miércoles, 8 de junio de 2016

Milan San Remo 2016 (Mi primer monumento)

6:45 de la mañana y ahí estamos preparados para la salida. Soy yo y un puñado de Kingston Wheelers y dos Paceline. Estamos a punto de empezar la Milan San Remo en el primer grupo. ¡¡Mola!!

No se me ve, pero estoy por ahí en el fondo
A las 7:00 nos dan la salida y empezamos a rodar. Enciendo mi Garmin y por alguna razón que no entiendo decide tomarse unos minutos para encender lo que quiere decir que a la grabación de la ruta le faltarán unos kilómetros al comienzo.

Pero, vamos, nada realmente importante. El comienzo fue, como era de esperar, rápido, pero nada loco. Siempre hay un tanto de lucha por estar lo más adelante posible desde el kilómetro 0 pero nada grave. Enseguida nos encontramos en plena carretera con un coche y un par de motos protegiendo nuestro grupo de unos 200 ciclistas (otros tres grupos empezarían a las 7:10, 7:20 y 7:30).

Rodábamos a unos 35km/h, una velocidad que es muy fácil de aguantar cuando se rueda en grupo por carreteras llanas. De hecho más que la velocidad el reto era la concentración constante en tratar de prevenir que harían los ciclistas que tenía alrededor. Uno se imagina que si te apuntas a rodar 300km a toda velocidad sabrás como rodar en grupo, y así era para la mayoría del pelotón, pero sólo hace falta un ciclista que no sepa lo que hace para sembrar el caos; in nuestro grupo había más de dos o tres.

No hay mucho que contar de las dos primeras horas más allá de que yo sentí la necesidad de parar a mear.

Empecé a preocuparme porque parar a mear significa perder contacto con el grupo y en vez de rodar a 35km/h mientras silbas tendría que rodar sólo en el medio de una carretera totalmente llana y sin protección al viento, poco y que entraba de lado, pero viento. En esas condiciones mantener 35km/h de manera sostenida no es precisamente fácil.

Vi un par de ciclistas meando en marcha, como los profesionales. Yo nunca lo había intentado, pero de repente me pareció una idea genial. Podría mear y no perder contacto con el pelotón. Perfecto, pensé, voy a intentarlo.

Me situo en la parte delantera derecha del pelotón para así poder mear sin molestar al resto de ciclistas y poder perder posiciones sin perder contacto con el pelotón. Me pongo en posición a mear y... Nada, ni una gota. No estoy seguro de si era la tensión por el miedo a caerme manejando la bicicleta sólo con la mano izquierda o el miedo a salpicarme todo pero el caso es que no pude mear.

Vuelvo a situarme como un ciclista normal, y aquí se demuestra mi compromiso con el reto aceptado; me sobrepongo a la vergüenza, me doy unos segundos para relajarme y lo vuelvo a intentar de nuevo... Desgraciadamente con el mismo resultado, ni una gota.

Rezando para que ninguno de los ciclistas del pelotón se haya dado cuenta de mis dos intentos evaluo mis opciones. Continuar sin mear no es opción. Tampoco estaba tan desesperado como para mearme encima. Parecía que parar a mear era la única opción viable.

Echo un vistazo a mi espada y veo que una cola larga de coches sigue al pelotón. Pienso que si paro y soy ágil satisfaciendo mis necesidades fisiológicas podría aprovechar los coches para moverme entre ellos y volver al pelotón. Se acabaron las dudas, en cuanto veo un buen sitio me paro a la derecha y me pongo a lo mío.

¡Coño que rápido desapareció el pelotón! Creo que desaparecieron de mi vista antes de que yo derramase la primera gota. Venga a pasar coches, venga a pasar coches ¡Que angustia! Se acaban los coches y todavía estaba yo meando. Tardé un minuto y trece segundos. Me había quedado totalmente sólo en medio de la nada. La situación se complicaba.

Pero justo cuando estaba acabando vi que venía Mark a toda leche gritando "vamos Javier, vamos". Monté en la bici lo más rápido que pude y apreté para tratar de alcanzarle. Sabía que a relevos con Mark podría volver al pelotón, estaba salvado.

Me costó alcanzarlo, de hecho tuvo que aflojar él. Nos pusimos a darnos relevos y en tres minutos ya estábamos al final de la cola de coches. También en ese momento vimos otros ciclistas que se incorporaban a la carretera desde sus respectivas paradas fisiológicas. Enseguida formamos un grupo de seis o siete. La cosa tenía ya mejor pinta. Aun así me llevó 7 minutos 30 segundos de esfuerzo el volver al pelotón. Tiempo de perderse en el medio y relajarse un poquito.

No parece muy profesional, pero tiene justo ls información que necesitaba
El siguiente punto que tenía en mis notas era el km120. Allí había un puesto de avituallamiento pero yo no tenía planes de parar, llevaba conmigo todos los geles que iba a necesitar y tenía pensado hacerme la ruta entera sin parar más que a coger agua (y mear). Lo que era importante del km120 es que empezaba la subida más larga y dura del día. Unos kilómetros antes me coloqué en la parte delantera del pelotón. Había estado observando a los ciclistas que iban en el pelotón y estaba seguro que muchos de ellos se quedarían atrancados con las primeras rampas del 10%.

Entramos en una pequeña ciudad, un par de rotondas y un giro brusco hacia la izquierda demostraron que mi movimiento había sido muy inteligente, cuando empezó la subida estaba perfectamente colocado entre los 10 primeros del grupo. Paul estaba unos pocos metros delante de mi y yo sabía que sería una referencia perfecta para marcarme el ritmo de la subida.

No tardó mucho en aparece Rupert por detrás. Se puso a mi altura y rodamos juntos por un par de segundos, lo suficiente para intercambiar unas pocas palabras de ánimo mutuo en medio del esfuerzo y poco a poco me fue adelantando. Hizo lo mismo con Paul, le alcanzó, rodó con él unos segundos y luego le adelantó. Menudo espectáculo ver como sube el amigo Rupert.

En medio de la subida llego un llano y los tres casi nos juntamos pero en el mismo momento que la carretera se volvió a inclinar Rupert volvió a abrir hueco y yo me iba quedando poco a poco detrás de Paul. Estaba controlando mi ritmo magníficamente, pero algo me preocupaba...

Necesitaba parar a mear.

Si, ya lo se. Habían pasado sólo dos horas desde que había tenido que parar a mear. Será que mi vejiga es pequeña, será que mis riñones trabajan demasiado, será la razón que quieres que sea, pero yo tenía que parar a mear.

Tan pronto como coronamos me paré. Rupert y Paul habían desaparecido de mi vista pero sabía que no estaban muy por delante. Mientras meé por un interminable minuto y veinte segundos me daba cuenta que mis posibilidades de alcanzarles desaparecían.

Como pasó con mi primera parada a mear apareció Mark. Esta vez no había acabado por lo que él siguió su camino dejándome sólo.

Al poco apareció un control de avituallamiento, este sólo con líquidos (sin comida). Paré a rellenar un bidón (el otro no lo había tocado todavía). Mark estaba allí parado pero parecía que iba a tomárselo con calma por lo que le avisé que yo seguía camino.

Yo no es que sea un gran bajador, y una de las razones por las que lo se es porque me adelantaron 9 ciclistas en esa bajada. Y los 9 desaparecieron por delante a pesar de mis esfuerzos por seguir su estela. Lo curioso es que nada más que llegamos al llano enseguida fue evidente que yo rodaba más rápido que ellos. Los alcancé y saltaron todos a mi rueda como posesos.

7 de esos ciclistas eran todos del mismo equipo/club italiano, el otro era un italiano, su maillot tenía el logo de la PBP2015 por lo que asumí que habría terminado la PBP. El otro era un francés. Solo el italiano de la PBP quería entrar a los relevos, pero sus relevos eran más bien flojitos. Tarde unos buenos minutos en darme cuenta que de seguir haciendo yo la mayoría del trabajo acabaría quemándome y quedaba mucha ruta por delante. Decidí que lo mejor era descolgarme a la cola del grupo y esperar a que nos adelantase otro grupo más rápido.

Rodando a la cola del grupo me di cuenta de lo que pasaba. El grupo italiano rodaba a unos 30km/h sin relevos organizados, en una especie de anarquía que servía para mantener el grupo en marcha, pero que no era eficiente. Les daba soporte una moto que rodaba detrás de nosotros en la moto un conductor y un pasajero; cuando uno de los del grupo necesitaba algo levantaba la mano y la moto se adelantaba poniéndose a su altura para pasarle un bidón, un gel o lo que fuese.

Voy a hacer un inciso para comentar que me pareció que la gente iba super preparada a esta marcha. Había un montón de "domestiques" a la vera de la carretera pasando comida, bidones y recogiendo ropa de los ciclistas. Un montón de ciclistas tiraban los envoltorios de sus geles a la cuneta, incluso sus bidones vacíos. Incluso dos ciclistas que llevaban el maillot de Bélgica recibían soporte desde una furgoneta. En un momento dado la furgoneta se puso en paralelo con el pelotón, ocupando el carril contrario de la carretera, para pasarles geles y bidones a esos dos ciclistas para que así no tuviesen que bajar a la cola del pelotón a por ellos. Yo alucinaba con semejante proyecto fallido de pros-wannabe.

Venga, de vuelta a mi grupo de italianos. Estaba yo a la cola del grupo cuando llegamos al km185 y decidieron parar en el avituallamiento que allí había. El italiano de la PBP siguió rodando, el francés siguió rodando y yo seguí rodando. Ahora éramos tres. Hablamos un poco (ahí fue donde me enteré que uno era italiano y el otro francés) y acordamos darnos relevos.

Claro que rápidamente me di cuenta que era yo el que estaba haciendo la mayor parte del trabajo. Por suerte para mi no pasó mucho tiempo antes de que oyese a alguien gritar mi nombre. Miré hacia atrás y vi aparecer al séptimo de caballería al rescate. Un grupo de unos 15 ciclistas encabezado por el tren de los Kingston Wheelers (Dai, Richard, Mark B, Mark H y TY) nos estaba alcanzando.

No os podéis hacer una idea de lo contento que me puse cuando les vi. Sabía que un pelotón liderado por los Kingston Wheelers rodaría bien. Nos conocemos muy bien, hemos rodado juntos en rutas a un ritmo parecido para prepararnos para esta Milan San Remo. Sabemos como darnos relevos de acuerdo a las fuerzas de cada uno, no damos tirones pero mantenemos un ritmo considerablemente más alto (unos 35km/h) que el que tenían los italianos (30km/h) no me extraña que nos alcanzasen por detrás.

Me tomé cinco minutos para descansar en medio del pelotón y tomarme un gel y una vez recuperado pasé a la cabecera del grupo para colaborar con mis colegas. El italiano de la PBP y un ¿aleman? también entraron a colaborar, el resto del pelotón a cola del tren. Eso era ciclismo en su máxima expresión. Rodando a buena velocidad por la costa de riviera italiana (preciosa), una climatología perfecta, con tus colegas, ¿qué más se puede pedir?

Mantuvimos la formación hasta que llegamos a una serie de pequeñas colinas. El alemán, Dai y yo subíamos a buen ritmo, pero el resto del pelotón se quedaba. En el km247, en la cima de la antepenúltima subida había un avituallamiento. Yo rellené los bidones, el resto todavía estaba subiendo, le dije a Dai que yo iba a tirar, el dijo que tiraba conmigo. En la bajada TY y Richard nos alcanzaron. Ahora éramos 4.

Rodamos juntos hasta el comienzo de la Cipressa, la penúltima subida. Nada más empezar a subir nos quedamos solos Dai y yo. Nos dábamos relevos en la subida diciéndonos el uno al otro "a ritmo, a ritmo". Me lo pasé genial en esa subida. Es una de esas ocasiones en las que a pesar de llevar 260km en las piernas te encuentras bien, estás rodando sin llegar a tu límite, en buena compañía, disfrutando de una subida preciosa.

Nada más empezar el descenso Dai se me escapó por delante. No era capaz de seguirle bajando. Y mira que yo pensaba que estaba bajando rápido, nada de locuras, pero razonablemente rápido. Pues aun así el hueco no hacía más que crecer y crecer. Cuando acabé el descenso le vi en la distancia. Calculé que si mantenía un ritmo constante le alcanzaría en la subida al Poggio, sabía que tenía buenas piernas por lo que con toda la calma del mundo me tomé el último gel.

Entonces llegué a una rotonda. La señal no dejaba claro que salida tenía que tomar. Dudé un instante y me decidí por la salida de la derecha. Inmediatamente empecé a subir. Había subido unos 150 metros cuando vi a Dai bajando. Me preguntó si estaba seguro de que estábamos en la ruta correcta. Yo no lo estaba.

Perdidos por unos metros (cuesta arriba)
Dai hizo un giro de 180 grados en la rotonda y se unió a mi en la subida. Cuando llegamos a la siguiente rotonda yo ya estaba convencido de que esa no era la ruta. Lo comentamos y dimos un giro de 180 grados para volver por donde habíamos subido hasta llegar a la rotonda original.

Dai iba por delante y vimos a Richard a lo lejos. Obviamente él no se había equivocado de salida en la rotonda anterior. Aun así le cogimos con bastante rapidez. Nos contó que TY iba por detrás.

Rodamos los tres juntos pero enseguida vino el giro a la derecha que marca el comienzo de la subida al Poggio (km280). Yo me encontraba genial y no quería que Dai me descolgase en el descenso por lo que le dije "yo voy a tirar, ya me pillarás en el descenso". Me levanté sobre la bici, y puse ritmo de samba. Como siempre pasa cuando te encuentras bien y estás en una subida que no conoces el ritmo que me puse era demasiado rápido y más o menos a mitad de subida tuve que reajustarlo para que no se me saliese el corazón por la boca. Aun así acabé coronando el Poggio en un tiempo muy decente (menos de 10 minutos).

Apreté en la bajada todo lo que pude, pero aun así Dai me alcanzó justo al final de la bajada. Juntos rodamos el último kilómetro. En la última rotonda Dai iba por delante y, a pesar de las señales de uno de los voluntarios, tomo la salida incorrecta. Yo al ir por detrás tuve más tiempo para pensar y tome la salida correcta por lo que me quedé sólo en la recta a meta.

Entré pedaleando tranquilamente con un tiempo de 8h:48:57.

66 de 714 no está mal para una meona
Enseguida via a Pat y a Paul que estaban en un banco al poco de pasar la línea de llegada y allí nos fuimos concentrando a medida que íbamos llegando.

Todavía faltan algunos Wheelers por llegar
Al final acabé muy contento. Rodar la Milan San Remo con un grupo de amigos es una gran experiencia. De hecho todo el fin de semana estuvo genial. Por si fuera poco me encontré genial sobre la bici, siempre en control y acabando fuerte. Aun así no creo que vuelva a hacer la Milan San Remo. Es una ruta demasiado poco exigente (300km pero sólo 2.300m de desnivel) que favorece demasiado el rodar en grupo.

La ruta en Strava

A cuidarse
Javier Arias Gonzalez
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