viernes, 15 de marzo de 2013

Mi pedigree como ciclista

Mi pedigree como ciclista es, por definirlo de forma breve y concisa, una mierda.

Yo no tuve una bicicleta cuando era pequeño. Mi padre me decía que la pidiese a los reyes; y cuando los reyes no me la traían me decía que él me la compraba para el verano. En el verano me decía que la pidiese a los reyes.

Mi primera relación con el ciclismo era de jugar a las chapas en el suelo de arena del parque. Hacíamos recorridos en la arena, con montañas y todo, y simulábamos carreras ciclistas. Cada chapa era un ciclista,  me acuerdo perfectamente de que Zoetemelk era el mío, pero ni idea de quien era.

Mi hermano y yo aprendimos a montar en bicicleta con la bici de mi tio, la apisonadora de cuatro caños. Nos quedaba tan grande que no llegabamos con los pies al suelo por lo que teniamos que echar a correr y subirnos a la bici en marcha. Pararse era cuestión de frenar y bajarse con estilo antes de caer. En algún momento a la bicicleta de mi tio se le estropearon los frenos por lo que frenábamos metiendo el pie entre el cuadro y la rueda de atrás y haciendo fuerza. Teníamos los playeros con un surco en el centro de la suela. A mi madre todo eso no le hacía ninguna gracia.

En el 1984 fuimos un grupo de amigos a ver la cronoescalada de la Vuelta a España que subía el Naranco. El Naranco está cerca de casa y para nosotros ir a ver a los ciclistas era una excursión. No recuerdo que atendiésemos realmente a la etapa. Es más, creo recordar que llegamos tarde y cuando salimos del monte a la carretera la etapa ya debía estar casi acabada. Lo que si que recuerdo con absoluta claridad es que un ciclista bajaba del Naranco y al pasar a mi lado alargué el brazo y le quité le gorra,  con cierta brusquedad, incluso tirándole de los pelos. El ciclista se detuvo al momento y empezó a increparnos (la gorra se la había quitado yo, pero el ciclista se acordaba de los muertos de todos) yo tiré la gorra al suelo y salimos corriendo carretera del monte Naranco arriba. El ciclista cogió su gorra y siguió bajando.

Arroyo y Perico me sonaron en su día. Pero el que Perico ganase un Tour me pasó desapercibido. En esos años estaba yo a otros temas. Para mi Perico siempre ha sido más presentador de televisión que ciclista. Que triste tener que reconocer esto...

De quien si que me enteré es de Indurain. Curiosamente en su época fue cuando empecé a ver el tour en la televisión. Este chiste de Forges siempre me gustó porque refleja perfectamente mi actitud de aquellas tardes.

Recuerdo perfectamente la tarde en que Riis atacó a Indurain y lo dejó tirado cuando a mi no me cabía ninguna duda de que Indurain iba a ganar su sexto tour. Recuerdo perfectamente también cuando Indurain se retiró en la Vuelta de España cuando yo estaba seguro de que iba a ganarla. No importó, para mi Miguel Indurain era el mejor ciclista de todos los tiempos y los que no estaban de acuerdo o bien eran unos indocumentados o bien eran unos envidiosos porque Miguel no era de su país (bien sabido es que la ignorancia es arrogante). Miguel Indurain era, y sigue siendo, uno de mis dioses personales.

En la época de Armstrong ya no seguía los tours con tanta afición. El tío siempre me cayó mal, no tragaba, ni trago, su arrogancia. Me fastidió mucho que pasase el record de Indurain; incluso pensé ir a ver el Tour a los pirineos para poner un palo en su rueda y así evitar que ganase el sexto Tour. Además es que me parecía que era un tio con mucha suerte. Por lo menos dos ocasiones (subiendo no se que puerto que se cayó de la bici y bajando otro detrás de Beloki donde Beloki se pego la torta padre y el se salvó de milagro atravesando un prado) en las que estaba mirando la televisión mientras él mostraba al mundo entero que tenía una flor en el culo. Yo era de los que veía el tour para ver si Armstrong perdía, pero el tío siempre me decepcionaba y acababa ganando.

No sé en que año era, pero recuerdo haberme escandalizado cuando me enteré que mi amigo Jose se había gastado ¡¡¡90.000!!! pesetas en una bicicleta. "¿tendrá motor?" fue mi respuesta. La típica del que no tiene ni idea de bicicletas o ciclismo y que tanto me molesta ahora cuando alguien usa la misma expresión cuando le digo el precio de la bicicleta que me gustaría comprarme.

En el 2003 mi tio, la apisonadora de cuatro caños, le regaló una bici vieja a mi cuñado, el traper. Yo cogí la bicicleta vieja de mi mujer, que era, por lo menos tres o cuatro tallas más pequeña que la mía, y me animé a salir con ellos. Cuando pedaleaba no podía estirar la pierna. ¡Le hice unos 500km a esa bicicleta!

En las navidades de 2004 me compré mi primera bicicleta. Tenía ¡¡36 años!! y me acababa de gastar 300€ en una Decathlon Riverside 5.1. Vamos que ya no era un chiquillo, aunque estuviese tan contento con mi bici como un niño con zapatos nuevos.

En la semana santa de 2005 doblé la apuesta y me compré mi primera bici de montaña. Pagué 600€ por una Mondraker Ventura Disk. A partir de aquí todo fue un cuesta abajo sin parar.

Primero los los asturianos, podría decir, sin faltar mucho a la verdad, que aprendí a andar en bici siguiendo la rueda sabia de el abuelito. En Asturias el plan es buscar la cuesta más empinada. Como decía aquel, "haberlas hailas, pero ir a buscarlas...".

Luego los madrileños, el sprintar sin parar y perder siempre porque Jorge decide que el final del sprint es justo antes de que le vayas a adelantar. En Madrid me auto-atribuí el mote del terror de la Marañosa por mi afición a hacerme esa subida en mi bici de montaña chupando rueda de los ciclistas de carretera. Más de uno todavía se acordará de mi.

El 3 Octubre de 2005, toma precisión, fui oficialmente admitido en el seno del Pakefte. Pero en realidad la primera vez que salí con ellos no fue hasta el 10 de Febrero de 2006. Y, aun así, al principio, no salía mucho con ellos, porque ellos iban en bicicleta de carretera y yo en bicicleta de montaña y, claro, me machacaban. De todas formas cometieron el tremendo error de dejarme seguir formando parte de ese selecto grupo y a día de hoy ya no saben como deshacerse de mi.

En Abril de 2006 empecé mi blog sobre ciclismo. Este que estás leyendo. Para entonces ya me había picado el bicho de la bicicleta y sus efectos ya estaban más que claros.

El 21 de Agosto de 2007, con 39 palos, monté por primera vez en mi vida en bici de carretera. No se me ocurrió otra cosa mejor que hacer una ruta de 106 kilómetros incluyendo la subida de los lagos de Covadonga. Raúl, el abuelito, me prestó su bicicleta. Esta es la crónica de la experiencia.

En Mayo de 2009 algún hijo de puta me robó las dos bicicletas que tenía. La Decathlon y la Mondraker. Está última cuando la bicicleta tenía justo 20.000Km. Me di cuenta cuando un viernes que nos íbamos de Madrid a Asturias cuando bajé a coger la bici para ponerla en la baca. Me pasé todo el viaje a Asturias deseando la muerte de otro ser humano.

En Enero de 2010 me compré en Nueva York mi primera, y única hasta la fecha, bici de carretera. Una Cannondale Synapse Carbon 5 modelo de 2009. Me costó 1.500€ al cambio. ¡¡Unas 250.000 pesetas!! Y eso que la compra fue un chollo en toda regla. Os recuerdo que yo me había escandalizado con las 90.000 que se había gastado mi amigo Jose ¡Cuanto habían cambiado las cosas!
Y aprovechando que tenía bici de carretera empecé a salir con más frecuencia con el Pakefte. Lo que se tradujo en mi primer 200, mi primer 300 y mi primer 400 y mi apoteósico estreno en la Quebrantahuesos, todo en el año 2010, con la intención, a duras penas confesada durante el 400 de participar en la Paris-Brest-Paris de 2011. Cabezón que es uno, en Agosto de 2011 me hice los 1200 kilómetros en menos de 90 horas de la Paris Brest Paris.

Los Kingston Wheelers me aceptaron aunque no me entiendan cuando les hablo, ni yo les entienda a ellos cuando me hablan. A partir de aquí la cosa se puso seria. Ahora ya pienso en planes de entrenamientos, sesiones de recuperación y se cual es mi FTP.

Todo esto está muy bien, ya podía decir que era un ciclista en toda regla. Pero tenía una laguna inmensa en cuanto a conocimiento de la historia del ciclismo. Y no fue hasta el verano de 2012, cuando una caída de la bici que acabó con un brazo roto, que me dio por ponerme a leer sobre la historia del ciclismo.


Con el Plomo en los Bolsillos de Ander Izaguirre me puse al día de la historia del Tour de Francia, con los libros de Cultura Ciclista me emocioné y con el The Rider the Tim Krabbé descubrí que lo que a mi se me pasaba por la cabeza cuando montaba en bici ya se le había pasado a un holandés hacía más de 35 años. La originalidad nunca fue lo mio.


2013, 44 palos, más de 61.000km sobre la bici y cuando me ofrecí como voluntario para hacer de marshall en una carrera organizada por los Kingston Wheelers caigo en la cuenta de que nunca había asistido a una carrera ciclista.

¡Coño que bien me lo pasé! Ocho vueltas tenían que dar al circuito y desde el principio me pareció más emocionante que una final de la champions entre el Real Madrid y el Barcelona. Escapada, grupo perseguidor, pelotón. Gritarles tiempos de referencia, animarles, verles las caras, oírles, sentirles tan cerca y tan rápidos, imaginarme yo entre ellos. Ni el frío que pasé, ni la anciana, seguramente prima de la reina, que me gritó desde el coche que si la iba a tenerla mucho tiempo parada consiguió quitarle emoción al día. Esto de las carreras lo tengo yo que probar.

Para completar hoy he tenido una conversación con un compañero de trabajo y me ha sorprendido lo emocionado que estaba porque este domingo es la Milán San Remo. Vamos a ver, no es que yo no supiese de su existencia, pero de ahí a calificar esa carrera como uno de "los monumentos" va un trecho ¿no?

Pues nada que resulta que mi pedigree ciclista es una mierda y sigo en plan de corregirlo. Este domingo ve veré la Milan San Remo. No se porque sospecho que me va a gustar y voy a descubrir otra faceta del ciclismo que no conocía.

A cuidarse
Javier Arias González
Publicar un comentario