En mi familia tenemos una frase que dice que cuando algo se hace tres veces se convierte en tradición.
En 2009 y en 2010 publiqué aquí un link a las fotos del tour de Francia del portal boston.com con el objetivo de convertirlo en tradición publico aquí, por tercer año consecutivo, el link a las fotos del tour de Francia de 2011. Simplemente IMPRESIONANTES.
http://www.boston.com/bigpicture/2011/07/2011_tour_de_france_part_1.html
y
http://www.boston.com/bigpicture/2011/07/2011_tour_de_france_part_2.html
A cuidarse
Javier Arias González
Saturday, July 30, 2011
Saturday, July 16, 2011
Ya tengo plan para la Paris Brest Paris
¿Qué pasa "biciosos"?
Ya se que no tiene mucho sentido ponerse a planificar una salida en bici de 1.200 kilómetros. La cantidad de cosas que pueden pasar en las 90 horas hacen que por fuerza cualquier plan que hagas no se vaya a cumplir casi con toda seguridad.
Aun así no me he podido resistir y me he hecho un plan de ruta para la Paris Brest Paris
Básicamente el plan se reduce a:
A cuidarse
Javier Arias González
Ya se que no tiene mucho sentido ponerse a planificar una salida en bici de 1.200 kilómetros. La cantidad de cosas que pueden pasar en las 90 horas hacen que por fuerza cualquier plan que hagas no se vaya a cumplir casi con toda seguridad.
Aun así no me he podido resistir y me he hecho un plan de ruta para la Paris Brest Paris
Básicamente el plan se reduce a:
- Ponerme en marcha el Domingo día 21 a las 21:00
- Es lunes; desayunar a las 8 de la mañana en Villaines la Juhel, 221 km
- Comer en Fougéres a las 12:30, 310 km
- Llegar a Loudeac a las 19:26, 449 km. Ducha, cena y a dormir.
- Es martes; levantarme a las 4 de la mañana para volver pedalear
- Comida en Brest, 618 km sobre las 13:22. No olvidarse de girar 180 grados.
- Llegar a Loudeac, 782 km a las 22:28. Ducha, cena y a dormir que seguramente este cansado.
- Es miércoles; levantarme a las 5 de la mañana y simula que te apetece volver a subirte a la bicicleta
- Comer en Fougéres, 921 km; a eso de las 13:09
- Llegar a Mortagne au Perche, 1090 km a eso de las 23:04. Ducha, cena y a dormir. No creo que tenga problemas para dormirme
- Es jueves; levantarme a las 5 de la mañana
- Llegar a Saint-Quentin-en-Yvelines 1230km a eso de las 13:13. Ducha, como seguramente tenga hambre comeré, como seguramente tenga sueño me acostaré a dormir. Muy posiblemente no me levante hasta el día siguiente
- Donaré 120 libras a la investigación contra el cancer en mi página de Just Giving; a día de hoy, gracias a mis amigos de todo el mundo, ya he conseguido recaudar 956 libras.
A cuidarse
Javier Arias González
I have a plan for the Paris Brest Paris
Yeah, I know. It is a bit of pointless to plan a route of 1,200 km. The amount of unexpected things that can happen in those 90 hours is so big that every plan you try to make is probably a waste of time.
Still I couldn't help it and ended up creating my route plan for the Paris Brest Paris.
Take care
Javier Arias González
Still I couldn't help it and ended up creating my route plan for the Paris Brest Paris.
The plan goes by:
- I'll start pedaling on Monday 21st of August at 21:00
- It's Monday; breakfast will be at 8:02 in Villaines la Juhel, 221 km
- Launch in Fougéres around 12:30, 310 km
- Arrive to Loudeac at 19:26, 449 km. Shower, diner and sleep; not sure if in that particular order
- It's Tuesday; wake up 4:00 breakfast and start pedaling
- Launch at Brest, 618 km around 13:22. Don't forget to turn around
- Arrival to Loudeac, 782 km at 22:28. Shower, diner and sleep; I bet I'l be tired
- It's Wednesday; wake up 5:00 and pretend that you want to get on the bicycle again
- Launch in Fougéres, 921 km around 13:09
- Arrival to Mortagne au Perche, 1090 km around 23:04. Shower, diner and sleep. I don't think I'll have problems to sleep
- It's Thursday; wake up 5:00
- Arrive to Saint-Quentin-en-Yvelines 1230km around 13:13. Shower; as I'll probably be hungry I'll eat, as I'll probably will be sleepy I'll sleep. Chances are I won't wake up until Friday
- I'll donate 120 pounds to cancer research UK in my Just Giving page; as per today, thanks to my friends around the world, I have rised 956 pounds.
It will be funny to see how accurate end up being this plan.
Take care
Javier Arias González
Wednesday, July 6, 2011
Ya tengo dorsal para la Paris Brest Paris
English below
Con identica ilusión a la que estoy preparando esta Paris Brest Paris he estado recaudando fondos para la lucha contra el cancer en mi página de JustGiving. A día de hoy he recaudado 921 libras, con las aportaciones de amigos de todo el mundo. Estaría genial llegar a las 1200 libras que equivaldrían a los 1200 kilómetros que rodaré en esas 90 horas de Agosto.
A cuidarse
Javier Arias González
****************************** ******
With identical illusion that I am preparing the Paris Brest Paris have been raising funds for Cancer Research UK at my JustGiving page. As per today I have raised 921 British Pounds from friends all around the world. It would be great to reach the 1,200 mark equivalent to the 1,200 kilometers I'll ride on those 90 hours.
Take care
Javier Arias González
Monday, June 20, 2011
Quebrantahuesos 2011
¿Qué pasa "biciosos"?
Se sale rodando muy rápido.
En cuestión de segundos perdimos a Eduardo; se quedó por detrás.
Miles de ciclistas atavesando Sabiñánigo. Yo tranquilo. Concentrado. Atento a los ciclistas que están a mi alrededor, ligeramente pendiente de Jesus, ausente de todo lo demás.
Nos costó encontrar un grupo para rodar camino de Jaca. De hecho no creo que llegásemos en ningún momento a encontrar un grupo. Saltábamos de un grupo a otro que parecía llevar un ritmo más adecuado, pero no permanecíamos mucho tiempo en el, enseguida saltábamos a otro grupo que prometía mejor ritmo.
Mejor, que no necesariamente más rápido. Atención, no tensión. Ritmo, no desgaste.
Cerca de Jaca me di cuenta que había perdido a Jesus, se había quedado por detrás.
Sólo. Atento, concentrado, tranquilo, controlando.
Somport empieza suave. Grupos de ciclistas me adelantan, ruedan a mucha velocidad. Adelanto a grupos de ciclistas, suben muy despacio. Yo a mi ritmo, cómodo, centrado en mi mismo.
Siento que se me cae una barrita. Miro para atrás, al suelo. Es una Special K. Lo siento, es una cerdada, pero no paro. Tengo suficientes barritas. Estoy subiendo. Hay muchos ciclistas. Siempre tengo disculpas.
Justo antes del avituallamiento vi al hermano de quien nos había alquilado la casa en Orós Bajo. Sabía que le conocía pero no quien era. “Yo a ti te conozco” grité. Me sonrió y me saludó con un movimiento de cabeza. Al ver como se movía caí en quien era. Demasiado tarde.
En el avituallamiento de Canfranc alguien grita que está lloviendo en la parte francesa. Lo esperábamos; yo también, por lo que no me inmuto.
Me ofrecieron un vaso de gatorade. Lo tomé sin parar. Me lo bebí. ¿Qué hago con el vaso? Hay muchos por el suelo, pero yo lo llevo en una mano hasta que paso al lado de un espectador. Le entrego el vaso y le pido que lo tire.
Frontera con Francia. Me invaden los recuerdos, frio, niebla, lluvia, igual que el año pasado. Me llama la atención una chica. Sobresale del resto de los espectadores, está ofreciendo periódicos. Yo cojo uno.
Muchos son capaces de ponerse el periodico sin parar. Yo no. Yo paro; meo, me pongo el periódico, me doy cuenta de que he perdido un manguito, me pongo en el brazo derecho el que me queda. Me pongo el chubasquero, saco un plátano y me pongo en marcha. La cuestión es ponerse. Me he cronometrado dos minutos de parada.
Concentración. Atención. Se que la bajada es complicada. Está lloviendo, hay niebla. No se ve bien. Oigo pitidos, alguien está haciendo sonar un silbato. Entre la niebla aparece un voluntario con chaleco reflectante agitando una bandera roja mientras sopla su silbato. Viene una curva peligrosa. Es el momento de arrepentirse de no haber cambiado las zapatas de frenos el día anterior; pero mi norma es clara: no estrenar nada el día de una prueba. Nada, ni siquiera las zapatas de frenos. Haberte dado cuenta antes. Ahora céntrate en el descenso.
Seguramente hacía frío; yo no me acuerdo. Seguramente el paisaje era precioso, pero apenas podía ver unos metros delante de mi. Seguramente merecen más, pero no pude dejar de gritar un GRACIAS a cada voluntario que había decidido pasar la mañana de un sábado agitando una bandera y haciendo sonar un silbato unos metros antes de cada curva peligrosa.
Rápido, muy rápido se llega al valle. Rápido, muy rápido se rueda; el terreno es favorable.
Comer. El plan era comer en este punto. Una barrita. Beber. Pero agua. No mezclar barritas con líquido isotónico, no me acuerdo del porqué. Otra barrita; bebe un poco más de agua.
Me adelanta un grupo. Acelero para ponerme a rueda. Los que van delante me salpican. Hecho de menos los guardabarros que llevamos en Inglaterra.
Nuestro grupo alcanza a otro. Los adelantamos y parte del grupo alcanzado se suma a nosotros. Así varias veces. Al poco el grupo es muy numeroso y sigue siendo rápido. Un buen grupo.
Yo concentrado. Silencioso. Pensando siempre donde colocarme. Atento a las frenadas, a los acelerones. Caí en la cuenta de lo mucho que había aprendido a rueda de los Kingston Wheelers. Me sentía cómodo, no me costaba.
De repente el giro a la derecha. Lo reconocí. Era el comienzo de la Marie Blanque. La carretera se estrecha. La velocidad dismimuye. Paro a mear, me quito el periódico, el manguito y el chubasquero. Yo lo decía Javi “si luego te sobra todo”.
Los primeros kilómetros son sencillos. La carretera esta llena de ciclistas, adelanto a muchos, me adelantan pocos, pero yo no estoy forzando. Observo. Un ciclista grita, está de cachondeo. Muchos hablan. El ambiente es distendido. Yo no me dejo llevar por la euforia, en la dama blanca he sufrido; tiene mi respeto.
Los kilómetros buenos pasan rápidos y llegan los malos, que pasan muy despacio. Eternos, interminables, pesados, duros. El plan decia “mételo todo y sube lo más relajado posible; regula, ahorra”. Eso hice. Aun así subía rápido respecto a los que me rodeaban.
La mirada al frente. La carretera encajada entre verdes laderas. La bruma aporta ese toque onírico, celta. La carretera en pendiente, dura pendiente, llena de ciclistas. Cientos de ciclistas.
El silencio...
El silencio de los que se esfuerzan, el de los que se tienen que bajar de la bicicleta. El silencio hermano de la épica. El silencio de los que sufren. Yo no sufro, pero también subo en silencio; respetuoso, “enmimismado”.
Y cuando el silecio se rompe lo rompen los ánimos. Estamos llegando a la cima y aparecen los espectadores. Con megáfonos, disfrazados de diablo, diciendo que ya lo tenemos hecho, que ya estamos arriba. Emocionante.
Me ofrecen otro periódico. Me vuelvo a poner el chubasquero. El manguito no me lo pongo, total es uno sólo. Empezamos el descenso.
Enseguida pasamos sobre un control de tiempo. Según mi pulsómetro llevo cuatro horas de recorrido. No es un buen tiempo; Eduardo dijo ayer que tu tiempo en Marie Blanque por dos es tu tiempo en la Quebrantahuesos. Según esa teoría acabaré en 8 horas. Justo... ¡muy justo!
Y sin embargo, yo tranquilo, con calma. El pensamiento sólo ocupó unos segundos de mi mente. El plan era comer. Saco una barrita y empiezo a comerla.
Demasiado pronto. El descenso es vertiginoso. No tengo tiempo para comer, frenar y negociar las curvas. Vuelvo a meter la barrita en el bolso y me centro en el descenso.
Precioso. El valle. El pueblo blanco de tejados grises. La carretera que serpentea ladera abajo. Los voluntarios avisando. La carretera seca y en perfecto estado. Como casi siempre, me pasa por la mente la idea de que subir esta bajada tiene que ser divertido; es la señal del que disfruta subiendo más que bajando.
La lección aprendida es que se come en el valle. Cuando notes que tienes que dar pedales para avanzar es el momento de empezar a comer. De ignorar a los que te adelantan. De probar a quitarte el chubasquero en marcha, como los profesionales. De conseguirlo sin que se tambalee la bicicleta. Dos barritas y sendos tragos de agua. Las sensaciones son buenas.
Y tan absorto estaba en ellas que sin darme cuenta estábamos en el comienzo del Portalet. El juez de la quebrantahuesos. Una breve parada a mear, me pongo en marcha y apareció el pensamiento del control.
Hasta entonces lo había sentido. Durante todo el recorrido había sentido que estaba controlando la situación, pero aqui el sentimiento se transformó en idea, en pensamiento, y me ocupó durante varios kilómetros.
La pedalada ágil, la velocidad alta y aun así fiel a la religión de los que regulan. Los kilómetros vuelan acompañados de la sensación de estar haciendo las cosas bien. De saber lo que va a pasar, de estar seguro de reaccionar bien. La comida, la bebida, la metereología, las fuerzas, los ciclistas, todo está bajo control, todo fluye... Inevitablemente me viene a la mente el “estado de flujo” que me explicaba mi cuñada y mi hermano el otro día. Que se te venga a la mente el concepto es seguramente una señal de que no lo has alcanzado ese estado, pero la sensación de control era real siendo, necesariamente, producto de mi imaginación.
En el avituallamiento líquido pido que me rellenen el botello de agua. Pregunto cuanto queda hasta el siguiente avituallamiento. Me dicen que 5 kilómetros pero yo se que son más, por lo menos 8 ó 9.
Raros estos kilómetros. A veces duros, a veces suaves, siempre para arriba. Me adelantan más que adelanto. No todo el monte es orégano. Regula, que sabes como hacerlo. Fue lo primero que aprendistes de Raul, el abuelito. Me alegro cuando un kilómetro tiene menos de un 7% de desnivel, la velocidad aumenta. Me regulo si la pendiente es más alta.
Ruedo ausente. No me quedan recuerdos.
Hasta que apareció la presa. Tan majestuosa como repentina. Señal de que el avituallamiento esta cerca. Una disculpa más para el optimismo a la que en breve se le sumó un tramo llano, incluso cuesta abajo, donde rodé muy rápido. Se acercaba mi parada en un avituallamiento.
Voluntarios sujetándote la bicicleta mientras tu rellenas bidones, cojes geles, barritas, platano, manzana un trozo de sandwich de jamon york y queso. Mear, estirar un poco y montarse de nuevo en la bicicleta. Aunque sea poco tiempo se nota la mejoría física y anímica. Y eso es bueno porque el puerto es largo. Todavía quedan otros 9 ó 10 kilómetros.
Kilómetros que hago regulando, jugando con los cambios, buscando el ritmo cómodo que pueda sostener. Sonriendo a los que me animan desde las cunetas, admirando el paisaje, disfrutando de la subida, de la sensación de control.
Hasta que te invade la emoción. Los espectadores se han multiplicado con el paso de los kilómetros. No se si el terreno se volvió más favorable o es que los ánimos me empujaban, pero ya no podía dejar de sonreir mientras aceleraba en la bicicleta.
Lágrimas. Tan ciertas como sentidas. Es la expresión del agradecimiento combinado con la alegría y el optimismo. David estaba allí animándome, pero yo no me enteré. Concentrado, emocionado, preparándome para el descenso y con la mente haciendo calculos temporales no me enteré de su grito de ánimo. Tenía ganas de descener.
Y esas ganas se transformaron en 77.8 km/h, mi record de velocidad sobre una bicicleta. La carretera es ancha, con visibilidad, invita a lanzarse. Yo lo hice. Pedaleando cuesta abajo. Buscando arañar segundos.
El giro a la izquierda. Ese que no vi el año pasado. Rodear el pantano y hacerlo a buen ritmo. Sólo, adelantando ciclistas, buscando el último puerto. Y cuando lo encontré lo metí todo y subi abriendome paso entre ciclistas; muchos ciclistas. Espectadores, muchos espectadores. Animos, muchos ánimos. No sentía que pudiese atacar el puerto, pero si sabía como defenderme. Y me defendí muy bien.
Me contaron que en Hoz de Jaca hay un avituallamiento líquido. Yo no lo ví. Yo me lancé al descenso sin descanso. Mucha atención en dos curvas peligrosas que no sólo tenían sus voluntarios sino que además tenían colchonetas en la parte exterior de la curva.
Hoz de Jaca se desciende en muy poco tiempo. Pero es suficiente para hacer que la cuesta que te saca a la carretera principal duela. Te clava, te baja a la tierra.
La carretera general es cuesta abajo, pero enseguida apareció el viento de cara. De cara entrando por la derecha. Búscate un grupo y asegurate de tener a la derecha a un ciclista.
El grupo parece bueno pero no tiran, no rodamos muy rápido. Voy progresando hasta las posiciones de cabeza. Me interesa que el grupo vaya más rápido. Colaboro, yo no es necesario reservar. Ahora sólo importa llegar... cuanto antes.
El último repecho viene acompañado con un giro a la izquierda. Repentinamente el viento ha pasado a darnos de culo. Es la señal para disparar los ataques, los sprints. Yo no entro en el juego. Voy rápido, pero no compitiendo con ninguno de los que me acompañan, no tiene sentido. Tomo la última curva y encaro la recta de llegada. Me levanto sobre la bicicleta pero no sprinto. De pie sobre la bici, me siento poderoso; pero me canso antes de cruzar la línea de llegada por lo que vuelvo a sentarme.
Lo conseguí; conseguí mi objetivo. Había acabado la Quebrantahuesos en menos de ocho horas. Nada más oir el pitido del detector del chip me paré a la derecha. Saqué el teléfono móvil y llamé a casa. Al poco uno de los de seguridad me dijo que tenía que irme. Jaime me llamó desde el otro lado de la valla, en el giro a la izquierda desmonté de la bicicleta y caí en la cuenta de lo que acababa de hacer.
Acabé la quebrantahuesos en menos de ocho horas y no había sufrido. Mis pulsaciones máximas habían sido 163 ppm y las medias sólo 135 ppm. No me había exprimido. Se queda uno con la sensación de que así no vale; esta no parece forma de cumplir un objetivo, pero que contento estaba.
Los números de la ruta:
pd. Al desvestirme me doy cuenta de que en realidad no había perdido un manguito. Lo tenia al fondo de uno de los bolsillos.
La crónica de Pablo en el blog del pakefte.
A cuidarse
Javier Arias González
Se sale rodando muy rápido.
En cuestión de segundos perdimos a Eduardo; se quedó por detrás.
Miles de ciclistas atavesando Sabiñánigo. Yo tranquilo. Concentrado. Atento a los ciclistas que están a mi alrededor, ligeramente pendiente de Jesus, ausente de todo lo demás.
Nos costó encontrar un grupo para rodar camino de Jaca. De hecho no creo que llegásemos en ningún momento a encontrar un grupo. Saltábamos de un grupo a otro que parecía llevar un ritmo más adecuado, pero no permanecíamos mucho tiempo en el, enseguida saltábamos a otro grupo que prometía mejor ritmo.
Mejor, que no necesariamente más rápido. Atención, no tensión. Ritmo, no desgaste.
Cerca de Jaca me di cuenta que había perdido a Jesus, se había quedado por detrás.
Sólo. Atento, concentrado, tranquilo, controlando.
Somport empieza suave. Grupos de ciclistas me adelantan, ruedan a mucha velocidad. Adelanto a grupos de ciclistas, suben muy despacio. Yo a mi ritmo, cómodo, centrado en mi mismo.
Siento que se me cae una barrita. Miro para atrás, al suelo. Es una Special K. Lo siento, es una cerdada, pero no paro. Tengo suficientes barritas. Estoy subiendo. Hay muchos ciclistas. Siempre tengo disculpas.
Justo antes del avituallamiento vi al hermano de quien nos había alquilado la casa en Orós Bajo. Sabía que le conocía pero no quien era. “Yo a ti te conozco” grité. Me sonrió y me saludó con un movimiento de cabeza. Al ver como se movía caí en quien era. Demasiado tarde.
En el avituallamiento de Canfranc alguien grita que está lloviendo en la parte francesa. Lo esperábamos; yo también, por lo que no me inmuto.
Me ofrecieron un vaso de gatorade. Lo tomé sin parar. Me lo bebí. ¿Qué hago con el vaso? Hay muchos por el suelo, pero yo lo llevo en una mano hasta que paso al lado de un espectador. Le entrego el vaso y le pido que lo tire.
Frontera con Francia. Me invaden los recuerdos, frio, niebla, lluvia, igual que el año pasado. Me llama la atención una chica. Sobresale del resto de los espectadores, está ofreciendo periódicos. Yo cojo uno.
Muchos son capaces de ponerse el periodico sin parar. Yo no. Yo paro; meo, me pongo el periódico, me doy cuenta de que he perdido un manguito, me pongo en el brazo derecho el que me queda. Me pongo el chubasquero, saco un plátano y me pongo en marcha. La cuestión es ponerse. Me he cronometrado dos minutos de parada.
Concentración. Atención. Se que la bajada es complicada. Está lloviendo, hay niebla. No se ve bien. Oigo pitidos, alguien está haciendo sonar un silbato. Entre la niebla aparece un voluntario con chaleco reflectante agitando una bandera roja mientras sopla su silbato. Viene una curva peligrosa. Es el momento de arrepentirse de no haber cambiado las zapatas de frenos el día anterior; pero mi norma es clara: no estrenar nada el día de una prueba. Nada, ni siquiera las zapatas de frenos. Haberte dado cuenta antes. Ahora céntrate en el descenso.
Seguramente hacía frío; yo no me acuerdo. Seguramente el paisaje era precioso, pero apenas podía ver unos metros delante de mi. Seguramente merecen más, pero no pude dejar de gritar un GRACIAS a cada voluntario que había decidido pasar la mañana de un sábado agitando una bandera y haciendo sonar un silbato unos metros antes de cada curva peligrosa.
Rápido, muy rápido se llega al valle. Rápido, muy rápido se rueda; el terreno es favorable.
Comer. El plan era comer en este punto. Una barrita. Beber. Pero agua. No mezclar barritas con líquido isotónico, no me acuerdo del porqué. Otra barrita; bebe un poco más de agua.
Me adelanta un grupo. Acelero para ponerme a rueda. Los que van delante me salpican. Hecho de menos los guardabarros que llevamos en Inglaterra.
Nuestro grupo alcanza a otro. Los adelantamos y parte del grupo alcanzado se suma a nosotros. Así varias veces. Al poco el grupo es muy numeroso y sigue siendo rápido. Un buen grupo.
Yo concentrado. Silencioso. Pensando siempre donde colocarme. Atento a las frenadas, a los acelerones. Caí en la cuenta de lo mucho que había aprendido a rueda de los Kingston Wheelers. Me sentía cómodo, no me costaba.
De repente el giro a la derecha. Lo reconocí. Era el comienzo de la Marie Blanque. La carretera se estrecha. La velocidad dismimuye. Paro a mear, me quito el periódico, el manguito y el chubasquero. Yo lo decía Javi “si luego te sobra todo”.
Los primeros kilómetros son sencillos. La carretera esta llena de ciclistas, adelanto a muchos, me adelantan pocos, pero yo no estoy forzando. Observo. Un ciclista grita, está de cachondeo. Muchos hablan. El ambiente es distendido. Yo no me dejo llevar por la euforia, en la dama blanca he sufrido; tiene mi respeto.
Los kilómetros buenos pasan rápidos y llegan los malos, que pasan muy despacio. Eternos, interminables, pesados, duros. El plan decia “mételo todo y sube lo más relajado posible; regula, ahorra”. Eso hice. Aun así subía rápido respecto a los que me rodeaban.
La mirada al frente. La carretera encajada entre verdes laderas. La bruma aporta ese toque onírico, celta. La carretera en pendiente, dura pendiente, llena de ciclistas. Cientos de ciclistas.
El silencio...
El silencio de los que se esfuerzan, el de los que se tienen que bajar de la bicicleta. El silencio hermano de la épica. El silencio de los que sufren. Yo no sufro, pero también subo en silencio; respetuoso, “enmimismado”.
Y cuando el silecio se rompe lo rompen los ánimos. Estamos llegando a la cima y aparecen los espectadores. Con megáfonos, disfrazados de diablo, diciendo que ya lo tenemos hecho, que ya estamos arriba. Emocionante.
Me ofrecen otro periódico. Me vuelvo a poner el chubasquero. El manguito no me lo pongo, total es uno sólo. Empezamos el descenso.
Enseguida pasamos sobre un control de tiempo. Según mi pulsómetro llevo cuatro horas de recorrido. No es un buen tiempo; Eduardo dijo ayer que tu tiempo en Marie Blanque por dos es tu tiempo en la Quebrantahuesos. Según esa teoría acabaré en 8 horas. Justo... ¡muy justo!
Y sin embargo, yo tranquilo, con calma. El pensamiento sólo ocupó unos segundos de mi mente. El plan era comer. Saco una barrita y empiezo a comerla.
Demasiado pronto. El descenso es vertiginoso. No tengo tiempo para comer, frenar y negociar las curvas. Vuelvo a meter la barrita en el bolso y me centro en el descenso.
Precioso. El valle. El pueblo blanco de tejados grises. La carretera que serpentea ladera abajo. Los voluntarios avisando. La carretera seca y en perfecto estado. Como casi siempre, me pasa por la mente la idea de que subir esta bajada tiene que ser divertido; es la señal del que disfruta subiendo más que bajando.
La lección aprendida es que se come en el valle. Cuando notes que tienes que dar pedales para avanzar es el momento de empezar a comer. De ignorar a los que te adelantan. De probar a quitarte el chubasquero en marcha, como los profesionales. De conseguirlo sin que se tambalee la bicicleta. Dos barritas y sendos tragos de agua. Las sensaciones son buenas.
Y tan absorto estaba en ellas que sin darme cuenta estábamos en el comienzo del Portalet. El juez de la quebrantahuesos. Una breve parada a mear, me pongo en marcha y apareció el pensamiento del control.
Hasta entonces lo había sentido. Durante todo el recorrido había sentido que estaba controlando la situación, pero aqui el sentimiento se transformó en idea, en pensamiento, y me ocupó durante varios kilómetros.
La pedalada ágil, la velocidad alta y aun así fiel a la religión de los que regulan. Los kilómetros vuelan acompañados de la sensación de estar haciendo las cosas bien. De saber lo que va a pasar, de estar seguro de reaccionar bien. La comida, la bebida, la metereología, las fuerzas, los ciclistas, todo está bajo control, todo fluye... Inevitablemente me viene a la mente el “estado de flujo” que me explicaba mi cuñada y mi hermano el otro día. Que se te venga a la mente el concepto es seguramente una señal de que no lo has alcanzado ese estado, pero la sensación de control era real siendo, necesariamente, producto de mi imaginación.
En el avituallamiento líquido pido que me rellenen el botello de agua. Pregunto cuanto queda hasta el siguiente avituallamiento. Me dicen que 5 kilómetros pero yo se que son más, por lo menos 8 ó 9.
Raros estos kilómetros. A veces duros, a veces suaves, siempre para arriba. Me adelantan más que adelanto. No todo el monte es orégano. Regula, que sabes como hacerlo. Fue lo primero que aprendistes de Raul, el abuelito. Me alegro cuando un kilómetro tiene menos de un 7% de desnivel, la velocidad aumenta. Me regulo si la pendiente es más alta.
Ruedo ausente. No me quedan recuerdos.
Hasta que apareció la presa. Tan majestuosa como repentina. Señal de que el avituallamiento esta cerca. Una disculpa más para el optimismo a la que en breve se le sumó un tramo llano, incluso cuesta abajo, donde rodé muy rápido. Se acercaba mi parada en un avituallamiento.
Voluntarios sujetándote la bicicleta mientras tu rellenas bidones, cojes geles, barritas, platano, manzana un trozo de sandwich de jamon york y queso. Mear, estirar un poco y montarse de nuevo en la bicicleta. Aunque sea poco tiempo se nota la mejoría física y anímica. Y eso es bueno porque el puerto es largo. Todavía quedan otros 9 ó 10 kilómetros.
Kilómetros que hago regulando, jugando con los cambios, buscando el ritmo cómodo que pueda sostener. Sonriendo a los que me animan desde las cunetas, admirando el paisaje, disfrutando de la subida, de la sensación de control.
Hasta que te invade la emoción. Los espectadores se han multiplicado con el paso de los kilómetros. No se si el terreno se volvió más favorable o es que los ánimos me empujaban, pero ya no podía dejar de sonreir mientras aceleraba en la bicicleta.
Lágrimas. Tan ciertas como sentidas. Es la expresión del agradecimiento combinado con la alegría y el optimismo. David estaba allí animándome, pero yo no me enteré. Concentrado, emocionado, preparándome para el descenso y con la mente haciendo calculos temporales no me enteré de su grito de ánimo. Tenía ganas de descener.
Y esas ganas se transformaron en 77.8 km/h, mi record de velocidad sobre una bicicleta. La carretera es ancha, con visibilidad, invita a lanzarse. Yo lo hice. Pedaleando cuesta abajo. Buscando arañar segundos.
El giro a la izquierda. Ese que no vi el año pasado. Rodear el pantano y hacerlo a buen ritmo. Sólo, adelantando ciclistas, buscando el último puerto. Y cuando lo encontré lo metí todo y subi abriendome paso entre ciclistas; muchos ciclistas. Espectadores, muchos espectadores. Animos, muchos ánimos. No sentía que pudiese atacar el puerto, pero si sabía como defenderme. Y me defendí muy bien.
Me contaron que en Hoz de Jaca hay un avituallamiento líquido. Yo no lo ví. Yo me lancé al descenso sin descanso. Mucha atención en dos curvas peligrosas que no sólo tenían sus voluntarios sino que además tenían colchonetas en la parte exterior de la curva.
Hoz de Jaca se desciende en muy poco tiempo. Pero es suficiente para hacer que la cuesta que te saca a la carretera principal duela. Te clava, te baja a la tierra.
La carretera general es cuesta abajo, pero enseguida apareció el viento de cara. De cara entrando por la derecha. Búscate un grupo y asegurate de tener a la derecha a un ciclista.
El grupo parece bueno pero no tiran, no rodamos muy rápido. Voy progresando hasta las posiciones de cabeza. Me interesa que el grupo vaya más rápido. Colaboro, yo no es necesario reservar. Ahora sólo importa llegar... cuanto antes.
El último repecho viene acompañado con un giro a la izquierda. Repentinamente el viento ha pasado a darnos de culo. Es la señal para disparar los ataques, los sprints. Yo no entro en el juego. Voy rápido, pero no compitiendo con ninguno de los que me acompañan, no tiene sentido. Tomo la última curva y encaro la recta de llegada. Me levanto sobre la bicicleta pero no sprinto. De pie sobre la bici, me siento poderoso; pero me canso antes de cruzar la línea de llegada por lo que vuelvo a sentarme.
Lo conseguí; conseguí mi objetivo. Había acabado la Quebrantahuesos en menos de ocho horas. Nada más oir el pitido del detector del chip me paré a la derecha. Saqué el teléfono móvil y llamé a casa. Al poco uno de los de seguridad me dijo que tenía que irme. Jaime me llamó desde el otro lado de la valla, en el giro a la izquierda desmonté de la bicicleta y caí en la cuenta de lo que acababa de hacer.
Acabé la quebrantahuesos en menos de ocho horas y no había sufrido. Mis pulsaciones máximas habían sido 163 ppm y las medias sólo 135 ppm. No me había exprimido. Se queda uno con la sensación de que así no vale; esta no parece forma de cumplir un objetivo, pero que contento estaba.
Los números de la ruta:
- Kilómetros: 199.69
- Tiempo rodando: 7:35:30
- Tiempo total: 7:48:07
- Tiempo parado: 00:12:37
- Velocidad media: 26.20 km/h
- Velocidad máxima: 77.8 km/h
- Pulsaciones medias: 135 ppm
- Pulsaciones máximas: 163 ppm
- Calorías consumidas: 5.332 Kcal
- Es la 44 vez que montaba en bici de carretera.
- Tiempo total: 7:48:07
- Tiempo en la Marie Blanque: 3:59:42
- Tiempo en Hoz de Jaca: 7:13:52
- Velocidad media: 26,28
- Dorsal: 9044
- Categoría: E (35 a 44 años)
- Posición general: 3.334 de 8.715
- Posición en mi categoría: 1454 de 3386
pd. Al desvestirme me doy cuenta de que en realidad no había perdido un manguito. Lo tenia al fondo de uno de los bolsillos.
La crónica de Pablo en el blog del pakefte.
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| La representación del Pakefte en la Quebrantahuesos 2011 |
A cuidarse
Javier Arias González
Saturday, June 4, 2011
La brevetera
¿Qué pasa "biciosos"?
O la configuración para las brevets, como prefiráis.
Mi bicicleta es una Cannondale Synapse Carbon 5 modelo 2009. Es una bicicleta de carbono claramente pensada para rodar rápido con ella.
Pero cuando se trata de hacer brevets rodar rápido dista mucho de ser la prioridad por lo que son muchas las adaptaciones que le he hecho a la bicicleta para adaptarla a las necesidades del ciclismo de largas distancias.
El primer detalle son los guardabarros.
Ese complemento que entre los ciclistas hispanos no es muy habitual pero en Inglaterra hasta los ciclistas más deportivos los llevan en invierno. Yo llevo dos que cubren mucha superficie de las ruedas y que han demostrado ser muy eficaces. Al parecer en la Paris-Brest-Paris antes eran obligatorios. Ahora parece ser que no los son, pero todo el mundo aconseja llevarlos. Si llueve y no los llevas nadie querrá rodar contigo.
El segundo detalle es el portabultos o transportín.
Las bicicletas de carbono no están preparadas para llevar portabultos, pero en las brevets son prácticamente imprescindibles para llevar ropa, comida, etc. Como la bicicleta no tiene los agujeros para llevar portabultos llevo uno que se sujeta al eje de la rueda. Se trata de un transportín Old Man Mountain, modelo sherpa. Este tipo de portabultos no es que sean muy comunes, pero pueden encontrarse en tiendas especializadas.
Más complicado es la sujeción a la tija del sillín. Como la tija de la Cannondale no es redonda tampoco se puede fijar el portabultos de manera estándar. Al final me he arreglado con un tornillo y unas tuercas que fijan el portabultos al mismo tiempo que aprietan la tija del sillín. Un poco chapuzas, pero funciona muy bien.
El tercer detalle es el dinamo de buje.
Un Son Deluxe. Lo compré con la rueda completa en configuración de 32 radios. De momento no puedo estar más contento con su rendimiento. Este dinamo alimenta al cuarto detalle, el foco.
Un Busch + Müller Lumotec IQ Cyo R Senso. Otra maravilla de la tecnología alemana. Impresionante también su rendimiento hasta ahora.
De la misma marca, Busch + Müller, es el transformador, quinto detalle a tener en cuenta.
El transformador universal E-Werk. Se alimenta de la dinamo, permite regular fácilmente la tensión e intensidad de salida del transformador y su colección de alimentadores de todo tipo le permiten alimentar prácticamente cualquier dispositivo electrónico (GPS, móvil, cámara, etc). Si además le sumas que es pequeño y ligero resulta que es un complemento perfecto.
El sexto detalle son las bolsas.
Llevo dos. La delantera es una TopPeak que me encanta. Pequeña, con una zona de plástico para poner las hojas de ruta y con una sujeción que permite seguir usando todo el área útil del manillar.
Este es un detalle importante porque cuando pasas muchas horas sobre la bicicleta el disponer de varias formas de colocar las manos sobre el manillar te permite ir cambiando de postura y por tanto ir descansando los músculos. La bolsa viene con una funda que la cubre entera en caso de lluvia.
La bolsa trasera, una Deuer, también tiene una de estas fundas y en el 400 de Algete de 2010 bien eficaz que fue manteniendo todo seco después de varias horas de lluvia.
Por último el séptimo detalle son las cubiertas.
Unas Continental four seasons
En las salidas de los domingos la bicicleta lleva los guardabarros, la rueda con el dinamo, el foco y el transformador. La semana antes de hacer una brevet le acoplo a la bicicleta el portabultos y las bolsas y ya tengo la bicicleta lista para disfrutar.
A cuidarse
Javier Arias González
Monday, May 30, 2011
El 600 de Midhust - Español
¿Qué pasa "biciosos"?
[This is the Spanish version of my cycling report riding the Midhurst 600K. The English version can be found at this page]
El despertador volvió a sonar a las 3:15 de la mañana, igual que para el 400 de Hailsham e igual que para el 300 de 3Down, pero da igual, yo no me acostumbro, me costó, y no me cabe duda de que seguirá costándome, levantarme a tan temprana hora. Y eso que el Viernes me había acostado temprano.
La experiencia del 400 me había demostrado que no podría hacer todo el 600 sin dormir por lo que mi estrategia para acabar el 600 pasaba por dos puntos básicos. El primero era ir a la prueba sin deficit de sueño y para eso me había asegurado de dormir todos los días de la semana previa al menos 8 horas. El segundo punto era parar a dormir durante la ruta. El momento/sitio ideal parecía el control del kilómetro 345 en Magor, en un área de servicio de la M4. El caso es que quiso la providencia que en ese fin de semana se celebrase una final de Rugby en Cardiff (que está "cerca" de Magor) y por tanto era imposible reservar habitación en ningún hotel o bed&breakfast de los alrededores. De todas formas no había problema me agencio el saco un saco de dormir y ya encontraré una esquina donde echarme a los brazos de Morfeo. Si es que uno es de un apañado...
A las 4:15 recogía a Pete en su casa.
A las 5:15 llegábamos a Midhurst.
Primer detalle en el que me fijo, de los 35 ciclistas que vamos a tomar parte en esta ruta soy el que más cargada lleva la bicicleta.
Bolsa delantera, bolsa trasera y saco de dormir envuelto en bolsa de plástico por si le da por llover. En apariencia Pete llevaba la misma equipación que para un 200, y los demás parecido. Algo debo de estar haciendo mal.
A las 6:00 empieza puntual y sin muchos miramientos el 600 de Midhurst. Mi segunda participación en un brevet organizado por David "El Supremo" Hudson.
Y al poco pasamos por New Alresford. Y ya no hizo falta que Pete me preguntase (que me preguntó) si reconocía el sitio. ¡Claro que lo reconocía!. Habíamos pasado por allí en el 300 y en el 400. Esta vez no paramos.
Y al poco pasamos por East Stratton. Precioso pueblo por el que también pasamos en el 300 y/o (no recuerdo bien) en el 400.
Y estaba claro que rodábamos por carreteras conocidas, pero eso no impidió que al poco nos perdiésemos.
La instrucción era esta: "3.7 L no $ (down short hill & round R bend)". Yo circulo delante, Pete detrás. Aparece una carretera a la izquierda, pero era un poco pronto, según mi cuentakilómetros no habíamos rodado los 3.7km. Seguimos de frente. Se pasa el kilómetro 3.7 y no aparece ningún desvío a la izquierda. Seguimos un poco más. Nada. Con la mosca detrás de la oreja saco mi móvil (que no deja de parecerme hacer un poco de trampa), consulto la ruta y efectivamente nos hemos pasado. Tenemos que dar media vuelta. En ese momento me doy cuenta que venía con nosotros un tercer ciclista. Nada más dar la vuelta me pregunta si yo soy Javier. Le contesto que si y me dice que ha leido mi blog (publico las entradas de los brevets en Inglés en yacf.co.uk) que se ha imaginado que era yo por el acento (lo que demuestra que no mejora). Me entero de que se llama Daniel, que es siciliano. Rodamos juntos de vuelta. En total 4 kilómetros de más. Hacemos el giro que tenemos que hacer. Daniel va delante, yo detrás y Pete cierra el grupo.
En esto oigo que Pete me llama. Se ha quedado parado. Me paro. Daniel no se ha enterado por lo que sigue a su ritmo. Vuelvo hasta donde está Pete. Se le ha roto el pedal izquierdo.
Pues estamos bien. Apenas llevamos 60km y ya nos hemos perdido y ya hemos tenido una avería mecánica. Parece que el 600 va a ser entretenido.
La rotura del pedal no nos impide seguir. El pedal se le sale de la biela, se queda enganchado a la zapatilla. Pero Pete puede pedalear, tiene que hacerlo con cuidado para que no se le salga el pedal, no puede levantarse sobre la bici, pero podemos avanzar.
Por suerte el viento sopla de culo lo que hace que podamos rodar con facilidad hasta el primer control. Un control marcado en la hoja de ruta como "El Supremo feed" y eso significa comida, bebida, sillas y atención sin igual.
Estamos en el kilómetro 96 y sello mi brevet a las 10:33. La gente que está parada en el control nos dicen que en Marlborough hay una tienda/taller de bicicletas donde pueden ayudarnos. ¡Bien! Marlborough está a pocos kilómetros y nos pilla de camino.
Se me hace raro no ver a Daniel en el control; tiene que estar rodando realmente rápido.
Justo antes de ponernos en marcha le pido a Pete que me saque una foto. Me saca dos.
Camino a Marlborough Pete da cuenta de que se ha olvidado el casco en el control. Llevamos ya tres o cuatro kilómetros pero le pregunto si quiere dar la vuelta a por el. Dice que no, que ya lo recuperará en el siguiente control en el que "El Supremo feed". Al menos lleva gorra...
Llegamos a Marlborough y era día de mercado. Perdimos un poco de tiempo en encontrar la tienda de bicis (Bertie Maffoon's Bicycle Co); estaba un poco escondida.
Además no pueden ayudarnos; el pedal de Pete no es de los más comunes y ellos no los tienen.
Valoramos la posibilidad de desviarnos de nuestra ruta para ir a otra tienda de bicis, pero Pete lo descarta. Asegura que puede seguir pedaleando y que será difícil que tengan los pedales en otra tienda.
Nos ponemos en marcha y enseguida llegamos a Cirencester. Km 146, son las 13:33, paramos en un Tesco y es hora de comer. Aprovecho para dar cuenta de una ración de ensalada de pasta.
El ánimo es bueno, el viento sigue siendo favorable y pasamos por Brockhampton que no recuerdo por que pero lo marqué en la hoja de ruta como un sitio a recordar (cierto es que de poco me sirvió haberlo marcado).
En estas que llegamos al kilómetro 174 y nos enteramos que en el buzón de Winchcombe el correo se recoge a las 5:45 los días de diario. Me habría sido de más utilidad recordar por que tenía que acordarme de Brockhampton.
Justo después de este "info control" la instrucción era (el resaltado es del original) "R (Gambles La) Very very steep" y no era exagerado...
Ni más ni menos que un 25%, desde luego coincide con mi descripción de "muy muy inclinado". Bajamos con cuidado.
Cuando mi cuanta kilómetros llega al kilómetro 200 se lo comento a Pete. 1/3 del recorrido. No tengo muy claro si se enteró de mi comentario.
En el kilómetro 215 tenemos otro control. Se trata de conseguir un ticket. No tenemos intención de parar mucho por lo que entramos en un supermercado, me compro un kinder bueno y enseguida nos ponemos en marcha. Ya empieza a hacer frio, el viento sopla con fuerza y a veces es de cara, el cielo es de color gris plomizo. En mi Google Buzz me declaro publicamente cansado.
Aun así el que la siguiente etapa sea sólo de 56km (un casa->Carabaña) y el que el siguiente control fuese un "El Supremo feed" me daban ánimo. El Supremo había dicho que nos tendría preparados English Muffins, como para no animarse.
En la hoja de ruta marco Hildersley, creo recordar que porque se trataba de un pueblo bonito, pero tampoco lo tengo del todo claro.
Camino del control empezamos a cruzarnos con ciclistas que venían en sentido contrario. Parece que tendríamos que volver por la misma carretera que íbamos. Y eso eran malas noticias. En la ida la carretera picaba hacia abajo y el viento era favorable. Malo y malo para la vuelta.
Llegamos al control a las 20:27, estamos en el kilómetro 271. No esta mal, llevamos tres horas y media de adelanto sobre el límite de tiempo. Nos quedan 74 kilómetros hasta el siguiente control que es en Magor, justo donde teníamos pensado parar a dormir.
Fiel a su promesa El Supremo nos tenía preparados English Muffins recién tostados y untados con mantequilla y mermelada (para mi de fresa por favor). También tenía tostadas rellenas de queso fundido. Se te caen las lágrimas con tanta atención y encima Pete recupera su casco.
Antes de ponernos en marcha nos equipamos para la noche y la lluvia. Yo me pongo encima todos mis complementos de la señorita pepis (calienta brazos, calienta piernas, calcetines de gore-tex, una camiseta interior, los guantes largos y el chubasquero), enciendo las luces, cubro las bolsas y me lanzo a la oscuridad, la lluvia y el viento de cara.
Hacerse 74 kilómetros cuando ya tienes 271 en el cuerpo, es de noche, llueve y tienes viento de cara no es la parte más bonita del ciclismo, pero por alguna extraña razón yo no me lo tomé a mal, en realidad estaba al borde del disfrute. En mi mente veía una y otra vez la imagen de mi mismo tumbándome en el suelo en la cafetería de Magor y pidiéndole a Pete que me sacase una foto para el blog antes de ponerme a dormir por tres o cuatro horas.
Nos cruzamos con Daniel. ¡Que raro! ¿Que hace por detrás de nosotros?
Las condiciones no eran buenas y eso se ve en el tiempo que tardamos en hacer esa parte del recorrido. Más de 4 horas en recorrer 74km ¡menos de 18.5 km/h de media!
Por fin llegamos al área de servicio de Magor, todavía lloviendo y nos dirigimos al único que vemos con luz. ¡Es una gasolinera!
¿Por qué lo pongo entre admiraciones?
Pues porque es una gasolinera normal y corriente. Tiene una pequeña tienda donde incluso te puedes pedir un café, pero AHI NO SE PUEDE DORMIR.
Y EN LA CALLE LLUEVE...
¡MUCHO!
Esto si me lo tomo a mal, aqui si que ya no estaba al borde del disfrute. ¿Qué íbamos a hacer? ¿Seguir? Yo ya estaba bastante cansado y en esas condiciones avanzaríamos muy despacio. ¿Buscar un techo y dormir en la calle? Tampoco es que fuese un panorama tentador.
Pete debía tener la mente más clara que yo porque enseguida comentó. "Tiene que haber un restaurante o café en algún sitio, aqui no hay ningún ciclista". Creo que lo comentó dos o tres veces antes de que yo me diese cuenta de que tenía razón, que tendría que haber un restaurante o café en algún sitio que allí no había ningún ciclista.
Decido entrar en la tienda de la gasolinera y preguntarle al dependiente. Por que me contesto sé que me entendió, pero yo a él no le entendí nada. Rápidamente caí en la cuenta que estábamos en Gales. Volví a preguntarle pero esta vez haciendo gestos y el me contestó a su vez haciendo gestos y señalando. Me quedé con la dirección a la que señaló, di las buenas noches y salí de la tienda sin haber entendido nada. No mejoro, no mejoro y no mejoro.
Le digo a Pete que si, que hay un restaurante y que está en aquella dirección, la que me había señalado el dependiente de la tienda.
Y hacia allí nos dirigimos...
Y si que había un restaurante...
Y si que había ciclistas, unos 20 calculo yo...
Yo nada más entrar analizo el panorama. Esto tiene mejor pinta. Me pido un vaso de leche caliente para así conseguir el ticket que necesito como prueba de paso. Es la 1:41 de la madrugada. Me tomo el vaso de leche con muesli que tenía en mis bolsas. Cojo el saco de dormir, me voy a una parte del restaurante que estaba cerrada al público, con las sillas sobre las mesas, me tumbo en el suelo y me meto en el saco. Todo muy rápido, todo muy eficaz...
"¿Pero que es esto?"
Este saco es MUY pequeño. ES EL SACO DE UNA DE MIS HIJAS. Para que me cubra entero tengo que encoger las piernas pero mira, después de haber cargado con él 345 kilómetros lo uso aunque sea para taparme hasta el pecho.
Aviso a Pete de donde estoy, él todavía está tomando algo en el restaurante y hablando con otros ciclistas. Yo me duermo en menos de un minuto.
Acabo de darme cuenta de que tenía tanta prisa por dormir que se me olvidó pedirle que me sacase una foto. Y es una pena, porque habría quedado muy bien aquí...
"Javier, javier".
Me despierto sobresaltado. Pete me está llamando. He dormido tres horas, pero me levanto de un salto. Tres horas de sueño no dan para mucho pero me encuentro bien.
Me voy al baño, me aseo y me cambio de ropa. Me pongo la equipación del Pakefte, la de las grandes ocasiones.
Veo a Daniel y le pregunto que les había pasado el día anterior. Me cuenta que se habían perdido y que habían perdido mucho tiempo. Ya me extrañaba a mi que fuesen por detrás de nosotros.
En estas Pete me dice que nos vamos. Yo tenía pensado desayunar, pero como a él se le veía con una cierta prisa por ponerse en marcha, me tomo con rapidez uno de los tostis que llevaba untados con nutella y una barrita, me pongo el chubasquero, todavía mojado, y nos ponemos en marcha.
Ha amanecido, el ambiente está húmedo pero ha dejado de llover. ¡Bien!
El la primera rotonda, a 200 metros, ya nos equivocamos de salida y en cuanto llegamos a una rotonda inesperada tuvimos que volver a consultar el móvil.
Media vuelta.
Cuando retomamos el camino correcto vi que eran las 5 de la mañana. Tenemos por delante una etapa de 95 kilómetros.
Empezamos a rodar por un valle absolutamente llano. El cielo estaba totalmente despejado; "hoy va a hacer calor" pensé yo.
Enseguida nos encontramos en la A48 y no la abandonamos por varios kilómetros. Charlábamos sobre la Paris-Brest-Paris, sobre material para las bicicletas, sobre ruedas. Que si 23, que si 25 que si Continental que si otra marca. El único momento en el que supe que decía fue cuando comentamos que yo tenía las Contienental 4 Seasons y que no había tenido ningún pinchazo en ninguno de los los brevets. Mucho nivel para mi, hice como que sabía de que iba el tema y traté de aprender lo más posible, pero ya no me acuerdo de nada.
Pasamos al lado de una caseta que parece una parada de autobús. Me fijo que un ciclista está sentado en su interior desayunando. Me pregunto si ha dormido allí.
La A48 es una carretera aburrida, un continuo sube y baja rompepiernas. Menos más que el tráfico a esas horas del domingo era escaso.
A las 6:36 llegamos a Lydney donde nos enteramos que su farmacia se llama "Lloyds". Otro "info control" superado.
24 kilómetros más de A48, mira que se hace larga.
Llegamos a una instrucción que advierte "Subida larga y dura, tomátela tranquilamente", según las instrucciones la subida son 2.7 kilómetros, "pues tampoco es tan larga" pensé yo. Antes de empezar la subida nos paramos a quitarnos ropa. Nos adelantan dos ciclistas, una es la ciclista de nombre desconocido del 400, nos saluda al pasar. Pete acaba antes que yo y se pone en marcha. Una chica montada en un caballo blanco también pasa mientras yo estoy parado. Yo me tomo mi tiempo, me pongo los guantes cortos, los cristales oscuros y me quedo de corto tanto arriba como abajo; cuando me pongo en marcha lo hago a buen ritmo.
Vaya, parece que esto se complica. Vamos a bajar (¿o es subir?) un piñón.
Ahí está la chica y su caballo blanco. Les adelanto, pero pedaleando de pie sobre la bici.
Ahí está Peter. Está subiendo andando. Aunque ha aprendido a ponerse de pie incluso con el pedal suelto no puede hacer la fuerza necesaria para subir estas rampas. Le adelanto.
Vaya, esto si que se está poniendo duro. Va a ser que voy a tener que meterlo todo.
Tomo una curva y veo que los otros dos ciclistas están subiendo andando también.
Se me pasa por la cabeza la idea de poner el pie a tierra, no merece la pena agotarse tanto, todavía quedan muchos kilómetros, unos 200, pero descarto la idea. No me gusta poner el pie a tierra.
No llego a alcanzar a los dos ciclistas. Aprovechan que la pendiente se modera para volver a montarse en la bicicleta cuando llego a su altura, pero ahora ellos suben más rápido. Menos mal que después de la siguiente curva ya se veía el final.
Aguanto como puedo y corono la subida. Me doy cuenta de que 2.7 kilómetros se pueden hacer muy largos y muuuuy duros. Especialmente cuando tienes 400 kilómetros en las piernas y el perfil tiene esta pinta.
Aprovecho para recuperar el aliento hasta que viene Peter.
Una vez coronada Birdlip hill nos toca pedalear por la parte alta. El viento se vuelve más violento y las nubes se acumulan con rapidez. El cielo se oscurece y nos cae un chaparrón que nos pilla de improvisto, apenas tenemos tiempo deponernos los chubasqueros. Nos empapamos en muy poco tiempo. Fueron pocos kilómetros, yo diría que unos 15, pero nos machacaron, nos dejaron helados y empapados.
Cuando llegamos a Cirencester caí en la cuenta que por ahí ha habíamos pasado era el Tesco del kilómetro 146 de la ruta. Pete propuso desayunar en el McDonals, un restaurante de una cadena de ¿comida? americana que es muy famosa en este país, pero yo recuerdo que en el Tesco había un restaurante/cafeteria y le propongo decantarnos por la cocina local. Acepta.
Y que bien que aceptó. Tenían English breakfast que seguramente no sea lo más adecuado según los manuales de nutrición deportiva, pero que a mi, en ese momento y lugar del espacio tiempo, me resultaba la mar de apetecible. Complemento el English breakfast con un poco de ensalada de pasta y un trozo de pastel de chocolate.
Son las 10:40 de la mañana, estamos en el kilómetro 450. Entre el desayuno y el calor del local conseguí dejar de tiritar.
Cuando nos ponemos en marcha la tormenta ya había pasado, incluso brillaba un poco el sol. Yo no me fio por lo que vuelvo a poner los cristales transparentes a las gafas, guantes largos, calentapiernas, camiseta interior y chubasquero. A mi no me vuelve a pillar la tormenta ligero de ropa.
Las primeras carreteras por las circulamos son realmente tranquilas y nos invade un cierto sopor. Circulamos muy despacio, a unos 15 kilómetros por hora. Yo, que estoy constantemente haciendo cálculos de velocidades medias y estimaciones de tiempo para distraerme (cuando en realidad debería estar concentrado en la hoja de ruta...), caigo en la cuenta de que este ritmo es demasiado lento. Vamos justos de tiempo y cualquier imprevisto nos puede dejar fuera.
Se lo comento a Pete. Le cuento mi teoría de que deberíamos rodar a una media de 20Km/h para poder acumular algo de tiempo. Creo que acepta y acelera un poco el ritmo pero no mucho. Empiezo a pensar que es posible que esté cansado, yo me encuentro bien por lo que me pongo a su ritmo y seguimos.
En un momento dado me doy cuenta de que la rueda delantera esta pinchada (se acabó eso de ningún pinchazo en los brevets). Chillo para avistar a Pete pero no me oye, desaparece en la lejanía. Rápidamente me pongo a cambiar la cámara y sorprendentemente lo hago rápido. Me acuerdo de que entre los Wheelers hay una "competición" para ver quien repara un pinchazo más rápido. Pena de no tener testigos y/o haber medido el tiempo, lo hice realmente rápido. De hecho al poco de ponerme en marcha me encontré con Pete que me estaba esperando en el siguiente cruze. Su comentario fue que pensó que había parado a quitarme el chubasquero. Cualquier día de estos ficho por Ferrari (En la versión inglesa diré McClaren por aquello de que parezca que estoy integrado en la cultura del pais).
En el kilómetro 476 nos enteramos que el pub de Calne se llama Bug&Spider. Aprovecho la parada para tomarme una barrita y me fijo que Pete se toma un gel.
Seguimos la ruta y ahora rodamos un poco más rápido. Aun así, cuando llegamos al control de Burbage, un "El Supremo feed" llevamos sólo 28 minutos de adelanto sobre el límite de tiempo. ¡Muy justo!
El control de Burbage está en el mismo sitio de uno de los controles del 400
Y al igual que en aquella ocasión El Supremo nos tenía preparadas beans on a toast
Y como en aquella ocasión aproveché para complementarlo con una ración de ensalada de pasta, la última en este caso, la bicicleta pesaría menos a partir de ahora.
Nos quedan "sólo" 92km que haremos en dos etapas. Empieza a parecer chupado.
Al poco de ponernos a rodar nos unimos a un tercer ciclista, Peter. Rodamos con cierta agilidad, el viento es favorable, Peter da conversación, cuenta que tiene un amigo gallego, que de joven había participado en una competición subiendo Birdlip hill (los 2.7 km largos y duros) y todo tiene buena pinta.
Yo me encuentro bien. En las subidas mantengo el ritmo y hago hueco con mis dos compañeros y luego y luego nos reagrupamos. En el alto de una de estas rampas la instrucción era "R @ T" (a la derecha en la T) yo llego leo "R @ T" y hago "L @ T" (a la izquierda en la T) y sigo subiendo. Y menos mal que oí las voces que me llamaban a lo lejos porque sino me como toda la subida antes de darme cuenta que voy en dirección contraria. En fin, que estaba bien físicamente pero no precisamente concentrado en seguir la hoja de ruta.
Enseguida llegamos a New Alresford otra vez. La cuarta vez que pasaba por este pueblo en tres brevets, la tercera vez que paramos. Pongo la misma foto que he usado en el 300 y en el 400 porque dio la casualidad de que nos juntamos media docena de ciclistas y el panorama era muy parecido.
Habíamos recuperado tiempo en el último tramo y ahora teníamos una hora de margen, pero tampoco era plan de parar mucho tiempo. Total ya sólo nos quedaban 37 kilómetros. Aun así yo me dejé llevar por la filosofía de "ya que lo has machacado dale al cuerpo lo que te pida" y me acabé bebiendo un tercio de leche y comiéndome unas gominolas; extrañas peticiones que tiene el cuerpo de uno.
Los últimos kilómetros fueron un paseo triunfal. Hicimos grupo con Peter y Paul y los cuatro juntos rodamos a un buen ritmo por un terreno favorable. En el ambiente intuíamos el final y los kilómetros volaron. Cuanto más nos acercábamos a Midhurst más ágil se volvia el ritmo (dentro de lo ágil que se puede volver cuando llevas 600Km en las piernas) y sin llegar a disputar un sprint acabamos como campeones.
Justo a la entrada de Midhurst nos encontramos con otros ciclistas y nos paramos a conversar con ellos. Pete les contó que era mi primer 600 y uno de ellos me aseguró que si había podido con el 600 no tendría problema en acabar los 1200 de la Paris-Brest-Paris, pero no lo tengo yo tan claro.
A la vuelta de la esquina había una gasolinera y a ella fuimos a conseguir el último ticket de la ruta, son las 20:33, y otra vez me dejé llevar por las caprichosas peticiones de mi cuerpo...
Pedazo Magnum almendrado que me metí para el cuerpo, y que a gusto me quedé.
Los números:
A cuidarse
Javier Arias González
[This is the Spanish version of my cycling report riding the Midhurst 600K. The English version can be found at this page]
El despertador volvió a sonar a las 3:15 de la mañana, igual que para el 400 de Hailsham e igual que para el 300 de 3Down, pero da igual, yo no me acostumbro, me costó, y no me cabe duda de que seguirá costándome, levantarme a tan temprana hora. Y eso que el Viernes me había acostado temprano.
La experiencia del 400 me había demostrado que no podría hacer todo el 600 sin dormir por lo que mi estrategia para acabar el 600 pasaba por dos puntos básicos. El primero era ir a la prueba sin deficit de sueño y para eso me había asegurado de dormir todos los días de la semana previa al menos 8 horas. El segundo punto era parar a dormir durante la ruta. El momento/sitio ideal parecía el control del kilómetro 345 en Magor, en un área de servicio de la M4. El caso es que quiso la providencia que en ese fin de semana se celebrase una final de Rugby en Cardiff (que está "cerca" de Magor) y por tanto era imposible reservar habitación en ningún hotel o bed&breakfast de los alrededores. De todas formas no había problema me agencio el saco un saco de dormir y ya encontraré una esquina donde echarme a los brazos de Morfeo. Si es que uno es de un apañado...
A las 4:15 recogía a Pete en su casa.
A las 5:15 llegábamos a Midhurst.
La bicicleta que está en el suelo es la mía
Primer detalle en el que me fijo, de los 35 ciclistas que vamos a tomar parte en esta ruta soy el que más cargada lleva la bicicleta.
Bicicleta de carga
Bolsa delantera, bolsa trasera y saco de dormir envuelto en bolsa de plástico por si le da por llover. En apariencia Pete llevaba la misma equipación que para un 200, y los demás parecido. Algo debo de estar haciendo mal.
A las 6:00 empieza puntual y sin muchos miramientos el 600 de Midhurst. Mi segunda participación en un brevet organizado por David "El Supremo" Hudson.
Y al poco pasamos por New Alresford. Y ya no hizo falta que Pete me preguntase (que me preguntó) si reconocía el sitio. ¡Claro que lo reconocía!. Habíamos pasado por allí en el 300 y en el 400. Esta vez no paramos.
Y al poco pasamos por East Stratton. Precioso pueblo por el que también pasamos en el 300 y/o (no recuerdo bien) en el 400.
Descargada de internet que yo no se hacer tan buenas fotos
Y estaba claro que rodábamos por carreteras conocidas, pero eso no impidió que al poco nos perdiésemos.
La instrucción era esta: "3.7 L no $ (down short hill & round R bend)". Yo circulo delante, Pete detrás. Aparece una carretera a la izquierda, pero era un poco pronto, según mi cuentakilómetros no habíamos rodado los 3.7km. Seguimos de frente. Se pasa el kilómetro 3.7 y no aparece ningún desvío a la izquierda. Seguimos un poco más. Nada. Con la mosca detrás de la oreja saco mi móvil (que no deja de parecerme hacer un poco de trampa), consulto la ruta y efectivamente nos hemos pasado. Tenemos que dar media vuelta. En ese momento me doy cuenta que venía con nosotros un tercer ciclista. Nada más dar la vuelta me pregunta si yo soy Javier. Le contesto que si y me dice que ha leido mi blog (publico las entradas de los brevets en Inglés en yacf.co.uk) que se ha imaginado que era yo por el acento (lo que demuestra que no mejora). Me entero de que se llama Daniel, que es siciliano. Rodamos juntos de vuelta. En total 4 kilómetros de más. Hacemos el giro que tenemos que hacer. Daniel va delante, yo detrás y Pete cierra el grupo.
En esto oigo que Pete me llama. Se ha quedado parado. Me paro. Daniel no se ha enterado por lo que sigue a su ritmo. Vuelvo hasta donde está Pete. Se le ha roto el pedal izquierdo.
Pues estamos bien. Apenas llevamos 60km y ya nos hemos perdido y ya hemos tenido una avería mecánica. Parece que el 600 va a ser entretenido.
La rotura del pedal no nos impide seguir. El pedal se le sale de la biela, se queda enganchado a la zapatilla. Pero Pete puede pedalear, tiene que hacerlo con cuidado para que no se le salga el pedal, no puede levantarse sobre la bici, pero podemos avanzar.
Por suerte el viento sopla de culo lo que hace que podamos rodar con facilidad hasta el primer control. Un control marcado en la hoja de ruta como "El Supremo feed" y eso significa comida, bebida, sillas y atención sin igual.
Estamos en el kilómetro 96 y sello mi brevet a las 10:33. La gente que está parada en el control nos dicen que en Marlborough hay una tienda/taller de bicicletas donde pueden ayudarnos. ¡Bien! Marlborough está a pocos kilómetros y nos pilla de camino.
Se me hace raro no ver a Daniel en el control; tiene que estar rodando realmente rápido.
Justo antes de ponernos en marcha le pido a Pete que me saque una foto. Me saca dos.
El bulto de plástico es el saco de dormir
Esta le quedó un poco mejor, más que nada porque estoy más lejos
Camino a Marlborough Pete da cuenta de que se ha olvidado el casco en el control. Llevamos ya tres o cuatro kilómetros pero le pregunto si quiere dar la vuelta a por el. Dice que no, que ya lo recuperará en el siguiente control en el que "El Supremo feed". Al menos lleva gorra...
Llegamos a Marlborough y era día de mercado. Perdimos un poco de tiempo en encontrar la tienda de bicis (Bertie Maffoon's Bicycle Co); estaba un poco escondida.
Ese saco de dormir que luce en cada foto
Además no pueden ayudarnos; el pedal de Pete no es de los más comunes y ellos no los tienen.
Valoramos la posibilidad de desviarnos de nuestra ruta para ir a otra tienda de bicis, pero Pete lo descarta. Asegura que puede seguir pedaleando y que será difícil que tengan los pedales en otra tienda.
Nos ponemos en marcha y enseguida llegamos a Cirencester. Km 146, son las 13:33, paramos en un Tesco y es hora de comer. Aprovecho para dar cuenta de una ración de ensalada de pasta.
El ánimo es bueno, el viento sigue siendo favorable y pasamos por Brockhampton que no recuerdo por que pero lo marqué en la hoja de ruta como un sitio a recordar (cierto es que de poco me sirvió haberlo marcado).
Aspecto de una de las carreteras por las que rodábamos
En estas que llegamos al kilómetro 174 y nos enteramos que en el buzón de Winchcombe el correo se recoge a las 5:45 los días de diario. Me habría sido de más utilidad recordar por que tenía que acordarme de Brockhampton.
Justo después de este "info control" la instrucción era (el resaltado es del original) "R (Gambles La) Very very steep" y no era exagerado...
Pete preparándose para descender una rampa de un 25%
Ni más ni menos que un 25%, desde luego coincide con mi descripción de "muy muy inclinado". Bajamos con cuidado.
Cuando mi cuanta kilómetros llega al kilómetro 200 se lo comento a Pete. 1/3 del recorrido. No tengo muy claro si se enteró de mi comentario.
En el kilómetro 215 tenemos otro control. Se trata de conseguir un ticket. No tenemos intención de parar mucho por lo que entramos en un supermercado, me compro un kinder bueno y enseguida nos ponemos en marcha. Ya empieza a hacer frio, el viento sopla con fuerza y a veces es de cara, el cielo es de color gris plomizo. En mi Google Buzz me declaro publicamente cansado.
Aun así el que la siguiente etapa sea sólo de 56km (un casa->Carabaña) y el que el siguiente control fuese un "El Supremo feed" me daban ánimo. El Supremo había dicho que nos tendría preparados English Muffins, como para no animarse.
En la hoja de ruta marco Hildersley, creo recordar que porque se trataba de un pueblo bonito, pero tampoco lo tengo del todo claro.
Camino del control empezamos a cruzarnos con ciclistas que venían en sentido contrario. Parece que tendríamos que volver por la misma carretera que íbamos. Y eso eran malas noticias. En la ida la carretera picaba hacia abajo y el viento era favorable. Malo y malo para la vuelta.
Llegamos al control a las 20:27, estamos en el kilómetro 271. No esta mal, llevamos tres horas y media de adelanto sobre el límite de tiempo. Nos quedan 74 kilómetros hasta el siguiente control que es en Magor, justo donde teníamos pensado parar a dormir.
Fiel a su promesa El Supremo nos tenía preparados English Muffins recién tostados y untados con mantequilla y mermelada (para mi de fresa por favor). También tenía tostadas rellenas de queso fundido. Se te caen las lágrimas con tanta atención y encima Pete recupera su casco.
Antes de ponernos en marcha nos equipamos para la noche y la lluvia. Yo me pongo encima todos mis complementos de la señorita pepis (calienta brazos, calienta piernas, calcetines de gore-tex, una camiseta interior, los guantes largos y el chubasquero), enciendo las luces, cubro las bolsas y me lanzo a la oscuridad, la lluvia y el viento de cara.
Hacerse 74 kilómetros cuando ya tienes 271 en el cuerpo, es de noche, llueve y tienes viento de cara no es la parte más bonita del ciclismo, pero por alguna extraña razón yo no me lo tomé a mal, en realidad estaba al borde del disfrute. En mi mente veía una y otra vez la imagen de mi mismo tumbándome en el suelo en la cafetería de Magor y pidiéndole a Pete que me sacase una foto para el blog antes de ponerme a dormir por tres o cuatro horas.
Nos cruzamos con Daniel. ¡Que raro! ¿Que hace por detrás de nosotros?
Las condiciones no eran buenas y eso se ve en el tiempo que tardamos en hacer esa parte del recorrido. Más de 4 horas en recorrer 74km ¡menos de 18.5 km/h de media!
Por fin llegamos al área de servicio de Magor, todavía lloviendo y nos dirigimos al único que vemos con luz. ¡Es una gasolinera!
¿Por qué lo pongo entre admiraciones?
Pues porque es una gasolinera normal y corriente. Tiene una pequeña tienda donde incluso te puedes pedir un café, pero AHI NO SE PUEDE DORMIR.
Y EN LA CALLE LLUEVE...
¡MUCHO!
Esto si me lo tomo a mal, aqui si que ya no estaba al borde del disfrute. ¿Qué íbamos a hacer? ¿Seguir? Yo ya estaba bastante cansado y en esas condiciones avanzaríamos muy despacio. ¿Buscar un techo y dormir en la calle? Tampoco es que fuese un panorama tentador.
Pete debía tener la mente más clara que yo porque enseguida comentó. "Tiene que haber un restaurante o café en algún sitio, aqui no hay ningún ciclista". Creo que lo comentó dos o tres veces antes de que yo me diese cuenta de que tenía razón, que tendría que haber un restaurante o café en algún sitio que allí no había ningún ciclista.
Decido entrar en la tienda de la gasolinera y preguntarle al dependiente. Por que me contesto sé que me entendió, pero yo a él no le entendí nada. Rápidamente caí en la cuenta que estábamos en Gales. Volví a preguntarle pero esta vez haciendo gestos y el me contestó a su vez haciendo gestos y señalando. Me quedé con la dirección a la que señaló, di las buenas noches y salí de la tienda sin haber entendido nada. No mejoro, no mejoro y no mejoro.
Le digo a Pete que si, que hay un restaurante y que está en aquella dirección, la que me había señalado el dependiente de la tienda.
Y hacia allí nos dirigimos...
Y si que había un restaurante...
Y si que había ciclistas, unos 20 calculo yo...
Yo nada más entrar analizo el panorama. Esto tiene mejor pinta. Me pido un vaso de leche caliente para así conseguir el ticket que necesito como prueba de paso. Es la 1:41 de la madrugada. Me tomo el vaso de leche con muesli que tenía en mis bolsas. Cojo el saco de dormir, me voy a una parte del restaurante que estaba cerrada al público, con las sillas sobre las mesas, me tumbo en el suelo y me meto en el saco. Todo muy rápido, todo muy eficaz...
"¿Pero que es esto?"
Este saco es MUY pequeño. ES EL SACO DE UNA DE MIS HIJAS. Para que me cubra entero tengo que encoger las piernas pero mira, después de haber cargado con él 345 kilómetros lo uso aunque sea para taparme hasta el pecho.
Aviso a Pete de donde estoy, él todavía está tomando algo en el restaurante y hablando con otros ciclistas. Yo me duermo en menos de un minuto.
Acabo de darme cuenta de que tenía tanta prisa por dormir que se me olvidó pedirle que me sacase una foto. Y es una pena, porque habría quedado muy bien aquí...
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"Javier, javier".
Me despierto sobresaltado. Pete me está llamando. He dormido tres horas, pero me levanto de un salto. Tres horas de sueño no dan para mucho pero me encuentro bien.
Me voy al baño, me aseo y me cambio de ropa. Me pongo la equipación del Pakefte, la de las grandes ocasiones.
Esta foto no es de la ruta, pero la pongo para que os hagáis una idea
Veo a Daniel y le pregunto que les había pasado el día anterior. Me cuenta que se habían perdido y que habían perdido mucho tiempo. Ya me extrañaba a mi que fuesen por detrás de nosotros.
En estas Pete me dice que nos vamos. Yo tenía pensado desayunar, pero como a él se le veía con una cierta prisa por ponerse en marcha, me tomo con rapidez uno de los tostis que llevaba untados con nutella y una barrita, me pongo el chubasquero, todavía mojado, y nos ponemos en marcha.
Ha amanecido, el ambiente está húmedo pero ha dejado de llover. ¡Bien!
El la primera rotonda, a 200 metros, ya nos equivocamos de salida y en cuanto llegamos a una rotonda inesperada tuvimos que volver a consultar el móvil.
Media vuelta.
Cuando retomamos el camino correcto vi que eran las 5 de la mañana. Tenemos por delante una etapa de 95 kilómetros.
Empezamos a rodar por un valle absolutamente llano. El cielo estaba totalmente despejado; "hoy va a hacer calor" pensé yo.
Enseguida nos encontramos en la A48 y no la abandonamos por varios kilómetros. Charlábamos sobre la Paris-Brest-Paris, sobre material para las bicicletas, sobre ruedas. Que si 23, que si 25 que si Continental que si otra marca. El único momento en el que supe que decía fue cuando comentamos que yo tenía las Contienental 4 Seasons y que no había tenido ningún pinchazo en ninguno de los los brevets. Mucho nivel para mi, hice como que sabía de que iba el tema y traté de aprender lo más posible, pero ya no me acuerdo de nada.
Pasamos al lado de una caseta que parece una parada de autobús. Me fijo que un ciclista está sentado en su interior desayunando. Me pregunto si ha dormido allí.
La A48 es una carretera aburrida, un continuo sube y baja rompepiernas. Menos más que el tráfico a esas horas del domingo era escaso.
A las 6:36 llegamos a Lydney donde nos enteramos que su farmacia se llama "Lloyds". Otro "info control" superado.
24 kilómetros más de A48, mira que se hace larga.
Llegamos a una instrucción que advierte "Subida larga y dura, tomátela tranquilamente", según las instrucciones la subida son 2.7 kilómetros, "pues tampoco es tan larga" pensé yo. Antes de empezar la subida nos paramos a quitarnos ropa. Nos adelantan dos ciclistas, una es la ciclista de nombre desconocido del 400, nos saluda al pasar. Pete acaba antes que yo y se pone en marcha. Una chica montada en un caballo blanco también pasa mientras yo estoy parado. Yo me tomo mi tiempo, me pongo los guantes cortos, los cristales oscuros y me quedo de corto tanto arriba como abajo; cuando me pongo en marcha lo hago a buen ritmo.
Vaya, parece que esto se complica. Vamos a bajar (¿o es subir?) un piñón.
Ahí está la chica y su caballo blanco. Les adelanto, pero pedaleando de pie sobre la bici.
Ahí está Peter. Está subiendo andando. Aunque ha aprendido a ponerse de pie incluso con el pedal suelto no puede hacer la fuerza necesaria para subir estas rampas. Le adelanto.
Vaya, esto si que se está poniendo duro. Va a ser que voy a tener que meterlo todo.
Tomo una curva y veo que los otros dos ciclistas están subiendo andando también.
Se me pasa por la cabeza la idea de poner el pie a tierra, no merece la pena agotarse tanto, todavía quedan muchos kilómetros, unos 200, pero descarto la idea. No me gusta poner el pie a tierra.
No llego a alcanzar a los dos ciclistas. Aprovechan que la pendiente se modera para volver a montarse en la bicicleta cuando llego a su altura, pero ahora ellos suben más rápido. Menos mal que después de la siguiente curva ya se veía el final.
Aguanto como puedo y corono la subida. Me doy cuenta de que 2.7 kilómetros se pueden hacer muy largos y muuuuy duros. Especialmente cuando tienes 400 kilómetros en las piernas y el perfil tiene esta pinta.
Perfil sacado de climbbybike.com
Aprovecho para recuperar el aliento hasta que viene Peter.
Una vez coronada Birdlip hill nos toca pedalear por la parte alta. El viento se vuelve más violento y las nubes se acumulan con rapidez. El cielo se oscurece y nos cae un chaparrón que nos pilla de improvisto, apenas tenemos tiempo deponernos los chubasqueros. Nos empapamos en muy poco tiempo. Fueron pocos kilómetros, yo diría que unos 15, pero nos machacaron, nos dejaron helados y empapados.
Cuando llegamos a Cirencester caí en la cuenta que por ahí ha habíamos pasado era el Tesco del kilómetro 146 de la ruta. Pete propuso desayunar en el McDonals, un restaurante de una cadena de ¿comida? americana que es muy famosa en este país, pero yo recuerdo que en el Tesco había un restaurante/cafeteria y le propongo decantarnos por la cocina local. Acepta.
Y que bien que aceptó. Tenían English breakfast que seguramente no sea lo más adecuado según los manuales de nutrición deportiva, pero que a mi, en ese momento y lugar del espacio tiempo, me resultaba la mar de apetecible. Complemento el English breakfast con un poco de ensalada de pasta y un trozo de pastel de chocolate.
"Desayuno potente", definición gráfica
Son las 10:40 de la mañana, estamos en el kilómetro 450. Entre el desayuno y el calor del local conseguí dejar de tiritar.
Cuando nos ponemos en marcha la tormenta ya había pasado, incluso brillaba un poco el sol. Yo no me fio por lo que vuelvo a poner los cristales transparentes a las gafas, guantes largos, calentapiernas, camiseta interior y chubasquero. A mi no me vuelve a pillar la tormenta ligero de ropa.
Las primeras carreteras por las circulamos son realmente tranquilas y nos invade un cierto sopor. Circulamos muy despacio, a unos 15 kilómetros por hora. Yo, que estoy constantemente haciendo cálculos de velocidades medias y estimaciones de tiempo para distraerme (cuando en realidad debería estar concentrado en la hoja de ruta...), caigo en la cuenta de que este ritmo es demasiado lento. Vamos justos de tiempo y cualquier imprevisto nos puede dejar fuera.
Se lo comento a Pete. Le cuento mi teoría de que deberíamos rodar a una media de 20Km/h para poder acumular algo de tiempo. Creo que acepta y acelera un poco el ritmo pero no mucho. Empiezo a pensar que es posible que esté cansado, yo me encuentro bien por lo que me pongo a su ritmo y seguimos.
En un momento dado me doy cuenta de que la rueda delantera esta pinchada (se acabó eso de ningún pinchazo en los brevets). Chillo para avistar a Pete pero no me oye, desaparece en la lejanía. Rápidamente me pongo a cambiar la cámara y sorprendentemente lo hago rápido. Me acuerdo de que entre los Wheelers hay una "competición" para ver quien repara un pinchazo más rápido. Pena de no tener testigos y/o haber medido el tiempo, lo hice realmente rápido. De hecho al poco de ponerme en marcha me encontré con Pete que me estaba esperando en el siguiente cruze. Su comentario fue que pensó que había parado a quitarme el chubasquero. Cualquier día de estos ficho por Ferrari (En la versión inglesa diré McClaren por aquello de que parezca que estoy integrado en la cultura del pais).
En el kilómetro 476 nos enteramos que el pub de Calne se llama Bug&Spider. Aprovecho la parada para tomarme una barrita y me fijo que Pete se toma un gel.
Seguimos la ruta y ahora rodamos un poco más rápido. Aun así, cuando llegamos al control de Burbage, un "El Supremo feed" llevamos sólo 28 minutos de adelanto sobre el límite de tiempo. ¡Muy justo!
El control de Burbage está en el mismo sitio de uno de los controles del 400
Esta foto es del 400 de Hailsham pero es aspecto era muy parecido
Y al igual que en aquella ocasión El Supremo nos tenía preparadas beans on a toast
Esta foto también es del 400 de Hailsham pero es aspecto también era muy parecido
Y como en aquella ocasión aproveché para complementarlo con una ración de ensalada de pasta, la última en este caso, la bicicleta pesaría menos a partir de ahora.
Nos quedan "sólo" 92km que haremos en dos etapas. Empieza a parecer chupado.
Al poco de ponernos a rodar nos unimos a un tercer ciclista, Peter. Rodamos con cierta agilidad, el viento es favorable, Peter da conversación, cuenta que tiene un amigo gallego, que de joven había participado en una competición subiendo Birdlip hill (los 2.7 km largos y duros) y todo tiene buena pinta.
Yo me encuentro bien. En las subidas mantengo el ritmo y hago hueco con mis dos compañeros y luego y luego nos reagrupamos. En el alto de una de estas rampas la instrucción era "R @ T" (a la derecha en la T) yo llego leo "R @ T" y hago "L @ T" (a la izquierda en la T) y sigo subiendo. Y menos mal que oí las voces que me llamaban a lo lejos porque sino me como toda la subida antes de darme cuenta que voy en dirección contraria. En fin, que estaba bien físicamente pero no precisamente concentrado en seguir la hoja de ruta.
Enseguida llegamos a New Alresford otra vez. La cuarta vez que pasaba por este pueblo en tres brevets, la tercera vez que paramos. Pongo la misma foto que he usado en el 300 y en el 400 porque dio la casualidad de que nos juntamos media docena de ciclistas y el panorama era muy parecido.
Aspecto del Tesco de New Alresford durante cualquier brevet
Habíamos recuperado tiempo en el último tramo y ahora teníamos una hora de margen, pero tampoco era plan de parar mucho tiempo. Total ya sólo nos quedaban 37 kilómetros. Aun así yo me dejé llevar por la filosofía de "ya que lo has machacado dale al cuerpo lo que te pida" y me acabé bebiendo un tercio de leche y comiéndome unas gominolas; extrañas peticiones que tiene el cuerpo de uno.
Los últimos kilómetros fueron un paseo triunfal. Hicimos grupo con Peter y Paul y los cuatro juntos rodamos a un buen ritmo por un terreno favorable. En el ambiente intuíamos el final y los kilómetros volaron. Cuanto más nos acercábamos a Midhurst más ágil se volvia el ritmo (dentro de lo ágil que se puede volver cuando llevas 600Km en las piernas) y sin llegar a disputar un sprint acabamos como campeones.
Justo a la entrada de Midhurst nos encontramos con otros ciclistas y nos paramos a conversar con ellos. Pete les contó que era mi primer 600 y uno de ellos me aseguró que si había podido con el 600 no tendría problema en acabar los 1200 de la Paris-Brest-Paris, pero no lo tengo yo tan claro.
A la vuelta de la esquina había una gasolinera y a ella fuimos a conseguir el último ticket de la ruta, son las 20:33, y otra vez me dejé llevar por las caprichosas peticiones de mi cuerpo...
Pedazo Magnum almendrado que me metí para el cuerpo, y que a gusto me quedé.
Los números:
- Kilómetros: 609.47 (en yacf.co.uk comentan que 6322m de desnivel)
- Tiempo total invertido: 38 horas 33 minutos
- Tiempo rodando: 29 horas 54 minutos 10 segundos
- Tiempo parados: 8 horas 38 minutos 50 segundos (3 de ellas durmiendo)
- Velocidad media: 20.38 km/h
- Velocidad máxima: 58.20 km/h
- Pulsaciones médias: 103 ppm (106ppm en las 22:36:37 del Sábado, 98ppm en las 16:15:15 del Domingo)
- Pulsaciones máximas: 180 ppm (esa subida a Birdlip hill ...)
- Calorías consumidas: 12.114 Kcal
- Kilómetros que tiene la bici: 5.678
- Es la vez número 40 que monto en bici de carretera en mi vida
A cuidarse
Javier Arias González
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