Sunday, July 1, 2012

Quebrantahuesos 2012 - A la tercera un resultado inesperado...

Tenía señales opuestas de cara a la Quebrantahuesos de este año.

Por un lado había rodado más kilometros que nunca. El año pasado había rodado unos 4.500 kilómetros antes de la Quebrantahuesos, incluyendo un 400 y un 600 y este año había rodado 6.000 kilómetros. Un 33% más de kilometros.

Pero por otro lado en las tres últimas semanas había viajado demasiado. Primero una semana en San Francisco, luego una semana con dos viajes a Madrid y luego un viaje a Zurich en la misma semana de la Quebrantahuesos me había dejado con pocas horas de bicicleta justo en las tres últimas semanas antes de la Quebrantahuesos.

A pesar de todo yo me mantenía en mi objetivo, bajar de las 7 horas 48 minutos 7 segudos que había sido mi tiempo oficial en la Quebrantahuesos del 2011.  Estimaba yo que un tiempo de 7 horas y 45 minutos era posible y así lo contaba en la cena del viernes a los amigos del Pakefte.

El sábado me levanté a las 5 de la mañana. Con mucha calma me tomé un plato de ensalada de pasta, luego un bol de muesli y acabé con un cola-cao con galletas maría, yo siempre he sido un chico cola-cao. Buen desayuno me marqué.

Tomé la última decisión sobre la equipación, no me llevaré los manguitos pero si el chubasquero, y muy tranquilamente recorrí los 10 kilómetros que hay desde Orós Bajo hasta Sabiñánigo.

Primer contratiempo. El pulsómetro se ha roto y no se sostiene en el manillar. Me lo meto en uno de los bolsillos para que grabe el recorrido, pero me va a tocar hacer la ruta sin saber mis pulsaciones, voy a tener que guiarme por mis sensaciones. Tampoco voy a poder saber cuanto tiempo llevo rodando sin sacarlo del bolsillo en marcha. Pues que bien...

Llegué a la salida a las 6:30 y ya había muchos ciclistas esperando.
Todos estos estaban por delante de mi. Al fondo el arco de la salida
La concentración de ciclistas 10 años más jóvenes que yo, con 10 kilos menos que yo y con las piernas afeitadas me dio una pista de que me había juntado con los machacas, y no tengo claro si eso es bueno o mal...

Pero, ¿Y a mi qué? Me senté tranquilamente en un trozo de cesped y me dispuse a relajarme, me quedaba una hora hasta la salida. Paz interior y calma mientras veía ciclistas intentando, y muchos de ellos consiguiendo, colarse para salir lo más adelantados posibles.

A las 7:00 me comí un plátano que llevaba. A las 7:15 me levanté y estiré un poco los músculos. A las 7:30 sonó el chupinazo. A las 7:35 nos poníamos en marcha.

La salida es rápida, pero no salvaje. Hay muchos ciclistas y la sensación que tengo es que todo el mundo está tratando de ser prudente para evitar caídas.

Enseguida encuentro un grupo en el que acoplarme. Se rueda rápido pero yo voy muy cómodo.


En el kilómetro 30 me como una barrita energética, una SIS Go Energy Bar de 55gr (este año me planifiqué qué comer y en qué momento hacerlo por lo que voy a marcarlos aquí para acordarme para otros años).


Miro la velocidad y veo que rodamos a 37 km/h, nada especial para rodar en grupo. Lo que me llamó la atención es que la señal indicaba que esa velocidad era por debajo de la media. ¡Pues si que se nota esto de rodar en grupo!


Enseguida empiezan las primeras rampas de Somport. El grupo de despedaza, pero a mi no me importa, yo pongo mi ritmo y me tomo un gel, un SIS GO + L-Carnitine Gel.


Hago toda la subida sentado a un ritmo constante y casi sin darme cuenta llego al primer avituallamiento. No paro, sigo subiendo hasta la frontera con Francia.


Ahí si que paro. Por tercer año consecutivo paro a mear en la misma esquina. Miro el cuenta y veo que llevo una velocidad media de 30km/h. Me parece mucho, pero como no tengo el dato del año pasado pues no se que pensar. Enseguida me pongo en marcha; este año, a diferencia de los dos anteriores, no me abrigo. La temperatura es agradable por lo que decido iniciar el descenso en manga corta. 

En el descenso me doy cuenta de que no soy nada bajador. Me pasan ciclistas pidiendo paso por la izquierda y por la derecha y eso hace que baje aun más despacio.

Aun así enseguida se llega al final del puerto y como la carretera es favorable se rueda muy rápido. Se forma un grupo de unos 50 ciclistas y me acoplo en medio.

Es espectacular rodar en un grupo así. Grande, rápido, sin tráfico. La velocidad es muy alta, pero no se corresponde con la sensación de esfuerzo que estás haciendo y eso provoca un tanto sensación extraña, una euforia por una fortaleza que sabes que no es cierta.

El pelotón entra en las rotondas a toda velocidad. Se divide la mitad por un lado la mitad por otro, para volver a juntarse a la salida de la rotonda. Es como en la tele. Me como otra barrita, otra SIS Go Energy Bar de 55gr.

De repente aparecieron unos voluntarios cortando la carretera. Nos indicaban que teníamos que girar a la derecha. ¡Ya estábamos en Escot!

Y en Escot empieza la Marie-Blanque. Justo antes de hacer el giro a la derecha meto el plato mediano. Nada más pasar el pueblo, también por tercer año consecutivo, me paro a mear. Me pongo en marcha y me tomo otro gel, un GO + Caffeine Gel

La subida a la Marie-Blanque la hago sin forzar, aun así no meto el 28 hasta los últimos kilómetros.

Menuda bendición el 28. Me permite pedalear con una cadencia "cómoda", en las partes más duras me levanto de la bici por unos metros, pero enseguida me vuelvo a sentar. Subo a unos 10km/h y estoy adelantando a un montón de ciclistas. 

Los gritos de ánimo te confirman que estás coronando y justo al coronar nos toman los tiempos (el año pasado los tomaban unos kilómetros después de haber coronado, donde el avituallamiento). Saco el pulsómetro del bolsillo para comprobar que tiempo llevo.

¡¡¡ANDA MI MADRE!!!  ¡¡¡¡3 horas 25 minutos!!!! ¿Pero que coño ha pasado? Miro el cuenta y dice que llevo una media de 30km/h. 


Jamas en una salida ciclista había hecho 30km/h de media. ¿Cómo puede ser que lleve esa media después de 100km con dos puertacos?

Esto es la leche. El año pasado en la Marie-Blanque llevaba 4 horas. Mejorar 35 minutos en 100km es mucho y yo no sentía que hubiese hecho más esfuerzo que el año pasado. Si me hubiesen preguntado habría dicho que me había esforzado lo mismo.

Automáticamente, sin proponérmelo, sin pensarlo, fue un acto reflejo, reajusto mi objetivo. Nada de bajar de 7:48 voy a por las 7 horas. Se dice que el tiempo que hagas en la Marie-Blanque es la mitad del tiempo que harás en la Quebrantahuesos, de hecho el año pasado yo había hecho 4 horas hasta la Marie-Blanque y 3h 48m más hasta Sabiñanigo. Ir a por las 7 horas sonaba a loco pero yo me encontraba bien. ¿por qué no intentarlo?

Tampoco paré en el avituallamiento de la Marie-Blanque. No por el nuevo objetivo, en mi plan no entraba parar en los avituallamientos más que para coger agua, y de momento tenía.

Una voluntaria ofrecía geles a los ciclistas que pasaban sin parar. Alargué la mano y cogí uno. Lo guardé en un bolso pero no tenía intención de tomarlo, una de mis reglas es no probar nuevos alimentos/bebidas en las rutas que tengo como objetivo.

El descenso de la Marie-Blanque me encanta. Enseguida tienes una vista del valle preciosa y todo el descenso se hace con esa vista.

Nada más llegar al valle me encontré en medio de un buen grupo. Rodaba a buen ritmo, pero la gente aprovechaba para comer. Mi plan era el mismo, me comí una barrita energética, otra SIS Go Energy Bar de 55gr. En pelotón nos hicimos todo el valle, que no es mucho, porque el Portalet llega en muy poco tiempo.


Al empezar el Portalet el grupo de dispersa. Unos siguen al mismo ritmo que rodaban por el valle y yo no puedo seguir ese ritmo. Otro empiezan a tomárselo con más calma, pero para mi eso es demasiado lento. Total, que me encontré sólo. 


Sólo hasta que a los cinco minutos me adelantó un ciclista a un ritmo ligeramente superior al mio. Sin ningún tipo de pudor me puse a su rueda. Él sabía que yo estaba allí, pero no afectó a su ritmo ni pareció molestarle por lo que a su rueda me quedé.


Era un buen ritmo. Exigente, pero no mortal. De pie en algunos repechos, sentados la mayoría del tiempo. A su rueda aproveche para tomarme otro gel, un SIS GO + L-Carnitine Gel y, además, me bebí lo que me quedaba de líquido. 


Quedarse sin líquido es un problema, pero en mi caso estaba en el plan parar en el primer avituallamiento líquido del Portalet a rellenar los botellos. La temperatura, sin ser excesivamente calurosa, era bastante alta por lo que haber bebido dos botellos a estas alturas está bien.


Me dio pena porque el ciclista cuya rueda estaba chupando con total descaro no paró en el avituallamiento y yo sabía que sólo no iba a subir a ese ritmo, pero seguir sin agua no era una opción. Me paro. Lleno los dos botellos de agua, en uno de ellos echo los polvos mágicos (Isostar Hydrate&Perform de limón), meadita e inmediatamente me pongo en marcha. Si todo se daba bien esa sería mi última parada; quedaban 70 kilómetros hasta Sabiñánigo.


Como preveía mi ritmo rodando sólo no era ni de lejos el ritmo al que subía chupando rueda. Pero qué se le va a hacer. De todas formas el Portalet es un puerto que me viene bien. Largo, pero con pendientes llevaderas. Ideal para subirlo a ritmo, y eso me gusta.


A ritmo, a ritmo empecé a adelantar gente y entre ellos algunos con el dorsal de otro color. Uno de estos ciclistas me saludó mientras lo adelantaba y me preguntó que tal iba. "Bien" le dije, "subiendo al tran-tran". No pude resistirme y le pregunté por el color de su dorsal. "Es que soy de los del cajón de las 7 horas" me dijo, "los que el año pasado bajamos de 7 horas tenemos un cajón de salida y salimos un poco antes que los demás". 


Mi primer pensamiento fue "y, entonces ¿porqué vas tan despacio?", pero no lo expresé en voz alta porque habría sido muy descortés. El tío tenía pinta de profesional total, fino como un palo y rodaba en una pepino bici. No era normal que yo le adelantase.


Sin yo pedirle explicaciones me contó que acababa de sufrir una pájara y que estaba recuperándose, pero que su objetivo era bajar de 7 horas. 


Yo me alegré, si su objetivo era bajar de 7 horas y yo le estaba adelantando (y no sólo a él) la cosa no iba mal.


Al poco apareció la presa. Imponente, majestuosa. Por la experiencia del año 2010 yo sabía que desde que la ves hasta que llegas a ella hay que subir, pero este año me sorprendió lo rápido que me encontré en el llano. Fue la primera vez que se me pasó el concepto del retraso colectivo. Esto estaba siendo todo un montaje, el reloj estaba contando los segundos más despacio de lo normal y los ciclistas estaban todos rodando más despacio de lo normal para que me saliese todo bien, para que yo me sintiese mejor, para poder tener un buen día de bici. 


Y yo me encontraba bien. Tan bien que ni siquiera miré al avituallamiento, seguí de largo al ritmo al que venía subiendo. Me encontraba bien y no tenía pensado parar, estaba disfrutando de la subida. Notaba la dureza, pero no me estaba matando, estaba bajo control.


Pero el disfrutar no dura mucho; porque el Portalet tiene su miga. Los últimos 9 kilómetros tienen rampas que sin ser muy duras aparecen cuando ya las fuerzas empiezan a escasear. Es el momento de aguantar, de controlar, de gestionar el ritmo. Y yo creo que lo hice muy bien porque en ningún momento me llegué a sentir mal. De hecho disfruté mucho de los ánimos que los espectadores daban desde la cuneta (aunque yo creo que este año había menos gente). 


Eso si, en cuanto coroné saqué el pulsómetro del bolsillo y comprobé los tiempos. La cosa no pintaba bien, llevaba rodando 5 horas y 55 minutos, me quedaban 50 kilómetros con Hoz de Jaca por medio, tendría que hacerlos en una hora. Difícil iba a estar la tarea pero me subí la cremallera del maillot y puse rumbo a España a toda máquina. 


La bajada del Portalet por la parte española es muy rápida. Está abierta al tráfico, pero la carretera es tan ancha, el firme está en tan buen estado y la visibilidad es tan buena que lo suyo es ponerse en el centro de tu carril y no dejar que te adelante ningún coche. 72,4 km/h pille en esa bajada, y eso que, como he dicho, yo no bajo nada bien. 


De repente, por sorpresa, porque yo no tenía muy claro donde exactamente se tenía que hacer, apareció el giro a la izquierda para rodear el pantano que precede a la subida de Hoz de Jaca. Aprovecho para tomarme un último gel, un Isostar Gel Energy de limón, y sin dejar de apretar el ritmo afronto las primeras rampas de Hoz de Jaca.

Lo de apretar el ritmo en realidad se acabar muy rápido. ¿qué serán, 200 metros? Enseguida el desnivel te pasa del modo "aprieto en el repecho" al "ritmo de supervivencia". A pesar de todo, mi ritmo de supervivencia era más alto que el de la mayoría de los ciclistas que estaban a mi alrededor y eso hacía que me subiese haciendo eses para adelantar a mis "compañeros de fatigas".

En Hoz de Jaca había bastante gente animando y debido a lo estrecha que es la "carretera" se siente más la cercanía del público. Eso, sumado a la tensión de los últimos esfuerzos, hace que, para mi, fuese la parte más bonita de esta Quebrantahuesos.

Coroné Hoz de Jaca y antes de iniciar el descenso tuve tiempo de echar un vistazo rápido al pulsómetro. 6 horas 30 minutos. Me quedan unos 25 kilómetros. Tendría que hacer una media de unos 50km/h para poder hacer menos de 7 horas. El terreno era favorable, pero no me pareció que fuese posible.

Pero yo no quise tenerlo en cuenta. Cabezón que es uno...

No puedo decir que bajé muy rápido porque la bajada de Hoz de Jaca es peligrosa (además este año noté que no habían puesto colchonetas en las curvas más peligrosas); pero además de peligrosa es también muy corta por lo que enseguida te encuentras a la altura del pantano otra vez.

Y aquí pasan tres o cuatro cosas muy seguidas. Primero ruedas por encima de la presa, lo cual tiene su punto. Inmediatamente después entras en un tunel y como llevas gafas de sol puestas no ves nada; sigues de frente pedaleando con la esperanza de que en el suelo no haya nada que te pueda hacer caer. Nada más salir del tune te toman el tiempo (ahora mismo no estoy del todo seguro de si es antes o después del tunel). Y unos metros después, sin anestesia, aparece una rampa corta, pero dura, que te incorpora de nuevo a la carretera general.

Cuesta ese cambio de ritmo; y se nota en lo atrancados que subimos todos. Yo trato de bajar piñones para coger cadencia y ritmo. Ritmo de samba.

Enseguida se forma un grupo de unos 20 ciclistas. Todos parecen con la adredalina a tope. Unos gritan consignas tratando de que se organicen relevos, todos quieren apretar en estos kilómetros y todos sabe que un grupo organizado es lo mejor.

Pero que un grupo haga relevos correctamente require coordinación y cierta experiencia de todos los ciclistas; como muy bien sabemos en el Pakefte es más complicado de lo que parece. Como no podía ser de otra manera el resultado es un tanto caótico. Relevos que más que relevos son ataques, el que da un relevo y que una vez en cabeza reduce su velocidad por debajo de la que llevaba el grupo, cosa que automáticamente provoca otro relevo-tirón que vuelve a estirar el grupo y a poner a todos al límite. Rodamos a mucha velocidad si, pero no estamos siendo eficientes.

A muchos ciclistas les cuesta entenderlo, pero la forma de rodar rápido en grupo requiere que cuando vas a rueda del pelotón vayas recuperando de manera que cuando te toca el relevo puedas mantener la velocidad el grupo; y es en el tiempo en el que ruedas en cabeza cuando te exprimes, pero el resto del tiempo no pasa nada porque sientas que puedes dar más, es cuestión de esperar a que te vuelva a tocar el turno. La carretera es muy larga y hay mucho tiempo para cansarse.

Por suerte los kilómetros van poniendo las cosas en su sitio y el ritmo exigente, los tirones y los kilómetros acumulados empezaron a hacer mella en muchos ciclistas que pasaron de mostrarse eufóricos a preferir dejar que los guiasen. Este tramo de carretera tiene su complicación. Pica para abajo, pero tiene un par de repechos, el viento, por segundo año consecutivo (en el año 2010 no recuerdo si había viento o no) soplaba de la derecha ligeramente de cara, no era mucho, pero se notaba. Yo, interesado en llegar lo antes posible, había entrado en los relevos tratando de hacerlo lo mejor posible. A mis relevos les siguieron otro par de relevos bastante buenos de otros dos ciclistas y al poco ya estaba claro que éramos tres los que tirábamos del grupo.

Nuestros relevos no eran equilibrados. Uno de los ciclistas daba relevos más largos, el otro un poco más cortos y yo daba los relevos más cortos de los tres. Trataba de ayudar lo más posible pero tampoco estaba yo para tirar cohetes. De hecho cuando ya estábamos llegando a Sabiñanigo le tuve que gritar a los otros dos que no podría dar el relevo que me tocaba y me tuve que acoplar a su rueda y conformarme con aguantar el ritmo. 


Justo antes de entrar en Sabiñánigo la carretera hace un giro hacia la izquierda y el viento que soplaba de cara por la derecha pasa a soplar de culo. Momento que aprovecharon dos ciclistas para saltar del grupo "atacando" de cara a "ganar" el sprint. 


Los dos ciclistas que habían hecho relevo conmigo y que rodaban en cabeza en ese momento les chillaron enfadados. Tal fue la cosa que los dos que habían saltado aflojaron el ritmo y se pusieron ellos en cabeza del grupo a rodar.

Pero ya habíamos llegado. Es una cuesta abajo, un giro de 180 grados y te quedan unos 200 metros ligeramente cuesta arriba para acabar. Esprintas con lo que te queda y cuando oyes el pitido de que te han tomado tiempo te sientes liberado. Es el momento de poner el plato pequeño, bajar piñones y recuperar el aliento.

Saco el pulsómetro y veo que marca 7 horas y 5 minutos. Sabía que lo había puesto en marcha cuando empezamos a movernos, unos minutos antes de que me tomasen el tiempo oficial, pero también sabía que no habían sido 5 minutos antes. No había podido bajar de las 7 horas, pero no pasa nada. Mejorar mi tiempo del año pasado en 45 minutos lo hubiese firmado antes de la salida. Además, así ya tengo fácil un objetivo para el año que viene ;-)


Dicen que es de oro, pero después de morderla yo creo que oro no es
Los números de la ruta:
  • Kilómetros: 200.00
  • Tiempo rodando: 6:59:52 (en 2011: 7:35:30)
  • Tiempo total: 7:05:08 (en 2011: 7:48:07)
  • Tiempo parado: 00:5:17 dos veces a mear y una tercera vez a llenar los botellos y a mear. Dificilmente podré parar menos. (en 2011: 00:12:37)
  • Velocidad media: 28.5 km/h (en 2011: 26.20 km/h)
  • Velocidad máxima: 72.4 km/h (en 2011: 77.8 km/h)
  • Pulsaciones medias: 141 ppm (en 2011: 135 ppm) pues va a ser que no hice el mismo esfuerzo...
  • Pulsaciones máximas: 167 ppm (en 2011: 163 ppm)
  • Calorías consumidas: 5.118 Kcal (en 2011: 5.332 Kcal). ¡Que raro es esto! Más pulsaciones medias pero he consumido menos calorias. Yo no lo entiendo.
  • Link a Strava: app.strava.com/rides/11607939
Datos de los organizadores:
  • Tiempo total: 7:02:40 (en 2011: 7:48:07), 00:45:27 menos que el año pasado
  • Tiempo en la Marie Blanque: 3:25:38 (en 2011: 3:59:42) 00:34:04 menos que el año pasado
  • Tiempo en Hoz de Jaca: 6:30:24 (en 2011: 7:13:52) 00:43:28 menos que el año pasado
  • Velocidad media: 29.0 km/h (en 2011: 26,28 km/h)
  • Dorsal: 9154 (en 2011: 9044)
  • Categoría: E (35 a 44 años), igual que el año pasado
  • Posición general: 1.770 de 7.588 que empezaron y 7.293 que acabaron (en 2011: 3.334 de 8.715) he mejorado 1.564 puestos.
  • Posición en mi categoría: 838 (en 2011: 1454 de 3386)
Análisis de la señorita pepis:
  • De los 45 minutos que he mejorado este año, 34 de ellos los gané en la primera mitad del recorrido, en el control de tiempos de la Marie-Blanque.  Yo creo que mucho ha tenido que ver el haber cogido grupos rápidos tanto a la salida de Sabiñánigo como entre Somport y Escot. 
  • Si a esto le sumamos que mi sensación de esfuerzo fue similar a la del año pasado y le restamos los 7 minutos menos que he parado este año se ve claramente lo importante que es salir lo más adelantado posible para hacer buenos tiempos.
  • Este año he parado 00:5:17, dos veces a mear y una tercera vez a llenar los botellos y a mear. Como no pienso aprender a mear en marcha va a ser dificil que pueda parar menos en futuras ediciones.
  • La clave para mejorar tiempo creo que estaría en el Portalet. Es decir que tendría que entrenar a subir un puerto de 28 kilómetros cuando tenga 125 kilómetros en las piernas. Pues va a ser difícil poder entrenar esto en Inglaterra.

A cuidarse
Javier Arias González

Friday, June 22, 2012

The Rider - Tim Krabbé

¡El libro sobre ciclismo que más me ha gustado! Y dudo mucho que encuentre otro que me vaya a gustar más. Así de rotundo.

Me ha parecido, simplemente, impresionante.

El libro es la crónica de una carrera en la que participó el autor contada desde la perspectiva de lo que se le pasa por la cabeza.

¡Que maravilla! Me enganchó, me sentí identificado con el protagonista, con las situaciones que describe, incluidas las divagaciones mentales.

Es sorprendente descubrir que muchos de los sentimientos y sensaciones que tengo sobre la bicicleta las ha sentido y descrito con tanta precisión Tim Krabbé hace más de 35 años.

Os dejo aquí algunas de las frases que me han llamado la atención, pero no os quedéis sólo con la idea de este puñado de frases, el libro resultará apasionante para cualquier aficionado al ciclismo:
  • Always attack as late as you can, but before the others do. Henri Pélissier (Ataca lo más tarde que puedas, pero antes de que lo hagan los demás)
  • Racing is licking your opponent's plate clean before starting on your own. Hennie Kuiper (Correr [en bici] es rebañar y dejar limpio el plato de tu oponente antes de empezar con el tuyo)
  • It's weird that you already know it but your body doesn't. (Es extraño el que tu lo sepas pero tu cuerpo todavía no [en referencia a lo que te espera cuando te acercas a un puerto de montaña])
  • If only I'd come down with a puncture. How often, fighting away in a long beaten peloton that nonetheless lay down a hellish tempo I could barely follow, have I longed for a flat tire? A punture permission from beyond to stop the dying. For years, something kept me from talking to other riders about that longing, but when I did it turned out they al knew the feeling. (Ojalá hubiese tenido un pinchazo. ¿Cuantas veces, luchando contra el ritmo infernal de un peloton al que a duras penas puedo seguir, he deseado un pinchazo? Un pinchazo que me de permiso para acabar con este sufrimiento. Durante años algo hizo que no comentase con otros ciclistas este deseo, pero cuando lo hice resulta que ellos también conocían ese sentimiento). Yo también me recuerdo a mi mismo deseando un pinchazo...
  • A true sprinter can always sprint, even when he's dead. (un verdadero sprinter siempre puede sprintar, incluso cuando esta "muerto")
  • It doesn't get any easy, you just get faster. Greg LeMond (No se vuelve más fácil, simplemente te vuelves más rápido)
Algunos enlaces de interés:

A cuidarse
Javier Arias Gonzaélz

Monday, May 28, 2012

Tuesday, May 22, 2012

Etape du Dales

¿Qué pasa "biciosos"?

Me habían dicho que la Etape du Dales era dura. 3.540 metros de desnivel acumulado en 175 kilómetros. ¡El desnivel de la Quebrantahuesos en 30 kilómetros menos!


Me habían dicho también que la prueba recorría no sólo las "montañas" más altas de Inglaterra (que no del Reino Unido) sino que también los parajes más bonitos de Inglaterra.

Uno de los paisajes de la ruta
Me habían advertido que en "el norte" las probabilidades de que el clima fuese frío, lluvioso, ventoso o todo a la vez eran muy altas. Hasta la organización lo advertía en sus mails.

¡Pero qué me van a contar a mi del clima en "el norte" si soy asturiano! Que le pregunten a los amigos del Pakefte que se fueron este fin de semana a hacer la clásica de los Lagos de Covadonga como se las gasta el clima en el norte.

Además, yo me curtido de lluvias y mal tiempo. Si mi primera Quebrantahuesos fue un bautismo (cuasi literal) este año llevo la Surrey Rumbler y el 200 de Droitwhich a Towcester que me tienen los huesos todavía húmedos.

¡Nada que temer en ese frente! Pero, por si acaso, todo el arsenal de ropa de abrigo en la mochila.

Me gusta la organización de este evento. Tiene un toque de originalidad en como se organiza la salida. No hay una hora fija, se puede poner uno en marcha entre las 6:30 y las 9:00 de la mañana. No dejan salir a grupos de más de 12 para evitar aglomeraciones. La ruta no está cerrada al tráfico, pero transcurre por carreteras muy tranquilas, muy parecidas a las que usamos en Asturias cuando por allí salimos.

El plan era hacer la ruta con dos compañeros de la oficina, Marcus, un "alemanote" de por lo menos 1 metro 90 y con Pete, el nigeriano-norirlanes protagonista de una de mis primeras salidas en bici en Inglaterra. Habíamos quedado en ponernos en marcha a las 6:30.

A las 5 de la mañana me sonó el despertador en el hotel. Desayuné y a las 5:30 me puse en marcha. Desde al hotel hasta la salida tenía unos 15 kilómetros ligeramente en subida que me sirvieron para ir calentando.

Llegar a la salida, acreditarse en menos de un minuto, encontrarme con Pete y, juntos, encontrarnos con Marcus. Todo suave como la seda.

A las 6:30 nos pusimos en marcha. Salimos entre los 10 primeros.

Unos kilómetros de falso llano que discurrieron con tranquilidad y enseguida empezó el sube y baja que sería toda la jornada.
Marcus coronando una "montaña"
Subidas en general con rampas duras, cortas y a escalones. Una rampa dura de 100 metros, un pequeño descanso y otra rampa dura. Así una tras otra.
Pete, portando el erotico-dorsal, bebiendo en lo alto de una "montaña"
El guión siempre el mismo. Yo me lanzaba en las subidas, pedaleando mucho tiempo de pie sobre la bici, apretando un poco pero sin llegar a exprimirme. Al llegar al alto me paraba y al poco aparecía Pete y poco después Marcus.
Pete coronando otra "montaña"
Descenso empinado y peligroso y vuelta a empezar. Y así, una tras otra, se fueron sucediendo las subidas.
Otra de las carreteras por las que rodamos (foto de Marcus)
Fueron por lo menos dos descensos señalizados con el 25% e incontables los señalizados con el 17, 15 ó 12% Y las subidas eran parecidas. No tengo ni idea de que músculos trabajan cuando te levantas sobre la bici, pero ayer vivieron una jornada de especial estrés.
Un descenso del 16% y al fondo se ve una de las subidas

Carreteras muy tranquilas y sin aglomeración de cicistas
Por otro lado ni rastro del mal tiempo. Un poco de frío por la mañana, pero oye, que eran las 6:30. Enseguida se quedó una temperatura agradable y muy indicada para este tipo de esfuerzos. ¡Más de un ciclista local iba en manga corta y pantalón corto! De hecho, en lo alto de las cimas incluso brillaba el sol. Como me dijo uno de los participantes ¡Te lo has traído de España!

Disfrutando del sol en lo alto de otra "montaña" (foto de Marcus)
El paisaje de la ruta también es digno de destacar. La ruta circula por el parque nacional de Dales y ofrece unas vistas magníficas de "montañas" pulidas por el viento y valles rebosantes en verde primaveral.
En un valle a los pocos kilómetros de haber empezado la ruta
Todo iba, literalmente, sobre ruedas hasta el comienzo de la subida de Tan Hill Top
La subida a Tan Hill, al fondo se aprecian los ciclistas "escalando"
Marcus iba delante, Pete unos metros detrás y yo unos metros retrasado. En esto que se oye como un disparo; la rueda delantera de la bici de Pete acababa de explotar.

Nos paramos. Un primer vistazo a la cubierta y parece que no está dañada. Al ser sólo un pinchazo Marcus se pone en marcha y yo me quedo con Pete para ayudarle con el pinchazo.
Dándonos cuenta que la cubierta estaba perjudicada (foto de Marcus)
Pero al montar la cubierta descubrimos que en realidad el latera de la cubierta tiene un raja. Justo en el borde con la llanta. Mala pinta tiene el tema y ninguno de nosotros llevaba cubierta (cuando llevo la bici en configuración brevetera si que llevo una cubierta, lo aprendí en el 400 de Algete de 2010, pero en este tipo de marchas no tendré que volver a considerar si será una buena idea).

Montamos una cubierta nueva. Hinchamos la rueda (me llamó la atención que aquí son muy populares los cartuchos de aire comprimido para hinchar la ruedas) y el bulto en el lateral era muy evidente. Esa rueda podría reventar en cualquier momento. Mala pinta.

Probamos a rebajarle un poco la presión y el bulto se disimuló algo. Parece que podríamos ponernos en marcha.

El plan era subir hasta la cima de Tan Hill donde estaba el puesto de avituallamiento más grande de la ruta y donde creíamos que podrían tener cubiertas.

Eso si, subimos despacito, despacito para no tentar a la suerte de que reventase la rueda en algún bache.
Subida a Tan Hill
Y despacito, despacito llegamos a la cima de Tan Hill donde, curiosamente, hay un pub, el Tan Hill Inn y que resulta ser el pub situado a mayor altitud de Inglaterra (528m, tampoco es que sea muy alto).
Cartel en el Tan Hill Inn
Lamentablemente en el control nos dijeron que no tenían cubiertas y un ciclista que estaba comiendo al lado de su propio coche de apoyo nos dijo que tampoco (yo creo que si que tenía pero que pasó de venderle una a Pete).
El aspecto del control,
me llamó la atención que las bicicletas estuviesen por el suelo
Eran las 12 de la mañana. Llevábamos 5 horas y media de ruta y todavía estábamos en el kilómetro 80 de 180, mandé un SMS a mi afición para advertirles de que, vistas las circunstancias, tardaríamos en llegar.

En este control comimos, había de todo pero yo me decanté por un sandwich y un par de muffins que me supieron a gloria. Y mientras comimos Pete decidió que el no podría acabar en esas condiciones. Consultó con su móvil y descubrió una estación de tren cerca de la ruta. Esa iba a ser su ruta de escape.
Foto panorámica en el descenso de Tan Hill (foto de Marcus)
Nos dispusimos a descender con mucha precaución. El ascenso había sido largo y empinado y el descenso tenía esa pinta. Marcus por delante, Pete un poco por detrás y yo cerrando la comitiva bajábamos muy, pero que muy despacio. Pete no podía frenar con el freno delantero por miedo a reventar la rueda.

En estas oímos a un ciclista que gritaba algo como "voy dándole, voy dándole" ("digging, digging"). Y si, debía ir dándole, por lo menos a los pedales, porque a pesar de lo lejanos que sonaron los gritos al poco nos pasó un ciclista con pinta "pro" a una velocidad que yo inmediatamente reaccioné con "pero ¿a donde vas alma de cántaro? ¡Que te vas a matar!" que no oyó dado que ya estaba lejos y yo no chillé lo suficiente y que si hubiese oído no habría entendido porque lo dije en perfecto castellano.

Nosotros seguimos bajando tranquilamente y en estas vimos una señal indicando un 25%. Una curva a la derecha acompaño a la sensación de que la carretera se acababa. ¡Coño que empinado!
Uno de los descensos al 25% del día
A pesar de necesitar toda mi atención para negociar esa curva y la rampa que la seguía pude ver a la izquierda al "pro" de pie al borde de la carretera. Estaba checkeandose. ¡Se había salido de la carretera!. Por suerte no parecía haberle pasado nada serio. De echo al poco me volvió a adelantar, aunque esta vez ya no iba chillando nada.

Aun así, al poco me lo volví a encontrar parado a un lado de la carretera. Era una zona ya mucho menos empinada y no parecía que se hubiese vuelto a salir; más bien que estaba volviendo a checkearse. Esta vez me dio más tiempo a fijarme en él. No parecía que se hubiese roto nada, pero ensangrentado estaba un rato. Tenía las piernas de un hecce hommo, buena torta se había pegado el "pro".

A los pocos kilómetros del descenso Pete se desvió de la ruta camino a la estación del tren y nos quedamos Marcus y yo para hacer el resto de la ruta.
Cattle grid marcando el premio de la montaña.
Lo justo para llegar al sprint
La segunda parte de la ruta es un poco más liviana que la primera. Sigue siendo un sube y baja, pero ahora era más llevadero. Y eso nos permitió coger un ritmo que a pesar de no ser rápido, nos mantenía dentro del tiempo de corte del último control.

Y al último control llegamos todavía con media hora de margen. Ya éramos de los últimos; es decir, al haber salido de los primeros, prácticamente nos habían adelantado los mil participantes de la marcha, pero los ánimos estaban altos.

Claro que en las últimas subidas Marcus empezó a acusar el esfuerzo y las tuvo que hacer más despacio.

Aun así, al coronar la última "montaña" nos quedaban 25 kilómetros de terreno favorable y ahí se sobrepuso ayudado su peso y longitud de piernas lo que la permitió rodar a buen ritmo.

Eran casi las seis de la tarde. El ambiente en la llegada era bueno, pero era evidente que ya se habían ido la mayoría de los ciclistas. De hecho mi afición personal me contó que la organización les había dicho que faltaban 40 ciclistas por llegar. Después de un par de salidas en las que he andado revolucionado he vuelto a acabar una marcha fiel al espíritu del Pakefte.

Un párrafo final para destacar lo sobresaliente la organización. No disponían de los medios de las grandes marchas ciclistas (autobuses de rescate, asistencia en carretera) pero si que han conseguido crear un evento muy de mi gusto. "Pequeño" y no muy competitivo, te toman los tiempos y los publican, pero tengo la sensación la originalidad de la forma de salir (nunca lo había visto en un evento ciclista) creo que paliaba el espíritu aveces demasiado competitivo de los grandes eventos ciclistas. Con mucho énfasis en la seguridad, tenían ambulancias y puestos de radio en todos los descensos peligrosos, que eran muchos y bien señalizados. Una ruta preciosa y muy fácil de seguir que necesitó de muy poca señalización. Unos controles donde no faltó de nada. Incluso los últimos controles, a los que llegamos siendo de los últimos ciclistas que por allí pasaban, tenían de todo; geles, barritas, plátanos, bebidas energéticas, sandwiches. Magnífica la amabilidad de los voluntarios; alguien me commentó que la gente del "norte" era así ;-)
Mis tiempos de paso por los distintos controles

Los datos de la ruta:
  • Kilómetros: 177,76
  • Tiempo empleado: 10:53:05
  • Velocidad media total: 16,33 km/h
  • Tiempo rodando: 8:58:11
  • Velocidad media rodando: 19,7 km/h
  • Tiempo parado: 1:54:54
  • Velocidad Máxima: 67,00 km/h
  • Calorías consumidas: 4.875 kcal
  • Pulsaciones medias: 112 ppm
  • Pulsaciones máximas: 167 ppm
  • Cadencia media: 67 rpm
  • Cadencia máxima: 100 rpm
  • Link a strava: Se me quedó sin batería el móvil :-(
A cuidarse
Javier Arias González


Wednesday, May 16, 2012

Old Roads 300

Una de dos. O soy tonto, o soy arrogante. Y ninguna de las dos opciones me gusta.

El plan era desplazarse hasta Devon para hacer el Old Roads 300.


El plan era hacerse los primeros 230 kilómetros a buen ritmo y parando lo menos posible; parar, aunque poco tiempo, a comer algo y hacerse los 84 kilómetros finales otra vez a buen ritmo y parando lo menos posible.

La idea de fondo era que haciendo esto me estaría "entrenando" para la Quebrantahuesos.

¿Por qué o bien soy tonto o bien arrogante? Porque me descargo el track para cargarlo en el móvil y no se me ocurre consultar el perfil...

Y el perfil tenía esta pinta
Casi 3.500 metros de desnivel con cuatro "colinas" en los últimos 40 kilómetros. La cuenta para llegar cansado a los kilómetros finales.

Eramos unos 20 ciclistas. Nos pusimos en marcha y enseguida me puse a seguir a una distancia prudencial a un ciclista que circulaba a buen ritmo y que casi inmediatamente distanciamos a todos los demás. La ventaja que me sacaba oscilaba entre ir a rueda y 100 metros, más que nada dependiendo de sus cambios de ritmo porque yo juro que rodaba a un ritmo constante.

Menos cuando atravesamos una ciudad. De repente me encontré con que había perdido la línea de la hoja de ruta por la que iba y con el dilema de si parar y comprobar mi móvil o seguir de cerca al ciclista y fiarme de él hasta que me volviese a encontrar.

No era una decisión fácil. El ciclista parecía saber a donde se dirigía, pero circulaba por la ciudad demasiado deprisa, arriesgaba demasiado para mi gusto.

Decidí seguirle y aunque un semáforo él que se saltó en rojo nos separó momentáneamente al final salimos de la ciudad "juntos" (y lo entrecomillo porque es decir juntos es mucho decir, estábamos en esa situación rara en la que él sabía que yo estaba ahí y yo le tenía a él como referencia, pero no nos habíamos dirigido la palabra).

Y "juntos" llegamos al primer control, km 63.8. El Little Red Rooster Café. Mientras aparcamos la bici le comento que lleva un buen ritmo y su respuesta es un poco cortante. Se ve que no quería conversación. Y yo, sensible a los estados de ánimo de los demás, me abstuve de darle más conversación.

Entramos en el café; él se pone en el mostrador y yo detrás de él haciendo cola. El señor que atendía la barra estaba en la cocina preparando algo, se asomó a la puerta y nos dijo algo como "yaaaa voooy".

Al ciclista que estaba delante de mi le debió parecer demasiado larga la espera porque sin llegar a esperar un minuto decidió salir, cruzar la calle y dirigirse a un cajero automático. Obtuvo un ticket del cajero automático, volvió a su bici y se puso en marcha. Yo seguía esperando al camarero...

Y cuando salió me selló la brevet, pero no era plan irse sin consumir por lo que le pedí un chocolate caliente (eran las 8:30 de la mañana) y me senté a beberlo. Si, ya se que el plan era parar lo menos posible, pero la elegancia ha de tener prioridad frente a los planes.

Cuando acabé mi chocolate caliente me puse en marcha y justo en ese momento llegaba un grupo de tres o cuatro ciclistas. Habíamos abierto un buen hueco.

El caso es que ahora rodaba sólo, pero estaba disfrutando la sensación. No es que hiciese calor, pero el sol brillaba en el cielo, el paisaje era realmente bonito y las instrucciones de la ruta eran sencillas, es decir, una instrucción para varios kilómetros y la siguiente un giro en T, los más fáciles de navegar, tiras todo de frente hasta que sólo puedes ir o a la derecha o a la izquierda y entonces vuelves a consultar la hoja de ruta. Me gustan las hojas de rutas sencillas porque me permiten olvidarme de la navegación y disfrutar de la ruta, del paisaje, del ritmo, de la bici.

Y disfrutando, disfrutando cuando faltaban unos 10 kilómetros para el siguiente control me adelantó un ciclista. Rodaba rápido y con pedalada pesada, imposible seguirle.

Y a los 5 kilómetros para el control me encontré con el ciclista con el que había "compartido" el primer tramo. Estaba meando en medio de la carretera. Le adelanté con un saludo breve y seguí disfrutando.

En el kilómetro 168 estaba el siguiente control. Entré en un supermercado, compré algo para comer y enseguida me puse en marcha.  El ciclista que me había adelantado también se ponía en marcha, me saludó y creo que casi hizo ademán de que fuésemos juntos, pero él rodaba más rápido que yo, enseguida se distanció.

Me quedaban 60 kilómetros hasta el siguiente control, donde pensaba comer y, la verdad, se me pasaron muy rápido. Me estaba gustando el recorrido. No sólo seguir la hoja de ruta era sencillo sino que la ruta estaba teniendo subidas muy interesantes, bajadas muy rápidas y llanos en los que rodar alegre y, además, los paisajes oscilaban entre muy bonitos y preciosos.

Aun así, cuando llegué a Cheddar, la ciudad del famoso queso, donde se encontraba el siguiente control (km, 227) ya me sentía un poco cansado. Eran las 15:36, llevaba 9 horas y media de ruta a buen ritmo, las piernas empezaban a notarse cansadas.

En Cheddar el control era en un pub. Como la temperatura era agradable me senté en la terraza, compré la bebida y saqué mi tupper con mi ensalada de pasta. En la mesa de al lado estaba el ciclista rápido comiéndose un sandwich de lomo comentamos la ruta, le comento que rodaba muy rápido y él deja caer que se sorprendía de lo poco cansado que se encontraba. Ojiplático me dejó.

En otra mesa cercana una señora mayor y su hijo cercano a la treintena me preguntaron si era de Kingston (llevaba el maillot de los Kingston Wheelers), resulta que ellos también vivían en Kingston. Casualidades de la vida.

El ciclista rápido se puso en marcha unos cinco minutos antes que yo y se despidió diciendo, nos vemos en el siguiente control.

El siguiente control estaba a 45 kilómetros de distancia pero se me hicieron pesados. Había parado "sólo" 30 minutos para comer pero me costó arrancar. Encima me pasé un giro y acabé haciendo dos o tres kilómetros de más. También soplaba algo de viento...

Vamos que ya estaba cansado y cualquier disculpa era buena para quejarse.

De todas maneras no me torturé mucho. Bajé un poco el ritmo haciendo el cálculo mental de que una vez que pasase la digestión me encontraría mejor.

Y en estas llegué al siguiente control. Una gasolinera en el kilómetro 272. Ni rastro del ciclista rápido, pero no me extraña, imagino que no habría parado mucho tiempo y viendo su ritmo iría bastante por delante. Yo tampoco paré mucho, lo justo para comprar un zumo y una bolsa de cheetos (voy a tener que revisar mi dieta en las rutas) y dar cuenta de lo comprado.

Cuando me puse en marcha ya me sentía mucho mejor. Quedaban sólo 37 kilómetros, la ruta estaba prácticamente echa.

Pero no. El ser tonto o arrogante es lo que tiene, que vas sin saber lo que te viene por delante. Y lo que apareció por delante fue una colina con un desnivel que nada más verla me hizo poner el piñón más grande y eso que me faltaban varios metros para llegar a la subida.

Una subida corta, pero dura. El peso de la bici, las piernas pensando ya en descansar, el corazón que se niega a bombear más rápido; de repente los metros avanzaban muy despacio.

Y cuando se acabó esa colina vino otra. Posiblemente un poco más corta, pero un poco más empinada. Ni siquiera la cuesta abajo me sirvió para relajarme.

Más que nada porque enseguida apareció otra colina. Además esta era de las que engañan; de esas que te crees que estás coronando y de repente tomas una curva y descubres otra cuesta que te espera. Y así varias veces, y cansado como estaba, y venga pa'riba después de otra curva, se me estaba quedando larga la ruta...

Cuando coroné me sentí muy aliviado, estaba en el kilómetro 300, faltaban 10 kilómetros para el control final, estaba en lo alto de una colina. De aquí en adelante tendría que ser to'pa'bajo...

Y con esa idea me planteé el descenso. Pedaleando con alegría, agilidad y fuerza. Buscando acabar la ruta con rapidez.

Pero mira tu por donde que a los tontos y a los arrogantes el destino les tiene preparadas sorpresas y en mi caso la sorpresa era una colina.

Y es que la cosa pintaba mal. El descenso me estaba llevando a un valle bastante profundo. Y explorando hacia donde se dirigía la carretera no parecía ni que el pueblo final estuviese cerca ni que se pudiese salir del valle de otra manera que no fuese "pa'rriba".

Y así fue. Por suerte la carretera de esta "colina" tenía buena trazada y la pendiente no era muy pronunciada. Sin fiarme ya de nada decidí poner un ritmo de subida tranquilo y armarme de paciencia.

Y con paciencia todo de anda. Al final coroné. Ahora si que si, apenas faltan 5 kilómetros, ahora si que tiene que ser todo "pa'bajo". Meto plato y acabo fichando en el último control a las 20:30.

En el último control está el ciclista rápido y veo en su brevet que él ha llegado 35 minutos antes que yo. ¡Que tio!

Yo comento que me habían sorprendido las últimas colinas, que no me las esperaba; y uno de la organización dice que la ruta del año pasado era más fácil, pero que este año la han cambiado. A pesar de todo les cuento que me había encantado la ruta. Sencilla de navegar, con paisajes preciosos, con buenas subidas. Un 300 que me gustará repetir AHORA QUE YA CONOZCO EL PERFIL...

Me acabo la leche y las galletas que me había pedido en el control (gran costumbre esta de que los brevets acaben en un control donde te ofrecen comida) y me despido. Todavía me quedan tres horas de conducir hasta llegar a casa y quiero cenar algo antes de ponerme al volante.

En el restaurante del hotel donde había dormido la noche antes me pido una hamburguesa de pollo, mientras me la preparan me cambio y meto la bici y demás enseres en el coche. Me como la hamburguesa, arranco el coche y, cuando estoy saliendo del pueblo, ya de noche, me cruzo con el siguiente grupo de ciclistas, 50 minutos más tarde y con una cara de cansancio que me impresionó. Se ve que a ellos también se les había hecho larga la ruta.

Pero no acaba aquí la cosa. El domingo dediqué el día a la familia. El lunes fui a trabajar en bici (23 kilómetros en cada sentido) y noté que no me había recuperado del todo.

¡¡¡¡Pero que esperabas alma de cántaro!!!!

No contento con eso el martes decido ir de nuevo en bici al trabajo. "Rodaré despacio para estirar los músculos". A los 100 metros ya noto que ni despacio ni leches, que estoy cansado. A los 200 metros se pone a llover con mucha fuerza. A los 250 se me pasa por la cabeza la idea de dar la vuelta y dejar la bici en casa e ir en tren a trabajar. A los 300 metros, inexplicablemente, decido que voy a trabajar en bici.

Llegué con la mayor mojadura que recuerdo en mis desplazamientos al trabajo. Hasta se hizo un charco en el ascensor; y eso que yo me bajo en la primera planta...

De vuelta a casa iba pensando "mañana voy a trabajar en tren, que tengo que descansar, este domingo tengo la Etape du Dales (175km y 3.540 metros de desnivel)"

Hoy, miércoles, se ha levantado el día con un sol expléndido, y yo a trabajar en tren.

Mira que sea lo que sea, tonto o arrogante, pero YO MAÑANA ME VOY A TRABAJAR EN BICI.


Los datos de la ruta:
  • Kilómetros: 317,34
  • Tiempo empleado: 14:27:42
  • Velocidad media total: 21,94 km/h
  • Tiempo rodando: 13:02:00
  • Velocidad media rodando: 24,35 km/h
  • Tiempo parado: 1:25:42
  • Velocidad Máxima: 61,00 km/h
  • Calorías consumidas: 8.413 kcal
  • Pulsaciones medias: 127 ppm
  • Pulsaciones máximas: 166 ppm
  • Cadencia media: 82 rpm
  • Cadencia máxima: 107 rpm
  • Link a stravaapp.strava.com/rides/8428558

A cuidarse
Javier Arias González

Ya tengo dorsal para la Quebrantahuesos 2012

El 9154 ha sido el número agraciado.

Después de la mi apasionante primera experiencia con la Quebrantahuesos y después de las buenas sensaciones de mi segunda experiencia ya tengo ganas de vivir la tercera.

Objetivo bajar de 7:48:07

A cuidarse
Javier Arias González