Por si acaso".

Junto a la tienda de bicis había una tienda en la que vendían pan caliente y fiambre. Nos compramos una barra y salchichón con tres latas de cocacola y sentados en la acera dimos buena cuenta de nuestros bocadillos. A mí me supo a gloria.

Antes de ponernos en marcha calculábamos cuanto tiempo nos quedaba hasta el primer control. Estábamos en el kilómetro 69, el primer control estaba en el km 85; teníamos más de hora y media para llegar. ¡Sobrados!.

Nos ponemos en marcha haciendo caso al GPS de Buje y empezamos subiendo una cuesta larga y dura, dura, dura. Tanto que Agus tuvo que pararse y yo descubrí la certeza de que o mejoro mi forma física o no voy a ser capaz de subir esta bicicleta al Angliru en el verano. Necesita más desarrollo en la bici. El GPS nos había guiado perfectamente hasta ese momento, pero este era su momento bromista y nada más coronar la cuesta nos tocó bajarla y perder toda la altura ganada.

Finalmente dimos con la carretera correcta y nos pusimos en marcha. Eso sí, ahora cuesta arriba. Hasta ahora todo el terreno había sido favorable, pero ahora no. Habíamos parado, estábamos fríos, soplaba el viento, esto se estaba poniendo duro.

En un par de llamadas Buje posicionó al resto de Pakefte. Jose, Juan y Pilar iban por delante, ya estaban en el primer punto de control; Antonio, Edu y Paloma estaban un poco por delante de nosotros, al parecer se habían dedicado a hacer turismo (se habían perdido) por la Poveda y por Aranjuez y eso les había retrasado. Josu desaparecido y a nadie le extrañaba.

A los pocos kilómetros nos encontramos con Edu que nos estaba esperando. Nos sacó una foto de la que llegamos a su altura. ¡Que alegría me dio! Ya éramos cuatro. Unos pocos kilómetros más adelante nos encontramos con Antonio, Paloma y ¿Pedro? (no estoy seguro de si se llamaba Pedro, pero con Pedro se queda para el resto de la crónica). Unos pocos kilómetros más y llegamos al primer punto de control. Kilómetro 85 de la ruta, eran las 12:49.

Aprovechando que teníamos que sellar el papel de ruta en un bar decidimos parar a retomar fuerzas. Yo me comí el casi medio kilo de ensalada de pasta que llevaba en un tupper, un plátano y un café con leche. Estos 16 kilómetros me habían hecho mella.

Al ponernos a rodar tomamos la primera carretera que era realmente tranquila, sin coches. Cuesta arriba, pero asumible. Ahora éramos un grupo de siete y el ritmo era tranquilo. Al tran-tran acabamos coronando y entonces llegó el nirvana. Entramos en una zona en la que el viento nos daba por la espalda, sin apenas esfuerzo podíamos rodar a 30 km/h. Disfruté de este periodo del recorrido y antes de que me diese cuenta ya estábamos sellando en la gasolinera de un pueblo cuyo nombre no recuerdo. Aprovechamos para sacarnos unas fotos, comer y beber.

Al poco de ponernos en marcha vimos un cartel que ponía Chinchón 20km. ¡Bien! pensé (creo que incluso lo pronuncié). Si Chinchón está a 20km y de Chinchón a casa ya se ir esto empieza a ser terreno conocido. Si me quedase atrás sabría llegar yo sólo.

Empezó una bajada larga y pronunciada. De esas que te hacen presagiar que después vendrá una subida equivalente. Y así fue, así lo comentamos "Pedro" y yo cuando llaneando por el valle vimos lo que se nos aparecía delante de nosotros. Lo que viene siendo una señora cuesta.

Las primeras rampas me sorprendieron. Antonio, Buje y Agus subían con facilidad y yo me retorcía para no separarme mucho de ellos, volvía a encontrarme frío. Edu, Paloma y "Pedro" se quedaron; hicieron la subida a su ritmo.

Pasadas las primeras rampas me empecé a sentir mejor. Al poco pude meter un piñón más y luego otro. Poco a poco me fui encontrando en la bicicleta. Y tras encontrarme vino el disfrute. Empecé a ser consciente del paisaje que nos rodeaba, un bosque de pinos, y de lo bonito de la carretera, tras cada curva el puerto tomaba una nueva dimensión y encima el viento soplaba de culo. Me lo pasé genial el resto de la subida. Me encontraba bien y no podía dejar de expresarlo verbalmente. Creo que les di un poco la coña a mis compañeros del rodar.

Cuando llegamos al pueblo (no me acuerdo del nombre) en el alto del puerto paramos. Pero no mucho tiempo. Antes de lo que yo esperaba aparecieron Edu, Paloma y "Pedro". "Yo no paro" dijo Paloma. Me metí el resto de la barrita en la boca y me subí a la bici. Seguíamos la marcha.

Tenía todo el sentido del mundo. Buje había hablado con Juan y sabíamos que estaban parados en Chinchón. Cuando llegamos ellos salían del bar, Juan, Pilar, Jose y un ciclista (tampoco recuerdo su nombre) que rodaba en una reclinada hand made a partir de una btwin del Decathlon. Hicimos una pequeña parada en la que aprovechamos para coger agua y nos pusimos todos en marcha. Ahora si que éramos un buen grupo; 11 ciclistas. Alguien me preguntó como iba con respecto al tiempo (tenía que estar en Vicalvaro a las 19:00 sin falta) y yo contesté que bien. Nos quedaban unos 60km y eran las cuatro de la tarde. Si manteníamos una media de 20km/h llegaría sin problemas.

Tras la bajada desde Chinchón llegó un terreno llano bastante "pestoso". Viento de lado y coches circulando rápido. Este fue mi momento de recogimiento. Me puse a la cola del pelotón y me deje llevar sumido en mis propios pensamientos.

En cuanto hicimos el giro en Ciempozuelos hacia San Martin de la Vega el viento empezó a darnos por la espalda y la cosa se animó. Me desperté de mi letargo y me hice esos kilómetros charlando con Jose. Sin darme cuenta llegamos a San Martin de la Vega. Ultimo sello en el papel de ruta. ¡Bien!

Paramos a tomar algo. Barrita energética, dos mandarinas y agua para beber. Los ánimos del grupo estaban altos. Habíamos decidido que de San Martin a Vicálvaro iríamos por el carril bici. Así nos evitaríamos el tráfico de entrada a Madrid. Yo encantado. Conocía el camino perfectamente. Estábamos en el kilómetro 165 de ruta y según mis cálculos nos quedaban unos 30km.

Un momento. Si son las 17:25 y nos quedan 30 kilómetros yo voy justo (muy justo) de tiempo. Como impulsado por un resorte me pongo en pie y anuncio que yo me tengo que ir. Me despido de manera un poco apresurada, y por tanto maleducada, de mis compañeros de ruta y me pongo a rodar por las calles de San Martin de la Vega comiéndome la cabeza.

El problema es este.
Tengo 165 kilómetros en las piernas. Nunca antes había rodado tantos kilómetros. A partir de ahora rodaré yo sólo. Tengo que hacer 30 kilómetros en una hora y media. Estos 30 kilómetros pican hacia arriba. Me encuentro razonablemente bien de fuerzas, pero delante de mi hay dos cotas (la Marañosa y el alto después de el Pozo) y cinco repechos dignos de mención (arroyo culebro, Perales del rio, Cuesta de los Gitanos, Puente sobre la A3 y rampa hasta donde tendré que abandonar el carril bici). Hace viento; no mucho, pero notable. Uf, esto no pinta bien. ¿Cómo me lo monto?

Pues antes de llegar al carril bici ya tenía la solución.
  • Ritmo de entre 150-160 pulsaciones por minuto en las subidas y en el llano.
  • Ritmo de entre 160-170 pulsaciones por minuto en el último km de la Marañosa
  • Los repechos dignos de mención de pie sobre la bici, sin forzar ritmo, pero descansando el culo
  • Fuera guantes y braga porque vas a pasar mucho calor
Si cumplía con estos requisitos podría mantener una media global de 23 km/h que me daría de sobra para llegar a tiempo. Consulto mi velocímetro y hasta entonces la media rodando había sido de 23,4km/h. Echo de menos mi reproductor de música, me habría venido muy bien para ponerme una música con ritmo, pero con una situación tan complicada no me voy a quejar por un detalle.

Me pongo a rodar Marañosa arriba. Mantengo el ritmo de 23km/h y las pulsaciones por debajo de 160 hasta el último kilómetro. El último kilómetro lo sufro las pulsaciones se me disparan.

Justo cuando corono me adelanta un "pro" a buen ritmo. Pienso en cogerle la rueda pero descarto la ida. Va demasiado rápido y necesito parar a ponerme los guantes y la braga, en la subida he pasado frío en las manos y no quiero ponerme a bajar sin guantes. Tampoco creo que hubiese podido aguantarle el ritmo, para que engañarnos.

En la bajada de la Marañosa no dejo de pedalear. Paso el repecho de Arroyo culebro muy bien y me pongo a rodar por el terreno que me viene. Se que es llano y rápido. Pongo las manos en la parte de abajo del manillar y giro los pedales con alegría preocupándome de la respiración y de las pulsaciones y atento a los mensajes de mi cuerpo.

El viento me castiga bien, pero aun así adelanto a un par de ciclistas en bici de montaña. Voy a una velocidad de 30km/h pero se que eso es despacio para esta zona. El viento tiene la culpa.

Negocio el repecho de Perales del Rio y el de la cuesta de los gitanos con cierta soltura y manteniéndome dentro de los límites de pulsaciones. Esto parece que marcha.

No entro en el parque del manzanares por el sitio habitual. Si sigo por la carretera puedo ir más rápido y ganar algo de tiempo.

Cuando entro en el parque del manzanares me relajo un poco. Aunque no muchos algún peatón si que hay y no puedo correr. Me digo que así recupero un poco antes de la cota de el Pozo.

Pienso que si atajo por el camino de la depuradora de la china me ahorraré dos kilómetros. Tendré que rodar 100 metros por un camino de tierra y barro, pero merece la pena el ahorro. Pues nada voy tan concentrado que cuando me doy cuenta ya me he pasado el desvío del atajo. Me toca hacerme dos kilómetros más por atontado.

Justo a la entrada del túnel bajo las vías del tren me paro. Meadita y control del tiempo. Son las 18:30 he rodado 20km. Tengo que hacer 10km, mayormente cuesta arriba (una cota y dos repechos dignos de mención) en media hora. Se me pasa por la cabeza la idea de irme directamente a casa y pasar de ir a Vicálvaro, pero la descarto. Estoy cansado y no creo que pueda mantener una media de 20km/h cuesta arriba pero me da mucha pena no acabar mi primera brevet.

Me pongo en marcha. Nada más pasar el túnel, justo debajo de las chabolas de los gitanos una manada de ratas, por lo menos veinte, se espantan a mi paso. ¡Coño que susto me dieron!

Empieza la subida y enseguida me doy cuenta de que esto no va bien. Las piernas no tienen ya fuerzas para mantener el ritmo que había planificado, las pulsaciones ya no suben.

Reajusto mi objetivo. Entre 140 y 150 para el ritmo constante no más de 160 en los esfuerzos puntuales. La velocidad, en consecuencia, se derrumba.

Cuando llego a la estación de el Pozo allí está el tren y vuelvo a tener la tentación de irme directamente a casa. Esto no tiene buena pinta, voy a llegar tarde. Pero, cabezón que es uno, decido seguir adelante. Ya sólo me quedan 500m para coronar el alto de el Pozo. Lo hago con más pena que gloria a una velocidad de 14km/h.

Recupero en la bajada y sufro, mucho, en el repecho hasta el puente sobre la A3. Vuelvo a recuperar en la bajada y me muestro patético en el repecho hasta donde tengo que abandonar el carril bici.

Es en este momento en el que caigo en que yo, desde aquí, no se ir a la plaza de la Vicalvarada. ¡Si es que soy un genio!

Saco el móvil y le pregunto al Sr. Google Maps. El teléfono tarda en captar la señal de los satélites de GPS, pero no me importa porque aprovecho para recuperar el aliento.

¡COÑO! Según Google Maps la plaza de la vicalvarada está a poco más de 2,5 km. Son las 6:51. Tengo 9 minutos para hacer 2,5km. Eso es asequible.

Me da un subidón de la leche. Me monto sobre la bici y me mezclo con el tráfico. Esprinto a la salida de cada semáforo. No noto el cansancio.

Llego a la plaza de la Vicalvarada y entro en el bar la Escopeta. Son exactamente las 19:00. Que contento estoy. Más por la puntualidad que por haber hecho mi primer 200.

La chica del bar me pone el sello en la hoja y pongo las 19:01 como hora de sellado (hay que ser honesto). Como quiere quedarse con el papel le pido que me deje hacerle una foto.
Caigo en la cuenta de que tengo hambre y sed por lo que me pido un zumo de melocotón y una bolsa de patatas fritas. Me las meto en un bolso, me las comeré en el tren.

Salgo pitando hacia el tren que llega en un minuto. Todavía jadeante me pongo a comer las patatas y a beber el zumo. Me saben tan ricas que me digo que cuando llegue a casa les sacaré una foto para ponerla en la crónica.

En atocha me subo otra vez en la bici. Ahora si que estoy contento por haber acabado mi primer 200. Los minutos sentados en el tren, el comer y el beber me han devuelto las fuerzas que junto con el ánimo hacen que me encuentre muy bien. Incluso me permito esprintar subiendo Antonio Leyva para ver cuanto daba de mi (conseguí subir mis pulsaciones hasta 170 y alcanzar una velocidad de 27 km/h). Cuando llegué a casa deba saltos de alegría.

Pongo aquí el mapa de la ruta:



View Bici-20100220-200 Vicalvaro in a larger map
El perfil:
Y los datos de la ruta:
  • Kilómetros: 195,6 (ha sido un 200 un poco escaso, pero 208 si cuento ir y venir de mi casa a Atocha. Es mi record personal)
  • Desnivel acumulado: 1.446 metros
  • Tiempo rodando: 8:21:26 (también mi record personal)
  • Tiempo total: 10:51:24 (por eso esta crónica es tan larga)
  • Velocidad media: 23,41 km/h (conseguí mantener 23,4 km/h de velocidad media en los últimos 30 kilómetros)
  • Velocidad máxima: 61,20 km/h
  • Km de la bici: 361km
  • Calorías consumidas: 3.596,6 (marcadas por el velocimetro)
Por cierto, ¿qué fue de Josu?

A cuidarse
Javier Arias González