domingo, 16 de mayo de 2010

Mi primer 400, el 400 de Algete - 7 y 8 de Mayo de 2010

¿Qué pasa "biciosos"?

Los prolegómenos
La semana anterior me había caído de la bici de montaña en Asturias y la consecuencia más importante era un agudo dolor en el brazo. Me dolían los tendones. Me dolían mucho los tendones si giraba la mano. No tenía nada claro yo eso de participar en el 400.

No fuí a trabajar en bici durante toda la semana para dar descanso al brazo.

Toda la semana procuré dormir 8 ó 9 horas cada día para estar descansado. No había perdido la esperanza de participar en el 400 de Algete.

La noche del Miércoles al Jueves me costó dormirme. Pensaba en el 400; que ritmo llevar, como soportar la noche, etc. Estaba nervioso.

El Jueves decidí que participaría en el 400. Si me ponía nervioso quería decir que el subconsciente ya sabía que yo participaría aunque yo todavía no me hubiese decidido. Subí la bicicleta a casa y empecé a poner sobre una cama todo lo que tendría que llevar. No tengo muy claro que ropa llevar, por si acaso pongo una camiseta interior, una maillot y una chaqueta de entretiempo. Guantes largos y cortos por aquello de hacer caso a lo que había aprendido en el 300. Coullote corto que, aunque Juan haya dicho que va a hacer frío, en las piernas no se pasa frío. Una vez tomada la decisión me sentía muy tranquilo. A eso se le llama inconsciencia.

El Viernes trabajé sólo por la mañana. Comí en casa un plato enorme de ensalada de pasta regada con vino tinto.


Me acosté a dormir una siesta, el vino hizo su efecto y dormí profundamente una hora y media. Entre sueños decidí que necesitaba instalar en la bicicleta un transportín para poder llevar todo lo que necesitaría. Me levanto a las 17:00 y me voy a Ciclos Delicias, así, sobrado de tiempo, a hacerme con un transportín y su correspondiente bolsa. Encantado con mi compra me voy a casa y saco provecho a mis conocimientos de mecánica (!!!???) para montar un transportín en una bicicleta full carbon. No queda muy pro, pero yo estoy encantado con el resultado.

Ceno ensalada de pasta, esta vez regada con agua del grifo, a las 19:00. Me tomo un café con leche en vaso en el bar de debajo de mi casa. Salgo ha buscar a Agustín y entre pitos y flautas a las 21:30 aproximadamente llegamos al polideportivo de Algete. Nos registramos. Nos encontramos con los compañeros del Pakefte, incluida Paloma que no tenía pensado participar, pero nos daba ánimos. Nos acicalamos. Esto está a punto de empezar.

Estoooooooo. ¿Qué hace todo el mundo con coullote largo?. Lo comento con los compañeros y todo el mundo está de acuerdo en que va a hacer un frío de la leche y que ir de corto es de locos. Bien; pues yo de corto. Menos mal que el maestro Edu llevaba coullote largo y también perneras por si se decidía a poner el coullote corto. Y no sólo las llevaba sino que me las ofrecía. Todavía opinando que casi treinta ciclistas estaban equivocados y que yo, en mi primer 400, era el que tenía razón, acepté las perneras de Edu no fuese que al final fuera yo el equivocado.

El plan
Pues muy sencillo. Empezar a rodar a las 22:00 y hacerse 400 kilómetros en menos de 27 horas. El perfíl tenía esta pinta (aunque hubo cambios de recorridos en los últimos kilómetros).


Se esperaba viento a favor durante los primeros 140 kilómetros y viento en contra los últimos 225 kilómetros (esto es un poco injusto ¿no?). Durante el Viernes había llovido en plan tormenta, pero no se esperaba lluvia durante el recorrido. Algunos ciclistas opinaban que durante la noche haría mucho frío, pero no todos. 

Trataría de ir publicando la experiencia en mi perfil público de Google Buzz.

¿Quien se vino?
Aunque teníamos la intención de hacer la brevet completa siete, al final, de una manera o de otra fuimos diez. En perfecto orden alfabético:

  • Agustín. El que baila sobre la bici. El heterodoxo que nunca será admitido en un club de pros.
  • Antonio. El rey. El que se mueve a ritmo constante mientras los demás pululamos a su alrededor.
  • Buje. La elegancia y la clase sobre la bicicleta. El que siempre da la impresión de ir bien. 
  • Edu. Sabio, maestro. El de eléctrico ritmo.
  • Jose. El generoso. El que siempre ofrece rueda. El de poderoso rodar.
  • Josu. El que josuea. Genio y figura.
  • Juan. El opositor. Al que unos pocos kilómetros le sirven para plantearse hacer el próximo 400.
  • Paloma. El ánimo constante. La que se aparece tras las curvas repartiendo ánimos y apoyos.
  • Pilar. La recuperada. Traficante de Guayaba.
  • Yo. María dolores.
Para Agustín, Buje, Jose y para mi este era nuestro primer 400. Antonio, Edu y Josu ya tenían experiencia en estas lides.


¿Cómo fue la ruta?
Empezamos muy bien. Los (aproximadamente) treinta ciclistas en pelotón. Enseguida nos encontramos en carreteras sin tráfico. El brazo sólo me dolía si pillaba un bache, eso si, si pillaba un bache veía las estrellas (en el sentido figurado, que hay discrepancia de opiniones sobre la presencia de estrellas en el cielo durante la ruta). Radio María amenizaba con sus cánticos la ruta y no hacía mucho frío, yo llevaba puestas las perneras de Edu, pero sólo por si acaso.

A una hora indeterminada, en un punto indeterminado de la noche el café hace su efecto y me paro a mear. El pelotón sigue a su ritmo. Cuando me pongo en marcha los he perdido de vista. Estoy sólo en mitad de la ¿estrellada? noche (Insisto. Hay discrepancia de opiniones entre los participantes sobre la visibilidad de las estrellas visibles en el cielo durante la ruta. Yo uso aquí estrellada porque le da un toque poético a la crónica pero la pongo entre interrogaciones para ser lo más fiel posible a la realidad; aunque no importe. Fin de la nota). Me alegra comprobar que mis dos focos (Cateye HL-EL530) dan buena luz. Acelero para alcanzar al pelotón. Viene una bajada. Luego una subida que reconozco del 300 (impresionante memoria). Subo a ese ritmo indefinido del que quiere alcanzar a sus colegas, ya a la vista, pero no quiere gastar más de lo necesario. En lo alto de la cuesta los alcanzo. La cuesta ha hecho que el pelotón se deshaga y ahora, fieles a la tradición, los del Pakefte vamos los últimos; o los penúltimos.

Momento nebuloso en mi memoria.

Llegamos a Cogolludo. El lugar donde teníamos planeada la primera parada. Un sitio ideal dado que es un pueblo que tiene una máquina de refrescos que funciona. Es la 1:00 de la madrugada y, obviamente, no hay nada más abierto. Llevábamos tres horas seguidas pedaleando sin parar (salvo la parada fisiológica) y Edu había programado una parada de 15 minutos. Yo, gracias a la experiencia del 300, unos kilómetros antes ya me había hecho una lista de las tareas que tenía que hacer. Parada. Sacar un bocadillo de nocilla (con pan integral), subir el sillín que iba un poco bajo, apretar el foco derecho que estaba un poco flojo, comer una barrita energética, mear, empaquetar todo. Listo en 15 minutos exactos. Nos ponemos en marcha.

Estooooo; no me acuerdo de que venía por aquí, pero sigo con lo que me acuerdo.

Pin pan pun. Pin pan pun llegamos a Atienza. Y todo bien.

Vamos a ver, entendámonos. Estamos parados en una fuente sin nada alrededor. Son las 3:45 de la mañana. Llevamos pedaleando 5 horas y 45 minutos (habría que descontar las paradas fisiológicas que aunque no me acuerde seguro que existieron). Hemos recorrido 108Km (míralo de esta manera, ya llevas un cuarto de la crónica). Llevamos 40 minutos de retraso según el horario de Edu que con precisión alucinante había pronosticado que llegaríamos a Atienza a las 3:05. Pero no importa, pararemos sólo 15 minutos. También esta orbayando (aunque no está previsto que llueva) y yo hace varios kilómetros que he dado la razón a aquellos, tampoco tantos, que decían que haría frío. Las perneras, aunque me venían grandes (pedazo de piernas las del Edu) me salvan de que se me congelen las rodillas. Gracias, gracias y gracias Edu.

Reconozco que el panorama no es como para calificarlo de "todo bien". Pero es que nos acabábamos de re-agrupar con Edu y Jose que habían rodado los últimos kilómetros por delante del Pakefte y a mi eso me alegra. Además yo me estaba comiendo un bocadillo de chorizo (con pan integral) y un plátano y me estaba sentando de maravilla. Pero es que, por si fuera poco, estando allí parados, llegan los de Pueblo Nuevo lo que significa que no íbamos los últimos. ¿Cómo no iba a estar todo bien? 

Claro que lo vivido a la salida de Atienza casi acaba con tan optimista percepción.

El panorama era este. Se empieza subiendo. Es una rampa corta y medianamente dura, pero eso no significa que no sea subiendo. No mola. Después de la subida viene una bajada y a pesar de lo que pudiera parecer tampoco mola. ¡¡¡¡La carretera está llena de baches!!!! ¡¡¡¡Está lloviendo!!!! ¡¡¡¡NO VEO NADA!!!!

Lo de la buena luz de mis dos focos (Cateye HL-EL530) resulta que tampoco es para tanto. Con las gafas puestas no veo nada y sin ellas tampoco. Yo trato de esquivar los baches. Pero con poco éxito. Como mucho consigo esquivar uno o dos, el resto los pillo todos. Diga lo que diga la polémica yo, en esta parte del recorrido, y a pesar de que el cielo esté cubierto, veo las estrellas. Además de colores. ¡¡¡¡Encima hace frío incluso con perneras!!!!

Edu marcaba un ritmo eléctrico. Buje y yo intentábamos seguirle. Rodábamos posiblemente un poco más rápido de lo que la prudencia aconsejaba. El resto del Pakefte se había quedado atrás.  La carretera era un constate sube y baja (con baches), seguía lloviendo. Las perneras se me caían, sobre todo la derecha. Tenía ganas de mear.

Casi empiezo a pasarlo mal, pero decidí avisar a Buje que yo paraba. Meo, me subo las perneras y nos ponemos en marcha. Acordamos entre nosotros que a Edu ya no le pillamos y por lo tanto ponemos un ritmo más sensato. De repente se acaban la carretera de los baches y rodamos sobre  buen asfalto. ¿Qué más da que todo estuviese lleno de charcos? Todo volvía a estar bien.

Buje y yo rodamos con cierta tranquilidad bajo la lluvia. Yo llevo buen ánimo a pesar de que llueve con fuerza, de que la pernera derecha se me baja constantemente, de que un foco se me queda sin pilas (Enseñanza. No te fíes de las pilas que te vienen con los focos cuando los compras) y de que de vez en cuando tengo que parar a mear. Buje no si lo lleva con buen ánimo o no, pero desde luego lo lleva con su elegancia habitual mis constantes interrupciones y paradas.

En un punto indeterminado de la ruta nos encontramos con un ciclista parado en el arcén de la carretera. Resulta que tiene la rueda pinchada. Pero no sólo eso. La cubierta la tiene ya desgastada y la rueda se pincha una y otra vez. El tío lanzaba improperios y bajaba santos del cielo de manera acorde a la situación, pero hinchó la rueda y decidió que podía seguir. Tiró por delante de nosotros, pero a los pocos kilómetros lo volvimos a alcanzar. Había vuelto a pinchar. Como no teníamos cubiertas le dijimos que pidiese una cubierta a los que venían por detrás y allí le dejamos. Lección aprendida; una cubierta no ocupa tanto espacio y te puede sacar de una situación indeseable.

En Berlanga de Duero (a lo mejor era en otro pueblo, no lo tengo muy claro) paramos a que yo me suba la pernera derecha, a mear y a comernos una barrita energética. Edu está por delante y el resto por detrás lo comentamos y decidimos seguir rodando hasta Almazán donde estaba el primer control y donde nos podríamos reagrupar.

Es triste, y a la vez no sorprendente, pero a los pocos kilómetros me volvió a fallar un foco, se me volvió a bajar la pernera derecha y volvía a tener ganas de mear. Volvemos a parar en medio de una carretera y bajo una lluvia considerable. En el tiempo que nos llevó la parada vimos que se acercaba un grupo de ciclistas. Al poco comprobamos que era la porción del Pakefte que venía por detrás. Nos reagrupamos y juntos rodamos camino a Almazan.

La lluvia paró y volvió a empezar un par de veces. Amaneció en las rectas camino a Almazán. Hacía un frío de la leche. ¡Menos mal que llevaba las perneras!

A las 7:22 llegamos al bar de Almazán donde debíamos sellar. Allí estaba Edu tomándose su café con magdalenas. Sellamos (lo primer siempre ha de ser sellar, que ha eso hemos venido) y a mi me costó escribir la hora. Al tercer intento lo conseguí. Llevábamos 9 horas y 22 minutos de ruta, 180 kilómetros y yo estaba helado. Me desayuno un pincho de tortilla, bisolan, café con leche y tres magdalenas.

Jose dice que se va. Yo pienso que bromea, pero no. Que se va. Que llevaba lloviendonos prácticamente las últimas cuatro horas, que el es andaluz que la lluvia no le gusta y que ya está bien de frio y humedad. Pregunta en el bar donde esta la estación del tren y para allí que se las pira.

Edu había planificado media hora de parada, pero no le hicimos mucho caso. Necesitábamos una parada un poco más larga. Por lo menos 40 minutos. Edu decide que el tira. Nosotros nos quedamos.

Cuando salgo para empezar a recoger, todavía tiritando, me encuentro con Jose. Por lo visto hay un tren a las 09:18, pero no estaba claro que admitan bicicletas. El siguiente tren es sobre las seis de la tarde. No quiere arriesgarse a quedarse atrapado en Almazán. Yo me alegro. Me gusta que Jose siga en el grupo.

Empezamos a rodar no se a que hora, con frío, sin lluvia pero con el previsto viento de cara. En las primeras rampas nos dividimos. Antonio, Buje, Jose y yo por delante; Josu y Agustín por detrás, a su ritmo. Yo intento hacer reset mental. Intento convencer al cuerpo de que es un día normal y que empieza la ruta. No estoy seguro de si hace efecto, pero oye así se entretiene uno.

Empezamos a subir hacia Baraona. A mi las rampas me sentaron bien. ¿Os lo podéis creer? Toda la noche pedaleando y las primeras rampas de la mañana me sientan bien. Pero es que el esfuerzo de subir hace que entre en calor y aunque sople el aire el cuerpo se entona.

Llegamos a Baraona. Paramos en una fuente que resulta no tener agua. Bebo del botello, me como una barrita. Intento poner un post en Buzz pero no hay cobertura. Pues así las cosas nos vamos. Y cuando nos vamos a poner en marcha llegan Agustín y Josu con un tercer ciclista, uno de los de Pueblo Nuevo. Como deciden no parar nos unimos a su grupeta y nos disponemos a llanear por el altiplano, el primero de los tres que recorreríamos.

Enseguida la bajada. Muy rápida y después de un giro a la izquierda. En algún momento nos alcanzaron dos ciclistas más de los de Pueblo Nuevo y los tres de este grupo enseguida nos adelantaron y se fueron a su ritmo.

No me entraba ni el tercer ni el cuarto piñón más grande. Lo que quiere decir que o rodaba atrancado o rodaba demasiado suelto. Se acercaba la carretera del éxtasis y yo estaba tenso.

La carretera de éxtasis son los 14 kilómetros de entrada a Sigüenza. Una carretera recta, donde los coches corren que se matan, en constante sube y baja y con una subida al final. ¡¡¡Y LLENA DE BACHES!!!

La carretera del éxtasis me estaba machacando sicológicamente y de dolor cuando alcanzamos a los tres de Pueblo Nuevo que habían parado y se ponían en marcha justo cuando los adelantábamos.

Les cogí rueda. A su rueda me cubría del viento de cara y podía rodar con el quinto piñón con cierta comodidad. Si hay que pasar la carretera del éxtasis a pasarla lo más rápidamente posible por el bien de mi brazo.

Cuando llegamos a la cuesta final probé a subir con el segundo piñón más grande, pero era demasiado poco. Metí el quinto piñón pero era mucho. ¿Qué hago? Pues aunque sea gastar fuerzas opto por el quinto piñón. Mejor ir más rápido. Me levanto sobre la bicicleta y dejo atrás a los tres de Pueblo Nuevo abriendo hueco rápidamente.

Cuando llego a Sigüenza busco en Google Maps talleres de bicicletas en los alrededores, pero el más cercano estaba en Atienza. Si, el atienza por el que habíamos pasado hacía 120 kilómetros estaba a unos 30 kilómetros de Sigüenza. De todas maneras demasiado lejos como para llevar la bicicleta.

Cuando llego al bar de Sigüenza y sello son las 11:20. Llevamos 13 horas y 20 minutos de ruta, 242km. Yo me siento cansado y preocupado ante la perspectiva de tener que rodar 160 kilómetros sin los dos piñones que más molan.

Menos mal que Edu, que acababa de comer cuando nosotros llegábamos, se ofreció a echarle un vistazo al cambio. Lo arregló con un simple cuarto de giro para apretar el cambio. Lección aprendida, tengo que hacer un curso de mecánica básica, la diferencia de apretar un cuarto de giro es inmensa. Eso y el medio tupper de ensalada de pasta que me comí bebiéndome un acuarius y el caer en que a partir de ahora ya conocía el recorrido (era el mismo que la segunda parte del 300) hicieron que me recuperase física y anímicamente.

De Sigüenza se sale subiendo. Y subiendo en la salida de Sigüenza, al llegar a lo alto de una de las rampas más duras de todo el 400, entendí el secreto de los breveteros. Había subido con todo metido. Muy, muy despacio. Yo tenía fuerzas para haber subido mucho más rápido (bueno, tampoco tanto, tanto) pero cuando coroné me alegré por lo "descansado" que había subido. Despacio si, pero sin desgastarse.

Coronamos, también al tran tran, la subida a Mirabueno. Nos reagrupamos, todos menos Edu que tiró por delante. Empezaba el segundo altiplano. El viento era de cara, pero se acercaban kilómetros con el terreno favorable.

Parada en la fuente de las inviernas. Llegan algunos de los de Pueblo Nuevo. Y cometimos un error. Que si si, que si no, que si te espero que si tires; total que Josu tiró por delante y dejamos a Agustín por detrás. No es buena idea eso de dividirse cuando tienes viento de cara, pero es que en el Pakefte es así.

Antonio, Buje, Jos y yo formamos un grupo muy bueno. Nos pusimos en fila, empezamos a darnos relevos y por unos kilómetros alcanzamos buena velocidad de crucero.

En Masegoso vimos a Paloma. Paramos a recibir sus ánimos y a compartir con ella la alegría de verla. Nos informó que Josu iba por delante, le contamos que Agustín venía por detrás.

A los pocos kilómetros alcanzamos a Josu que iba un poco tocado. Nos propusimos tirar de él y pusimos un ritmo lento que le fuese asumible. Poco a poco nos acercamos a Brihuega.

Cuando empezábamos la dura rampa de Brihuega nos adelanta a toda velocidad Agustín. ¡Que alegría!. Resulta que había hecho grupeta con dos de Pueblo Nuevo y dándose relevos habían venido bastante bien hasta Brihuega. En el bar de Brihuega, en todo lo alto del pueblo, nos reagrupamos. Paloma estaba allí, Edu estaba echando una cabezada en el coche y los demás nos pusimos a comer. Eran las 15:50, llevábamos 300 kilómetros en las piernas después de 17 horas y 50 minutos de ruta. Nos quedaban 100 kilómetros, pero empezaba el terreno desconocido. Me comí el resto del tupper de ensalada de pasta, me comí una bolsa de patatas fritas y me tomé un café con leche. Pase lo que pase que me pille bien comido.

Nos ponemos en marcha. Agustín y Josu habían salido unos minutos antes pero al poco los alcanzamos, formamos un grupo con los siete del Pakefte y empezamos a darnos relevos a un ritmo que fuese asumible por todos. Y lo hicimos razonablemente bien.

En algún punto del valle del Tajuña nos cruzamos con Juan y Pilar que habían salido a nuestro encuentro para hacernos de liebres. Que alegría ver a Pilar de nuevo sobre la bici después de la caida en el 300. Ahora éramos nueve y aunque los relevos dejaron de salirnos tan bien los kilómetros fueron pasando con alegría.

Llegamos a Armuña de Tajuña y paramos en la fuente. Todos menos Edu que no se enteró que parábamos y siguió su ruta. En Armuña me comí una chocolatina que llevaba y un trozo de dulce de Guayaba que me dio Pilar. Según Juan es lo que toman los ciclistas colombianos cuando se disponen a subir un puerto. Y es que nos acercábamos a la subida al Pozo de Guadalajara. 6 kilómetros de subida, suave, todo hay que decirlo, cuando llevas 350 kilómetros en las piernas requieren toda la ayuda posible.

Pues oye, sería por la Guayaba, yo no digo que no, pero la subida al Pozo se me hizo muy cómoda. Forme duo de baile con Jose y juntos marcamos un ritmo muy digno.

¡¡¡Se puso a llover!!!

Alcanzamos a Edu que se había parado a ponerse el chubasquero. Nosotros no paramos, no quisimos perder el punto que llevábamos. En una curva salió Paloma del coche a darnos ánimos mientras se mojaba. Los ánimos cumplieron su función y seguimos subiendo en nuestra nube. Cuando llegamos al Pozo paramos en la gasolinera a ponernos bajo techo y a esperar al resto del grupo.

Resto del grupo que llegó sorprendentemente pronto. Aquí todo el mundo había hecho una subida a buen ritmo.

Nos pusimos los chubasqueros y nos pusimos en marcha justo cuando llegó a la gasolinera el grupo de los de Pueblo Nuevo. No éramos los últimos y alguien comentó que ahora ya no podíamos ser los últimos.

El caso es que no llevábamos ni un kilómetro rodando y pincho Josu. Nos paramos todos en la cuneta mientras Josu y Buje cambiaban la cubierta. Menos mal que había parado de llover (el típico efecto de ponerte el chubasquero).

Nos quedaban sólo 40 kilómetros, pero ese tramo de la carretera es el peor de todo el brevet, sin contar la carretera del éxtasis. Muchos coches, muy rápidos y nada de arcén. Menos mal que el terreno es favorable.

En Alcala de Henares Juan y Pilar se despidieron para ir a coger el tren. No tengo muy claro cuántos kilómetros habían hecho con nosotros (¿60?, ¿70?), pero es que no importa. El haber podido compartir con ellos parte de la ruta ha sido un placer y una alegría.

Salimos de Alcalá de Henares y debido a un accidente la policía nos desvió a un camino de tierra. Yo lo hice entero sosteniendo el manillar sólo con el brazo izquierdo. El brazo derecho me dolía demasiado.

Al poco pincho la rueda delantera. Kilómetro 386 (creo) de la ruta, sólo quedan 14 y pincho la rueda delantera. Me quedé un tanto parado, pero no importó Agustín y Buje (creo) se pusieron a repararme el pinchazo. Y cuando reparaban el pinchazo vimos a los de Pueblo Nuevo que nos adelantaban por otra carretera camino de Algete. Montamos (en realidad montaron) la rueda con rapidez y nos pusimos en marcha; eso ya con menos rapidez.

Subimos y bajamos los repechos camino de Algete lo más dignamente posible. Yo me sentía bien de fuerzas y de espíritu. Los piñones de la bici volvían a saltar, pero con lo poco que quedaba y con los de Pueblo Nuevo amenazando con hacernos cumplir con nuestra tradición no iba a ser yo el que parase al grupo.

De repente la demostración de que estamos locos de atar.

No es que llevásemos unos 395 km después de casi 24 horas con lluvia, viento de cara, piñones flojos y carreteras del éxtasis. No, eso hasta se puede entender.

Lo que no se puede entender es que de repente se lance un sprint. Yo no tengo claro como fue el tema. Sólo se que yo no lo inicié. No daré nombres de los insanos pero lo que si que tengo claro es que ante un sprint yo metí plato y aceleré con todas mis fuerzas. Total, los brazos ortopédicos de hoy en día son muy buenos.

Fíjate tu que llegamos al polideportivo de Algete y finalmente un poco antes que los de Pueblo Nuevo. Yo sellé mi tarjeta a las 21:25.


Este fue el momento de la alegría. Alegría por haber acabado. Alegría por haber llegado juntos. Alegría por estar razonablemente entero. Alegría por haberlo pasado tan bien.


¿Qué aprendiste?

A saber:
  • Que en un 400 puede hacer mucho frío.
  • Que las perneras son un complemento ideal. Pesan poco y si hace calor te las puedes quitar.
  • Que Edu tiene unas piernas impresionantes, sobre todo la derecha.
  • Que no tienes que fiarte de las previsiones meteorológicas. Sobre todo si dicen que no va a llover.
  • Que no mola cruzar puentes sobre los ríos después suele venir una subida. Esto me lo enseñó Antonio en mi primer 300, pero como se me olvidó ponerlo en la crónica lo pongo aquí para que no se me olvide.
  • No te fíes de las pilas que te vienen con los focos que te acabas de comprar. Ni son alcalinas ni na' y, obviamente, no durarán la noche de un 400.
  • Lleva una cubierta de repuesto. No ocupa tanto y cuando la necesitas pocas cosas pueden sustituirla.
  • Apúntate a un taller de mecánica básica. La alternativa es obligar a Edu a que participe en todos los brevets en los que participes.
  • No me acuerdo de más. Aprendí más cosas pero se me han olvidado.

Los números
  • Kilómetros: 399.21 No me quedaron ganas de hacer rotonding para llegar a los 400.
  • Tiempo empleado: 23 horas y 25 minutos. 
  • Tiempo rodando: 19 horas y 4 minutos.
  • Tiempo parado: pues la diferencia 4 horas y 21 minutos.
  • Velocidad media: 20.9 km/h
  • Velocidad máxima: 61.5 km/h
  • Pulsaciones medias: 118 ppm Sin desgastarse
  • Pulsaciones máximas: 167 ppm Seguramente en el sprint
  • Calorías consumidas según el pulsómetro: 10.083
  • Kilómetros de la bici: 1.170
  • Fue la quinta vez que montaba sobre la Cannondale y la novena vez en mi vida que montaba en bici de carretera. 
Una versión de la misma historia contada por Jose puede leerse en su crónica BREVET 400 KMS EN ALGETE - 8 DE MAYO DE 2010.

A cuidarse
Javier Arias González
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