Saturday, March 30, 2013

Man of Kent 200

¿Qué pasa "biciosos"?

Y llegó el momento de mi primera brevet del año. El Man of Kent 200, una brevet corta que ya había hecho el año pasado y que, de acuerdo con mi plan de entrenamiento, este año trataría de "rodar a un ritmo sostenido durante todo el brevet".

Se trataba, en definitiva, de practicar el seleccionar un ritmo lo más alto posible que vaya a ser capaz de mantener durante los 200 kilómetros y rodar parando lo menos posible durante todo el brevet.

Nieve, viento y agua. Suficiente para dar miedo
El día amaneció el día frío, lluvioso y ventoso. ¡Genial! Ideal para probar una chaqueta de Goretex de Exteondo que estoy pensando en llevar a la LEL.

Además también quería probar la capacidad de navegación en un brevet del Garmin 800, los registros de potencia grabados por el powertap y las capacidades alimenticias de una combinación de Haribos y tostis de Nutella.

Kilómetros, ritmo, material, alimentación y números. Será un brevet corto, pero intenso en aprendizaje.
Control de salida y llegada
A las 8:00 en punto, con puntualidad británica, nos pusimos en marcha. Enseguida me encontré a rueda del ciclista que marchaba en cabeza. No es que yo quisiera aprovecharme de su rueda, no; eso desvirtuaría mi objetivo. Pero es que al principio me encontré un tanto perdido respecto la navegación. Es como si en los meses que han pasado desde mi última brevet se me hubiese olvidado eso de dar pedales y controlar la siguiente instrucción de la hoja de ruta. Además, al principio, el Garmin parecía dar instrucciones erróneas. Mucho más fácil seguir la rueda de alguien.

Pero lo cierto es que no me estuve en esa situación por mucho tiempo. En un tramo en el que por tres kilómetros no había ninguna instrucción decidí ajustar mi ritmo, adelantar al ciclista que me precedía y asumir el riesgo de ser el primero y, por tanto, de tenerlo más fácil para perderme, a cambio de seguir mi propio ritmo. Estaba en el kilómetro 8.

Sin novedad llegué al primer control. Me hizo gracia ver como estaban todos mirando a la carretera esperando ver llegar a los ciclistas y en el momento que me vieron se dispusieron todos cada uno en su sitio. Les decepcionó un poco que les dijese que no quería tomar ni té ni café con el frio que hacía y les sorprendió que no quisiese comer nada, ni siquiera una galleta. Pero lo cierto es que yo lo único que quería es que me sellasen el brevet y seguir camino, después de todo sólo era el kilómetro 37, aunque mi intención no fuese el parar lo menos posible era demasiado pronto para parar.

La misma escena se volvió a vivir en el siguiente control, kilómetro 66. Era en una granja y con el precio del brevet estaba incluida una consumición. Les pedí un vaso de leche, me pusieron la pegatina en la brevet y seguí mi camino.

El siguiente control era en Sandwich, kilómetro 81.6. Se trataba de averiguar los tres últimos números del dentista del pueblo. Cuando me puse a escribirlos en el brevet me di cuenta que el boli no escribía. Pues nada, a aprendérmelos de memoria. 131.

No haría honor a la ruta si no comentase que hasta ese punto el día había estado realmente frio. Temperaturas de -3 a 0 grados según el Garmin. Con un fortísimo y frio viento de cara. En Sandwich me empezó a nevar...

Lo bueno que tiene el control de Sandwich es que la siguiente instrucción es volver por el camino que has llegado. Lo que significa que lo que era viento de cara se convierte en viento de culo.

Volviendo por el mismo camino me crucé con el grupo que me precedía, eran unos 10 ciclistas que rodaban en pelotón, un rápido cálculo mental me llevó a la conclusión de que les llevaba unos 7 minutos de ventaja.

Es genial la sensación de ir a más de 40 km/h sin apenas esfuerzo al pedalear. Claro que, como siempre, esa sensación no dura mucho. De repente el GPS dijo que hacia la derecha y la hoja de ruta decía que de frente. Seguí de frente, pero en menos de un kilómetro me arrepentí, la carretera parecía no conducir a ningún sitio por lo que decidí volver sobre mis pasos para hacer el giro que decía el GPS. El viento pasó de dar de culo a dar de lado.

Km 123.2 Nombre de la casa justo después del puente sobre el canal
De repente noto un piffffff!! y siento que la rueda delantera pierde presión. Acabo de pinchar. Ni me acuerdo de la última vez que he pinchado una rueda.

Pues nada, me paro y me dispongo a cambiar la cámara. Con el frio que hace y lo duras que son las cubiertas Continental 4Seasons me cuesta un mundo volver a montar la rueda. Para cuando me vuelvo a poner en marcha ya me había quedado frío. Me lo tomé con calma por unos kilómetros hasta que volví a calentar.

En el kilómetro 134.5 estaba el control en el café de una estación de tren. Me acordaba perfectamente de este control del año pasado. El año pasado compré un platano y un kinder bueno y me salí de la tienda sin el plátano y sin el kinder bueno. Este año me compré otro plátano y otro kinder bueno y me salí de la tienda sin el ticket de la compra (el ticket es muy importante porque es lo que justifica tu horario de paso por el control).

Para cuando vuelvo a la bicicleta ya ha llegado el grupo de ciclistas que venía detrás de mi. Y cuando me voy a poner en marcha caigo en la cuenta de que la rueda delantera está rajada y la cámara hace un bulto.

Pues nada, fiel al consejo 10 de mi lista de consejos para la Paris-Brest-Paris llevaba conmigo una cubierta de repuesto. Lo que podría haber sido un problema más serio no me costó más que volver a desmontar y montar la rueda.
Km 144.2 Número de millas a Hythe (9)
A estas alturas ni llovía ni nevaba. Seguía soplando viento que ahora entraba normalmente por la derecha pero que cuando te daba de cara te ponía a 18km/h. La sensación térmica seguía siendo muy fria.

A partir del kilómetro 150 empecé a notarme cansado. Me costaba seguir el ritmo que me había marcado, la ruta se me estaba quedando larga.
Km 161.3 Dos deportes que se mencionan en ese cartel
Más o menos en el kilómetro 170 me alcanzó el grupo de ciclistas que venía por detrás de mi. Casi hasta me alegré.

Entre estos ciclistas conocí a uno de los organizadores del Oasts and Coasts 300Km, mi próximo brevet, a finales de Abril. Me reconoció por mi nombre (no se apuntan muchos Javier a estos eventos) y preguntó si me gustaban las colinas porque habían diseñado una ruta muy dura, con muchas subidas. ¡Bien! ya tengo ganas de hacerlo.

Juntos llegamos al siguiente control. Paramos en un Sainsburys y entramos a comprar algo. No me gustó esa parada porque no había servicio lo que me obligó a parar poco después de habernos puesto en marcha. El grupo siguió a su ritmo.

Cuando acabé decidí apretar un poco a ver si era capaz de alcanzarlos. Quedaban unos 28 kilómetros de ruta y me debían sacar un par de minutos. No iba a ser fácil, pero oye, que no fuese por intentarlo.

Apreté el ritmo y me exprimí con la mente puesta en aguantar 28 kilómetros a ese ritmo. Mirando a lo lejos para ver si veía aparecer el grupo.

Cuando me quedaban 4 kilómetros para acabar la ruta, y sin rastro del grupo que iba por delante de mi, ya no puede más. Bajé el pistón y puse un ritmo tranquilo hasta el control de llegada. Estaba machado.
La brevet 
La ruta, un triángulo en el sur-este de Inglaterra
Algunos números:


  • Kilómetros: 211.52km
  • Desnivel acumulado: 1.369m
  • Velocidad Media: 25.1 km/h
  • Velocidad Máxima: 55.5 Km/h
  • Tiempo Total: 9:52:02
  • Tiempo Rodando: 8:24:30
  • Tiempo Parado: 1:27:32
  • Velocidad Media incluyendo paradas: 21.4km/h
  • Calorías consumidas: 5.534
  • Pulsaciones medias: 131 ppm
  • Pulsaciones máximas: 165 ppm
  • Cadencia media: 86 rpm
  • Cadencia máxima: 174 rpm
  • Potencia máxima: 531w
  • Potencia normalizada: 179w
  • Kilómetros totales de la bici: 20.882,60
  • Link a Strava: http://app.strava.com/activities/45723369
Algunos gráficos sobre la ruta:
Distribución de cadencia. Muy contento de ver que la mayoría del tiempo estuve entre 80 y 100 rpm

Distribución de potencia. Una campana casi perfecta centrada en 190.210w

Distribución de pulso cardiaco. 22% del tiempo entre 140 y 145.

A cuidarse
Javier Arias González

Friday, March 15, 2013

Mi pedigree como ciclista

Mi pedigree como ciclista es, por definirlo de forma breve y concisa, una mierda.

Yo no tuve una bicicleta cuando era pequeño. Mi padre me decía que la pidiese a los reyes; y cuando los reyes no me la traían me decía que él me la compraba para el verano. En el verano me decía que la pidiese a los reyes.

Mi primera relación con el ciclismo era de jugar a las chapas en el suelo de arena del parque. Hacíamos recorridos en la arena, con montañas y todo, y simulábamos carreras ciclistas. Cada chapa era un ciclista,  me acuerdo perfectamente de que Zoetemelk era el mío, pero ni idea de quien era.

Mi hermano y yo aprendimos a montar en bicicleta con la bici de mi tio, la apisonadora de cuatro caños. Nos quedaba tan grande que no llegabamos con los pies al suelo por lo que teniamos que echar a correr y subirnos a la bici en marcha. Pararse era cuestión de frenar y bajarse con estilo antes de caer. En algún momento a la bicicleta de mi tio se le estropearon los frenos por lo que frenábamos metiendo el pie entre el cuadro y la rueda de atrás y haciendo fuerza. Teníamos los playeros con un surco en el centro de la suela. A mi madre todo eso no le hacía ninguna gracia.

En el 1984 fuimos un grupo de amigos a ver la cronoescalada de la Vuelta a España que subía el Naranco. El Naranco está cerca de casa y para nosotros ir a ver a los ciclistas era una excursión. No recuerdo que atendiésemos realmente a la etapa. Es más, creo recordar que llegamos tarde y cuando salimos del monte a la carretera la etapa ya debía estar casi acabada. Lo que si que recuerdo con absoluta claridad es que un ciclista bajaba del Naranco y al pasar a mi lado alargué el brazo y le quité le gorra,  con cierta brusquedad, incluso tirándole de los pelos. El ciclista se detuvo al momento y empezó a increparnos (la gorra se la había quitado yo, pero el ciclista se acordaba de los muertos de todos) yo tiré la gorra al suelo y salimos corriendo carretera del monte Naranco arriba. El ciclista cogió su gorra y siguió bajando.

Arroyo y Perico me sonaron en su día. Pero el que Perico ganase un Tour me pasó desapercibido. En esos años estaba yo a otros temas. Para mi Perico siempre ha sido más presentador de televisión que ciclista. Que triste tener que reconocer esto...

De quien si que me enteré es de Indurain. Curiosamente en su época fue cuando empecé a ver el tour en la televisión. Este chiste de Forges siempre me gustó porque refleja perfectamente mi actitud de aquellas tardes.

Recuerdo perfectamente la tarde en que Riis atacó a Indurain y lo dejó tirado cuando a mi no me cabía ninguna duda de que Indurain iba a ganar su sexto tour. Recuerdo perfectamente también cuando Indurain se retiró en la Vuelta de España cuando yo estaba seguro de que iba a ganarla. No importó, para mi Miguel Indurain era el mejor ciclista de todos los tiempos y los que no estaban de acuerdo o bien eran unos indocumentados o bien eran unos envidiosos porque Miguel no era de su país (bien sabido es que la ignorancia es arrogante). Miguel Indurain era, y sigue siendo, uno de mis dioses personales.

En la época de Armstrong ya no seguía los tours con tanta afición. El tío siempre me cayó mal, no tragaba, ni trago, su arrogancia. Me fastidió mucho que pasase el record de Indurain; incluso pensé ir a ver el Tour a los pirineos para poner un palo en su rueda y así evitar que ganase el sexto Tour. Además es que me parecía que era un tio con mucha suerte. Por lo menos dos ocasiones (subiendo no se que puerto que se cayó de la bici y bajando otro detrás de Beloki donde Beloki se pego la torta padre y el se salvó de milagro atravesando un prado) en las que estaba mirando la televisión mientras él mostraba al mundo entero que tenía una flor en el culo. Yo era de los que veía el tour para ver si Armstrong perdía, pero el tío siempre me decepcionaba y acababa ganando.

No sé en que año era, pero recuerdo haberme escandalizado cuando me enteré que mi amigo Jose se había gastado ¡¡¡90.000!!! pesetas en una bicicleta. "¿tendrá motor?" fue mi respuesta. La típica del que no tiene ni idea de bicicletas o ciclismo y que tanto me molesta ahora cuando alguien usa la misma expresión cuando le digo el precio de la bicicleta que me gustaría comprarme.

En el 2003 mi tio, la apisonadora de cuatro caños, le regaló una bici vieja a mi cuñado, el traper. Yo cogí la bicicleta vieja de mi mujer, que era, por lo menos tres o cuatro tallas más pequeña que la mía, y me animé a salir con ellos. Cuando pedaleaba no podía estirar la pierna. ¡Le hice unos 500km a esa bicicleta!

En las navidades de 2004 me compré mi primera bicicleta. Tenía ¡¡36 años!! y me acababa de gastar 300€ en una Decathlon Riverside 5.1. Vamos que ya no era un chiquillo, aunque estuviese tan contento con mi bici como un niño con zapatos nuevos.

En la semana santa de 2005 doblé la apuesta y me compré mi primera bici de montaña. Pagué 600€ por una Mondraker Ventura Disk. A partir de aquí todo fue un cuesta abajo sin parar.

Primero los los asturianos, podría decir, sin faltar mucho a la verdad, que aprendí a andar en bici siguiendo la rueda sabia de el abuelito. En Asturias el plan es buscar la cuesta más empinada. Como decía aquel, "haberlas hailas, pero ir a buscarlas...".

Luego los madrileños, el sprintar sin parar y perder siempre porque Jorge decide que el final del sprint es justo antes de que le vayas a adelantar. En Madrid me auto-atribuí el mote del terror de la Marañosa por mi afición a hacerme esa subida en mi bici de montaña chupando rueda de los ciclistas de carretera. Más de uno todavía se acordará de mi.

El 3 Octubre de 2005, toma precisión, fui oficialmente admitido en el seno del Pakefte. Pero en realidad la primera vez que salí con ellos no fue hasta el 10 de Febrero de 2006. Y, aun así, al principio, no salía mucho con ellos, porque ellos iban en bicicleta de carretera y yo en bicicleta de montaña y, claro, me machacaban. De todas formas cometieron el tremendo error de dejarme seguir formando parte de ese selecto grupo y a día de hoy ya no saben como deshacerse de mi.

En Abril de 2006 empecé mi blog sobre ciclismo. Este que estás leyendo. Para entonces ya me había picado el bicho de la bicicleta y sus efectos ya estaban más que claros.

El 21 de Agosto de 2007, con 39 palos, monté por primera vez en mi vida en bici de carretera. No se me ocurrió otra cosa mejor que hacer una ruta de 106 kilómetros incluyendo la subida de los lagos de Covadonga. Raúl, el abuelito, me prestó su bicicleta. Esta es la crónica de la experiencia.

En Mayo de 2009 algún hijo de puta me robó las dos bicicletas que tenía. La Decathlon y la Mondraker. Está última cuando la bicicleta tenía justo 20.000Km. Me di cuenta cuando un viernes que nos íbamos de Madrid a Asturias cuando bajé a coger la bici para ponerla en la baca. Me pasé todo el viaje a Asturias deseando la muerte de otro ser humano.

En Enero de 2010 me compré en Nueva York mi primera, y única hasta la fecha, bici de carretera. Una Cannondale Synapse Carbon 5 modelo de 2009. Me costó 1.500€ al cambio. ¡¡Unas 250.000 pesetas!! Y eso que la compra fue un chollo en toda regla. Os recuerdo que yo me había escandalizado con las 90.000 que se había gastado mi amigo Jose ¡Cuanto habían cambiado las cosas!
Y aprovechando que tenía bici de carretera empecé a salir con más frecuencia con el Pakefte. Lo que se tradujo en mi primer 200, mi primer 300 y mi primer 400 y mi apoteósico estreno en la Quebrantahuesos, todo en el año 2010, con la intención, a duras penas confesada durante el 400 de participar en la Paris-Brest-Paris de 2011. Cabezón que es uno, en Agosto de 2011 me hice los 1200 kilómetros en menos de 90 horas de la Paris Brest Paris.

Los Kingston Wheelers me aceptaron aunque no me entiendan cuando les hablo, ni yo les entienda a ellos cuando me hablan. A partir de aquí la cosa se puso seria. Ahora ya pienso en planes de entrenamientos, sesiones de recuperación y se cual es mi FTP.

Todo esto está muy bien, ya podía decir que era un ciclista en toda regla. Pero tenía una laguna inmensa en cuanto a conocimiento de la historia del ciclismo. Y no fue hasta el verano de 2012, cuando una caída de la bici que acabó con un brazo roto, que me dio por ponerme a leer sobre la historia del ciclismo.


Con el Plomo en los Bolsillos de Ander Izaguirre me puse al día de la historia del Tour de Francia, con los libros de Cultura Ciclista me emocioné y con el The Rider the Tim Krabbé descubrí que lo que a mi se me pasaba por la cabeza cuando montaba en bici ya se le había pasado a un holandés hacía más de 35 años. La originalidad nunca fue lo mio.


2013, 44 palos, más de 61.000km sobre la bici y cuando me ofrecí como voluntario para hacer de marshall en una carrera organizada por los Kingston Wheelers caigo en la cuenta de que nunca había asistido a una carrera ciclista.

¡Coño que bien me lo pasé! Ocho vueltas tenían que dar al circuito y desde el principio me pareció más emocionante que una final de la champions entre el Real Madrid y el Barcelona. Escapada, grupo perseguidor, pelotón. Gritarles tiempos de referencia, animarles, verles las caras, oírles, sentirles tan cerca y tan rápidos, imaginarme yo entre ellos. Ni el frío que pasé, ni la anciana, seguramente prima de la reina, que me gritó desde el coche que si la iba a tenerla mucho tiempo parada consiguió quitarle emoción al día. Esto de las carreras lo tengo yo que probar.

Para completar hoy he tenido una conversación con un compañero de trabajo y me ha sorprendido lo emocionado que estaba porque este domingo es la Milán San Remo. Vamos a ver, no es que yo no supiese de su existencia, pero de ahí a calificar esa carrera como uno de "los monumentos" va un trecho ¿no?

Pues nada que resulta que mi pedigree ciclista es una mierda y sigo en plan de corregirlo. Este domingo ve veré la Milan San Remo. No se porque sospecho que me va a gustar y voy a descubrir otra faceta del ciclismo que no conocía.

A cuidarse
Javier Arias González

Thursday, March 7, 2013

SMART un casco para ciclistas que monitoriza tu pulso

Un paso más en la tendencia de cascos "inteligentes". La tendencia me parece bien; pero lo que ofrece este SMART, un casco que mide el ritmo cardiaco, me parece bastante pobre, sobre todo por $195.

Más información sobre la idea aquí.

Monday, February 25, 2013

Crónica del "The Hell of the Ashdown"


¿Qué pasa "biciosos"?


Me preguntaba cuando sálía de casa yo porqué le llamarán "hell" (infierno) si estamos en Febrero, el termómetro marca 1ªC y las previsiones son de nieve. No caía, fíjate tu que curioso, en que si no era por el calor que íbamos a pasar por algo sería...

Con mi bendita inconsciencia me planté en el punto de salida al que llegué con casi una hora de adelanto respecto a mi hora programada de salida. Costumbre curiosa la que he visto en algunas marchas ciclistas por estas tierras de dar horas de salida escalonadas a los ciclistas, en este caso salidas de diez ciclistas cada dos minutos. La hora de salida más temprana que pude seleccionar cuando me apunté a esta aventura eran las 9:38.

Total que allí me encontré yo a las 8:45, sin ganas de tomar nada porque había desayunado fuerte, sin cobertura en el móvil (la Inglaterra profunda es lo que tiene) y con más sueño que otra cosa. ¿qué hacer?

Pues lo normal, buscar una esquina de la cafetería, sentarme en una mesa vacía y pegarme una cabezadita. Entrenamiento para la London-Edingurgh-London pensaba mientras me dejaba abrazar por Morfeo.

A las 9:35 me desperté. Y oye ¡Que bien me sentó la siesta! si es que a esas horas es lo mejor que se puede hacer.

Todavía tuve tiempo de ir a echar una meadita y cuando me dirigía a la bicicleta llamaban por los altavoces a los ciclistas que tenían como hora de salida las 9:38.

Me dirijo a la línea de salida, un tipo nos da un par de indicaciones de carreteras que tienen obras o baches. Yo tiemblo del frio que tengo. A ver si nos deja ponernos en marcha que a mi me va a dar un mal.

Sin muchos más miramientos nos da la salida. Pasamos sobre una manta que nos toma tiempo y allá vamos. Giro a la izquierda y mirada atrás a ver si alguien se sabe el camino que yo no tengo ni idea de por donde es la ruta.

Llevábamos pedaleando unos cinco minutos y ya habíamos tomado unos tres o cuatro giros cuando caí en la cuenta de que yo llevaba GPS en la bici y de que había cargado la ruta. ¡Si es que todavía estoy dormido!

Cargo la ruta en el GPS, aprovecho para ponerlo a grabar, que tambíén se me había olvidado eso, y ya se por donde voy (o mejor dicho, lo sabe el GPS, que yo ni idea); no necesito seguir la rueda de este grupo. A buscar mi ritmo.

Y mira que lo busqué, pero no lo encontraba. Entre el estar todavía despertándome, el frío que hacía y el continuo sube y baja que era la carretera no encontraba yo ese ritmo que sirviese a mis planes de rodar los 110km de esta marcha a ritmo constante, sin seguir la rueda de nadie y sin paradas. Tan pronto una cuesta empinadísima me obligaba a meterlo todo y, con las pulsaciones por las nubes, a esquivar ingleses atascados con su piñón de 23 dientes, como un fuerte viento de cara me frenaba en las bajadas y en el llano.

Pero oye, yo no cesé en el intento. Cabezón que es uno. Me adelantaban ciclistas, pero yo adelantaba a muchos más. No es que fuese muy rápido, pero el frío hacía que ir despacio tampoco fuese una opción.

El caso es que la bicicleta empezó a resentirse de la mala calidad de algunas de las carreteras por las que nos metieron. El guardabarros empezó a rozar con la rueda y el desviador empezó a rozar con el pedal derecho, al piñón grande le costaba entrar con el plato pequeño... Menudo festival de ruidos era la bici, pero ni por esas me paré. Yo, cabezón, al plan.

¿Qué sería el kilómetro 50? No estoy seguro, no me acuerdo. Pero el caso es que de repente apareció un puesto de avituallamiento. Y digo de repente porque no tenía ni idea de donde estaban los puestos de avituallamiento. Como había decidido no parar ni siguiera me fijé en que kilómetro estaban (aunque creo que la hoja de ruta estaba en millas). Y que conste que esto lo considero un fallo...

Me salí de la carretera, pasé por la manta que nos tomaba tiempo y di media vuelta para volver a pasar y volver a salir a la carretera. Ni siquiera puse el pie a tierra. ¿He mencionado que el plan era hacer la ruta sin parar?

Pues no se porqué lo menciono, porque a los dos o tres kilómetros del avituallamiento caigo en la cuenta de que una varilla que sujeta el guardabarros delantero se ha soltado. Pienso seriamente en seguir sin parar, pero la perspectiva de que la varilla se meta entre los radios en el momento menos esperado y acabe por los suelos me convence de que lo sensato es parar y tratar de solucionar el problema.

En realidad nada que no sea capaz de solucionar una de esos plásticos que sirven para abrazaderas (¿cómo se llaman?). De hecho el apaño ha quedado tan bien que yo diría que así se queda hasta que quite los guardabarros a principios de Junio.

Pues solucionado el contratiempo me pongo en marcha y venga a dar pedales. Y dando pedales se pasaron los kilómetros que no dejaron en ningún momento de ser un subeybaja azotado por viento frio con caidas intermitentes de copos de nieve.

Yo frio, la verdad, ya no tenía, pero un poco mosca con el viento si que estaba. Es que no acababa yo de entender eso de que después de cada giro el viento siempre pareciese que soplaba de cara. Oye que mira que hasta empecé a hacerme teorías meteorológicas para explicar el fenómeno.

En uno de estos giros avisté la carretera por donde íbamos a rodar. Una colina con aspecto más serio que las que habíamos pasado hasta ahora. En la lejanía la carretera se veía ascender por la ladera, salpicada de ciclistas que se distinguían claramente con sus colores chillones. Ciclistas que ascencían muy despacio, como si costase. ¿qué sería, el kilómetro 75?. A ver que tal responden las piernas.

Y mira tu por donde que las piernas respondieron. Subí con una buena cadencia y, por fin, a "mi ritmo". Que buenas sensaciones. No se trataba de que estuviese subiendo rápido, aunque adelanté a un montón de ciclistas y nadie me adelantó a mi; se trataba de la sensación, del ritmo. Justo lo que llevaba buscando toda la mañana.

Al poco de la cima estaba el segundo control de avituallamiento. Hice igual que en el primero. Pasé por encima de la manta para que tomasen tiempo y segui mi marcha sin siquiera fijarme en el aspecto del control.

Y es que una vez encontrado el ritmo no era plan de parar. Ahora se trataba de mantenerlo, de estirar la sensación, de sentir la cadencia, la respiración acompasada. Insisto, no se trata de ir rápido, se trata de la sensación de armonía. Y ahora que la había encontrado estaba enganchado a ella como un niño a un caramelo.

Tan concentrado en mi ritmo estaba que me sorprendió un pitido del GPS en medio de una bajada. ¡¡¡Que te has salido de la ruta!!!

¿Cómo que me he salido? Si no he pasado ningún desvio...

Dejo de dar pedales y la bici sigue cuesta abajo aunque pierde algo de inercia. Miro hacia atrás y no viene ningún ciclista. Por delante no va nadie.

¿Por qué pasa esto siempre bajando? Este Murphy es un cabrón.

Decido pararme. Por delante nadie, por detrás nadie. ¿qué hago?

Pues dar la vuelta. Ala pa'rriba.

Claro que en estas circunstancias ni ritmo ni leches. Sube uno al tran-tran y con la mosca detrás de la oreja. De repente situación surrealista al canto.

A lo lejos veo que los ciclistas se están desviando hacia su izquierda. Efectivamente me había pasado un desvio. Pero es que hacia mi venía otro ciclista. Otro que se había pasado el desvío. El típico ciclista pasado de peso, abrigado de más, como si hubiese seguido las recomendaciones de su madre antes de salir de casa; sudoroso depués de la subida, pero relajado porque ahora ya bajaba, montando en una pepino bici de esas que se ven en las revistas con ruedas de perfil alto.

Le grito que se ha equivocado, pero el tio está tan contento de que sea hacia abajo que ni me oye. Pues yo no bajo a buscarle...

Tomo el desvio que me había pasado y todo vuelve a la normalidad. La carretera sigue llena de baches, el viento sigue soplando de cara, pero mi ritmo sigue conmigo.

Y en estas estoy tranquilamente cuando me pasan dos ciclistas con pinta de profesionales del ciclodeportivismo. Finos como espigas, rápidos, dándose relevos. Impresionante. A poco me despeinan.

Y todavía estaba yo viendoles a lo lejos cuando veo que giran a la derecha. Y al seguir su giro caigo en la cuenta de que habían esprintado porque allí estaba el final de la ruta.

Me pilló por sorpresa. Según mi cuenta llevaba rodando unos 103 kilómetros y la ruta era de 110. Aquí me han mangado unos kilometros.

Tampoco es que yo me quejase mucho. Esto de llegar tiene su cosa buena porque mucho ritmo y muchas leches, pero yo empezaba a estar cansado y, además, ya estaba que me meaba, que, por increíble que parezca en un tipo al que sus ¿amigos? asturianos apodan ¿cariñosamente? "la meona", no había parado a mear en toda la ruta (yo creo que ha sido mi record sin mear en una bicicleta).


En el control de llegada me dieron un diploma que insisten en que rode 110K en 04:08:36, yo se que no es cierto, pero a quien le importa. Me pedí un chocolate caliente y una cookie gigante y me senté en la misma mesa en la que había dormido antes de la salida a disfrutar de lo rico que me supo el chocolate, lo bien que me sentía físicamente y del placer que da comer cuando tienes hambre.

Llegado a casa y ya en la ducha no podía dejar de pensar en lo bien que me encontraba. Contento con el ritmo que había encontrado, con las sensaciones que había sentido y con el sentimiento de no estar cansado, de que podría haber aguantado más, que podría haber ido más rápido. Incluso pensando si no habré empezado demasiado suave. Una salida de 110 kilómetros cuando los amigos del Pakefte en Madrid ya están con su primer 200. Es sólo el primer paso, pero ¿estaría siendo demasiado conservador?

Pregunta que se respondió por si sóla y sin ningún género de dudas cuando después de alargar la sobremesa leyendo en el móvil me dispuse a ponerme de pie. El mensaje de las piernas era claro. "Apeate de la moto Javier, apéate de la moto. Habrán sido "sólo" 110, pero a ti te han hecho mella".

Os dejo aquí algunos números de la ruta:
  • Kilómetros: 103,06km
  • Desnivel acumulado: 2.055m
  • Velocidad Media: 25 km/h, así, número redondo
  • Velocidad Máxima: 62 Km/h Otro número redondo
  • Calorías consumidas: 3.021
  • Pulsaciones medias: 140 ppm
  • Pulsaciones máximas: 164 ppm
  • Cadencia media: 81 rpm
  • Cadencia máxima: 128 rpm
  • Potencia máxima: 669w
  • Potencia normalizada: 230w
  • Kilómetros totales de la bici: 20.200,65
  • Link a Strava: http://app.strava.com/activities/42116184
  • Datos de la organización:
    • Primer control de tiempo: 01:40:54
    • Segundo control de tiempo: 03:11:25
    • Tiempo total: 04:08:36
    • Posición: 111 de 835 (había 1.508 apuntados, pero se ve que el frío asustó a más de uno)
A cuidarse
Javier Arias González

Thursday, February 14, 2013

Tengo plaza para la Quebrantahuesos 2013


No había obtenido plaza en el sorteo, pero la organización acaba de enviarme un email para decirme que he obtenido plaza desde la lista de espera.

Menuda alegría me he llevado. Con esto se confirman mis dos principales objetivos ciclistas para este año, hacer la Quebrantahuesos en menos de 7:02:40 y acabar la London-Edingurgh-London (el resto de objetivos ciclistas para 2013 aquí). Una motivación más para seguir el plan de entrenamiento que me he marcado para este año.

A cuidarse
Javier Arias González

Saturday, February 2, 2013

La bicicleta es adictiva

Es lo que tiene la droga, empiezas a coger la bicicleta para ir a pillar y te metes en el mundo del ciclismo.

Thursday, January 31, 2013

Mi plan de entrenamiento para el año 2013

¿Qué pasa "biciosos"?

Una vez confirmado que tengo plaza para la London-Edinburgh-London (LEL), y todavía con esperanzas de conseguir una plaza para la Quebrantahuesos, mis dos principales objetivos ciclistas para el año 2013, ya estoy en condiciones de esbozar mi plan de entrenamiento para este año.

El año lo divido en dos partes. Pre LEL y post LEL.

Pre LEL
La filosofía general del plan para la primera se podría resumir en la frase: Entrenar para ser más rápido y fuerte y que, así, el rodar a ritmo de brevet me parezca ir despacio.

Y para llevarla a cabo he dividido los siete meses que hay desde el comienzo del año hasta la LEL en tres bloques.

Primer bloque. Del 21 Enero al 29 de Marzo
En este bloque seguiré una versión adaptada a mis circunstancias personales del plan que propone Chris Carmichael en el libro Time-Crunched Cyclist. Es decir, un plan de 11 semanas con tres sesiones de rodillo entre semana de una hora cada una y una salida los domingos.

Las sesiones de rodillo son muy intensas y la clave es descansar bien los días que no haces rodillo por lo que durante este bloque no iré a trabajar en bicicleta. Me fastidia, pero nadie dijo que seguir un plan de entrenamiento no fuese a suponer sacrificios.

Las salidas de los domingos se dedican a construir base empezando con salidas de tres horas para acabar con salidas más largas. En mi caso empiezo con salidas de unos 80km, paso por primera vez de los 100Km el 24 de Febrero, cuando ruede el The hell of the Ashdown y culmino este primer bloque el 24 de Marzo con el Man of Kent. Un brevet de 200km en el que trataré de rodar a un ritmo sostenido durante todo el brevet.

En todo este bloque la bici estará en su configuración brevetera menos el transportín que sólo lo pondré para el 200.

Entre el primer y el segundo bloque estaré una semana de vacaciones absolutas. Nada de bicicleta y mucho descanso a poder ser en algún sitio relajado.

Segundo bloque. Del 7 de Abril al 23 de Junio
El bloque es el de preparación para la Quebrantahuesos, por lo que trabajaré tres conceptos: fondo, subidas y ritmo.

El fondo lo pondrán los brevets de 300, 400 y 600 que haré en este bloque.

Las subidas las trabajaré tanto en el 400 (3.500 metros de desnivel) y en el 600 (8.300 de desnivel) como en el Gran Fondo Stelvio Santini, 4.000 metros de desnivel en 150Km pasando el Mortirolo y el Stelvio y en la Wiggle Dragon Ride 3.360 metros de desnivel en 206km.

Para entrenar el ritmo haré los brevets a ritmo y parando lo menos posible las primeras 9 horas o 200km (lo que llegue antes) y el resto a ritmo de brevet. Esto es algo que probé el año pasado en el Old Roads 300 y que me dió muy buen resultado, por lo que lo voy a ampliar este año al 400 y al 600. Rodar los primeros 200 kilómetros a ritmo te deja cansado, pero una parada para comer te recupera en parte y los siguientes kilómetros se parecen más al estado en el que puedes estar un segundo o tercer día de un evento como la LEL. Veremos que tal queda en estos dos brevets tan duros.

Al igual que en el bloque anterior la bicicleta estará en su configuración brevetera pero sin transportín, que sólo lo pondre para los brevets. Pero el 20 de Mayo la pasaré a configuración de verano. Fuera guardabarros, rueda sin dinamo, fuera transformador, fuera luz, fuera bolsa delantera, cubiertas de verano (más rodadoras).

En la Gran Fondo Stelvio Santini y la Wiggle Dragon Ride me concentraré únicamente en el ritmo de las subidas, no me importará tanto parar en los avituallamientos ni exprimirme en los llanos o bajadas. El objetivo será practicar subidas a buen ritmo.

El segundo bloque culmina, si tengo suerte y consigo plaza, con la Quebrantahuesos y el objetivo concreto de bajar de las 7 horas (7h 2m 40s hice el año pasado). Si todo se da bien este será el momento del año en el que esté más fuerte. Bueno, en realidad sería el momento de mi vida en el que estaría más fuerte como ciclista.

Después de la Quebrantahuesos tocará descanso. No estaré de vacaciones absolutas, pero no tocaré la bicicleta durante toda una semana

Tercer Bloque. del 30 de Junio al 3 de Agosto
Este es el bloque de la LEL y antes de empezarlo volveré a poner la configuración brevetera a la bicicleta, esta vez completa, incluido el trasportin.

En las semanas previas a la LEL cogeré la bicicleta todos los días. Ir a trabajar me supone 50km y un par de días entre semana alargaré el regreso a casa para hacer que sean, por lo menos, 75Km ese día. No me preocupará tanto el ritmo como el volumen, la idea es pasar muchas horas sobre la bici.

También alargaré las distancias en las salidas de los domingos donde intentaré rondar los 150Km en cada salida. Los domingos seguramente ruede a un ritmo más alto e incluso apriete en las colinas. Se trata de cansarse un poco para obligar al cuerpo a descansar el lunes en la bicicleta camino al trabajo.

Por último intentaré hacer un 300 o un 400 en alguno de los fines de semana (ahora mismo el candidato es el Hereward the Wake 300) para ensayar el ritmo, tanto de rodar como de paradas, de la LEL.

Eso sí el domingo 21 de Julio será mi última salida en bici antes de la LEL. La semana del 22 al 28 de Julio no tocaré la bici. Me dedicaré a descansar lo más posible y, muy importante, a acumular horas dormidas. Intentaré dormir, o al menos estar en la cama, 9 horas cada día. El sábabado antes de la LEL intentaré que incluso sean más horas en la cama. Se trata de seguir a pies juntillas mi consejo 14.

El bloque culmina con la London-Edinburgh-London que pienso hacer en un ritmo que simplemente me permita acabarla dentro de las 116 horas reglamentarias (en algún momento publicaré mi plan específico para esos días). El gran objetivo es disfrutar, aprovechar todo el entrenamiento hecho a lo largo del año para poder rodar a ritmo de brevet y que me parezca ir despacio, sin cansarme, y, así, poder disfrutar del paisaje, de las sensaciones, de las experiencias.

Justo después de la LEL me cojo otra semana de vacaciones totales. Descanso y relax absoluto, nada de bici.

Post LEL
La filosofía general del plan post LEL va a ser experimenta, juega y diviértete en la bici. No tengo pensado entrenar per-se, simplemente, como siempre, iré a trabajar en bici y probaré distintas disciplinas en la bicicleta.

Haré una subida al Angliru intentando mejorar mi tiempo del año pasado (1:23:33). No será fácil porque no pienso entrenar específicamente para ello, pero una tradición es una tradición.

Probaré por primera vez un hill climb en el John Bornhoft Memorial Climb. 1,4 kilómetros a un desnivel medio del 8% no es precisamente el tipo de prueba que más me conviene, especialmente después del tipo de año que voy a hacer, pero se trata de probar.

También probaré algunas carreras en circuitos cerrados. Las carreras suelen durar una hora por lo que tampoco es un tipo de prueba que me vaya a encajar, pero, una vez más, se trata simplemente de probar.

Con esto llegará el final del año donde dejaré la bicicleta completamente por dos o tres semanas. Lo justo para empezar la temporada en la semana o dos semanas que pase en Asturias montando en bici de montaña con los asturianos.

Mira si seré "bicioso" que escribiendo este plan el sentimiento es de ganas de ejecutarlo...

A cuidarse
Javier Arias González