Monday, August 31, 2015

Paris-Brest-Paris 2015

Relajado
Este soy yo aproximadamente una hora antes de que comenzase mi Paris-Brest-Paris 2015. Cuando pedí a Marcín que me sacase esta foto quería reflejar lo relajado que me encontraba, lo feliz que me sentía y el hecho de que pensaba que simplemente estar en Paris ya lo consideraba una recompensa.

Confesando públicamente mi acojonamiento
Y si, estaba relajado. Mi clasificación para la PBP no había sido precisamente fácil (Lee esta entrada para entender por qué no fue fácil http://www.unbiciorejon.com/2015/04/my-journey-to-paris-brest-paris-2015.html), el día anterior había confesado en twitter que estaba un tanto acojonado (aunque en inglés usé una forma mucho más políticaente correcta).

Claro que ese relax se evaporó cuando al apoyar la bici en una valla se enganchó el cable del cambio delantero con el faro y en ese gesto el cable se salió de su guia.

Allí estaba yo, media hora antes de empezar la PBP soltando el cable del cambio delantero para poder volver a meterlo por su guía y luego ajustándolo de nuevo. No quedó perfecto, pero podría cambiar de plato. Suficiente, ya podía relajarme otra vez.

Y la prueba de que conseguí relajarme es que minutos antes de la salida me metí entre pecho y espalda un señor bocadillo de chorizo con jamón york y un bocadillo de chocolate negro con almendras.

Bocata chorizo con jamón york pre-PBP
Bocata de chocolate negro con almendras (marca Dia) pre-PBP
¿Quien sino alguien totalmente confiado en sus capacidades osa contradecir todos los manuales habidos y por haber sobre nutrición para ciclistas?

Mientras me comía mi bocada caí en la cuenta de lo improbable del grupo de cuatro ciclistas con el que me disponía a tomar la salida, un polaco que vive en España (Marcin), un español que vive en el Reino Unido (yo) y dos subditos de su majestad (Dominic y Gavin).

Los cuatro declaramos la intención de empezar tranquilos y eso hicimos. En los 70 primeros kilómetros rodamos a un ritmo muy asequible y la mayor anécdota de este tramo es que nos adelantó (y saludamos a) Steve Abraham que participaba en la PBP como parte de su intento de batir el record del mundo de distancia rodada en un año. Era la primera vez que rodábamos los cuatro juntos, pero nos coordinamos tan bien que incluso nos organizamos para parar a mear todos a la vez.

Curiosamente esta parada coordinada fue el fin de la coordinación del grupo. Marcin se puso en marcha un poco antes que el resto y cuando los demás nos pusimos en marcha habíamos perdido su pista entre los incontables e indestinguibles ciclistas que rodabamos por esa carretera.

Aprovecho para hacerme una nota para futuras PBPs. Si piensas rodar con alguien asegúrate de que tienes una forma de distiguirle durante la noche. En las noches de la PBP todos los ciclistas son amarillos (por el chaleco reflectante que te da la organización). Una pequeña luz en el casco de un color que no sea rojo sería ideal ya que se podría distinguir desdemucha distancia.

Sin ningún tipo de comunicación verbal Dominic, Gavin y yo fuimos poco a poco acelerando el ritmo y enseguida empezamos a darnos relevos con una gran naturalidad. No es que fuesemos muy, muy rápido pero si que manteníamos un ritmo sostenidamente alto. Los 70 km hasta Montagne Au Perche se me pasaron volando.

El comedor de Montagne tenía este aspecto
En Montagne (km140) hicimos nuestra primera parada. ¿Qué hice yo? Pues comerme otro bocada de chorizo con jamón york y otro bocata de chocolate negro con almendras. Revelde que es uno. En la cafetería pedí una taza de leche y la señora que me atendió no me lo quiso cobrar, no tenían precio asignado para la leche sóla.

En total paramos una hora (demasiado en mi opinión) pero lo bueno fue que durante la parada nos reencontramos con Marcin, El reencuentro no duró mucho, porque al poco de empezar a rodar caí en la cuenta de que Marcín no iba con nosotros (luego me contó que se había despistado un momento y nos había perdido de vista en medio de la noche).

Dominic, Gavin y yo seguimos rodando a un ritmo más bien alegre, pero ahora era Dominic el que más tiempo pasaba al frente de los tres.  Tenía sueño y combatía los ataques de sueño tirando del grupo. No es de extrañar que se me hiciesen cortos los 80 kilómetros hasta Villaines La Juhel.

En Villaines (km221) sellamos y decidimos pasar por el restaurante a comer algo. Un niño del pueblo me llevó la bandeja desde la caja del restaurante a la mesa donde nos íbamos a sentar. Me dejó impresionado, eran las 6 de la mañana y allí el guaje estaba llevando las bandejas de los ciclistas.

Comida/Desayuno a las 6:00 después de 221km
No es que nos entretuviesemos mucho, pero entre unas cosas y otras la parada nos llevó otra hora. Cuando nos pusimos en marcha cambió el patrón de como rodábamos. Seguíamos rodando a muy buen ritmo, pero ahora era Gavin el que más tiempo pasaba al frente de grupo y yo confesé que iba con las fuerzas justas para poder seguirles la rueda, pero que no podría entrar a los relevos. No les importó, me animaron a seguir a su rueda y así mantener lo que llamamos el WheelersTrain.

Ya tiene narices que la foto sea justo en uno de los pocos momentos que yo iba en cabeza

La siguiente etapa era de 90km y cuando íbamos aproximadamente por la mitad Gavin dijo que le apetecería tomar un café. Acordamos parar en el siguiente pueblo que tuviese un café abierto. Gavin y Dominic se pidieron un café y yo decidí unirme a ellos. Yo no tomo cafeína, pero mi razonamiento fue, si ya me cuesta seguirle el ritmo a estos dos, ahora que se están tomando un café me va a costar mucho más, mejor me tomo yo uno también y así las fuerzas no estarán tan dispares. Bienvenidos al mundo de los razonamientos de la señorita pepis.

El caso es que el café me hizo muy buen efecto y pude seguir el ritmo del grupo sin problemas hasta Fougueres (km310).
Feliz de haber completado un cuarto (310km) de la ruta
En Fougueres sellamos y decidimos volver a comer "algo". Eran las 10:30 de la mañana, pero yo me volví a meter otro menú completo para el cuerpo.

Sólo me acordé de sacar la foto cuando tenía la sopa casi terminada
Cuando nos disponíamos a ponernos en marcha me encontré (en realidad me encontró él a mi) con Phil, TheWattmeister. Coindicimos rodando juntos unos 150km en Severn Across 400 de 2014 desde entonces nos seguíamos mutuamente en Strava y Twitter y no habíamos tenido ocasión de volver a coincidir. Me alegró mucho coincidir con él; como suele pasar en estos eventos a partir de ese momento coincidimos varias controles y siempre nos volvíamos a saludar con alegría e intercambio de bromas. Quedamos en que el año que viene trataremos de rodar algún evento juntos.

La etapa hasta Tinteniac (km363) era corta, sólo 54km, pero para cuando llegamos twiteé que me sentía como Chris Froome escoltado por Richie Prote (Dominic) y Geraint Thomas (Gavin). A esas alturas ya me dejaban a mi siempre el rodar en medio de ellos dos para que pudiese rodar con menos esfuerzo.


En Quedillac (km389) no había que parar a sellar, pero al llegar vi que el mecánico estaba libre por lo que decidí llevarle mi bicicleta. Había ya varios kilómetros que el plato no cambiaba bien y que cuando me ponía de pie hacía un ruido que sonaba bastante mal. Yo pensaba que estaba relacionado con el cable que había reparado justo antes de la salida, pero el mecánico dijo que no, que el problema estaba en el buje de la rueda trasera. Lo desmontó, lo limpió, lo engrasó y el problema se solucionó. Cuando acabó le pregunté cuanto le debía y me dijo que 2€ para tomarse una cerveza. Le dejé 5€ y todo mi agradecimiento. Que te quiten un ruido horrible de la bicicleta cuando todavía te quedan 840km por delante no tiene precio.

Three Musketeers

Dominic y Gavin no sólo esperaron pacientemente a que me repararan la bicicleta sino que también me llenaron los botellos con agua mientras tanto y en ningún momento mostraron prisa alguna por ponerse en marcha. Cuando nos pusimos en marcha volvieron a llevarme en volandas.

Mi plan original era llegar a Loudeac (km448) a las 21 y parar a dormir, pero cuando llegamos a Loudeac eran sólo las 18:00. Me pareció demasiado pronto para parar a dormir. Además si no paraba tenía la ventaja de poder seguir con Dominic y Gavin lo que hacía que rodase mucho más rápido que si rodase sólo. Por si fuera poco estando en la cola para coger la comida vino a nuestro encuentro Jose.

Jose había salido dos horas antes que nosotros y estaba a punto de ponerse en marcha. Su plan era dormir en Carhaix (km526). La idea de parar a dormir en Carhaix a mi me resultaba atractiva. Dominic y Gavin habían dicho que querían tirar hasta Brest, pero yo no me veía con fuerzas. Acordé con Jose que yo también dormiría en Carhaix y al día siguiente rodaríamos juntos.

Nosotros tardamos en ponernos en marcha. Dominic y Gavin se lo tomaban con calma en las paradas, claro que luego recuperaban el tiempo rodando a buen ritmo.

De Loudeac a Carhaix hay 78km pero se puede dividir en dos "cómodas" etapas utilizando Saint Nicolas du Pélem como parada intermedia a los 45km.

Aun así los primeros 45km a mi me costaron lo suyo. En cada cuesta me ponía a ese ritmo en el que la respiración es todavía rítmica, pero que si aprietas un poco más sabes que empezarás a jadear sin control. Esto me permitía seguir a mis compañeros de ruta, pero no dejaba de preguntarme si no estaría forzando demasiado y acabaría pagando el esfuerzo en los próximos días. Todavía quedaba mucha ruta.

Paramos en Saint Nicolas a picar algo y les propuse a Dominic y a Gavin que no me esperasen, que siguiesen a su ritmo. Ellos querían seguir hasta Brest (km614), todavía les quedaban 121km y esperarme a mi les iba a retrasar, y lo que es peor, poner en peligro el que cuando llegasen a Brest encontraran una cama. Se negaron en redondo, llegaríamos juntos a Carheix (km526). Nos preparamos para la noche y nos pusimos en marcha.

Sea por que esta etapa era corta (33km) o sea por la perspectiva de acabar una larga jornada a medida que pasaban los kilómetros me iba encontrando mejor. Tal es así que los últimos kilómetros los hicimos a una velocidad bastante alta. La lógica era la siguiente. Llegábamos al control bastante tarde y por los horarios de salida muchos ciclistas tenían planeado ir a dormir a este control. Esto hacía que corriese el riesgo de llegar al control y no tener cama donde dormir. Cada ciclista que adelantábamos era una posibilidad más de conseguir cama; Gavin se tomó muy a pecho el que yo llegase y tuviese cama y a mi las piernas me respondían para poder seguirle mientras adelantábamos un grupo de ciclistas tras otro.

Al llegar a Carhaix (km526) ni me despedí de Dominic y Gavin, aparqué la bicicleta y me fuí directamente a los dormitorios a por cama. Cuando llegué había una cola considerable, pero conseguí cama. En la cola coincidí con Jose y quedamos para el día siguiente. Nos pondríamos en marcha a las 5:00 de la mañana. Me fuí a sellar, luego a cenar y después a ducharme. Cuando me acosté me quedaban cuatro horas y media hasta la hora de levantarme.

Sellé a las 22:10. Curiosamente ese horario coincidía con mi plan más optimista elaborado desde el sillón de mi casa unas semanas antes. Viendo los números de ese primer día había rodado 526km en 26 horas y 10 minutos. O lo que es lo mismo, a una velocidad media, incluyendo paradas, de unos 20.2km/h. Eso si, la velocidad media en movimiento había sido de 25.3km/h. Señal de que habíamos rodado muy bien, pero que habíamos parado mucho.

Al día siguiente Jose y yo, entre una cosa y otra nos posimos en marcha a las 5:46. Tuvimos la suerte de que enseguida coincidimos con un grupo de ciclistas de Valencia y nos unimos a su grupo hasta que su ritmo en las subidas resultó demasiado rápido para nosotros. Entre Carhaix y Brest está la única subida que puede merecer el apelativo de "puerto". No es nada del otro mundo, pero tampoco hay que ignorarlo.

En algún punto entre Carhaix y Brest nos encontramos con Ricardo (de Pueblo Nuevo) y con una pareja de ciclistas catalanes que hacían la PBP por primera vez. Estaban bastante desanimados, él tenía dolores en una rodilla y no lo veían nada claro. Yo, sin embargo, estaba muy animado. Les decía que el ritmo al que rodábamos era perfecto. Que a ese ritmo llegaríamos a dormir a Tinteniac sin problemas. Lo mismo les parecí un iluso, pero yo estaba convencido de mis palabras.

Fue también en esta parte donde nos cruzamos con Roberto que ya estaba de vuelta de Brest (aquí su crónica). La mala suerte hizo que nos cruzásemos con él cuando descendía una cuesta por lo que a pesar de chillar su nombre él no llegó a enterarse de que se cruzaba con nosotros.

El puente de Brest al fondo
La entrada a Brest siempre tiene el aliciente de la vista del puente y, como no podía ser de otra manera, nos paramos a hacer unas fotografías, el sol empezaba a calentar y parecía que tendríamos otro día de buen tiempo.

La llegada al control de Brest fue distinta a la de 2011. Esta vez fue más directa, con menos semaforos, pero aun así llegar siempre se hace pesado por las interrupciones y las empinadas cuestas hasta el control.
Desayuno/Comida a las 10:30 de la mañana en Brest
Nada más llegar al control me fijé que el mecánico estaba libre y le llevé la bicicleta de Jose para que le reparase una avería que le impedía cambiar de plato. El mecánico nos dijo que nos fuesemos a comer que el repararía la bicicleta mientras tanto.

El control de Brest estaba a revosar de ciclistas. Me encontré con Gavin que se ponía en marcha en ese momento, con Phil, The Wattmeister y con Jordi (con quien también había coincidido varios controles antes). Había bastante cola para la comida y al ir a ponernos en marcha tuvimos que ponernos en configuración de solecito que pica (echarnos crema para el sol, cacao a los labios, etc). En su momento me quedé con la sensación de que la parada había sido demasiado larga, pero ahora, viendo los números veo que paramos una hora y cuarto. No es una gran parada pero no está tan mal teniendo en cuenta lo lleno que estaba el control.

Nos tomamos la subida al "puerto" de Brest con bastante calma. Un poco antes de coronar el puerto nos adelantaron dos ciclistas franceses que rodaban en bicicletas de época. Un coche descapotable con un cámara en los asientos traseros iba grabándoles. Cuando llegaron a nuestra altura nos enfocaron y nos grabaron. Con un poco de suerte salimos en el video oficial de la PBP.

Una vez coronado el puerto seguíamos rodando a un ritmo bastante pausado. Tal es así que nos adelantó el grupo de los de Loudeac (mítico grupo al que Juan y yo nos unimos en 2011) y nos pareció que rodaban demasiado rápido para nosotros. Ricardo tenía bastante sueño y en un momento dado nos avisó que él pararía a tumbarse un rato. Jose y yo seguimos a nuestro ritmo.

Llegamos a Carhaix (km703) cerca de las 16:00. Mientras comíamos algo repasamos el plan que teníamos y los horarios. Llegamos a la conclusión que teníamos que ponernos un poco las pilas si queríamos llegar a Tinteniac (km867) con horas suficientes para dormir.

La parada en Carhaix fue bastante más rápida (38 minutos) y el ritmo al que rodamos a partir de ese momento bastante más ágil. No es que fueramos a lo loco pero si a ese ritmo sostenido que te hace deborar kilómetros. Al poco de ponernos en marcha nos encontramos con el control secreto de la vuelta donde sólo paramos a sellar.

Llegando a los pueblos era habitual ver smilies pintados en el asfalto
En Loudeac (km782) se dió la circunstancia que coincidimos con Agustín, Marcín y David. Cada uno tenía sus circunstancias pero todos teníamos intención de parar a dormir en Tinteniac (km867) por lo que acordamos que al día siguiente nos pondríamos en marcha a las 7:00 de la mañana los cinco juntos. Posiblemente el grupo del Pakefte más numeroso que haya rodado junto en la PBP.

Merienda/cena en Loudeac a las 20:43
Jose, Marcín y yo llegamos juntos a Tinteniac (km867) cerca de las 2 de la mañana. Nos fuimos inmediatamente a pedir cama y nos encontramos con que había cola. En la cola estaba la pareja de catalanes con los que habíamos rodado durante la mañana. Estaban cansados, pero el día se les había dado bastante bien. La cola nos llevó bastante tiempo, pero por fin conseguimos cama y en Tinteniac era en habitaciones de cuatro camas.

Foto que me sacó Tom Jackson cuando nos encontramos en la cola para pedir cama en Tinteniac. Me encanta mi sonrisa.
A mi me tocó dormir con tres españoles con los que habiamos coincidido en ruta durante la tarde. Una vez asegurada la cama me fuí a sellar, pero en esta ocasión sólo cené un platano y pasé de ducharme. Me acosté y me dispuse a dormir tres horas y media.

Todavía sonriendo después de haber dormido sólo tres horas y media
Comedor de Tinteniac (km867) a 6:41 de la mañana. Mi vista mientras desayuno.
A las 7:02 estábamos los cinco listos para ponernos en marcha. La etapa desde Tinteniac a Fougueres (km921) era de sólo 54km y la hicimos a lo que yo describiría como a un ritmo ideal. Tal es así que se formó un grupo de ciclistas a nuestra rueda (incluida la pareja de catalanes) en las que todo el mundo parecía rodar cómodamente y donde se oían varias conversaciones simultáneas.

Saliendo de Fougueres rodabamos de nuevo los cinco juntos y se volvió a formar un buen grupo a nuestra rueda. Coincidimos con varios españoles entre los que se encontraba Andrey, con el que tuve ocasión de charlar un buen rato.

En un momento dado me descolgué del grupo y le saqué una foto desde atrás
El caso es que la etapa de Fougueres a Villaines (km1009) es larga (89km) y se hace pesada. Poco a poco el grupo se fue separando. Marcín tiró por delante, en un momento dado perdimos a David y al poco Agustín decidió parar a descansar. Al poco nos quedamos sólos Jose y yo. No rodábamos mal, pero se notaba que se nos estaba haciendo pesada la etapa.

En este tramo nos alcanzó Patricio Coucet un argentino afincado en Lanzarote con el que había coincidido comiendo el sábado antes de empezar la PBP y que en Octubre de 2015 intetará hacer 7 iron man seguidos (uno en cada isla canaria) por una causa benéfica. Patricio tenía dolores en una rodilla y eso hacía que rodase más lento, se adaptó a nuestro ritmo y enseguida aportó ese aire fresco que trae una nueva conversación. Juntos pasamos por Le Ribay, el pueblo que yo siempre recordaré porque fue donde cumplí mi primer 1.000 y juntos llegamos a Villaines.

El primer 1.000km de mi vida se dio en Le Ribay haciendo la PBP2011, esta foto es de entonces
Yo entrando en Villaines. Nótese la cantidad de público. La foto es de Patricio
Llegar a Villaines por la tarde siempre es un placer. Todo el pueblo está en la calle atraido por la cantidad de ciclistas. Justo cuando estábamos aparcando nuestras bicicletas llegó Marcín, nos fuimos los cuatro juntos a sellar y después de sellar Patricio se fue al médico a que le mirasen la rodilla, Jose sacó algunas fotos con la gente del pueblo; quedamos todos en el restaurante hacia donde Marcín y yo nos encaminamos.

Cuando Marcín y yo acabábamos de comer llegaron Jose y Patricio y al poco llegó Agustín. y como no tenía intención de parar mucho acordamos que le esperaríamos. También nos encontramos con Ricardo que estaba comiendo unas mesas más allá. Patricio dijo que prefería ir a su ritmo por lo que se puso en marcha antes que nosotros y ya no le volvimos a ver. Cuando nos disponíamos a arrancar Agus nos dijo que tirásemos nosotros que él preferia descansar un poco más. En cualquier caso volvimos a quedar para la mañana siguiente, a las 7:00 en Dreux para hacer juntos la entrada en Paris.

Al poco de salir de Villaines adelantamos a Ricardo que se había parado a la entrada a un prado y también al poco de salir de Villaines volvimso a separarnos de Marcín que se estaba revelando como el ciclista Guadiana.

El tramo de Villaines a Montagne (km1090) es que yo más temía de toda la PBP. En el 2011 fue la parte que más dura se me hizo. No sólo tiene uno ya el cansancio acumulado de casi tres días sobre la bicicleta sino que es una etapa bastante larga (81km) con tramos de rectas interminables y constantes sube y baja rompepiernas.

Más o menos a mitad de tramo vimos un puesto de espectadores en los que ofrecian café y Jose comentó que le apetecería uno. Ese comentario me recordó que yo tenía un geles con cafeina que llevaba por si me daba mucho sueño o necesitaba en algún momento un punch de energía. Saqué uno de mi bolsa delantera, lo abrí y se lo ofrecí a Jose.
Se ve que el gel le hizo efecto porque en los kilómetros de aproximación a Montagne, justamente donde la carretera se hace más pesada y rompepiernas recuperamos un muy buen ritmo. Tal es así que constantemente tenía que recordarme que ese mismo recorrido en otras circunstancias se puede hacer durísimo. Incluso el repecho de llegada al control no me pareció para tanto.

Llegamos a Montagne y aparcamos las bicicletas justo a la entrada del control (la experiencia es un grado) y sellamos un poco antes de las ocho de la tarde. Nada más sellar me dirigí al servicio y me encontré con Ricardo que salía y me comentó que pensaba dormir algo en Montagne. No me quedó muy claro en que momento nos adelantó Ricardo, pero tampoco me quedó muy claro en que momento adelantamos nosotros a Marcín con el que nos juntamos un poco más tarde.

Cena en Montagne. Aréciese el incremento de dulces
Se ve que Montagne era un punto de encuentro porque también nos encontramos con David y con él hicimos cuarteto del pakefte y afrontamos los "tres repechos encadenados a la salida de Montagne" que vimos que Roberto había puesto en el guasaps.

La verdad es que afrontamos los repechos con muy buen ánimo y a muy buen ritmo. Yo, por mi parte, he de reconocer que por algún motivo que todavía no me he conseguido explicar me encontré realmente bien y decidí subir cada uno de los repechos a ritmo; pidiéndole al cuerpo marcha y sorprendiéndome de que mi cuerpo me respondía con ganas de juerga.

Cada vez que veía un cartel anunciando lo que nos quedaba hasta Paris comentaba en alto que tenía tentaciones de tirar sin parar a dormir en Dreux. Lo decía sólo de boca para afuera, pero a David parece que le inspiró porque hizo un par de llamadas y después de asegurarse de que tendría donde dormir una vez llegado a París anunció que él no dormiría en Dreux.

Una vez pasados los repechos la carretera se hace mucho más llana y es más fácil mantener una velocidad de crucero sostenida. Curiosamente en esta parte de la carretera me empezó a dar el sueño. Tenía las pulsaciones muy bajas y, básicamente, mi cuerpo estaba echando el cierre; tuve que dar un par de tirones para activarme.

En este momento estábamos un poco dispersos por la carretera. Yo circulaba con David, pensábamos que Marcin estaba por delante y Jose por detrás. Al poco volvíamos a estar los cuatro juntos y un poco más adelante otra vez separados. El que se pusiera a llover no ayudó. Como siempre pasa empieza a llover, paras, te pones el chuvasquero y a la que te pones en marcha deja de llover. Al poco Jose tuvo un problema con su gps y se paró, un poco más adelante me di cuenta que nos habíamos salido de la ruta y avisé a David que rodaba justo delante de mi.

Estaba claro que estábamos en Dreux (km1165) y yo reconocía la zona como que el control no debería estar muy lejos, pero el ver que en las dos últimas rotondas no había señales nos dejó claro que nos habíamos saltado un giro.

No llegó la sangre al rio, al poco vi el control detrás de un centro comercial y hacia allí nos dirigimos. Acabamos entrando por donde salían los ciclistas, pero lo que cuenta es que llegamos.

Como en todos los controles en los que paraba a dormir dejé la bicicleta e inmediatamente me dirigí al dormitorio a pedir cama. En este caso me vino genial, en el dormitorio me dieron la última cama disponible y a partir de ese momento mandaron a los demás ciclistas a dormir a otra sala.

Me tomé un platano y un pastelito de chocolate y me acosté. En Dreux no nos daban mantas y yo tenía un poco de frio por lo que decidí usar el saco térmico que llevo para emergencias. Al final dormí cinco horas como un lirón.

Desayuno en Dreux. Nótese la cantidad de dulce
La sorpresa al levantarme fue que llovía. ¡Llovía bastante! Y parecía que cuando más llovía era cuando tratábamos en encontrarnos los unos a los otros en el parking de bicicletas. ¡Una oportunidad de sacarle provecho a los guardabarros! Al final nos pusimos en marcha Jose, Agus y yo. Marcín ya iba por delante.

Los 65 kilómetros que hay de Dreux a Paris fueron un paseo triunfal. No me importó que lloviese, en realidad ya no llovía tanto y no hacía frio: no me importaron los repechos, en realidad no eran para tanto y el paisaje era precioso; ni siquiera me importunó mucho un británico (a juzgar por el cullote, todo con la union flag, que llevaba) estuviese a punto de tirarnos por ir haciendo el tonto en la bicicleta, le increpé, él se disculpó y todos tan felices. Sobre todo yo. Era el momento de disfrutar y de aprovechar el único estado mental en el que nos encontrábamos para discutir de lo divino y lo humano. La relación entre el dolor, el sufrimiento y el placer, el uso del deporte como exaltación de las naciones o Fernando Alonso fueron sólo alguno de los temas que tocamos saltando de uno a otro con la clarividencia que sólo las circunstancias en las que rodábamos pueden darte.

Aproximándonos a Paris dejó de llover y parámos a quitarnos los chuvasqueros y ya de paso que se nos viesen los maillots. Claro que al poco, a dos kilómetros de la llegada, Agustín nos anunció que tenía una rueda pinchada. Al principio pensamos que era una broma, pero luego al ver que no lo era nos lo tomamos a broma. Como no podía ser de otra manera la lluvia arreció un poquito, Agustín se sentó en la carretera (en realidad un camino asfaltado y sin tráfico en medio de un parque) a arreglar el pinchazo, Jose se dedicó a grabar unas tomas de los ciclistas que nos adelantaban y yo a comunicar el Pakefte que volvíamos a ser protagonistas de una anécdota graciosa.

Agustín reparando el pinchazo de su rueda trasera
Una vez reparado el pinchazo nos pusimos en marcha y antes de que nos diesemos cuenta, casi por sorpresa, ya estabamos pasando sobre el control que tomaba el tiempo con los chips. Acabábamos de acabar la PBP2015 (yo no pinché en los 1.200km de la ruta).

5 meses después de haberme roto el fémur y una vertebra acababa la PBP sonriendo
Aparcamos la bici y nos dirigimos a poner el último sello. ¡Menuda cola nos encontramos! A las 10:53 me tomó tiempo el chip y a las 11:22 me pusieron el tiempo al sellar la brevet ¡Casi media hora de cola!

Agustín, Marcín, Jose y yo
No hubo tiempo para mucho más. A la cola de sellar le seguía otra cola igual de larga para coger la comida. Yo decidí no esperar. Tenía que coger un vuelo esa misma tarde a las 19:00 y todavía tenía que ir al hotel, empaquetar la bici, ducharme, comer algo y llegar al aeropuerto por lo que me despedí de mis compañeros de ruta y me puse en marcha.




Al final me dio tiempo a dormir una hora en el hotel antes de salir para al aeropuerto y una vez allí me llevé la sorpresa de que me habían puesto en primera. Me vino genial el poder entrar en la sala vip donde procedí a relajarme una vez asaltado el buffet que tenían. Curiosamente no dormí durante el vuelo, la comida que me ofrecieron estaba realmente buena y yo seguía teniendo hambre...

Llegué a casa, me duché, volví a cenar y me acosté a dormir con una sonrisa. Estaba realmente feliz.

En la página web gicentre.org/pbp2015 se pueden crear unos gráficos muy interesantes de como ha evolucionado la Paris-Brest-Paris de cada uno. Copio abajo los míos.

Mi evolución respecto al resto de ciclistas - (c) Jo Wood, 2015, giCentre, City University London
El margen de tiempo que tenía en cada etapa - (c) Jo Wood, 2015, giCentre, City University London
Este video muestra como evolucionó mi posición con respecto a los otros ciclistas a lo largo de todo el evento.


A cuidarse
Javier Arias González














Thursday, June 25, 2015

My objective for 2019's Quebrantahuesos

Last Saturday Miguel Indurain finished the Quebrantahuesos in 06:07:05.


Miguel Indurain is 50 years old. I am 47 and my personal best at the Quebrantahuesos was in 2013 finishing in 6:44:56.

In four years time, in 2019, I'll be riding Quebrantahuesos being 50 years old and my objective is to be able to ride it faster than Miguel Indurain's 06:07:05.

For someone of my generation to be able to say I rode faster than Miguel Indurain is a great deal.

Take care
Javier Arias González

Tuesday, June 16, 2015

Two quotes about training

Training goes beyond workouts. It’s lifestyle: eating, sleeping, resting, thinking--everything you do is “training.”

Which reminded me this other one that expresses the same idea a bit more accurately:

Everything you do will make you faster or make you slower

Take care
Javier Arias González 

Saturday, June 13, 2015

9 Counties 600

Alfreton, donde empezaba este 600, está a casi tres horas en coche de mi casa por lo que decidí ir el viernes por la tarde/noche y dormir en un hotel para empezar más descansado la ruta.

Siguiendo mi estrategia de los últimos brevets me puse en marcha con el grupo de cabeza para que luego me fuese pasando todo el mundo mientras yo decidía a que grupo unirme. Lamentablemente, una vez más, la estrategia no me funcionó porque enseguida llegaron las colinas y rápidamente me quedé de los últimos. Aun así tuve tiempo de conocer y charlar con Jon Kelley, que hacía su primer 600 como preparación para la Transcontinental 2015 y su  Randonneur 5000 (la gente está pirada); eso sí en cuanto llegó la primera cuesta le vi desaparecer en la lejanía.

El primer control estaba en el km49. Era en una gasolinera por lo que no me perdí mucho tiempo. Compre algo para que me dieran el ticket y me puse en marcha. La siguiente etapa era de 93km pero la hoja de ruta decía que en el km65 había un café por lo pensé que parar a tomar un segundo desayuno allí sería buena idea ya que me permitiría dividir los primeros 141km en dos.

Pues no lo fue tanto. El café estaba bien, pero fueron bastante lentos en servir por lo que aunque el descanso me vino muy bien cuando me puse en marcha si no era el último debía de faltarle poco.

Lo bueno del resto de la etapa es que el viento daba de culo y eso me permitía rodar a velocidades muy por encima de mi capacidad y, de paso, ganar tiempo al reloj. Cuando llegué al control del km141 ya había acumulado dos horas y media de colchón. 

Llegué a la vez que tres ciclistas (dos hombres y una mujer) del club de Alfreton y juntos nos sentamos en un banco a comer. Eran las 12:54, pero esto es UK y yo estaba hambriento. Tanto es así que me comí de una sentada toda la ensalada de pasta que llevaba para el día. 

Con el estómago llego, el sol en el cielo y el viento de culo me puse en marcha más contento que unas castañuelas. Adelanté a los 3 de Alfreton y seguí pedaleando sólo por una carretera que se hizo completamente llana y que ya había recorrido en la LEL. 

En el siguiente control me hice un lio con el GPS y perdí unos 10 minutos tratando de orientarme justo en el pueblo donde estaba el control. Cuando llegué, ya estaban allí los 3 de Alfreton que debieron preguntarse cómo carajo aparecía yo por detrás de ellos. Estábamos en el km194 y eran las 15:16, ya tenía casi 4 horas de colchón. Todo vida y dulzura.

Fui rápido en el control y enseguida me puse en marcha. La carretera giró a la izquierda y lo que parecía una ligera brisa de culo se convirtió en un viento huracanado entrando por la izquierda. La carretera seguía siendo totalmente llana (esa sección de la LEL que discurría en paralelo a canales de agua), pero yo me las veía para poder llegar a los 20km/h. 

En uno de los pueblos por los que pasé me alcanzaron los 3 de Alfreton que rodaban con 2 ciclistas más, sin dudarlo me uní a ellos. Rodamos el resto de la etapa juntos dándonos algo parecido a relevos. El problema era que teníamos niveles muy dispares. Uno de los tres Alfreton era el más fuerte y acabó formando un grupo con los 2 ciclistas añadidos quedándonos descolgados los otros tres. De los tres que nos quedamos la chica y yo estábamos más o menos al mismo nivel y el otro un tanto por encima. Cada vez que el se ponía por delante tanto ella como yo sufríamos (al entrar el viento de lado el ir a rueda ayuda, pero tampoco tanto). Cuando ello o yo nos poníamos delante la velocidad se reducía sustancialmente.

Pero oye, íbamos poco a poco, pero acabamos llegando al siguiente control. Cansados y machacados por el viento, pero ya estábamos en el km262 y mi colchón ya era de 5horas. Me sorprendió ver allí a Jon, en mis cálculos el debería estar muy por delante, al poco de llegar nosotros se puso en marcha el grupo en el que parecía que él rodaba, calculé que nos llevaban 15 minutos de ventaja.

La siguiente etapa era de sólo 36km, pero nos llevó 2 horas hacerla, y eso que rodábamos en grupo. Yo, directamente, no di ni un sólo relevo, bastante tenía con aguantar a rueda (y eso que rodábamos por debajo de 20km/h); incluso tuve que tomarme un gel.

El control del km294 era en una gasolinera en Lincoln. Aproveché para comer algo y como eran las 20:30 aprovechamos todos para prepararnos para la noche. Calienta brazos y piernas, chaleco reflectante, luz para el caso, encender la luz trasera. Yo estaba listo bastante antes que los demás, pero ni loco me ponía en marcha sabiendo el viento que me esperaría. Quedaban 65km hasta el control donde tenía pensado dormir, calculé que nos llevaría unas 3 horas y media llegar hasta allí.

Nos pusimos en marcha y al poco nos adelantaron un chico y una chica y el grupo acabó poniéndose a su rueda. Ahora éramos 8 ciclistas, dos de ellos iban dándose relevos delante y el resto a rueda en perfecta fila india y en un orden que a mi entender coincidía con el order de fortaleza de cada uno (siempre me resulta curioso como se establecen órdenes y rutinas de marcha sin necesidad de acordarlos de viva voz).

La verdad es que la situación era ideal para mi. Yo estaba situado en la quinta posición y el ritmo era cómodo para mi. A ese ritmo yo estaba recuperando. 

Al poco empezaron a aparecer las subidas. Cortas y no muy empinadas, al principio lo que permitió al grupo seguir rodando unido. Pero enseguida la cosa se complicó y en una de las subidas el grupo se partió en dos. 4 por delante y 4 por detrás. Yo era el cuarto del grupo delantero. Contento de estar en ese grupo, pero calculando mi estrategia porque tenía que parar a mear y por nada del mundo quería quedarme descolgado. 

En cuanto coronamos me paré y me puse a mear, sabía que los tres con los que rodaba no irían muy lejos porque uno de los que tiraba tenía a su chica en el grupo trasero por lo que suponía que rodarían despacio para esperarles. Mientras meaba vi como me pasó el segundo grupo.

Me puse en marcha a toda velocidad, descendí lo más rápido que pude y en cuanto llegó la siguiente subida vi las luces del grupo. Bueno, en realidad de grupo ya no tenían nada. El que iba tirando se había parado a esperar a su chica y los otros dos del grupo de cabeza siguieron a su ritmo. Los otros tres de grupo trasero se habían descolgado definitivamente. 

Curiosamente yo me encontraba muy bien, el haber rodado tranquilamente en grupo me había permitido recuperar por lo que apreté un poco hasta alcanzar a los dos que iban en cabeza. Me puse a su rueda con la intención de quedarme ahí. Pero al poco uno de ellos se descolgó y el otro parecía que flojeaba por lo que me puse yo delante y le fuí marcando el ritmo. Al poco alcanzamos a un ciclista (que acabó resultando ser David Foxcroft) y se unió a nuestro grupo. Los tres juntos llegamos a Alfreton, km354 a las 00:15. Este era el mismo punto del que habíamos salido (la ruta es un 8, empieza en el centro del 8 y hace primero el circulo inferior en el sentido contrario de las agujas del reloj y luego el circulo superior en el sentido de las agujas del reloj).


En el control nos tenían preparada una sopa de vegetales que a mi me supo a gloria. También tenían colchonetas y mantas que se habían usado para la LEL, me reservé una y me dispuse a dormir. Pedí que me despertasen a las 4:30 lo que me permitiría dormir casi 4 horas. Antes de acostarme me sorprendió ver a Jon entrando por la puerta. ¿cómo es que aparecía 15 minutos por detrás de mi cuando yo pensaba que estaría 15 minutos por delante? no me paré a pensarlo mucho, dormir era mi prioridad.

No hizo falta que me despertasen, antes de las 4 ya me había despertado yo y como no estaba cómodo en la cama decidí levantarme. En el control me ofrecieron un desayuno a base de huevos cocidos, tostadas con mantequlla y croissants que tomé con mi cola-cao correspondiente. Antes de ponerme en marcha me pasé por donde tenía el coche aparcado a coger comida y a las 4:30 ya estaba en la carretera.

La mañana era fresca y me costó entrar en calor. De hecho, al poco alcancé a David y me costó seguir su rueda. La carretera por la que circulábamos era preciosa. Rodeada de árboles impresionantes, sin tráfico y más bien llana, por lo que al poco nos pusimos en paralelo y nos pusimos a charlar mientras pedaleábamos tranquilamente.

El primer control del día estába sólo a 45km (km399), era en medio de una pequeña ciudad, pero era un domingo a las 7 de la mañana, no había nada abierto. Sacamos dinero de un cajero automático para que el recibo nos sirviera como prueba de paso y nos pusimos en marcha. 

La siguiente etapa era de 60km pero según la hoja de ruta en algún punto intermedio había un café (curiosamente la hoja de ruta tenía las instrucciones a seguir, pero no en los puntos kilométricos donde se debían seguir las instrucciones ver aquí). Le propuse a David parar a desayunar por segunda vez en el café y le pareció un buen plan, pero cuando salíamos de la ciudad vió una gasolinera y propuso parar a tomar un café. No es que me pareciese una gran idea, pero aproveché para tomarme un chocolate caliente. 

Cuando estábamos a punto de ponernos en marcha nos pasaron tres ciclistas. Vi que Jon era uno  de ellos y animé a David a unirnos a su grupo. Nos costó un poco enganchar con ellos porque rodaban más bien rápidos, pero lo conseguimos.

Esto eran buenas noticias. El grupo de Jon iba dándose relevos y mantenían un ritmo bastante vivo. A mi me costaba mantener el ritmo, pero me parecía un buen compromiso de esfuerzo/velocidad. 

Eso si, cuando llegamos al café en cuestión ya estábamos todos deseando parar a desayunar. Bueno todos no, uno de los que rodaba con Jon, el que rodaba más fuerte, dijo que no tenía hambre y siguió su camino. No le volví a ver. De la que llegábamos al café se iban los 3 de Alfreton y nos dijeron que el desayuno era bueno y barato por lo que aprovechamos y nos pedimos un full English breakfast. Me supo a gloria.

Desayunando se nos unió un ciclista y cuando nos pusimos en marcha éramos 5. Quedaba poco para el siguiente control, pero el viento era de cara por lo que organizamos unos relevos que salieron bastante bien y nos permitió mantener un ritmo alegre. Llegamos al control del km460 a las 10 de la mañana. Ya había acumulado más de dos horas y media de colchón. El sol también empezó a calentar; por primera vez en todo el año puse los cristales oscuros a las gafas y me quité la camiseta interior para quedarme en manga corta. 

Cuado nos pusimos en marcha David se entretuvo y entre el viento de cara y los relevos que nos dimos por delante no nos alcanzó (yo creo que decidió dejarnos ir porque rodábamos demasiado rápido para él). Esto me dejó a mi como el más débil del grupo y esa no es una posición cómoda. Estando en la segunda posición no pude entrar al relevo por lo que les dije a los demás que me descolgaba. Levanté el pie y dejé pasar a los otros dos, pero se apiadaron de mi y levantaron el pie para que pudiese entrar en el grupo. A partir de ese punto yo dejé de dar relevos.

Tampoco es que fuese por mucho tiempo. La etapa era corta, sólo 42km y acababa cruzando el Humber bridge. Me sorprendió la cantidad de gente que había en los alrededores del puente. Cuando pasamos en la LEL el puente estaba vacio, pero en esta ocasión, un domingo sobre las 11 de la mañana las inmediaciones del parque estaban a revosar de gente y tráfico. En cualquier caso aproveché para sacarme una foto y acordarme de los amigos con los que rodé la LEL.
Primera vez del año que ruedo en manga corta y con lentes oscuras
Detalle del carril bici sobre el puente. A la izquierda Jon
Curiosamente cruzando el puente el grupo se dividió en dos. Jon y uno de los ciclistas se entretuvieron sacando fotos. El otro ciclista y yo cruzamos el puente y pensamos en esperarles en el control. El control era en el pueblo al otro lado del puente. Llegamos al pueblo y nos metimos en un restaurante pensando que era el sitio obvio donde Jon y el otro irían, pero no fue así. Ni idea de donde se metieron, no los volví a ver.

El otro y yo pedimos el menú del día que incluía macarrones con vegetales y sinceramente sonaba a gloria. Después nos tomamos un postre. Total que la parada se nos quedó más bien larga. 

Cuando nos pusimos en marcha enseguida quedó claro que el otro ciclista había recuperado más y mejor que yo. Me costaba un mundo seguirle el ritmo por lo que muy rápidamente le dije que tirase que yo iría a mi ritmo. Hizo intención de quedarse y rodar conmigo, pero cuando fue evidente que eso significaría rodar muy lento acabó volviendo a su ritmo. 

Eran sólo 50km hasta el control, pero me costaron dios y ayuda. El viento me daba de cara y a estas alturas de la película yo ya estaba más bien cansado. Entre en modo supervivencia y en ese modo llegué al control donde me encontré con un grupo de ciclistas, entre ellos David. Aproveché para comer y beber bien y cuando estaba acabando vi que David se ponía en marcha por lo que apuré un poco y me fuí con él.

Los primeros kilómetros iba constantemente a su rueda. No podía ni con mi alma, pero el ritmo que David estaba marcando era un buen ritmo para recuperar. Muy constante, ni un sólo tirón. Eso me permitía seguir comiendo y bebiendo y parando a mear (increiblemente en un periodo muy corto tuve que parar unas 6 veces). Yo sabía que tenía que recuperar porque los últimos 20km coincidían con los primeros 20 kilómetros que habíamos recorrido por la mañana y eran un constante sube y baja con algunas rampas duras.

Y conseguí recuperarme. Poco a poco empecé a darle relevos cada vez más y más largos hasta que llegó un punto en el que me puse yo delante y le marqué el ritmo yo a él; sociedad perfecta. 

Cuando a unos 10km del control final alcanzamos a un ciclista y al poco los tres nos relajamos y nos pusimos a charlar tranquilamente sobre planes y estrategias para la Paris-Brest-Paris. Sabíamos que llegaríamos sobrados de tiempo y era momento de disfrutar.


Llegamos al control final a las 19:40, 2 horas y 40 minutos de margen. En el control aproveché para tomarme una pinta de leche con un bizcocho que nos ofrecieron. Me comí también unos haribos, un platano una manzana y un bollito de chocolate que llevaba yo. No me entretuve mucho porque todavía me quedaba el viaje a casa por lo que me despedí de los ciclistas que por ahí estaban, agradecí a los voluntarios su trabajo y me fui hacia el coche.

Sabía que no podría hacer las casi tres horas del viaje de vuelta del tirón por lo que cuando se pasó la excitación de haber acabado y empezó a entrarme sueño me paré en un área de servicio a dormir. Dormí dos horas en el coche, cuando me salí para ir al servicio parecía robocop de lo que me costaba moverme. Aproveché para cenar en el área de servicio y una vez despejado y cenado me puse de nuevo en marcha. Llegué a casa sobre la 1:30 de la mañana, me duché, piqué algo rápido y me acosté. El lunes tenía que coger un vuelo para irme a Los Angeles. El jueves volé de regreso de Los Angeles a Londres. Todavía hoy mi cuerpo está recuperándose de la combinación de esfuerzo físico y jet lag de toda la semana.


A cuidarse
Javier Arias González





Wednesday, June 3, 2015

Windsor Chester Windsor 600

Había dos horarios de salida, las 6:00 o las 7:30. Yo escogí salir a las 6:00 de la mañana y de ellos enseguida me puse en el grupo de cabeza. Mis intenciones eran claras, cuanto más adelante empezase más gente me pasaría y más posibilidades tendría de encontrar un tren al que subirme.

En el kilómetro 7 pinché la rueda delantera y se fue al carajo el plan. Todos los que habían salido a las 6:00 me pasaron mientras yo cambiaba la cámara.

Algo debí hacer mal porque sólo unos 4 km más tarde la cámara explotó. Seguramente no la había encajado bien. Con una tranquilidad que ahora me resulta asombrosa me puse a cambiar la cámara usando la segunda de las dos que siempre llevo.

Cuando cruzaba el puente sobre el Támesis en Henley (25km) otra vez tenía la rueda delantera pinchada. Pues muy bien, eran sobre las 7:30 de la mañana de un Sábado, no tenía más cámaras y me quedaban casi 600km por delante.

Vi un ciclista sacando fotos sobre el puente que acababa de cruzar y me acerqué a preguntarle si me vendia una cámara. Me dijo que no podía que sólo tenía una. Pero la suerte me sonrió, mientras caminaba de vuelta a la bici vi a un grupo de tres ciclistas me acerqué a ellos y les pregunté si me vendían una cámara, uno de ellos sacó inmediatamente su cámara y me la ofreció negándose a aceptar dinero a cambio. Les agradecí todo lo que pude el gesto, reparé la cámara y me puse en marcha.

Cuando llegué al primer control (km50) ya se iba el último ciclista. Sellé y mientras sellaba les pregunte a los del control donde habría una tienda de bicis, me preguntaron y resulta que ellos tenían cámaras por si acaso. Me vendieron dos. Me bebí una taza de leche con una galleta y me puse en marcha con rapidez.

Cuando iba por el kilómetro 80 me pasaron Alex Scutt y Mark Dempster como aviones. Alex y Mark son dos Kingston Wheelers que se están preparando para hacer la PBP en el menor tiempo posible. Habían salido a las 7:30. ¡¡¡En 80 kilómetros me habían sacado una hora y media!!! Recuerdo que en ese momento pensé que me encontraba tan cansado como si hubiese recorrido 200km seguí a mi ritmo, pero con la moral un poco tocada.

En algún punto cercano al kilómetro 100 volví a pinchar. Cuarto pinchazo en 100 kilómetros. Decidí cambiar la cubierta. Y en ello estaba cuando apareció Gavin, otro Kingston Wheeler que había salido a las 7:30. Le aseguré que tenía de todo y le animé a que siguiese camino.

Llegué al control del kilómetro 131 cansado. Pero allí tuve la oportunidad de conocer a Shu Pillinger. Shu va a intentar ser la primera mujer británica que complete la RAAM en solitario en unas semanas. Estaba de voluntaria en el control ayudando en la cocina. Charlar con ella me subió la moral y habría seguido haciéndole preguntas, pero tenía que ponerme en marcha; no me sobraba mucho tiempo.

En el siguiente sector teníamos que atravesar dos riachuelos. En el primero me bajé de la bici y crucé por un estrecho puente para peatones. Al segundo llegué a la vez que cinco ciclistas más, como ellos se animaron a pasar sobre la bici yo hice lo mismo. Pero mi rueda delantera patinó y me caí al riachuelo quedándome tendido cuan largo soy. No me hice nada de daño, pero me empapé.

De los cinco ciclistas con los que había coincidido al cruzar el riachuelo tres de ellos rodaban juntos. Cuando me pasaron uno de ellos bromeó con si seguía mojado y yo aproveché que había roto el hielo para pedirles permiso para unirme a su grupo. Aceptaron encantados. Perfecto. Rodé con ellos los 20km que quedaban hasta el siguiente control (km182). Allí nos sentamos juntos a comer algo y a presentarnos oficialmente. Como vi que su parada iba a ser más larga de lo que me interesaba les dije que yo tiraba que ya me uniría a ellos cuando me alcanzasen.

Y me puse a rodar tranquilamente. Tal vez demasiado tranquilamente. En un momento dado apareció una rotonda que no se mencionaba en la hoja de ruta, me paro consulto el Garmin y veo que estoy fuera de ruta, bastante fuera de ruta (por algún motivo el Garmin no me avisó con el pitido y el mensaje de off route). Sigo asombrado con lo tranquilamente que me lo tomé. Hice zoom out al mapa, miré las opciones que tenía, seleccioné la ruta y me puse en marcha como si nada hubiese pasado. Ni un triste juramento. Al final fueron 10 kilómetros extra. Cuando llegué al siguiente control (km 240) los tres ciclistas ya se iban. Calculé que me sacaban media hora de ventaja.

Se supone que la ruta iba y volvía por el mismo sitio. Ese desvío a la izquierda y la posterior corrección a derechas es donde me perdí.
El siguiente tramo (73km) se me hizo pesado. Estaba oscureciendo y el cielo empezaba a encapotarse. En un momento dado se hizo de noche y empezó a llover, aunque no mucho la verdad. No veía el momento de llegar al control. Mis planes estaban claros. La previsión metereológica era que llovería hasta al amanecer, no tenía sentido seguir pedaleando en la noche lluviosa, en cuanto llegase al control me acostaría a dormir para descansar lo más posible. Me quedaría la mitad del recorrido para el día siguiente.

Al final llegué sobre las 23:45, estaba en mitad de la ruta (km313). Nada más llegar me ofrecieron comida caliente, café, té, arroz con leche y melocotón en almíbar, un lujo. Comí un poco y enseguida me acosté. Una vez más tuve suerte porque cuando llegué no había colchonetas libres e iba a acostarme en el suelo, pero cuando me iba a acostar el que dormía en la colchoneta de al lado se levantó. Inmediatamente la ocupé, me puse el antifaz, los tapones para los oídos y me dormí al instante; estaba agotado.
La parte donde estaban las colchonetas en el control que dormí
Tenía pensado dormir tres horas, pero por algún motivo a las dos horas y media me desperté y me sentí suficientemente despejado para levantarme. Me lo tomé con calma, tenía el cuerpo acartonado y quería desayunar bien antes de ponerme en marcha. Fuera todavía llovía.

Me puse en marcha sobre las 3:30 de la mañana tenía 4 horas para recorrer 73km y llegar al siguiente control antes de las 7:28. Tenía un poco de viento de cara, pero nada demasiado serio. Claro que la cosa empeoró cuando volví a pinchar la rueda delantera. El 5 pinchazo en lo que llevaba de ruta. He de confesar que si que bajé algún que otro santo del cielo. Revisé la cubierta con mucho mimo y me aseguré lo mejor que podía de que el pinchazo estaba bien reparado. Otra vez era la última cámara que me quedaba.

Cuando me puse en marcha y me puse a hacer cálculos caí en la cuenta de que iba justo de tiempo. Tendría que mantener un ritmo un tanto vivo. A medida que pasaban los kilómetros y el tiempo los cálculos me decían que tenia que apretar un poco más porque iba muy justo de tiempo. Al final era una montaña rusa. Cuando hacia unos cuantos kilómetros llanos me parecía que me sobraría tiempo, cuando aparecía la más mínima subida me daba cuenta de que iba muy justo de tiempo. Apreté el ritmo un poco más alimentando el cuerpo con un gel y sorprendiéndome de lo bien que reaccionaba (relativamente hablando claro). Cuando divisé el pueblo donde estaba el control vi (y recordé en ese momento) que estaba en un alto. Me tocó atacar la cuesta con todo lo que tenía e incluso esprintar hasta la puerta del control. Prácticamente me tiré de la bici en marcha, cogí la brevet y entré en el control como una exhalación; le presenté al voluntario que me tenía que sellar la brevet diciéndole "no me digas que han pasado de las 7:28" a la vez que miraba el tablet que tenía sobre su mesa. El reloj marcaba las 7:28:58. Me habían sobrado 2 segundos. Me senté en la silla agotado mientras el voluntario me felicitaba por el esfuerzo. Mi siguiente frase fue ¿no tendrás por ahí una cámara de sobra? Y tenía una, que me regaló.

Aproveché para comer unos cereales con leche y descansar, había hecho un esfuerzo considerable en las últimas dos horas, pero tenía que ponerme en marcha porque estaba en tiempo prestado; tiempo que tendría que recuperar antes de llegar al siguiente control que estaba "sólo" a 56km.

Cuando subí a la bicicleta cada músculo de mi cuerpo se quejó. No pude más que empezar muy despacio y dejar que el cuerpo se fuese activando de nuevo poco a poco. Cuando llegué al control (km443) me volví a encontrar con los tres ciclistas con los que había rodado brevemente el día anterior, ellos se ponían en marcha. Calculé que me seguían sacando media hora de ventaja. En ese control me ofrecieron un puré de lentejas que estaba delicioso, me tomé dos platos. Me puse en marcha justamente a la hora que me habría cerrado el control, dejaba de vivir de tiempo prestado.

Cuando llegué al siguiente control (km494) tenía 30 minutos de margen al ponerme en marcha. Pare 10 minutos y me puse en marcha. Me preocupaban los últimos 133km porque tenían bastantes subidas y yo ya estaba muy machacado. La cosa iba a estar muy justa.

Al ponerme en marcha coincidí con otros tres ciclistas que también se ponían en marcha. Dos de ellos estaban haciendo la ruta en una fixi. También en ese momento entraba al control una pareja de ciclistas, al cruzarme con ella me dijo "disfruta la subida". Y al poco caí en qué quería decir. Apenas 300 metros después de ponernos en marcha apareció una cuesta matadora. Todo metido y venga pa'rriba como puedas. Curiosamente a medida que subía me iba encontrando mejor. Había empezado el último pero fui adelantando a cada uno de los ciclistas y cuando coroné les sacaba bastante ventaja. No les esperé, asumí que me alcanzarían al poco. Pero no fue así. Las cuestas se sucedían una tras otra, el viento soplaba de culo y yo no me encontraba del todo mal (en términos relativos claro está). Subía con todo metido y bajaba cómodamente (lo cual es en si mismo un logro). No fue hasta 60km más tarde que me alcanzaron. Faltaban unos 15km para el control y yo ya empezaba a notarme fatigado. Cuando llegaron a mi altura pude seguirles el ritmo un tiempo, pero al poco me descolgué y seguí a mi ritmo hasta el control.

En el control nos sentamos juntos y comentamos la posibilidad de acabar sobre las 21:30. A mi me servía, pero tenía que ponerme en marcha. Ellos habían salido a las 7:30 y tenían dos horas de margen, pero yo sólo tenía 30 minutos, tenía 50km por recorrer y recordaba un par de colinas que me quedaban por subir. Por lo que me puse en marcha antes que ellos con la consabida frase de "ya me alcanzaréis".

No subí del todo mal la primera de ellas y luego disfruté de su largo y rápido descenso. La segunda de ellas, la que está a la salida de Henley me costó dios y ayuda. Cuando llegué a la cima llegó también uno de los tres ciclistas que se paró a esperar a los otros dos. Yo seguí a mi ritmo. A partir de ese momento era ya todo favorable y la consciencia de que acabaría me revivió un poco.

Cuando me bajaba de la bici en el control final llegaron los tres ciclistas. Eran las 21:32, me habían sobrado 28 minutos. En el control me encontré con Pete y charlé un rato con él, pero enseguida me di cuenta que estaba agotado y que mi cuerpo empezaba a apagarse. Me despedí e inmediatamente me fui para casa (que está a sólo media hora en coche), me duché, cené un poco de pasta y unos frutos secos y me acosté. Estaba agotado.

¡Prueba superada!
Os dejo un video que ha grabado uno de los voluntarios en el control de Christleton (313km). Está en inglés pero en mi opinión incluso sólo las imágenes reflejan muy bien la atmósfera en los brevets de UK. Además salimos brevemente tres Kingston Wheelers, Richard Evans en el minuto 6:20, Pete Mastenko en 7:37 y yo, durmiendo, en el 10:43.


La ruta en Strava

Un artículo de la revista Cyclist sobre este evento.

A cuidarse
Javier Arias González

Monday, May 25, 2015

The Flatlands 600 (español)

El nombre lo dice todo, este es un 600 llano, llano. A mi me han salido unos 1,700 metros de desnivel. Las colinas (y cada vez que mencione colinas o subidas debe de entenderse meros repechos, en este país llaman colina a cualquier cosa) se concentran en los primeros 60 y en los últimos 30km.

Eramos unos 150 por lo que nos dieron la salida en grupos de 10 ó 15. Yo salí en el segundo grupo con la idea de esperar a que me pasase algún tren al que subirme. Y tuve suerte porque enseguida me encontré en medio de un grupo de 10 ciclistas rodando cómodamente.

Llegamos al primer control a las 8:26 y como era muy tempano para mi sólo paré para ir al servicio y enseguida me puse en marcha. Al poco tres ciclistas (dos hombres y una mujer) que iban en el grupo de 10 me adelantaron. Me sumé a ellos y luego se nos unieron dos ciclistas más. El ritmo era un poco más alto que el que habíamos llevado en la primera etapa pero yo iba pensando que merecía la pena con tal de estar a cubierto del viento de cara.

El problema vino cuando intentamos organizar relevos. Como muy bien sabemos en el Pakefte la consecuencia inmediata de cuando se hace relevos mal hechos es que la velocidad aumenta y aumenta y aumenta. Hasta tal punto que cuando estaba el segundo no pude aguantar el ritmo y me abrí hacia la derecha. Por suerte alguien se quejó y el ritmo bajó un poco. De todas maneras cuando llegamos al siguiente control (km130) habíamos descolgado a los otros dos ciclistas.

Después de una rápida parada para tomar una taza de leche me puse en marcha y al poco los tres ciclistas me volvieron a pasar. Esta vez ni siquiera intenté ponerme a su rueda, pero unos kilómetros más tarde un paso a nivel y un par de semáforos permitieron que me uniera a ellos. Unos 20km más tarde llegábamos al control. Era el km 187 y eran las 14:12, depués de 8 horas sobre la bici estaba hambriento.

En esta ocasión no llevaba mi propia comida (la primera vez que lo hago en un brevet) pero es que parte de mi estrategia era llevar la bici lo más ligera posible. Me tocó comer en un en un café Nero.


La historia volvió a repetirse. Cuando llevaba unos kilómetros rodando los tres ciclistas volvieron a pasarme, pero esta vez ya miré hacia otro lado e hice como si no los había visto, ni se me cruzó por la imaginación unirme a ellos. Por suerte ahora tenía viento de culo y a pesar de que ya estaba muy cansado era capaz de mantener una velocidad decente. Cuando llegué al control del km 277 había ganado suficiente tiempo como para pensar en parar a dormir, llamé a un hotel y me cogí una noche, si todo se daba bien tendría seis o siete horas para recuperar.

Llegué a Goole, km 377 rodando con dos ciclistas con los que había coincidido un par de veces. Eran las 20:40 y tenía mucha hambre por lo que me decidí por un McDonals.



Hacía años que no comía un big mac, pero me apetecía algo caliente y en los mcdonals te sirven rápido. Cuando estaba a punto de ponerme en marcha aparecieron los tres ciclistas, no tengo ni idea en que momento les adelanté ni como es que yo iba por delante, pero oye, ahí estaban.

La siguiente etapa eran 57 kilómetros, pero mi hotel estaba a 37. Llegué sobre las 22:30 y mi plan era estar dormido a las 23:15, despertarme a las 5:00 y ponerme en marcha a las 5:30 con una hora y media para recorrer los 20 kilómetros hasta el control. Era un poco arriesgado pero esperaba que el viento amainase a tan tempranas horas y estar bien recuperado.

Pero no fue así. Pase una noche horrible. Tenía el estomago revuelto y me levanté cuatro veces a intentar vomitar la puta (¿puedo decir puta?) BigMac, pero no pude. Primero una de mis hijas, luego la otra y luego su madre habían pasado un virus esta semana que las había tenido con diarreas y vómitos, se ve que era mi turno. 

Desayunando en el hotel me encontré con otros dos ciclistas. Charlamos durante el desayuno pero yo estaba listo para ponerme en marcha antes que ellos por lo que me despedí sabiendo que yo rodaría más lento.

Y vaya que si rodaba lento. Al poco me adelantaron y no pude unirme a ellos. Nunca llegué a preocuparme por llegar a tiempo al control, estaba demasiado concentrado en manejar lo mal que me sentía. Cuando llegué al control a las 6:51 uno de los ciclistas me dijo que había llegado 4 minutos antes de límite. Mirando la hoja de ruta en realidad fue sólo un minuto (aunque luego en la brevet decía que el control cerraba 17 minutos más tarde)


La siguiente etapa, 57km, fue terrible. Estaba débil, el estomago no me dejaba en paz y el viento de cara hacían que rodase por debajo de los 20km/h, peligrosamente lento para un 600. Pero no se como no sentí ningún estrés por llegar fuera de control, sabía que estaba cerca de los límites, pero rodaba al único ritmo que podía mantener.

Cuando llegué  con 16 minutos de margen lo que significa que había rodado a unos 18km/h, me pedí un chocolate caliente pero nada de comer.

Enseguida me puse en marcha de nuevo y al salir de la ciudad un paso a nivel cerrado me obligó a parar. Desde donde estaba podía ver la estación y por mi mente pasó la idea de retirarme y coger un tren. Por suerte el tren pasó y las barreras se abrieron antes de que pudiera darle una segunda pensada a la idea.

Enseguida los dos ciclistas con los que había coincidido en el hotel me adelantaron (ellos rodaban más rápido, pero yo paraba menos tiempo). Nada más pasarme a uno de ellos se le enganchó en la rueda una correa de su bolsa trasera y partió la barra del sillín (luego me enteré que era de carbono). Cuando los adelantaba vi que estaban los dos bien y no paré, normalmente yo habría parado y la verdad es que todavía hoy siento no haber parado, pero es que haber parado me habría puesto al borde del fuera de control)

Esta etapa era de 90km, todavía tenía viento de cara, el chocolate no me había sentado nada bien, estaba incómodo con el coullote que llevaba y, por si fuera poco, se puso a llover. En pocos kilómetros paré tres veces. Una para cambiarme el coullote por el que había usado el día anterior, otra para ponerme el chubasquero y otra para tratar de vomitar. Había llegado a la conclusión de que eso calmaría mi estomago.

No pude vomitar, pero cuando estaba a punto de ponerme en marcha apareció el milagro. Un grupo de cinco ciclistas (4 hombres y 1 mujer) me invitaron a que me uniese a ellos. Ese fue Vincent, que incluso se descolgó del grupo para esperarme y ofrecerme su rueda para llevarme a la cola del grupo.

Rodaban a un buen ritmo y colocado en la parte de atrás conseguí mantenerme a su rueda. Me rescataron a 60km del control. No fueron 60 kilómetros fáciles, pero sabía que me estaban salvando la brevet. Me protegieron del viento, me dieron conversación y me dieron la oportunidad de recuperarme. Cuando lleguamos al control (km434) estaba hambriento, cosa que era buena señal.

La última etapa eran 90 kilómetros con unos 30 de "colinas" al final. Me encontraba un poco mejor e incluso di dos relevos, flojitos, eso sí, al frente del grupo. Para cuando llegamos a las colinas decidí mi estrategia, seguiría la rueda de la chica. Era de las que subía más rápido, pero rodaba de forma constante, sin tirones y eso era lo que necesitaba. El reto de mantenerle la rueda colina tras colina me ayudó en ese tramo.

Ya sabéis lo que pasa cuando quedan 20 kilómetros para acabar, la adrenalina empieza a fluir por el cuerpo y empiezas a sentirte alegre y optimista. Cuando faltaban 15 se dio el punto de "seguro que acabo" (ese punto donde aunque se rompa la bici y tuviese que andar hasta el control aun llegaría a tiempo). Cuando faltaban 10km empecé a reconocer algunas de las "colinas" que subimos en la última etapa de la LEL2013 (¡Que buenos recuerdos!) y de repente llegamos al control final.

Eran exactamente las 20:30. Había acabado el 600 38 horas y media, una hora y media de margen. Les di las gracias a cada uno de los cinco ciclistas que me ayudaron en los últimos 150 km confesándoles que sin ellos no habría podido acabar dentro del límite


El ambiente en el pub que era el último control era genial. Un montón de ciclistas en la terraza disfrutando de los últimos rayos de sol de la tarde y un montón de conversaciones sobre la PBP, pero no me quedé mucho tiempo, me estaba quedando frio y tenía unas ganas enormes de llegar a casa.

Mi estomago está todavía tocado, he comido un poco de arroz lo he tenido revuelto toda la tarde. Voy a hacer una dieta ligera por un par de días porque necesito que se recupere para el 600 del próximo fin de semana.

A cuidarse
Javier Arias González