jueves, 20 de enero de 2011

Los Kingston Wheelers

O la secta de los adoradores del plato grande…

En mi trabajo enseguida me dieron la referencia sobre este club ciclista. Resulta que se juntan todos los domingos a las 9:00 de la mañana a unos tres kilómetros de donde yo vivo y que todos los ciclistas están invitados a participar en sus rutas.

Me acerqué un domingo de Octubre a probar y me gustó su ambiente.

Todos los domingos se organizan entre tres y diez rutas, dependiendo del número de asistentes. Llegadas las 9:00 uno de ellos, el líder, anuncia las rutas del día. Dan se va a hacer su habitual ruta de las tres colinas, Peter se va a Box Hill, parará en X y piensa volver sobre las 12:30, John hará 60 millas en llano, tomará el té en Y y vuelta sobre las 13:00, Philip hará una salida de entrenamiento, por favor sólo ciclistas con el necesario estado de forma. Si muchos ciclistas se unen a una ruta se divide el grupo para no ser más de diez o quince ciclistas por grupo con el objeto de facilitar el adelantamiento de los coches en las carreteras estrechas.

Ya en la primera salida se hace uno rápido con las costumbres que imperan en este grupo: El líder de la ruta lidera, es decir, va normalmente a la cabeza, marca ritmo y decide sobre los recorridos en caso de imprevistos. Se espera a todo el mundo, si alguien pincha o hay avería mecánica el grupo se para a esperar; otro motivo para no tener grupos muy grandes. Se rueda en grupo salvo en las subidas que las hace cada uno a su ritmo, en la cima se reagrupa el pelotón. En las carreteras estrechas los que van delante gritan "car up!" cuando el pelotón se va a cruzar con un coche y los que van detrás "car back!" cuando un coche se sitúa detrás del pelotón. Cuando se puede se da paso a los coches que normalmente saludan haciendo sonar el claxón. Se hacen señales al ciclista que circula detrás para anunciar maniobras o baches en el asfalto, si el bache es profundo se se grita "hole!". No parece que les importe que estos gritos sean con acento español.

El grupo se coordina mediante un foro y abundan las quedadas entre semana, tanto para salir a rodar con la bici como para ir a pub. Deben de ser unos 150 socios y como no podía ser de otra manera los niveles y los intereses individuales varían mucho. No es raro ver por el foro planes para participar en eventos ciclistas, incluso en los internacionales. El foro tiene un espacio dedicado a Randonneurs que investigar cuando venza la pereza (en general no me gustan los fotos y me da mucha pereza no sólo participar en ellos, sino incluso leerlos).

En general la filosofía me encajó. Un grupo más numeroso que los grupos ciclistas en los que yo me suelo mover, pero buen ambiente ciclista y las costumbres similares a las mías. Después de tres salidas con ellos como invitado pagué la cuota anual y me hice socio. Desde entonces todos los domingos que he estado en Inglaterra he salido con ellos.

Como club numeroso y organizado que son (no como otros que ni son club, ni son numerosos y que sería discutible considerarlos organizados) no sólo tienen su maillot sino que tienen disponible con los colores del club toda la equitación ciclista, maillots largos y cortos, coullotes largos y cortos, chaquetas, chalecos, calcetines y no me extrañaría que hasta guantes tengan. Unos tanto y otros tan poco... De momento van ganando mis pocas ganas a uniformarme (casi todos llevan la equitación del club cuando salen a rodar), pero hablando sobre el tema un Kingston Wheeler me dijo que el lo veía como una forma de apoyar a los patrocinadores del club, una tienda de Kingston que nos ofrece un 10% de descuento en todos los productos y que colabora con el club en distintas iniciativas. El argumento ha hecho mella y seguramente me haga con una equitación del club.


De momento me he dedicado a probar, observar y a aprender. Es importante conocer los líderes, las rutas y que significa eso de "con el necesario estado de forma".

Probando y probando me he encontrado tomando el té (desconozco si lo puntúan con piñones) a las 11:00 de la mañana en el alto de una colina con unas vistas muy chulas, de vuelta en casa a las 11:30 después de un paseo de apenas 40 kilómetros o llegando a casa después de 100 kilómetros en las piernas a una media de 29 km/h con practica de relevos por las carreteras tranquilas incluida.

Aprendiendo y aprendiendo he acabado por ponerle guardabarros a la bici. No es que quede muy bien desde un punto de vista estético, pero dada la frecuencia con la que rodamos sobre mojado el que va a mi rueda me lo agradece casi tanto como se lo agradezco yo al que le chupo rueda. También he hecho caso a los consejos de los locales y le he cambiado las cubiertas a las ruedas. Ahora calzo unas Continental 4 Seasons; aparentemente pinchan menos y son más eficaces en suelos mojados, pero que fijo, y digo fijo porque lo compruebo cada día, que hacen que cueste más mover la bicicleta. O eso o yo he perdido forma de un domingo a otro.

Observando y observando me ha quedado claro de que en este club se ama el plato grande sobre todas las cosas. Plato grande para todo. No importa si tiene que ser en combinación con el piñón grande y la cadena va totalmente cruzada. No importa tener que bajar la cadencia, ponerse de pies o arrastrarse los últimos metros de un repecho. Diría uno que les parece una pérdida de esfuerzo el cambiar al plato pequeño para a los pocos metros volver a meter la paellera.

Y todo esto del plato grande no pasaría de ser una anécdota si no fuese por la experiencia de este pasado domingo (16 de Enero 2011).

Ayer, con toda la ilusión del mundo, me uní al grupo de Jim que tenía pensado hacer una ruta de unos 100 kilómetros para ciclistas "con el necesario estado de forma". Nueve nos pusimos en marcha, por supuesto con plato grande desde el primer metro.

Y no pasó del primer metro cuando me di cuenta de que esto iba en serio. ¡Menudo ritmo!

¡Si es que agradecí el semáforo que nos pilló en rojo y no habían pasado ni dos kilómetros!

Mi compañeros de grupo charlaban tranquilamente mientras me llevaban a mi con la lengua fuera a la cola del pelotón. Como no podía ser de otra manera llegada la primera colina pegaron un arreón que creo que me sacaron unos dos o tres minutos en los dos kilómetros que tiene la colina de mis lamentos. Y aseguro que yo me esforcé e hice la subida al máximo de mis fuerzas.

En vista de la panda de animales con la que me había juntado en cuando llegué a su altura procedí pedirles con un perfecto acento español con toques del norte que no esperasen por mi. Que la siguiente vez que me quedase que ellos siguiesen y yo me buscaría una ruta alternativa más a mi ritmo. Me costó convencerles porque, como he explicado, eso es ir contra una de las normas no escritas, pero después de asegurarles que mi teléfono es "high tech total full equipé última generación" incorporando entre sus muchas funciones un GPS y que no me perdería en mi ruta en solitario en ese plan quedamos.

El caso es que con el tiempo que estuvimos parados discutiendo más el tiempo de descenso cuando llegó el llano ya ya estaba recuperado y una ola de optimismo me invadió. "¡Naaaaa! ¡Voy bien!, seguro que en la siguiente subida no me quedo".

Y llegó la siguiente subida.

Y el grupo se la tomó como si fuese en serio. Vamos, que a toda leche.

Y yo apreté los dientes, bajé la cabeza y me exprimí de lo lindo.

Y el grupo no aflojaba.

Y yo si.

Y se abrió un hueco.

Y el hueco se hizo más y más grande.

Y yo, cabezón que es uno, seguí dándolo todo. Pensaba que si aguantaba lo suficiente coronaríamos y en el descenso o en el llano enlazaría con ellos.

Pues va a ser que no. Pues va a ser que los perdí de vista, que al coronar ya no había rastro de ellos y que el descenso me lo tomé con la calma que el cuerpo me pedía.

Llevaba 21 kilómetros en las piernas. ¡SOLO 21 KILOMETROS!. Menos que de mi casa a "San Marting".

Cabizbajo, cariacontecido, infatuado y, sobre todo, herido en mi orgullo ciclista seguí pedaleando a un ritmo más acorde con mi estado de ánimo y el dolor que piernas que ya tenía. Lo que viene siendo que me dediqué a pasear.

No me falló mi capacidad para justificarme. Nunca me falla. Que si tu no estás acostumbrado a esos ritmos, que si es muy pronto en la temporada, que si tu pre-temporada ha sido muy irregular. Disculpas nunca me faltan y me las aplico sin rubor alguno.

Eso si, tampoco me falló mi competitividad y el pensamiento de "a finales de Junio os espero yo a vosotros" se instaló en mi mente. Y no se me va a olvidar.

Paseando, paseando al final me salieron 96 kilómetros.

Pues tampoco esta tan mal. ¿no?

A cuidarse
Javier Arias González
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