Wednesday, August 17, 2011

¿1.200 kilómetros en 90 horas en bicicleta? pues yo lo voy a intentar


Después de un año de entrenamiento y haber participado en cuatro brevets (200km300km400km and 600km) no puedo decir que me siento preparado, pero el próximo domingo 21 de Agosto estaré en Paris para tomar parte de la Paris-Brest-Paris (PBP). Un evento ciclista que consiste en recorrer 1,200km en bicicleta, desde Paris a Brest y vuelta a Paris en menos de 90 horas (un poco menos de cuatro días)

Este es mi plan de ruta


Durante el evento puedes seguir mi posición en tiempo real aquí e intentaré publicar mis impresiones en mi perfile de Google+ y en mi cuenta de Twitter.

Si, ya lo se, hacer 1.200km de bicicleta en menos de 90 horas suena a locura, y probablemente es una locura; pero para que tenga sentido estoy usando este reto personal para recaudar fondos para la investigación sobre el cancer. El cancer es una enfermedad que ha afectado a mi madre y las leyes de la genética dicen que yo tengo alguna posibilidad de padecerlo en el futuro por lo que voy a donar a la organización Cancer Research UK una libra por cada 10km que haga en este reto. Ya he donado las 150 libras correspondientes a mis cuatro brevets (200km300km400km and 600km) y pienso donar 120 más una vez que acabe la PBP. Te pido que me apoyes y contribuyas con tu donación en mi página de justgiving. Amigos de todo el mundo me han ayudado a recaudar más de 1.000 libras a día de hoy.


A cuidarse
Javier Arias González

Cycling 1200km in 90 hours? I'm going to try it


After a year of training and four brevets (200km300km400km and 600km) ridden I can't say I feel ready but next Sunday August 21st I'll be in Paris to take part of the Paris-Brest-Paris (PBP) cycling event. A 1,200km bicycle race from Paris to Brest and back to Paris that has to be ridden in less than 90 hours (a bit less than four days).

Here is my route plan


You can track my position in real time here and I'll try to post my impressions in my Google+ profile  and in my Twitter account.

Yes, I know, cycling 1,200km in 90 hours sounds crazy, and it probably it is crazy thing to try it; but to make it a bit more reasonable I'm using this personal challenge to raise money for cancer research. Cancer is a disease that has affected my mother and genetic laws says I might have a change of suffering it myself in the future so I want to make my bit trying to help fighting it. I'm going to donate Cancer Research UK a pound per each 10km I ride in my challenge. I already have donated the 150 GBP for my four brevets (200km300km400km and 600km) in my justgiving page and plan to donate 120 more once I finish the PBP. I'm asking you to support me making your donation at my justgiving page. Friends from all around the world helped me to raise more than 1,000 to date.



Take care
Javier Arias González

Saturday, July 30, 2011

Fotos del Tour de Francia 2011

En mi familia tenemos una frase que dice que cuando algo se hace tres veces se convierte en tradición.

En 2009 y en 2010 publiqué aquí un link a las fotos del tour de Francia del portal boston.com con el objetivo de convertirlo en tradición publico aquí, por tercer año consecutivo, el link a las fotos del tour de Francia de 2011. Simplemente IMPRESIONANTES.

http://www.boston.com/bigpicture/2011/07/2011_tour_de_france_part_1.html

y

http://www.boston.com/bigpicture/2011/07/2011_tour_de_france_part_2.html

A cuidarse
Javier Arias González

Saturday, July 16, 2011

Ya tengo plan para la Paris Brest Paris

¿Qué pasa "biciosos"?

Ya se que no tiene mucho sentido ponerse a planificar una salida en bici de 1.200 kilómetros. La cantidad de cosas que pueden pasar en las 90 horas hacen que por fuerza cualquier plan que hagas no se vaya a cumplir casi con toda seguridad.

Aun así no me he podido resistir y me he hecho un plan de ruta para la Paris Brest Paris


Básicamente el plan se reduce a:
  • Ponerme en marcha el Domingo día 21 a las 21:00
  • Es lunes; desayunar a las 8 de la mañana en Villaines la Juhel, 221 km
  • Comer en Fougéres a las 12:30, 310 km
  • Llegar a Loudeac a las 19:26, 449 km. Ducha, cena y a dormir.
  • Es martes; levantarme a las 4 de la mañana para volver pedalear
  • Comida en Brest, 618 km sobre las 13:22. No olvidarse de girar 180 grados.
  • Llegar a Loudeac, 782 km a las 22:28. Ducha, cena y a dormir que seguramente este cansado.
  • Es miércoles; levantarme a las 5 de la mañana y simula que te apetece volver a subirte a la bicicleta
  • Comer en Fougéres, 921 km; a eso de las 13:09
  • Llegar a Mortagne au Perche, 1090 km a eso de las 23:04. Ducha, cena y a dormir. No creo que tenga problemas para dormirme
  • Es jueves; levantarme a las 5 de la mañana
  • Llegar a Saint-Quentin-en-Yvelines 1230km a eso de las 13:13. Ducha, como seguramente tenga hambre comeré, como seguramente tenga sueño me acostaré a dormir. Muy posiblemente no me levante hasta el día siguiente
  • Donaré 120 libras a la investigación contra el cancer en mi página de Just Giving; a día de hoy, gracias a mis amigos de todo el mundo, ya he conseguido recaudar 956 libras.
Será curioso ver cuanto de este plan se cumple.

A cuidarse
Javier Arias González

I have a plan for the Paris Brest Paris

Yeah, I know. It is a bit of pointless to plan a route of 1,200 km. The amount of unexpected things that can happen in those 90 hours is so big that every plan you try to make is probably a waste of time.

Still I couldn't help it and ended up creating my route plan for the Paris Brest Paris.



The plan goes by:
  • I'll start pedaling on Monday 21st of August at 21:00
  • It's Monday; breakfast will be at 8:02 in Villaines la Juhel, 221 km
  • Launch in Fougéres around 12:30, 310 km
  • Arrive to Loudeac at 19:26, 449 km. Shower, diner and sleep; not sure if in that particular order
  • It's Tuesday; wake up 4:00 breakfast and start pedaling
  • Launch at Brest, 618 km around 13:22. Don't forget to turn around
  • Arrival to Loudeac, 782 km at 22:28. Shower, diner and sleep; I bet I'l be tired
  • It's Wednesday; wake up 5:00 and pretend that you want to get on the bicycle again
  • Launch in Fougéres, 921 km around 13:09
  • Arrival to Mortagne au Perche, 1090 km around 23:04. Shower, diner and sleep. I don't think I'll have problems to sleep
  • It's Thursday; wake up 5:00
  • Arrive to Saint-Quentin-en-Yvelines 1230km around 13:13. Shower; as I'll probably be hungry I'll eat, as I'll probably will be sleepy I'll sleep. Chances are I won't wake up until Friday
  • I'll donate 120 pounds to cancer research UK in my Just Giving page; as per today, thanks to my friends around the world, I have rised 956 pounds.
It will be funny to see how accurate end up being this plan.

Take care
Javier Arias González

Wednesday, July 6, 2011

Ya tengo dorsal para la Paris Brest Paris


English below

Ya está, ya tengo dorsal para la Paris Brest Paris. El 7143. Lo que significa que el 21 de Agosto a las 21:00 estaré en la Rond-Point des Saules en Guyancourt dispuesto a afrontar la etapa final de esta aventura que empezó allá por el mes de Octubre de 2010.

Con identica ilusión a la que estoy preparando esta Paris Brest Paris he estado recaudando fondos para la lucha contra el cancer en mi página de JustGiving. A día de hoy he recaudado 921 libras, con las aportaciones de amigos de todo el mundo. Estaría genial llegar a las 1200 libras que equivaldrían a los 1200 kilómetros que rodaré en esas 90 horas de Agosto.

A cuidarse
Javier Arias González

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Done, I now have the bike's number for the Paris Brest Paris. 7143. Which means that August 21st 21:00 I'll be at Rond-Point des Saules at Guyancourt ready to start the last stage of this adventure that started back in October 2010.

With identical illusion that I am preparing the Paris Brest Paris have been raising funds for Cancer Research UK at my JustGiving page. As per today I have raised 921 British Pounds from friends all around the world. It would be great to reach the 1,200 mark equivalent to the 1,200 kilometers I'll ride on those 90 hours.

Take care
Javier Arias González

Monday, June 20, 2011

Quebrantahuesos 2011

¿Qué pasa "biciosos"?

Se sale rodando muy rápido.

En cuestión de segundos perdimos a Eduardo; se quedó por detrás.

Miles de ciclistas atavesando Sabiñánigo. Yo tranquilo. Concentrado. Atento a los ciclistas que están a mi alrededor, ligeramente pendiente de Jesus, ausente de todo lo demás.

Nos costó encontrar un grupo para rodar camino de Jaca. De hecho no creo que llegásemos en ningún momento a encontrar un grupo. Saltábamos de un grupo a otro que parecía llevar un ritmo más adecuado, pero no permanecíamos mucho tiempo en el, enseguida saltábamos a otro grupo que prometía mejor ritmo.

Mejor, que no necesariamente más rápido. Atención, no tensión. Ritmo, no desgaste.

Cerca de Jaca me di cuenta que había perdido a Jesus, se había quedado por detrás.

Sólo. Atento, concentrado, tranquilo, controlando.

Somport empieza suave. Grupos de ciclistas me adelantan, ruedan a mucha velocidad. Adelanto a grupos de ciclistas, suben muy despacio. Yo a mi ritmo, cómodo, centrado en mi mismo.

Siento que se me cae una barrita. Miro para atrás, al suelo. Es una Special K. Lo siento, es una cerdada, pero no paro. Tengo suficientes barritas. Estoy subiendo. Hay muchos ciclistas. Siempre tengo disculpas.

Justo antes del avituallamiento vi al hermano de quien nos había alquilado la casa en Orós Bajo. Sabía que le conocía pero no quien era. “Yo a ti te conozco” grité. Me sonrió y me saludó con un movimiento de cabeza. Al ver como se movía caí en quien era. Demasiado tarde.

En el avituallamiento de Canfranc alguien grita que está lloviendo en la parte francesa. Lo esperábamos; yo también, por lo que no me inmuto.

Me ofrecieron un vaso de gatorade. Lo tomé sin parar. Me lo bebí. ¿Qué hago con el vaso? Hay muchos por el suelo, pero yo lo llevo en una mano hasta que paso al lado de un espectador. Le entrego el vaso y le pido que lo tire.

Frontera con Francia. Me invaden los recuerdos, frio, niebla, lluvia, igual que el año pasado. Me llama la atención una chica. Sobresale del resto de los espectadores, está ofreciendo periódicos. Yo cojo uno.

Muchos son capaces de ponerse el periodico sin parar. Yo no. Yo paro; meo, me pongo el periódico, me doy cuenta de que he perdido un manguito, me pongo en el brazo derecho el que me queda. Me pongo el chubasquero, saco un plátano y me pongo en marcha. La cuestión es ponerse. Me he cronometrado dos minutos de parada.

Concentración. Atención. Se que la bajada es complicada. Está lloviendo, hay niebla. No se ve bien. Oigo pitidos, alguien está haciendo sonar un silbato. Entre la niebla aparece un voluntario con chaleco reflectante agitando una bandera roja mientras sopla su silbato. Viene una curva peligrosa. Es el momento de arrepentirse de no haber cambiado las zapatas de frenos el día anterior; pero mi norma es clara: no estrenar nada el día de una prueba. Nada, ni siquiera las zapatas de frenos. Haberte dado cuenta antes. Ahora céntrate en el descenso.

Seguramente hacía frío; yo no me acuerdo. Seguramente el paisaje era precioso, pero apenas podía ver unos metros delante de mi. Seguramente merecen más, pero no pude dejar de gritar un GRACIAS a cada voluntario que había decidido pasar la mañana de un sábado agitando una bandera y haciendo sonar un silbato unos metros antes de cada curva peligrosa.

Rápido, muy rápido se llega al valle. Rápido, muy rápido se rueda; el terreno es favorable.

Comer. El plan era comer en este punto. Una barrita. Beber. Pero agua. No mezclar barritas con líquido isotónico, no me acuerdo del porqué. Otra barrita; bebe un poco más de agua.

Me adelanta un grupo. Acelero para ponerme a rueda. Los que van delante me salpican. Hecho de menos los guardabarros que llevamos en Inglaterra.

Nuestro grupo alcanza a otro. Los adelantamos y parte del grupo alcanzado se suma a nosotros. Así varias veces. Al poco el grupo es muy numeroso y sigue siendo rápido. Un buen grupo.

Yo concentrado. Silencioso. Pensando siempre donde colocarme. Atento a las frenadas, a los acelerones. Caí en la cuenta de lo mucho que había aprendido a rueda de los Kingston Wheelers. Me sentía cómodo, no me costaba.

De repente el giro a la derecha. Lo reconocí. Era el comienzo de la Marie Blanque. La carretera se estrecha. La velocidad dismimuye. Paro a mear, me quito el periódico, el manguito y el chubasquero. Yo lo decía Javi “si luego te sobra todo”.

Los primeros kilómetros son sencillos. La carretera esta llena de ciclistas, adelanto a muchos, me adelantan pocos, pero yo no estoy forzando. Observo. Un ciclista grita, está de cachondeo. Muchos hablan. El ambiente es distendido. Yo no me dejo llevar por la euforia, en la dama blanca he sufrido; tiene mi respeto.

Los kilómetros buenos pasan rápidos y llegan los malos, que pasan muy despacio. Eternos, interminables, pesados, duros. El plan decia “mételo todo y sube lo más relajado posible; regula, ahorra”. Eso hice. Aun así subía rápido respecto a los que me rodeaban.

La mirada al frente. La carretera encajada entre verdes laderas. La bruma aporta ese toque onírico, celta. La carretera en pendiente, dura pendiente, llena de ciclistas. Cientos de ciclistas.

El silencio...

El silencio de los que se esfuerzan, el de los que se tienen que bajar de la bicicleta. El silencio hermano de la épica. El silencio de los que sufren. Yo no sufro, pero también subo en silencio; respetuoso, “enmimismado”.

Y cuando el silecio se rompe lo rompen los ánimos. Estamos llegando a la cima y aparecen los espectadores. Con megáfonos, disfrazados de diablo, diciendo que ya lo tenemos hecho, que ya estamos arriba. Emocionante.

Me ofrecen otro periódico. Me vuelvo a poner el chubasquero. El manguito no me lo pongo, total es uno sólo. Empezamos el descenso.

Enseguida pasamos sobre un control de tiempo. Según mi pulsómetro llevo cuatro horas de recorrido. No es un buen tiempo; Eduardo dijo ayer que tu tiempo en Marie Blanque por dos es tu tiempo en la Quebrantahuesos. Según esa teoría acabaré en 8 horas. Justo... ¡muy justo!

Y sin embargo, yo tranquilo, con calma. El pensamiento sólo ocupó unos segundos de mi mente. El plan era comer. Saco una barrita y empiezo a comerla.

Demasiado pronto. El descenso es vertiginoso. No tengo tiempo para comer, frenar y negociar las curvas. Vuelvo a meter la barrita en el bolso y me centro en el descenso.

Precioso. El valle. El pueblo blanco de tejados grises. La carretera que serpentea ladera abajo. Los voluntarios avisando. La carretera seca y en perfecto estado. Como casi siempre, me pasa por la mente la idea de que subir esta bajada tiene que ser divertido; es la señal del que disfruta subiendo más que bajando.

La lección aprendida es que se come en el valle. Cuando notes que tienes que dar pedales para avanzar es el momento de empezar a comer. De ignorar a los que te adelantan. De probar a quitarte el chubasquero en marcha, como los profesionales. De conseguirlo sin que se tambalee la bicicleta. Dos barritas y sendos tragos de agua. Las sensaciones son buenas.

Y tan absorto estaba en ellas que sin darme cuenta estábamos en el comienzo del Portalet. El juez de la quebrantahuesos. Una breve parada a mear, me pongo en marcha y apareció el pensamiento del control.

Hasta entonces lo había sentido. Durante todo el recorrido había sentido que estaba controlando la situación, pero aqui el sentimiento se transformó en idea, en pensamiento, y me ocupó durante varios kilómetros.

La pedalada ágil, la velocidad alta y aun así fiel a la religión de los que regulan. Los kilómetros vuelan acompañados de la sensación de estar haciendo las cosas bien. De saber lo que va a pasar, de estar seguro de reaccionar bien. La comida, la bebida, la metereología, las fuerzas, los ciclistas, todo está bajo control, todo fluye... Inevitablemente me viene a la mente el “estado de flujo” que me explicaba mi cuñada y mi hermano el otro día. Que se te venga a la mente el concepto es seguramente una señal de que no lo has alcanzado ese estado, pero la sensación de control era real siendo, necesariamente, producto de mi imaginación.

En el avituallamiento líquido pido que me rellenen el botello de agua. Pregunto cuanto queda hasta el siguiente avituallamiento. Me dicen que 5 kilómetros pero yo se que son más, por lo menos 8 ó 9.

Raros estos kilómetros. A veces duros, a veces suaves, siempre para arriba. Me adelantan más que adelanto. No todo el monte es orégano. Regula, que sabes como hacerlo. Fue lo primero que aprendistes de Raul, el abuelito. Me alegro cuando un kilómetro tiene menos de un 7% de desnivel, la velocidad aumenta. Me regulo si la pendiente es más alta.

Ruedo ausente. No me quedan recuerdos.

Hasta que apareció la presa. Tan majestuosa como repentina. Señal de que el avituallamiento esta cerca. Una disculpa más para el optimismo a la que en breve se le sumó un tramo llano, incluso cuesta abajo, donde rodé muy rápido. Se acercaba mi parada en un avituallamiento.

Voluntarios sujetándote la bicicleta mientras tu rellenas bidones, cojes geles, barritas, platano, manzana un trozo de sandwich de jamon york y queso. Mear, estirar un poco y montarse de nuevo en la bicicleta. Aunque sea poco tiempo se nota la mejoría física y anímica. Y eso es bueno porque el puerto es largo. Todavía quedan otros 9 ó 10 kilómetros.

Kilómetros que hago regulando, jugando con los cambios, buscando el ritmo cómodo que pueda sostener. Sonriendo a los que me animan desde las cunetas, admirando el paisaje, disfrutando de la subida, de la sensación de control.

Hasta que te invade la emoción. Los espectadores se han multiplicado con el paso de los kilómetros. No se si el terreno se volvió más favorable o es que los ánimos me empujaban, pero ya no podía dejar de sonreir mientras aceleraba en la bicicleta.

Lágrimas. Tan ciertas como sentidas. Es la expresión del agradecimiento combinado con la alegría y el optimismo. David estaba allí animándome, pero yo no me enteré. Concentrado, emocionado, preparándome para el descenso y con la mente haciendo calculos temporales no me enteré de su grito de ánimo. Tenía ganas de descener.

Y esas ganas se transformaron en 77.8 km/h, mi record de velocidad sobre una bicicleta. La carretera es ancha, con visibilidad, invita a lanzarse. Yo lo hice. Pedaleando cuesta abajo. Buscando arañar segundos.

El giro a la izquierda. Ese que no vi el año pasado. Rodear el pantano y hacerlo a buen ritmo. Sólo, adelantando ciclistas, buscando el último puerto. Y cuando lo encontré lo metí todo y subi abriendome paso entre ciclistas; muchos ciclistas. Espectadores, muchos espectadores. Animos, muchos ánimos. No sentía que pudiese atacar el puerto, pero si sabía como defenderme. Y me defendí muy bien.

Me contaron que en Hoz de Jaca hay un avituallamiento líquido. Yo no lo ví. Yo me lancé al descenso sin descanso. Mucha atención en dos curvas peligrosas que no sólo tenían sus voluntarios sino que además tenían colchonetas en la parte exterior de la curva.

Hoz de Jaca se desciende en muy poco tiempo. Pero es suficiente para hacer que la cuesta que te saca a la carretera principal duela. Te clava, te baja a la tierra.

La carretera general es cuesta abajo, pero enseguida apareció el viento de cara. De cara entrando por la derecha. Búscate un grupo y asegurate de tener a la derecha a un ciclista.

El grupo parece bueno pero no tiran, no rodamos muy rápido. Voy progresando hasta las posiciones de cabeza. Me interesa que el grupo vaya más rápido. Colaboro, yo no es necesario reservar. Ahora sólo importa llegar... cuanto antes.

El último repecho viene acompañado con un giro a la izquierda. Repentinamente el viento ha pasado a darnos de culo. Es la señal para disparar los ataques, los sprints. Yo no entro en el juego. Voy rápido, pero no compitiendo con ninguno de los que me acompañan, no tiene sentido. Tomo la última curva y encaro la recta de llegada. Me levanto sobre la bicicleta pero no sprinto. De pie sobre la bici, me siento poderoso; pero me canso antes de cruzar la línea de llegada por lo que vuelvo a sentarme.

Lo conseguí; conseguí mi objetivo. Había acabado la Quebrantahuesos en menos de ocho horas. Nada más oir el pitido del detector del chip me paré a la derecha. Saqué el teléfono móvil y llamé a casa. Al poco uno de los de seguridad me dijo que tenía que irme. Jaime me llamó desde el otro lado de la valla, en el giro a la izquierda desmonté de la bicicleta y caí en la cuenta de lo que acababa de hacer.

Acabé la quebrantahuesos en menos de ocho horas y no había sufrido. Mis pulsaciones máximas habían sido 163 ppm y las medias sólo 135 ppm. No me había exprimido. Se queda uno con la sensación de que así no vale; esta no parece forma de cumplir un objetivo, pero que contento estaba.


Los números de la ruta:

  • Kilómetros: 199.69
  • Tiempo rodando: 7:35:30
  • Tiempo total: 7:48:07
  • Tiempo parado: 00:12:37
  • Velocidad media: 26.20 km/h
  • Velocidad máxima: 77.8 km/h
  • Pulsaciones medias: 135 ppm
  • Pulsaciones máximas: 163 ppm
  • Calorías consumidas: 5.332 Kcal
  • Es la 44 vez que montaba en bici de carretera. 
Datos de los organizadores:

  • Tiempo total: 7:48:07
  • Tiempo en la Marie Blanque: 3:59:42
  • Tiempo en Hoz de Jaca: 7:13:52
  • Velocidad media: 26,28
  • Dorsal: 9044
  • Categoría: E (35 a 44 años)
  • Posición general: 3.334 de 8.715
  • Posición en mi categoría: 1454 de 3386

pd. Al desvestirme me doy cuenta de que en realidad no había perdido un manguito. Lo tenia al fondo de uno de los bolsillos.

La crónica de Pablo en el blog del pakefte.

La representación del Pakefte en la Quebrantahuesos 2011

A cuidarse
Javier Arias González