Tuesday, June 29, 2010

La Lugones Covadonga

La Lugones-Covadonga es una ruta en bicicleta que, como su propio nombre indica, discurre entre las localidades Asturianas de Lugones y Covadonga. 80km pácticamente llanos que acaban con el repecho de unos dos kilómetros que llevan hasta la explanada de la basílica de Covadonga.


Los familiares de los ciclistas hacen el recorrido en autobús de forma que una vez finalizada la ruta se organiza una comida con todos los ciclistas y familiares en la que se entrega un ramo de flores al ganador de la carrera. No hay premio para el segundo.


En la ruta participan una decena de amigos a cual más entrado en edad y/o kilos. Auténticos “profesionales” del ciclismo entre colegas que por una vez al año se ponen el cuchillo en los dientes y se disponen a hacer una ruta con la intención de ganar el ramo a toda costa. “A machete”, “Sin piedad”, “Estrategia”, “Chupar rueda”, “Hachazo” son términos que alcanzan una nueva dimensión en esta ruta.


La ruta la organiza la peña ciclista Jose Enrique Cima y en ella “compiten” varios del clan de los Cima y varios que tienen la equipación de la tienda Kike Bike. Algunos del clan de los Cima llevan equipación de Kike Bike y algunos ni somos del clan de los Cima ni llevamos equipación de Kike Bike. No consta que por ser miembro del clan de los Cima y/o por llevar o dejar de llavar equipación de Kike Bike se sea de un equipo o de otro. Se que todo esto es un poco lioso por lo que paso a presentaros a algunos de los protagonistas:

  • Paulino. Posiblemente la persona con más peso en el grupo. Equipación de Kike Bike
  • Rubén. El más joven, ese que lleva una bicicleta digna del Pakefte (con cambios en el cuadro).
  • El de blanco (Luis). Ese al que no conoces pero que nada más llegar te fijas en él. Enseguida te das cuenta de que por cuerpo  y por tener las piernas depiladas va a ser un serio aspirante al triunfo final.
  • El Furby parlanchín (Jorge). Mote que se ha ganado a base de no callarse mientras monta en bici. Conocido por su dominio de la estrategia. Lleva maillot de Kike Bike.
  • El abuelito (Raul). Convaleciente de una operación de rodilla se trató con una dieta de proteínas el día anterior (parrillada familiar) pero se sospecha que fue la escusa para no salir el sábado y así reservarse para el domingo. Equipación de Kike Bike.
  • La apisonadora de cuatro caños (Oscar). Posiblemente el más fuerte/potente de todo el grupo aunque a veces le falla la estrategia. Equipación de Kike Bike.
  • Yo. Ese que se ha planificado todo un año trabajando el fondo con un 200, un 300 y un 400 y trabajando las subidas con una Quebrantahuesos con el objetivo único de ganar esta prueba; como decía Luis Aragonés, por lo civil o por lo criminal
Quedamos el furby la apisonadora y yo para tomar el café a las 7:30. Yo pienso para mi si es mejor pagar con un billete y cargarme con el peso de las monedas de vuelta o dejar que pague el furby con sus monedas y dejar que él vaya más liviano. Hasta ese nivel llega lo competitivos que nos ponemos para este día. Al final decido que es mejor que pague él. Irá más liviano, pero yo cafetito que me he ahorrado.

Quedamos en salir a las 8:00  y con puntualidad típicamente española nos pusimos en marcha a las 8:20.
Una peculiaridad de esta “competición” es la furgoneta de apoyo. Si pinchas se queda a esperarte y una vez reparado el pinchazo te subes a la furgoneta y ésta te reincorpora al pelotón. La primera misión de la furgoneta fue incorporar a la “carrera” a uno de los de Cima que se había quedado dormido porque la noche anterior había salido.

A pesar de ser esta una “carrera” “a muerte” el plan ya está trazado de antemano. Ritmo tranquilo los primeros 25 kilómetros que pica pa’riba. Ritmo más ágil a partir de ese momento que pica pa’bajo. Táctica de desgaste en pelotón hasta Cangas de Onis y de Cangas a Covadonga la competición final.

Nada más salir nos calló un chaparrón de agua tan de improvisto que no nos dio tiempo ni a ponernos los chubasqueros. Y ya una vez mojados… Menos mal que la temperatura era agradable.

A los pocos kilómetros de salir empezaron a sucederse los pinchazos. Curiosamente concentrados en aquellos que llevan equipación de Kike Bike. Se sospecha de que se trata de una estrategia para mantener el equipo fresco y descansado, pero nada se ha podido probar.

Los primeros 20km los hacemos a la espeluznante velocidad media de 23km/h. Lo que se viene a llamar a ritmo de competición. Yo aproveché la parada, de cuyo motivo no me acuerdo, para mear.

El de blanco se ha ido mostrando en cabeza todo el rato. Yo le observo y dudo.

El Furby me amenaza con atacar aprovechando mi siguiente parada a mear.

Los segundos 20km la media subió hasta los 25km/h. Yo me comí una barrita energética medio a escondidas para que mis rivales no se diesen cuenta de que me estaba alimentando bien.

En Infiesto la apisonadora pincha. Justo cuando más llovía. El abuelito se pone en cabeza e impone un ritmo de 35 km/h. Yo, que me he criado ciclísticamente hablando a rueda del abuelito, esta me la sé. Me pongo a su rueda y no me despego a pesar de que me salpique igual que si dirigiese la alcachofa de la ducha a directamente a la cara. El grupo se estira. Se sospecha que esto es una táctica del equipo Kike Bike, pero como aquí no hay equipos la sospecha es una tontería.

El Furby no lleva gafas y le cuesta ver. Lo mismo es buen momento para atarcarle. Si no fuera porque estamos muy lejos…

El de blanco se pone en paralelo con Raul y le pregunta porque vamos tan despacio. Gallu, gallu, gallu.

Yo vuelvo a tener ganas de mear. Contemplo la posibilidad de pararme, pero si el pelotón rueda a este ritmo no voy a poder pillarles y no estoy seguro de si podré aprovecharme de la furgoneta. Valoro la posibilidad de mearme encima, total llueve un montón, pero de momento la situación no es desesperada. Eso si, dejo de beber.

En algún momento ha dejado de llover, pero como estoy tan mojado y tan concentrado en la “carrera” no tengo claro cuando.

De repente se produce una caída en la cola del pelotón. Una bici le hizo el afilador a otra y el ciclista acabó en el suelo. Me acuerdo de una caída similar de Pilar en el 300. Por suerte en esta ocasión no ha sido nada y el pelotón se pone de nuevo en marcha. Estamos en el kilómetro 60, a las puertas de Arriondas, y yo, aprovechando la confusión general, he tenido tiempo de mear. Je, je, je, esto marcha.

De Arriondas a Cangas de Onis son 9 kilómetros y ya empieza a ser falso llano. El de blanco lleva plato pequeño con todo metido. Yo llevo el plato grande y no se en que piñón voy. Me pregunto si estaré haciendo bien, pero como paso los repechos relativamente bien dejo de preguntármelo.

Me como un trozo de dulce de guayaba. El arma secreta. Nadie se entera.

Kilómetro 68. A las puertas de Cangas de Onis. Por increíble que parezca vuelvo a tener ganas de mear. Pienso rápido y decido parar. Si espero llegaré meandome al tramo decisivo. Mientras estoy meando pienso que además al tener que atravesar Cangas de Onis el pelotón bajará el ritmo.

Me pongo en marcha. Acelero para tratar de alcanzar el pelotón lo antes posible. Les alcanzo pasado ya Cangas de Onis y cuando llego a su altura el de blanco está tirando del pelotón y el Furby me informa de que Rubén ha dado un hachazo y está por delante. Yo miro y por delante no veo a nadie. Ha abierto mucho hueco. Pienso que se ha escapado la posibilidad de ganar.

Pero al poco caigo en que el de blanco está rodando a un ritmo realmente alto. El pelotón se ha puesto a la caza. Me sitúo en los primeros puestos del pelotón pero procurando ir siempre a rueda.

A los tres o cuatro kilómetros alcanzamos a Ruben. Y como en los ciclistas de verdad el pelotón lo adelantó a toda velocidad. Parecíamos profesionales.

Estamos en los kilómetros de la verdad. El de blanco el primero, plato pequeño, todo metido, detrás, pegado al arcén, uno de los de Cima a su lado yo, detrás el resto. En un momento dado miro para atrás y cuento. Somos ocho, lo que quiere decir que tres ya se han quedado descolgados.

Veo que el de blanco intenta cambiar de plato. ¡Que ataca! ¡Que ataca! Que nervios.

Como a la vez tiene que bajar piñones el cambio le sale un poco chapuza y el ataque, aunque ataque, es totalmente previsible, al menos para mí. Salto a su rueda.

Hemos abierto hueco, pero no mucho. Yo voy pegado a la rueda y aguanto bien el ritmo. Los de atrás parece que han reaccionado y se están acercando. El blanco se da cuenta y levanta el pie por unos segundos. Cuando el pelotón se reagrupa comenta: “Se nota que vamos fuertes. ¿No quiere tirar nadie?”.

Paulino acepta el reto de Pepsi y se pone en cabeza. Se recupera el ritmo de “carrera”. Paulino y el de Blanco en paralelo en cabeza. El de cima detrás de Paulino y yo detrás del de blanco. Detrás nuestro los otros cuatro. El ataque ha estado bien, pero nadie se ha quedado descolgado.

El de Cima pilla un bache. Pequeño pero profundo. Revienta la rueda delantera (luego me enteré que la trasera también). “Venga, buena suerte” se despide. Pinchar a tres kilómetros de la meta es una faena, pero oye, era un rival muy peligroso.

De repente aparece atacando desde atrás la Apisonadora de Cuatro Caños. Al pasar a mi altura comenta algo como “Vamos Javier”.

Salto a su rueda.

El ataque es demoledor. Estamos subiendo, tengo el plato metido y tengo que meter más piñones para poder seguirle.

Miro hacia atrás y veo que el Furby también ha saltado. Está unos metros por delante del pelotón que encabeza el de blanco.

Pero el ritmo de la Apisonadora es brutal. El hueco se hace más grande. El corazón se me sale por la boca, pero alcanzo a decir. “Despacio, despacio que queda mucho y tenemos mucho hueco”. No se si fue un consejo táctico, todavía quedaba kilómetro y medio; o si fue una petición de piedad, si sigue a ese ritmo me descuelga; pero sea como sea la apisonadora relajó un punto el ritmo adaptándolo a la carretera que se hacía cada vez más empinada.

Aguanté a rueda hasta la curva de la cueva. En la curva decidí aumentar el ritmo. La apisonadora no me siguió. Faltan tres curvas para la meta.

Curva a la derecha. Miro hacia atrás. Tengo hueco. Mi ritmo no es muy alto, pero he ganado unos pocos metros.

Viene la curva a la izquierda vuelvo a mirar hacia atrás. Temo un ataque sorpresa de la apisonadora desde atrás. Me levanto sobre la bicicleta y ataco la curva por el lado más corto y duro.

Se acerca la última curva. Voy a ganar. VOY A GANAR.

Entro en la explanada de la basílica y busco con la mirada a los familiares. La explanada está llena de gente, pero allí nadie se percata del combate que acaba de acontecer.

La apisonadora llega el segundo. El de blanco el tercero y Paulino el cuarto. El furby, que llega el quinto, menciona problemas con su cambio de plato pero reconoce que no le ha salido la estrategia.

Son poco más de las 11 y la velocidad media ha sido de 28,8km/h. No esta mal para un pueblo.

El de blanco dice “Ahora a los lagos”. Gallu, gallu, gallu.

Yo digo que vale, pero que no tengo agua. El Furby me ofrece su botello que está casi lleno. La apisonadora se suma. No habíamos dado tiempo ni a llegar al sexto cuando ya estábamos en marcha hacia los lagos.
Empezamos a subir y la apisonadora pone un ritmo que a mi me parece demasiado alto, yo todavía estoy intentando recuperar la respiración.

Me pongo a su lado y le comento que así no llegamos hasta arriba. A lo que él me contesta que hasta arriba que no, que sólo subimos un par de kilómetros.

Tras unos momentos de dudas decidimos que hasta arriba.

Ponemos nuevo ritmo y poco a poco vamos subiendo.

La huesera bien. El de blanco se descolgó un poco, pero se reincorporó al poco de pasarla.

El mirador de la reina regular. Se empieza a notar en las piernas la juerga del final de la carrera.

Después del mirador de la reina parece que el de blanco se pone en cabeza. Que la apisonadora sube bien.

Yo, que no tengo muy claro de que vamos, decido que pongo yo el ritmo.

No separamos. Yo por delante. La apisonadora por detrás y el de blanco más atrás todavía.
Los últimos repechos se hacen eternos a pesar de ser prácticamente falsos llanos. Mi ritmo es bueno, pero no para tirar cohetes.

Por fin llego al lago Enol. Apoyo la bicicleta y me dispongo a esperar a mis colegas de ruta para sacar la típica foto a orillas del lago.


Poco más. Descenso rápido. Ducha. Comida y mucho buen rollo. Este año no ha habido ramo, cosas de la crisis supongo, pero da igual. Sea como sea seré campeón por un año.

Os dejo el perfil (sólo hasta la cima de los lagos, donde me quedé sin batería)


Estos son los números de la ruta;
  • Kilómetros: 103.96 (80+12+12)
  • Tiempo empeleado: 4:33:42
  • Velocidad media 22.7km/h (28.8 hasta la basílica)
  • Velocidad máxima 63.7 km/h (bajando de los lagos)
  • Calorías consumidas: 3.127
  • Pulsaciones medias: 129
  • Pulsaciones máximas: 194 (ese ataque demoledor de la apisonadora casi me mata)
A cuidarse
Javier Arias González

Monday, June 21, 2010

Quebrantahuesos - Mi primera experiencia

Aviso a navegantes: No hay manera de que pueda hacer una crónica de mi primera Quebrantahuesos y que ésta sea breve. Ni siquiera lo voy a intentar. Es más, voy a intentar reflejar cuantos más recuerdos mejor. No te sientas obligado a leer la crónica, seguramente tenga sólo sentido para mi.

Aviso a navegantes 2: Yo intento darle a toda la crónica un tono de cachondeo. Para disfrutarla es en ese plan en el que debe leerse.

El viernes ibamos camino a Sabiñánigo y al ir a hacer la parada a mitad de camino vi que el parking del bar tenía una zona con techo. Como picaba el sol pensé, voy a meter el coche bajo el techo para que se quede a la sombra. Y oye, la maniobra la hice perfecta. Claro que cai en que algo no iba bien al sentir un golpe y ver que la baca del coche salía despedida hacia atrás con la bicicleta enganchada a ella.

El típico fallo del que se olvida de que lleva la bicicleta con la que piensa hacer la Quebrantahuesos en la baca e intenta aparcar en una plaza con techo.

Eso si, impresionante la suerte que tuve porque a la bici no le paso (casi) nada. El golpe se lo llevó la tija y no parece que sea nada más que un raspón.


Lo que parece claro es que yo no puedo acudir a una marcha ciclista con bici de carretera y no sufrir algún percance en el camino.

Sin más sorpresas llegamos a Sabiñánigo y me voy a recoger el chip y la bolsa con los regalos (un botello, una revista de ciclismo, un libro conmemorativo de los 20 años de la Quebrantahuesos, el maillot y un montón de publicidad).

Al tema que me enrollo.

El sábado me levanté a las 6:30. Había quedado con Agustín y con Jose, el de la tallbike, a las 6:30.

A las 6:30, con puntualidad no hispana, nos juntamos y empezamos a pedalear. Este es el aspecto que llevaban mis acompañantes.


Decir que llamábamos la atención es poco. En los poco más de 11km que teníamos hasta Sabiñánigo fueron incontables los que nos pitaron y nos sacaron fotos.

Llegamos a Sabiñánigo y nos pusimos a la cola de la salida. Jose nos decía que mejor que saliésemos de los últimos porque la gente sale muy deprisa y con muchos nervios.

Dieron la salida y nosotros esperamos pacientemente a que, varios minutos más tarde, los ciclistas empezasen a moverse.

Cuando vimos el camino medio despejado nos pusimos en movimiento. Pero a los pocos metros vimos que los ciclistas estaban de nuevo parados.

Nos paramos nosotros también.

Charlábamos tranquilamente.

De repente me doy cuenta que todos los que están parados llevan el dorsal de la Trepariscos. Se lo digo al Agustín y a Jose y caemos en la cuenta de que los de la Quebrantahuesos ya se han ido. Hace lo menos tres minutos.

Nos metemos entre los ciclistas y llegamos a la primera fila. Los periodistas están frente a nosotros sacando fotos. Yo hasta creo que he salido en varias.

Cuando les decimos que somos de la Quebrantahuesos nos abren hueco. A Jose le dejo pasar Marino Lejarreta.

Una chica de la organización nos preguntó si éramos de la Quebrantahuesos. Si, dije yo.

Pues espera que sino no te va a tomar el tiempo el chip.

La chica avisa a alguien que toquetea en la máquina del chip y nos dice "ahora".

Pasamos y se nos toma tiempo.

Nos ponemos en marcha. La carretera está vacía, no se ve a nadie de la Quebrantahuesos. Vamos los últimos.

Bueno los últimos no. Todavía aparecen dos ciclistas más por detrás de nosotros. Dos gallegos. Uno de ellos en bici de montaña con ruedas finas.

Ya somos cinco.

Pero en vez de ser un pelotón el gallego que lleva bici de carretera tira hacia adelante. El de la bici de montaña se va quedando y Agustín, Jose y yo vamos agrupados.

Yo no me recuerdo nervioso. Tampoco preocupado. Creo recordar que me lo tomé con filosofía.

En un momento dado Jose, que es el único de los cinco que había hecho la Quebrantahuesos, comenta que es raro que este año no se pase por el pueblo, que el se acuerda de que el año pasado se pasó y que había mucha gente aplaudiendo. No le hacemos mucho caso y seguimos pedaleando.

Estamos en una carretera general en constante sube y baja pero ganando altura. Rodamos ágiles, pero no vemos a nadie. Hasta cierto punto normal. Entre unas cosas y otras el último nos debe de sacar cinco minutos como mínimo.

Mira, el gallego que va delante se ha parado.

Cuando nos acercamos a el nos dice. Hay que dar la vuelta. He preguntado y teníamos que haber cogido un desvío a Jaca.

¿¿¿¿¿QUE?????

Que si, que si, que tenemos que dar la vuelta que nos hemos pasado. Que tenemos que coger un desvío hacia Jaca.

Pues nada. Damos la vuelta y vamos en busca del desvío a Jaca.

A los dos o tres kilómetros el gallego de la bici de montaña pincha. Cuando le adelantamos Jose le desea buena suerte, pero no nos paramos.

Por fin llega el desvío a Jaca. Hemos tenido que retroceder 6 kilómetros.


Quiere esto decir que hemos hecho 12 kilómetros más de los debidos (eso sin contar los 11 desde nuestro hospedaje hasta Sabiñánigo), que el último de la Quebrantahuesos nos saca como mínimo media hora. Y, lo que es más preocupante para mi, que en este grupo de cinco nadie tiene ni idea del recorrido y nos quedan unos 200km por delante. Impresionante el panorama.

Atravesamos Sabiñánigo. Jose tenía razón. Pero ya no había nadie para aplaudir. Eso si, la bicicleta de Jose seguía llamando la atención.

Vamos dirección a Jaca. Tenemos viento de cara. Hacemos grupeta. El gallego que va en bici de carretera se va hacia delante y le perdemos de vista. El gallego en bici de montaña va por detrás, pero no chupa rueda; se mantiene a una distancia constante. Agustín comenta algo de que a él este terreno/ritmo no le viene bien. Yo me pongo a la cabeza del grupo y pongo ritmo aceptable, Agus detrás de mi y Jose detrás de Agus. Jose, con su bicicleta, ni sirve para ir delante ni se beneficia por ir detrás. A pesar de que el terreno no es del todo desfavorable yo diría que rodamos a 25km/h de media. El viento nos está castigando un poco.

Nos cruzamos con un par de ciclistas que vienen en sentido contrario. Jose les pregunta que qué pasa. Uno de ellos dice que le duelen las rodillas. Otro lleva la bici con un brazo mientras el otro lo lleva pegado al cuerpo. Me apiado de él. Otros no contestan y le miran la bici con cara de asombrados.

En Jaca hay que hacer un giro a la derecha y mira tu por donde acertamos a hacerlo perfectamente.

El número de ciclistas que vienen en sentido contrario empieza a aumentar considerablemente. Bajan en grupos.

Jose les pregunta y de repente un grupo contesta "es que está lloviendo".

¡¡Coño!! Como está lloviendo se dan la vuelta. Supongo que al gallego eso le sonaría tan raro como a mi que soy asturiano.

Vamos a ver. Se ven nubes en las montañas si. Pero que lloviese entraba dentro de las posibilidades ¿no? No entiendo porque se dan la vuelta.

El caso es que a medida que avanzamos hacia Canfranc más ciclistas bajaban.

A cada grupo Jose les preguntaba. Muchos grupos no contestaban. Les llamaba demasiado la atención la bicicleta de Jose. Pero alguien en uno de los grupos contestó "Es que esta lloviendo mucho".

Sigo sin comprarlo. ¿Hemos venido a montar en bici o a darnos un paseo?.

Llegamos a Canfranc y está lloviznado. Paramos a ponernos el chubasquero. A estas alturas si no nos hemos cruzado con 200 ciclistas no nos hemos cruzado con ninguno.

Yo comento que hacemos un grupo raro, uno en una tallbike, otro en una bici de carbono pero con un trasportín full equipe y otro en bici de montaña. Afirmo que yo soy el único que da el pego como pro del grupo. A lo que Jose responde que de eso nada, que yo tenía demasiados pelos en las piernas. No pude más que darle la razón.

Nos ponemos a subir. Enseguida quedamos Jose y yo por delante, el gallego por detrás y Agustín más retrasado. Llueve. Bastante.

Le pregunto a Jose que cuantos kilómetros tenemos de puerto y me dice que no lo sabe. Pues vaya. A mi me gusta saber lo que me viene por delante porque me ayuda regularme.

Decido preguntar a los ciclistas que bajan. No me contestan. Sólo miran la bicicleta de Jose y le vitorean.

Al pasar por la estación de Canfranc unos ciclistas que estaban al borde de la carretera (subiendo las bicis al coche) me contestan que nueve kilómetros. Ya me quedo yo más tranquilo.

Subimos a un buen ritmo. Llueve mucho y yo diría que el viento es en contra.

Pasamos por Candanchú y Jose comenta que ahí es donde se pone el avituallamiento. Pues será, pero alli no queda nada. Lo han desmontado entero. Pero entero. Vamos que sólo había unos pocos papeles por el suelo. Seguimos sin parar.

Llegamos al alto de Somport. Son las 11:14. Lo reporto en el Buzz. Llueve y hace mucho viento. Nos paramos debajo el techo del paso fronterizo a esperar a Agustin. Me como una barrita. Tirito de frio.

Llega el gallego en su bici de montaña y se para con nosotros. Varios ciclistas que están allí parados convencen a Jose de que no debe de seguir. Al parecer la bajada de Somport es muy peligrosa, incluso ha habido un derrumbamiento de tierra sobre la calzada, y con su bici es demasiado arriesgado.

Jose decide que el no sigue, que se queda en el alto de Somport con los ciclistas a esperar al autobús de la organización. Llega Agustín. El me pide opinión y yo opino que sigo. El se suma a la opinión. Al gallego no le preguntamos pero en todo momento dio sensación de que quería seguir. Agustín se prepara para el descenso. Camisa de algodón, chubasquero, pantalones impermeables, guantes de lana, guantes de fregar por encima. Desde luego no era muy ortodoxo pero a mi me estaba dando una envidia de la leche. No se porque me da a mi que voy a pasar frío en la bajada.

Venga. Despacito. Nos ponemos a bajar. Yo delante, detrás el gallego y luego Agustín. Llegamos al sitio donde está la máquina excavadora quitando la tierra que se ha caído sobre la carretera. Pasamos con mucho cuidado. Voy bajando despacio. Tomando las curvas casi parado. Esta lloviendo mucho y yo estoy tiritanto. Tanto que muevo el manillar con mis tiritonas.

Llegamos a un cruce. Están los de la organización allí. ¡¡¡Bien!!! Les pregunto y me dicen que hacia la derecha. Miro para atrás y veo al gallego pero no a Agustín. Le comento, vamos a dejarnos caer despacio para que entre Agustín. Así lo hacemos.

Nos dejamos caer un par de kilómetros. Pasamos por un pueblo y en una especie de casa/bar había un montón (¿30? ¿50?) de ciclistas refugiados. Se habían retirado y estaban esperando al autobús.

Nos dejamos caer unos kilómetros más. Le comento al gallego que esto es muy raro que yo paro. El decide parar conmigo. Nos bajamos de la bici y el gallego se dedica a corrotear bajo la lluvia para entrar en calor. Después de esperar lo que me pareció un mundo el gallego me dice que llevamos 12 minutos esperando. Llamo al Agustín al móvil. Apagado o fuera de cobertura. El gallego dice que el se va y yo me subo a la bici, pero no han pasado ni 50 metros y le digo que yo doy la vuelta a por Agustín. El decide seguir.

Yo me doy la vuelta y empiezo a subir apretando un poco el ritmo. Paso por el pueblo y vuelvo a ver a los ciclistas atechados. Sigo un par de kilómetros más y de Agustín no hay rastro. Me paro. ¿Que hago? Le llamo. Apagado o fuera de cobertura. Le dejo un mensaje. Creo que me salió un poco desesperado. Agustín cuando puedas dame un toque al movil que me quedo preocupado. Yo voy a tirar.

Doy la vuelta y pedaleo de nuevo hacia abajo. Pego un par de gritos con toda mi alma para quitarme la tensión. Me fastidia dejar atrás a Agustín. Espero que esté bien. Aprieto el ritmo, el terreno es favorable, pero las condiciones son malas. Llueve, estoy helado, triste y encima no conozco el recorrido.

En cada rotonda tengo que sacar el mapa de la organización para guiarme. Tomo un par de cruces esperando no haberme equivocado.

Me paro en una rotonda a mirar el mapa. De repente aparece un coche por detrás. Miro y resulta que es un coche con un cartel que dice algo así como "final de la carrera". Les pregunto el camino y me dicen: "en dirección a Escort". Sin perder tiempo me pongo en marcha. Se ponen a mi altura me informan de que soy el último y me preguntan que tal voy. Les contesto que bien. Y no miento. Realmente estaba bien de fuerzas y mi pedaleo era ágil. Las fuerzas no eran problema. Se ponen detrás de mi  durante algunos kilómetros. Yo creo que me están midiendo y cuando llegaron a la conclusión de que podía seguir, o cuando se aburrieron, se volvieron a poner a mi altura y me dijeron, "tu sigue que nosotros ya volvemos".

Paso por Escot. Se supone que allí había un avituallamiento líquido, pero alli no está ni el apuntador.

Ruedo muy rápido, a plato. Tanto es así que en el cruce en el que hay que girar a la derecha para empezar a subir la Marie-Blanque me lo paso. Menos más que los de la organización estaban en el cruce me vieron pasar y me chillaron. Tuve que rodar hacia atrás unos 100 metros. Cuando llego a su altura les pregunto cuanto queda hasta la cima. Me dicen que nueve kilómetros. Les doy las gracias y meto plato mediano porque la primera rampa ya lo pide.

En la Quebrantahuesos uno sabe donde empiezan los puertos por la cantidad de geles y envoltorios de barritas que ve tirados por el suelo. Siguiendo la pista de los "pro" saco el gel que llevo para las emergencias y me tomo la mitad. También me tomo una barrita y bebo del líquido mezclado con polvos mágicos. Vamos a ser prudentes que de lo poco que se del recorrido es que la Marie-Blanque es muy dura.

Y vaya que si lo es. Es uno de estos puertos en los que en cada kilómetro te anuncian lo que te viene a continuación. Algo así como te faltan 8 kilómetros a continuación tiene usted un kilómetro con un desnivel medio de 4%. Y el caso es que será sensación mía, pero a mi me parece que por cada kilómetro que andaba el porcentaje del siguiente kilómetro subía un 1%.

Faltan seis kilómetros para la cumbre. Me tomo la otra mitad del gel porque esto se está poniendo duro.

Anda, mira, el gallego. Le alcanzo a unos cinco kilómetros de la cumbre y le adelanto. Me disculpo por no subir a su ritmo, pero es que no puedo subir tan despacio como él. El tiene desarrollos de bici de montaña y le permiten subir más despacio.

Yo no se cuanto faltaba para la cumbre. Yo diría que cuatro kilómetros. Voy con todo metido y me estoy empezando a encontrar mal. Muy mal. Sudores fríos, ganas de vomitar y me estoy mareando. Me autodiagnostico bajada de tensión.

Empiezo a pensar si es posible vomitar en marcha y si vomitar me calmaría. Decido que no, que me dejaría el estomago vació y mal cuerpo. Todavía me quedan 100 kilómetros, dos puertos y lo que queda de este.

Me pongo a hacer eses en la carretera. De un lado a otro. Prácticamente ruedo en llano. Me abro el chubasquero y el maillot. La lluvia al mojarme el pecho me alivia. Parece que recupero el tono.

Sigo subiendo haciendo eses. Todo metido. Pedaleando muy despacio. A seis kilómetros por hora.

A lo lejos diviso otro ciclista. Sube andando. Cuando llego a su altura le pregunto si se encuentra bien. Contesta que si. Le pido disculpas por no parar "pero es que si paro no arranco". Lo digo como lo siento. Sigo a mi ritmo. Me alegro de haber adelantado a un ciclista del grupo principal.

La subida cada vez es más dura. Los kilómetros son eternos. Encima, con las eses que hago, yo creo que recorro 1.300 metros por cada kilómetro. En esas tonterías me entretengo pensando.

Al poco veo que por detrás se acerca el ciclista que estaba caminando. No es que venga a un ritmo rápido, pero decididamente avanza más rápido que yo. Como no podía ser de otra manera a los pocos metros me adelanta. Se acabó la alegría de adelantar a un ciclista del grupo principal.

Sigo subiendo poco a poco. No puedo decir que me encontrase mejor. Lo que en realidad pasaba es que había encontrado el equilibrio. Al ritmo al que subía podía aguantar, me costaba, sufría, pero podía aguantar. Sabía que no me bajaría de la bici.

Y menos al volver a ver al ciclista que me acababa de adelantar parado al lado de la bici. Una mano en el manillar, la otra en el sillín. La cabeza apoyada en el tubo del cuadro. Cuerpo en posición de Pi/2. Esta que no puede más.

Le adelanto y poco a poco sigo subiendo hasta que por fin llego al alto de la Marie-Blanque. Son las 14:20. Del puesto de avituallamiento sólo quedan los papeles por el suelo.

Saco el teléfono y veo que tengo una llamada de Agustín y un mensaje corto. Me dice está esperando un autobús de la organización. Me alegro. No porque se haya retirado sino porque si el mensaje fuese que el estaba siguiendo no me perdonaría el haberle dejado atrás. Le envío un mensaje corto "ok. yo sigo"

Ya que tengo el teléfono en la mano tomo la foto de rigor.


Me dispongo a reportarla en Buzz pero descubro que los móviles de pantalla táctil molan mucho, pero no funcionan bien bajo la lluvia. Estoy pegándome con el teléfono cuando veo pasar al ciclista que se había parado. Prácticamente sin saludar se pone a descender. Vamos, Javier, date prisa que se te escapa la posibilidad de ir con alguien que pueda conocer el camino. Sigo intentando que el teléfono, empapado por la lluvia que le está cayendo encima, me responda. Pasan un par de minutos, me estoy quedando frio y el teléfono no responde, lo dejo por imposible y me pongo en marcha.

Empiezo el descenso. A los dos o tres kilómetros me encuentro con unos excursionistas que están haciendo una barbacoa en una carpa. ¡¡¡Con lo que está lloviendo!!!. Me paro y les pido agua. Me la dan. Y también frutos secos y pan. En esto aparece el gallego bajando y llamo su atención. También se para. Recarga agua y se come unos conguitos que le dan. Damos las gracias mil veces y nos ponemos en marcha.

Yo no conozco el recorrido, pero el gallego menos. En cada cruce saco el mapa de la organización. Está empapado por el agua, pero nos sirve para guiarnos.


Yo ruedo en cabeza marcando el ritmo, tranquilo pero sin pausa. El gallego detrás. Pero no chupa rueda. Llegamos a Laruns y hay personas de la organización indicándonos los desvíos. Empezamos a subir.

Empezamos a subir y el gallego se queda. Yo sigo a mi ritmo. El Portalet es muy largo (29 km) hay que tomárselo con calma. Me como una barrita y me como una pastilla de dulce de guayaba, el arma secreta.

Empiezo a hacer cálculos de cuando llegaré a Sabiñánigo. Quiero avisar a la familia. Saco el teléfono, pero sigue lloviendo y el teléfono sigue volviéndose loco con las gotas que caen en la pantalla. Lo vuelvo a guardar.

En el Portalet también tienes las señales que te van cantando los kilómetros. Pero aquí son más asequibles. Un kilómetro al 1%. Otro al 3%. Las sensaciones en las piernas no son buenas, pero esto es llevadero.

Van pasando los kilómetros. Algunos tienen rampas del 5%. Porcentajes que en otras circunstancias ni siquiera lo habría considerado porcentaje y ahora me obligan a meter todo el desarrollo que llevo. Me consuelo pensando que para que un kilómetro tenga de media un 5% tiene que tener rampas del 8 ó 9 y que por eso tengo que meterlo todo. Aquí el que no se consuela es porque no quiere.

Sigo subiendo. Los kilómetros siguen cayendo. Para un momento de llover y por fin puedo llamar a la familia. Mi informe incluye un estoy bien, un Agustín y Jose han abandonado, un me queda mucho y un llegaré a Sabiñánigo sobre las 19:30, 20:00. Son las 16:25. Me quedan unos 60 km hasta Sabiñánigo. Eso significa que pensaba hacer una media de 20km/h. Teniendo en cuenta el estado de mis piernas y la velocidad a la que rodaba esta previsión es un ejercicio de optimismo que ahora mismo, a la hora de escribir esta crónica, me sorprende porque en su momento me pareció totalmente sincero.

Y digo que me sorprende porque al poco de informar a la familia decidí mentalmente que ya no tenía piernas. No es que no las tuviese físicamente sino que ya no tenía fuerzas. Rodaba con todo metido fantaseando con un café con leche. Me quedan 15km hasta la cima del puerto. Esto va a ser muy largo, ármate de paciencia.

Me adelanta el camión con la escoba. Y se para unos metros por delante de mi. Se bajan dos tíos y se acercan a unas bicicletas que están candadas a un árbol. Abren el candado y las meten en el camión. Siguen su camino. Así todo el rato. Me adelantan. Les adelanto. Suben a mi ritmo de la cantidad de bicicletas que hay por el camino. Impresionante.

De repente, a la salida de una curva, un avituallamiento. Menuda sorpresa. Menuda alegría. Es un avituallamiento de líquidos. Están ya recogiendo. Tirando el agua que les ha sobrado. Me ofrecen bebida. Les pido una coca-cola y resulta que tienen. Me la bebo con avidez. Comida no tienen, pero me aseguran que en unos kilómetros hay un avituallamiento que tiene de todo. Le pregunto si no lo cerrarán y me dice que no, que nos esperarán a los últimos. Me comenta que muchísima gente se ha retirado. Yo le digo que por detrás viene uno y que yo voy a seguir. Sin más me pongo en marcha.

La coca-cola tiene azúcar y cafeína. Bueno para la situación en la que me encuentro, recupero un poco el tono. Pero vamos, nada de tirar cohetes. Subo a 9km/h. Voy sin piernas.

Veo a lo lejos un ciclista. Me acerco poco a poco. El también va muy despacio. Parece esto una carrera de caracoles. Llego a su altura y despliego mi verborrea estandar. ¿Qué tal?, pregunto. Bah, tirando, contesta él. Te voy a disputar el farolillo rojo. Viene otro por detrás le informo. Como ya le estoy adelantando sigo con un "Perdona que no siga a tu ritmo, pero es que no quiero perder el mío". Nada, nada tu tira, que yo voy to' acalambrado. Mira tu que bien. Sin piernas gana a acalambrado. Cuando ya le saco unos metros le digo, me han dicho que hay un avituallamiento más adelante y el me lo confirma. Llegarás a una presa, hay un tramo llano y al final del tramo está el avituallamiento. El hueco se ha hecho demasiado grande para seguir la conversación.

Sigo subiendo. Voy sin piernas. La coca-cola bien, pero yo voy sin piernas. Ni poniéndome de pie aguanto. Ahora, viendo el perfil, caigo en la cuenta que eran las rampas más duras del puerto, pero en ese momento me daba la sensación de que ya me había agotado. Empiezo a fantasear con la opción de retirarme. Subirme en un autobús. La calefacción puesta. Relajarme.

Ya veo la presa. Pero según mis cálculos faltan todavía tres kilómetros hasta donde está el avituallamiento. Y no me extraña porque la presa es muy alta y toda esa altura hay que ganarla. La carretera da un montón de vueltas.

Llega el llano. Meto un par de piñones más. Si tuviese piernas las relajaría.

Se acaba el llano.

Llega la primera rampa. ¿Donde está el avituallamiento?

Caramba con la rampa. Mejor lo meto todo otra vez.

Pongo mi mente en el diván. Empiezo a mandarme mensajes de ánimo. ¿Que no hay avituallamiento? Pues nada, poco a poco.

Al acabar la rampa aparece el avituallamiento. Si está allí. No hay duda. Todavía hay gente. Tienen incluso un autobús. Se me pasa por la mente como un rayo el pensamiento de que como me pare no voy a soportar la tentación de subirme al autobús, pero no le hago mucho caso. Ha sido sólo un flash.

El avituallamiento es el paraíso. Tienen de todo. Naranja, manzana, plátano, galletas de almendra, sandwiches, bebida, frutos secos. Me comentan que están esperando por nosotros y que se van. Yo como y hablo. Como con ansia y hablo con agradecimiento. Un sandwich, una galleta, tres trozos de platano, un trozo de manzana. Caigo en la cuenta de que tengo mucha hambre y me pongo las botas.

Llegan los del camión escoba. También quieren comer. En el avituallamiento hay un montón de bicis. Creo que todas ya no les caben en el camión.

Llega el ciclista acalambrado.

Un tío jovial. Iñaki de nombre y vasco de acento. Son las 18:00. Nos informan que no van a dejarnos subir a la Hoz de Jaca. Que el desvío lo cierran a las 18:00. Yo les digo que pienso subir. Sea dentro de la prueba o fuera. Iñaki hace cálculos asegurando que llegará a la cima del Portalet en una hora y cuarto y que luego dos horas hasta Sabiñánigo. Piensa llegar sobre las 20:00. Cuando le digo que yo pienso a subir a Hoz de Jaca el comentario es que entonces yo tardaré más. No me importa.

Llega una furgoneta. Son los colegas de Iñaki. Dicen que traen café con leche. No sólo eso sino que me ofrecen. Yo le ofrezco una rueda de la bici a cambio. El café no está muy caliente, pero me sienta genial.

Tiento la suerte y pregunto si no tendrán aceite (la cadena me chirriaba desde hacía kilómetros, se le había ido el aceite con tanta lluvia) y resulta que los amigos de Iñaki si que tienen. Limpio la cadena y le hecho aceite. Queda como nueva.

Me dispongo a ponerme en marcha. Los de la organización me dan dos geles. Los colegas de Iñaki me dicen que nos esperan arriba para darnos periódicos para el descenso. Yo me deshago en palabras de gratitud.

Es difícil de explicar lo que se siente cuando a uno lo ayudan de esta manera. Pero parte del sentimiento es un subidón considerable. No me engañaba, no estaba 100% recuperado, pero no estaba sin piernas; ahora tenía una pierna. Y con una pierna los 9 kilómetros que me quedaban (este puerto es eterno) estaban chupados.

Mi velocidad pasa automáticamente a los 12 km/h de media. Subo a un ritmo aceptable, tengo una pierna.

Faltan dos kilómetros y veo a dos ciclistas a lo lejos. Me sacan un buen trecho. Pienso que no los pillaré hasta que estemos bajando, pero mi velocidad es mucho más alta que la suya.

Adelanto al primero muy rápido. Esta totalmente parado. Animos, disculpas por no ponerme a su ritmo y sigo a mi ritmo.

Al segundo lo adelanto cuando queda todavía un kilómetro. Más de lo mismo. Animos y disculpas por no ponerme a su ritmo. Me contesta que no me preocupe que me pillará bajando. Me quedo un poco mosca. Yo estoy subiendo considerablemente más rápido que él ¿cómo sabe el que yo no bajo un pimiento?. Yo podría ser un primo lejano de Samuel Sanchez. De todas formas le chillo en la distancia que seguramente que si, que yo no bajo un pimiento. Eso de viva voz, de pensamiento iba yo diciendo que ni en sueños me ibas a pillar tu. Era obvio que iba de subidón. Los avituallamientos estaban abiertos, estaba adelantando a ciclistas, eso significaba que estaba ganando tiempo. Mucho tiempo.

Corono el Portalet. Ni me acuerdo de parar a sacar una foto. Me pongo a bajar. No hay rastro de los amigos de Iñaki, pero no me importa. Tengo una pierna.

Llega una rotonda. Un coche de la guardia civil está parado. Me paro y les pregunto que desvío tengo que tomar. Me lo indican y dice: "Venga que en España hace sol". "No vea la alegría que me da" contesto yo.

Y es cierto. Me alegra mucho la perspectiva de que deje de llover.

Al kilómetro o así la carretera empieza a estar seca. No llueve. Por fin, después de 112 kilómetros lloviendo prácticamente sin parar (y a veces a mares) no llueve. Además es cuesta abajo. Todo tiene buena pinta.

De repente, en mitad de la carretera un hombre de la organización me hace desviarme hacia la derecha. Fuera de la carretera general. Sospecho que me están desviando para que no suba a la Hoz de Jaca. Me paro. Le pregunto ¿Pero por aquí voy a la Hoz de Jaca? Él me mira como si fuese un marciano y me contesta que si, que la ruta es por la derecha.

Sin tenerlo muy claro me dejo caer. Esto parece un aparcamiento. Se ve un edificio. Hay gente. Me acerco despacio.

¡¡Anda!! si se trata de un avituallamiento. ¡Estoy en Formigal! No quiero comer nada, pero el del avituallamiento me mete seis geles en el bolso del maillot. Le pregunto por Hoz de Jaca y me dice que ya no me van a dejar subir. Le contesto que yo subo de todas maneras.

Cuando voy a ponerme en marcha veo que baja como una bala el último ciclista que había adelantado. El "bajador". Me pongo en marcha lo más rápido posible y me tiro cuesta abajo.

Es una bajada muy rápida, con firme seco y yo me encuentro bien. Agarro el manillar por abajo y doy pedales.

En estas estoy cuando aparece un motorista de la guardia civil a mi espalda. Se pone a mi altura y me dice. "Vas el último, los demás se han retirado. Se ha cerrado la subida a la Hoz de Jaca, la organización me pide que vaya acompañándote hasta Sabiñánigo ¿Cómo vas?". Muy bien le contesto.

Esto no tiene buena pinta. Vuelvo a ser el último y no es que me importe especialmente, pero es que yo quiero hacer el recorrido completo. Acelero en mi bajada mientras voy pensando en como gestionar la situación. Llego a la conclusión de que si llegado el desvío me sacan de la marcha si insisto en subir la Hoz de Jaca no me importa. Yo quiero hacer el recorrido completo. Si hay que entregar el chip se entrega y punto.

Bajando adelanto a un ciclista y el motorista se queda con él. ¡Ya no soy el último!

Adelanto también al bajador y le doy un grito de ánimo al pasarle.

Llego al desvió de Hoz de Jaca. La organización esta diciendo que siga de frente. Yo me paro a la izquierda. El bajador tira de frente. Le explico a una chica de la organización que yo quiero subir y ella me explica a mi que no es posible. Que la subida está cerrada porque la marcha esta en sentido bajada, que todos los ciclistas me los voy a encontrar de cara y que se puede provocar un accidente. Es cierto que bajan muchos ciclistas. El guardia civil que esta parando el tráfico me grita que siga de frente. Tienen razón. Ni entregando el chip ni nada no puedo subir a Hoz de Jaca.

Empiezo a bajar y se me ocurre una idea. No puedo subir por donde están bajando, pero tiene que haber otra subida a Hoz de Jaca y tiene que ser un desvío a mi izquierda. Si lo encuentro subo por esta otra ladera y bajo por donde están bajando todos. No será el recorrido oficial, pero me lo perdono.

Bajo despacio varios kilómetros. Voy fijándome pero no encuentro el desvío. ¡¡¡Mierda!!! Me rindo. No subo a la Hoz de Jaca. Me sienta fatal. Me pillo un cabreo que ahora me parece tonto pero que ayer me pareció normal.

Como un niño decido que si no puedo subir a Hoz de Jaca entonces me vacío hasta Sabiñanigo. Deben de quedar 25km el viento da de cara pero el terreno es favorable. Llamo a la familia para anunciarles que estoy a punto de llegar.

Manos abajo y a trabajar las piernas.

Empiezo a adelantar a muchos ciclistas. En un repecho veo al bajador, me pongo de pie sobre la bici y lo adelanto como una bala. Le doy ánimos al adelantarle, algo me grita pero no le entiendo.

Biescas. Ya estoy cerca.

Faltan 11km. Estos son los kilómetros que hice a las 6:30 de la mañana hasta Sabiñánigo. El terreno ya no es tan favorable y el viento de cara sopla fuerte. Me estoy machacando y muchos ratos la velocidad es de 23km/h. Aun así adelanto a muchos ciclistas.

Sabiñánigo. Tomo el desvío a la derecha. El mismo que tomamos esta mañana. Llego a la rotonda. Voy hacia la línea de llegada en la misma dirección que hemos hecho la salida. Esta todo lleno de coches. Le pregunto a un municipal. ¿Y la llegada?. Me contestas "Te has equivocado, tenías que haber seguido un poco más por la circunvalación". NO ME LO PUEDO CREER.


Completo la rotonda y esquivando coches vuelvo a salir a la circunvalación. Llevaba recorridos apenas 100 metros y me pasa el bajador a toda leche al grito de "te adelanté". Mira, casi me da un mal.

Me levanto sobre la bici y acelero con todas mis fuerzas hasta alcanzarle. Por suerte él había dejado de dar pedales y le alcancé en pocos metros. Le cuento lo de mi error en la entrada y hasta a mi me sonó a justificación. Me cedió el paso para hacer el giro de 180º y enfilar la recta de llegada.

Le informo. Yo voy a esprintar. Y el me dice que si, que como tiene que ser. Me levanto en la bici. Mido la distancia a la línea de llegada y lanzo mi sprint.

No queda casi nadie detrás de las vallas, pero alguien me anima. Yo me lo tomo a pecho. Estoy dándolo todo. Lo que pasa es que la llegada es ligeramente cuesta arriba y debe de ser que he medido mal. El sprint se me está quedando sin chispa. Cuando ya se me salía el corazón por la boca sonó el pitido del chip indicándome que ya había llegado.

Me paro. Busco con la mirada a mi familia y los encuentro 200 metros más allá. Están en medio de la calle. Me vuelvo a levantar sobre la bicicleta y lanzo otro sprint. Nada espectacular, pero me aplauden como si fuese el campeón del mundo.

Besos y abrazos. Preguntas. Coger aire. Explicaciones. Alguna que otra lágrima que derramo y la satisfacción de haber acabado (a pesar de no haber podido subir a Hoz de Jaca).

Directo a entregar el chip. Ahí fue cuando me acordé de parar el GPS.

A los 50 metros nos encontramos con Agustín y con Jose y nos fuimos a que yo comiese algo de pasta mientras nos contábamos los unos a los otros nuestras historias. Que buen momento de buen rollo y camaradería.

Después me pasé a por el diploma (alguien por los altavoces decía que había llovido en otras ediciones, pero que esta había sido la de peor tiempo).


No se muy bien porque, ni que significado tiene, pero también me dieron una medalla de bronce.


Lo que si que se es que habiéndolas de oro y de plata yo si vuelvo es a por una de las de oro. Ya me enteraré yo de cual es el criterio y ya me encargaré yo de cumplirlo.

Mis números:
  • Kilómetros: 217.60 + los 11km desde las casas rurales a Sabiñánigo a las 06:30. Total 228km cuando la marcha oficial tiene 205 (y eso que no me dejaron subir a la Hoz de Jaca)
  • Tiempo rodando: 10:07:05
  • Velocidad media: 21.40 km/h
  • Velocidad máxima: 65.60 km/h
  • Pulsaciones medias: 138ppm
  • Pulsaciones máximas: 175ppm
  • Calorías consumidas: 7.487
  • Es la 11 vez que montaba en bici de carretera. La 7 vez en mi Cannondale Synapse.
Yo creo que había apuntados unos 10.300 ciclistas. Según la organización acabaron 5.280 (se retiraron unos 5.000 ciclistas). Yo acabé el 5.105. De mi categoría (35-44) acabaron 2.116 y yo acabé el 2.051. Claro que yo no subí a Hoz de Jaca y seguro que muchos de los que quedaron por detrás de mi (175) si que la subieron.

No quiero dejar de pasar la oportunidad de reconocer el trabajo de LA ORGANIZACION. Sencillamente IMPRESIONANTE. Autobuses para recoger a los ciclistas que se retiran, recogida de las bicicletas de los retirados, avisos a los familiares de la situación de los participantes. No hay palabras para describir la labor que toda la organización ha desplegado en una marcha muy complicada por las causas climatológicas. Yo me he quedado impresionado. En mi han ganado un fan.

A cuiarse
Javier Arias González

Friday, June 18, 2010

Me voy a la Quebrantahuesos

¿Qué pasa "biciosos"?

Entro en "fin de semana mode" y me dispongo prepararme para irme a mi primera Quebrantahuesos.

Habrá crónica en este blog y además intentaré ir contando la experiencia en tiempo real en mi perfil de Google Buzz.

A cuidarse
Javier Arias González

Sunday, June 13, 2010

Kilómetros negros

¿Qué pasa "biciosos"?

Kilómetros negros son esos kilómetros que ruedas sólo porque no le has dicho a nadie que tenías pensado salir. Es un entrenamiento encubierto. Es ponerse a tono sin que los demás lo sepan para luego sorprenderles con tu estado de forma.

No es mi estilo, pero eso es lo que hice yo hoy.

Claro que yo me justifico. Ando preocupado porque las últimas semanas he rodado poco y sin cargarme y el próximo sábado tengo la Quebrantahuesos. Como tenía que estar en casa a las 12:00  y quería rodar muchos kilómetros me puse a dar pedales a las 7.00 de la mañana. Rodando sólo tenía más flexibilidad.

¿Qué hice? Pues me fui hasta Orusco desde casa. Lo que viene siendo. Casa, Marañosa, "San Marting", Vallekillas, Morata, subida al helipuerto, Perales, Tielmes, Carabaña y Orusco. Café y media vuelta. 129 kilómetros en total que me hice en 5 horas y 10 minutos de tiempo total (4:45 de tiempo rodado).

Poco que contar.

No llovió en toda la mañana.

En la rotonda de la estación de "San Marting" llevaba 28.8 km/h de media. Lo mismo es que hacía viento de culo; vamos digo yo.

Increíble pero cierto. No paré, ni siquiera a mear, hasta Orusco.

En Orusco, mitad de la ruta, kilómetro 64.5 llevaba una media de 26.8 km/h. Siguiendo las enseñanzas breveteras (lo suyo es parar sólo 15 minutos) me tomé un café con leche.

Con esto de las enseñanzas breveteras se me acaba de ocurrir un dicho ciclista:
"Cuando paras los 15 primeros minutos recuperas, luego empiezas a enfriarte"
No se si es cierto del todo, me lo acabo de inventar

A los 15 minutos exactos me puse a rodar de nuevo. Frio no estaba, pero a las piernas no les hizo nada de gracia.

Es en este momento cuando hago el gesto de ir a poner la música que tengo reservada para la vuelta a casa (música marchosa y tal) y caigo en la cuenta que no me he traído el mp3. Me hice todo el recorrido de ida sin música y ni me había dado cuenta.

Cuando llegué a Morata (al parking del helipuerto) la media era de 27.2 km/h.

Subí Vallekillas muy bien. En la rotonda después de la bajada la media seguía siendo 27.2 km/h.

Subiendo la Marañosa hacía viento de cara. Subía muuuy despacio. Hasta que me adelantaron cinco ciclistas en bicis de carretera. Les saludé, les pedí permiso para ponerme a rueda (siempre funciona) y me resguardé del viento.

Subían rápido. Tanto que descolgaron a dos compañeros. Yo resistía cuanto podía. Es la eterna duda si me quedo con los descolgados voy despacio, si me quedo sólo me como el viento y me canso y si sigo a rueda me canso. Siempre me lo planteo y siempre escojo seguir a rueda.

Cuando las cosas se complicaron (en el último kilómetro de subida) empezaron a tirar. Yo seguí a su rueda cuanto pude, pero al final me descolgaron a mi también.

En la cima de la Marañosa rodé muy despacio para coger aire. Me adelantan como balas los que se habían descolgado.

Me pongo a rueda. En la bajada alcanzamos a los dos que iban por delante.

En arroyo culebro la media seguía siendo 27.2 km/h.

Su ritmo no es que sea muy alto, pero yo ya voy machacado.

En la rotonda del avión nos separamos. Me quedo sólo.

La velocidad media que llevo es de 27.2 km/h. Es una velocidad muy alta. Lo mismo si me esfuerzo la mantengo hasta casa.

En la cuesta de los gitanos me doy cuenta que eso de siempre escoger seguir a rueda en la eterna duda lo mismo no es buena idea. Se cansa uno mucho.

Ruedo lo más rápido que puedo dadas las circunstancias y cuando llego a la avenida de Andalucía la velocidad media sigue siendo 27.2 km/h. Ole, ole y ole. Voy a llegar a casa con esta velocidad. Sólo me queda una subida digna de mención (Rafaela Ibarra).

Subida en la que hago un sprint un poco patético, pero oye, me estaba dejando la piel.

Llego a casa son las 12:10, me ducho, como unas piezas de fruta y nos vamos.

Vuelvo a casa a las 19:30. Me pongo a pasar los datos al ordenador.

¡¡¡¡Y EL VELOCÍMETRO DICE QUE LA VELOCIDAD MEDIA ERA DE 27.1 KM/H!!!!

Hago el cálculo con decimales y me sale que 27.16 km/h.

¡¡¡¡"HAMOS" HOMBRE, SI LO SE NO ME ESFUERZO TANTO. VAYA DECEPCIÓN!!!!

Decepción que se me pasa un poco cuando veo que en realidad es mi record de velocidad media desde casa a Orusco ida y vuelta y que el anterior record era de 25.18 km/h.

Bueno, siendo así no está tan mal.

Claro que ahora me he quedado preocupado por culpa de otro dicho ciclista.
"Días de mucho, vísperas de ná"
Yo se lo escuche a Antonio, la culpa es suya
Mucho me temo que me va a tocar sufrir en la Quebrantahuesos.

Los datos numéricos de la ruta:

  • Kilómetros: 129.38
  • Tiempo rodando: 4:45:47
  • Velocidad media: 27.1 (tengo que admitir que me duele que no sea 27.2)
  • Velocidad máxima: 64.6 (bajando Vallekillas)
  • Pulsaciones medias: 151 
  • Pulsaciones máximas: 181 (en el último kilómetro de la subida de vuelta de la Marañosa)
  • Calorías consumidas: 3.949

A cuidarse
Javier Arias González

Monday, May 17, 2010

Navacerrada y Morcuera - 16 de Mayo de 2010

¿Qué pasa "biciosos"?

Me había llamado Jose (no confundir con Jose del Pakefte) y me había propuesto salir con la grupeta de Juan Carlos este domingo. Por lo visto tenían planeada una ruta por la sierra de Madrid, 100 kilómetros subiendo Navacerrada y Morcuera.

Yo ya había rodado con Jose y con Juan Carlos en el año 2008 cuando participamos juntos en la X marcha Lale Cubino y me apetecía volver a rodar con ellos. Le pregunto por la grupeta de Juan Carlos y me dice que no me preocupe que no ruedan rápido. Yo acepté la propuesta. Si había acabado un 400 podría rodar 100 km por la sierra de Madrid

El miércoles Jose sale a "rodar" después de varios meses saliendo muy poco por una sesión y decide darse una paliza soberana sobre la bice. Resultado. La lesión se resiente su participación es dudosa.

El sábado Jose se prueba en la bicicleta estática y efectivamente se duele de la lesión. La prudencia aconseja que no salga el domingo. Me llama y me dice que él no va, pero que no me preocupe que salga Juan Carlos y su grupo, que yo, que he acabado un 400, aguataré bien. Y yo pienso que si, que voy, que aguantaré bien.

El sábado por la tarde, y dado me temo que para mi este año se han acabado los brevets, le quito el transportín, el soporte de la bolsa delantera y los soportes de los focos a la bici. También bajo el manillar y trato de ajustar los cambios que me habían quedado desajustados del 400 dándole un cuarto de vuelta de apriete al cable. De paso engraso la cadena y la dejo como los chorros del oro. Voy a ser una máquina sobre mi bicicleta.

El domingo por la mañana miro el cielo, hace sol y decido. No llevo guantes largos, no llevo camiseta interior, llevo coullote corto. Me llevo la chaqueta de entretiempo pero la dejo en el coche. Se me pasa por la cabeza la idea de llevar la bici de montaña en vez de la de carretera, pero finalmente desecho la idea.

A las 8:00 en Cerceda. Puntual como un británico. Puntuales ellos también.

Saludos y miradas observalotodo por mi parte.

Todos de coullote largo menos dos que van de corto. Todos con camisetas interiores. Todos menos Juan Carlos con guantes largos. Yo miro el cielo y pienso que va a hacer calor que mejor dejo la chaqueta en el coche. Al final, por no acercarme hasta el coche, por pura vaguería, no me quito la chaqueta.

Tres detalles me llamaron la atención. Algunas pepino-bicis con ruedas de perfil alto, los dos que iban de corto tenían las piernas depiladas y uno que le dice a otro si quiere usar la crema para calentar los músculos que él ya se la ha echado. ¿¡EIN!?

Empezamos a rodar. Me sitúo en la cola del grupo en paralelo a Juan Carlos. Empieza la subida. Así, en frío.

Nada más salir tres (dos eran los que iban de corto) ponen un ritmo alto y abren un hueco con el resto del grupo.

Que se van.

Que se van.

Que se han ido.

Juan Carlos y yo adelantamos a nuestro grupo y ahora estamos divididos. Tres por delante. Juan Carlos y yo y cuatro por detrás. Debemos llevar dos kilómetros de ruta. Todo pa'riba.

Juan Carlos me va contando. Los que van por delante ya han hecho la Quebrantahuesos y su intención es subir Navacerrada y luego a la bola del mundo para luego seguir a Morcuera.

Yo lamento no haber tirado con ellos para haber subido también a la bola del mundo. Pero iban demasiado rápido. No les hubiese podido seguir rueda.

Juan Carlos también me informa sobre el perfil de Navacerrada. Son siete kilómetros de subida. Algunas rampas son duras. Pero a pesar de que llevamos varios kilómetros subiendo, el puerto todavía no ha empezado. Yo voy bien.

Empieza el puerto y vamos hablando, pero poco a poco el ritmo y la dureza de la carretera hacen que nos callemos. Cuando me quiero dar cuenta llevo todo metido y las pulsaciones a 175. Estoy aguantando bien, pero no puedo ir más rápido. Juan Carlos a mi lado, con un piñón grande de 25 parece ir tranquilamente.

Nos adelantan tres ciclistas de carretera. Van prácticamente silbando y nos dejan atrás con mucha rapidez. Nos adelanta una chica en una bicicleta de carretera. Va con mucha frecuencia en la pedalada, pero poco a poco se va. Nos adelanta otro ciclista de carretera, este sólo un poco más rápido. Nos ponemos a su rueda.

Yo aguanto una distancia indeterminada, pero más de 10 metros y menos de 100. Es decir. Que me quedo.

Juan Carlos se va con él.

Vamos a ver. Aquí algo no funciona. Yo, que con mi bici de montaña soy el terror de los ciclistas de carretera que circulan por la Marañosa. Yo, que el pasado fin de semana he completado un 400 incluso disfrutando. Yo, que por pura vaguería me había traído la chaqueta de entretiempo. Ese yo estaba pedaleando con todo metido, con las pulsaciones en 180 y con la sensación de que no es que me faltasen fuerzas, sino de que eso era todo lo fuerte que yo era. Me acordé de que casi traigo la bicicleta de montaña. Que iluso, que prepotente.

Y además tenía un frío de la leche. Si es que el agua a la derecha de la carretera estaba helada. Y soplaba un viento de cara impresionante.

Me resigné a la realidad y bajé un poco el ritmo para no desfondarme en el primer puerto. Aun así las curvas antes de llegar a lo alto se me hicieron duras de verdad.

Empecé a pensar en la Quebrantahuesos y en la subida al Angliru, ambos planes para este verano. Tomé consciencia de que no tengo las fuerzas necesarias para mover el desarrollo que llevo en la bicicleta. Menos mal que ya llegaba al alto de Navacerrada y ya no me dio tiempo a pensar más.

Juan Carlos me esperaba y cuando llego a su altura me dice que vamos a tomar un café. ¡Pero si llevamos 18 kilómetros!

Pues dicho y hecho. Nos tomamos un café. Cuando llegan los que venían por detrás comentan que ellos se van a Cotos y que se dan la vuelta. Que van a buscarnos a Miraflores de la Sierra pero que se ahorran la subida de Morcuera.

Pues va a ser que nos quedamos los dos ciclistas de corto, Juan Carlos y yo. Yo a estas alturas de la mañana, con sólo 18 km en el cuerpo tengo más miedo en el cuerpo que frío. Que ya es decir.

Los dos ciclistas de corto no habían podido subir a la bola del mundo porque el hormigón estaba nevado. Uno de ellos pinchó y nos paramos a cambiar la cámara en el parking de Navacerrada. Yo tiritaba y me acordaba de los guantes largos y de la camiseta interior que había descartado en casa mientras Juan Carlos explicaba que en la sierra es normal que haga tanto aire y tanto frío.

Empezamos a bajar, pero a los dos o tres kilómetros tenemos que volver a parar. La reparación del pinchazo no ha ido bien y la rueda ha perdido aire. Vuelta a cambiar la cámara. Vuelta a tiritar.

Cuando empezamos a bajar de nuevo tirito tan fuerte que me cuesta mantener el manillar recto. Encima esta gente baja muy rápido para mi. Hoy era la décima vez que montaba en bici de carretera y no tengo yo costumbre de bajar a 50 ó 60 kilómetros por hora mientras tirito.

Me cuesta seguir el ritmo, en un par de curvas me abro demasiado. Pero a base de levantarme sobre la bicicleta con todo metido a la salida de las curvas consigo mantener el ritmo de la bajada. Como a medida que bajamos la temperatura sube empiezo a encontrarme cómodo en la bici.

Llegamos al Paular y me acuerdo de la regla de los siete kilómetros y decido comerme una barrita energética.  Bebo y como a la cola del grupo de cuatro mientras me mentalizo para la subida a Morcuera.

Cuando llegamos a Rascafría deciden que paramos a tomar algo. Los dos que iban de corto, los que habían intentado subir a la bola del mundo no habían tomado nada en Navacerrada y se toman un café y un donuts de chocolate. Yo, más prudente, me tomo un aquarius de naranja.

La parada no duró ni diez minutos. Nos pusimos en marcha en fila de a uno dirección al puerto de Morcuera.

Veo un cartel que pone al puerto de Morcuera 16km. Llevamos 40 kilómetros de ruta. Pues tampoco es tanto.

Llegan las primeras rampas. Los dos que van de corto mantienen el ritmo y a los 100 metros y me doy cuenta de que no voy a poder seguirlos. Levanto el pie y dejo que se vayan. Juan Carlos se queda conmigo.

Entiéndaseme bien. No es que yo fuese mal. No, yo iba bien. Pero es que estos tíos iban a toda leche.

Levantar el pie significaba rodar con las pulsaciones a 175 atacando las rampas del puerto. Me notaba al límite y Juan Carlos con su corona grande de 25 piñones, con la que el próximo fin de semana se va a subir los lagos, subía bastante más relajado.

Y oye que no íbamos muy despacio. Que adelantamos a dos ciclistas de la peña Morcuera y a los pocos kilómetros a otros dos del mismo grupo.

Poco a poco nos vamos haciendo con el puerto. Van pasando los kilómetros y de vez en cuando hay zonas en las que se puede descansar. Me empiezo a animar no podré ir más rápido, pero se que no estoy desfondado.

Coronamos el puerto y casi sin parar empezamos el descenso. Un descenso rápido y con buena visibilidad. En un santiamén estábamos en Miraflores de la Sierra y allí nos esperaba los dos ciclistas de corto y parte de la grupeta.

Ni nos paramos. Enseguida se puso en marcha uno de los de corto y puso un ritmo endiablado. Yo lo podía seguir, pero a base de levantarme sobre la bicicleta y de llevar las pulsaciones altas, pero notaba que aguantaba bien.

Los kilómetros iban pasando y el grupo no bajaba de 30 km/h ni cuesta arriba. Yo iba echando cuentas de los kilómetros que nos quedaban y sabía que aguantaría a este ritmo hasta, pero era claramente un ritmo duro, que desgasta.

De repente, sin darme cuenta estábamos en Cerceda. Sólo llevábamos 88 kilómetros, pero la ruta se había acabado. Eran las 13:30 de la mañana.

Pensé: vale, no estoy tan fuerte como yo creía, pero yo aguantaría otra vuelta a la ruta. Pero lo cierto es que desde la tranquilidad de mi sofá se que ese era un cheque sin fondos. Yo no estaba cansado, pero me habían vaciado las piernas en 88 kilómetros.

Después del subidón del 400 hoy tocó lección de humildad. Bueno para la quebrantahuesos.

Los números:

  • Kilómetros: 88.21
  • Tiempo rodando: 3:44:25
  • Velocidad media: 23.5 km/h
  • Velocidad máxima: 65.6 km/h
  • Pulsaciones medias: ¡¡¡¡¡149!!!!!
  • Pulsaciones máximas 218 (es que el pulsómetro algunas veces se vuelve loco)
  • Calorías consumidas según el pulsómetro: 3.315
  • Calorías por kilómetro: 37.58, frente a las 25.26 del 400

A cuidarse
Javier Arias González

Sunday, May 16, 2010

Mi primer 400, el 400 de Algete - 7 y 8 de Mayo de 2010

¿Qué pasa "biciosos"?

Los prolegómenos
La semana anterior me había caído de la bici de montaña en Asturias y la consecuencia más importante era un agudo dolor en el brazo. Me dolían los tendones. Me dolían mucho los tendones si giraba la mano. No tenía nada claro yo eso de participar en el 400.

No fuí a trabajar en bici durante toda la semana para dar descanso al brazo.

Toda la semana procuré dormir 8 ó 9 horas cada día para estar descansado. No había perdido la esperanza de participar en el 400 de Algete.

La noche del Miércoles al Jueves me costó dormirme. Pensaba en el 400; que ritmo llevar, como soportar la noche, etc. Estaba nervioso.

El Jueves decidí que participaría en el 400. Si me ponía nervioso quería decir que el subconsciente ya sabía que yo participaría aunque yo todavía no me hubiese decidido. Subí la bicicleta a casa y empecé a poner sobre una cama todo lo que tendría que llevar. No tengo muy claro que ropa llevar, por si acaso pongo una camiseta interior, una maillot y una chaqueta de entretiempo. Guantes largos y cortos por aquello de hacer caso a lo que había aprendido en el 300. Coullote corto que, aunque Juan haya dicho que va a hacer frío, en las piernas no se pasa frío. Una vez tomada la decisión me sentía muy tranquilo. A eso se le llama inconsciencia.

El Viernes trabajé sólo por la mañana. Comí en casa un plato enorme de ensalada de pasta regada con vino tinto.


Me acosté a dormir una siesta, el vino hizo su efecto y dormí profundamente una hora y media. Entre sueños decidí que necesitaba instalar en la bicicleta un transportín para poder llevar todo lo que necesitaría. Me levanto a las 17:00 y me voy a Ciclos Delicias, así, sobrado de tiempo, a hacerme con un transportín y su correspondiente bolsa. Encantado con mi compra me voy a casa y saco provecho a mis conocimientos de mecánica (!!!???) para montar un transportín en una bicicleta full carbon. No queda muy pro, pero yo estoy encantado con el resultado.

Ceno ensalada de pasta, esta vez regada con agua del grifo, a las 19:00. Me tomo un café con leche en vaso en el bar de debajo de mi casa. Salgo ha buscar a Agustín y entre pitos y flautas a las 21:30 aproximadamente llegamos al polideportivo de Algete. Nos registramos. Nos encontramos con los compañeros del Pakefte, incluida Paloma que no tenía pensado participar, pero nos daba ánimos. Nos acicalamos. Esto está a punto de empezar.

Estoooooooo. ¿Qué hace todo el mundo con coullote largo?. Lo comento con los compañeros y todo el mundo está de acuerdo en que va a hacer un frío de la leche y que ir de corto es de locos. Bien; pues yo de corto. Menos mal que el maestro Edu llevaba coullote largo y también perneras por si se decidía a poner el coullote corto. Y no sólo las llevaba sino que me las ofrecía. Todavía opinando que casi treinta ciclistas estaban equivocados y que yo, en mi primer 400, era el que tenía razón, acepté las perneras de Edu no fuese que al final fuera yo el equivocado.

El plan
Pues muy sencillo. Empezar a rodar a las 22:00 y hacerse 400 kilómetros en menos de 27 horas. El perfíl tenía esta pinta (aunque hubo cambios de recorridos en los últimos kilómetros).


Se esperaba viento a favor durante los primeros 140 kilómetros y viento en contra los últimos 225 kilómetros (esto es un poco injusto ¿no?). Durante el Viernes había llovido en plan tormenta, pero no se esperaba lluvia durante el recorrido. Algunos ciclistas opinaban que durante la noche haría mucho frío, pero no todos. 

Trataría de ir publicando la experiencia en mi perfil público de Google Buzz.

¿Quien se vino?
Aunque teníamos la intención de hacer la brevet completa siete, al final, de una manera o de otra fuimos diez. En perfecto orden alfabético:

  • Agustín. El que baila sobre la bici. El heterodoxo que nunca será admitido en un club de pros.
  • Antonio. El rey. El que se mueve a ritmo constante mientras los demás pululamos a su alrededor.
  • Buje. La elegancia y la clase sobre la bicicleta. El que siempre da la impresión de ir bien. 
  • Edu. Sabio, maestro. El de eléctrico ritmo.
  • Jose. El generoso. El que siempre ofrece rueda. El de poderoso rodar.
  • Josu. El que josuea. Genio y figura.
  • Juan. El opositor. Al que unos pocos kilómetros le sirven para plantearse hacer el próximo 400.
  • Paloma. El ánimo constante. La que se aparece tras las curvas repartiendo ánimos y apoyos.
  • Pilar. La recuperada. Traficante de Guayaba.
  • Yo. María dolores.
Para Agustín, Buje, Jose y para mi este era nuestro primer 400. Antonio, Edu y Josu ya tenían experiencia en estas lides.


¿Cómo fue la ruta?
Empezamos muy bien. Los (aproximadamente) treinta ciclistas en pelotón. Enseguida nos encontramos en carreteras sin tráfico. El brazo sólo me dolía si pillaba un bache, eso si, si pillaba un bache veía las estrellas (en el sentido figurado, que hay discrepancia de opiniones sobre la presencia de estrellas en el cielo durante la ruta). Radio María amenizaba con sus cánticos la ruta y no hacía mucho frío, yo llevaba puestas las perneras de Edu, pero sólo por si acaso.

A una hora indeterminada, en un punto indeterminado de la noche el café hace su efecto y me paro a mear. El pelotón sigue a su ritmo. Cuando me pongo en marcha los he perdido de vista. Estoy sólo en mitad de la ¿estrellada? noche (Insisto. Hay discrepancia de opiniones entre los participantes sobre la visibilidad de las estrellas visibles en el cielo durante la ruta. Yo uso aquí estrellada porque le da un toque poético a la crónica pero la pongo entre interrogaciones para ser lo más fiel posible a la realidad; aunque no importe. Fin de la nota). Me alegra comprobar que mis dos focos (Cateye HL-EL530) dan buena luz. Acelero para alcanzar al pelotón. Viene una bajada. Luego una subida que reconozco del 300 (impresionante memoria). Subo a ese ritmo indefinido del que quiere alcanzar a sus colegas, ya a la vista, pero no quiere gastar más de lo necesario. En lo alto de la cuesta los alcanzo. La cuesta ha hecho que el pelotón se deshaga y ahora, fieles a la tradición, los del Pakefte vamos los últimos; o los penúltimos.

Momento nebuloso en mi memoria.

Llegamos a Cogolludo. El lugar donde teníamos planeada la primera parada. Un sitio ideal dado que es un pueblo que tiene una máquina de refrescos que funciona. Es la 1:00 de la madrugada y, obviamente, no hay nada más abierto. Llevábamos tres horas seguidas pedaleando sin parar (salvo la parada fisiológica) y Edu había programado una parada de 15 minutos. Yo, gracias a la experiencia del 300, unos kilómetros antes ya me había hecho una lista de las tareas que tenía que hacer. Parada. Sacar un bocadillo de nocilla (con pan integral), subir el sillín que iba un poco bajo, apretar el foco derecho que estaba un poco flojo, comer una barrita energética, mear, empaquetar todo. Listo en 15 minutos exactos. Nos ponemos en marcha.

Estooooo; no me acuerdo de que venía por aquí, pero sigo con lo que me acuerdo.

Pin pan pun. Pin pan pun llegamos a Atienza. Y todo bien.

Vamos a ver, entendámonos. Estamos parados en una fuente sin nada alrededor. Son las 3:45 de la mañana. Llevamos pedaleando 5 horas y 45 minutos (habría que descontar las paradas fisiológicas que aunque no me acuerde seguro que existieron). Hemos recorrido 108Km (míralo de esta manera, ya llevas un cuarto de la crónica). Llevamos 40 minutos de retraso según el horario de Edu que con precisión alucinante había pronosticado que llegaríamos a Atienza a las 3:05. Pero no importa, pararemos sólo 15 minutos. También esta orbayando (aunque no está previsto que llueva) y yo hace varios kilómetros que he dado la razón a aquellos, tampoco tantos, que decían que haría frío. Las perneras, aunque me venían grandes (pedazo de piernas las del Edu) me salvan de que se me congelen las rodillas. Gracias, gracias y gracias Edu.

Reconozco que el panorama no es como para calificarlo de "todo bien". Pero es que nos acabábamos de re-agrupar con Edu y Jose que habían rodado los últimos kilómetros por delante del Pakefte y a mi eso me alegra. Además yo me estaba comiendo un bocadillo de chorizo (con pan integral) y un plátano y me estaba sentando de maravilla. Pero es que, por si fuera poco, estando allí parados, llegan los de Pueblo Nuevo lo que significa que no íbamos los últimos. ¿Cómo no iba a estar todo bien? 

Claro que lo vivido a la salida de Atienza casi acaba con tan optimista percepción.

El panorama era este. Se empieza subiendo. Es una rampa corta y medianamente dura, pero eso no significa que no sea subiendo. No mola. Después de la subida viene una bajada y a pesar de lo que pudiera parecer tampoco mola. ¡¡¡¡La carretera está llena de baches!!!! ¡¡¡¡Está lloviendo!!!! ¡¡¡¡NO VEO NADA!!!!

Lo de la buena luz de mis dos focos (Cateye HL-EL530) resulta que tampoco es para tanto. Con las gafas puestas no veo nada y sin ellas tampoco. Yo trato de esquivar los baches. Pero con poco éxito. Como mucho consigo esquivar uno o dos, el resto los pillo todos. Diga lo que diga la polémica yo, en esta parte del recorrido, y a pesar de que el cielo esté cubierto, veo las estrellas. Además de colores. ¡¡¡¡Encima hace frío incluso con perneras!!!!

Edu marcaba un ritmo eléctrico. Buje y yo intentábamos seguirle. Rodábamos posiblemente un poco más rápido de lo que la prudencia aconsejaba. El resto del Pakefte se había quedado atrás.  La carretera era un constate sube y baja (con baches), seguía lloviendo. Las perneras se me caían, sobre todo la derecha. Tenía ganas de mear.

Casi empiezo a pasarlo mal, pero decidí avisar a Buje que yo paraba. Meo, me subo las perneras y nos ponemos en marcha. Acordamos entre nosotros que a Edu ya no le pillamos y por lo tanto ponemos un ritmo más sensato. De repente se acaban la carretera de los baches y rodamos sobre  buen asfalto. ¿Qué más da que todo estuviese lleno de charcos? Todo volvía a estar bien.

Buje y yo rodamos con cierta tranquilidad bajo la lluvia. Yo llevo buen ánimo a pesar de que llueve con fuerza, de que la pernera derecha se me baja constantemente, de que un foco se me queda sin pilas (Enseñanza. No te fíes de las pilas que te vienen con los focos cuando los compras) y de que de vez en cuando tengo que parar a mear. Buje no si lo lleva con buen ánimo o no, pero desde luego lo lleva con su elegancia habitual mis constantes interrupciones y paradas.

En un punto indeterminado de la ruta nos encontramos con un ciclista parado en el arcén de la carretera. Resulta que tiene la rueda pinchada. Pero no sólo eso. La cubierta la tiene ya desgastada y la rueda se pincha una y otra vez. El tío lanzaba improperios y bajaba santos del cielo de manera acorde a la situación, pero hinchó la rueda y decidió que podía seguir. Tiró por delante de nosotros, pero a los pocos kilómetros lo volvimos a alcanzar. Había vuelto a pinchar. Como no teníamos cubiertas le dijimos que pidiese una cubierta a los que venían por detrás y allí le dejamos. Lección aprendida; una cubierta no ocupa tanto espacio y te puede sacar de una situación indeseable.

En Berlanga de Duero (a lo mejor era en otro pueblo, no lo tengo muy claro) paramos a que yo me suba la pernera derecha, a mear y a comernos una barrita energética. Edu está por delante y el resto por detrás lo comentamos y decidimos seguir rodando hasta Almazán donde estaba el primer control y donde nos podríamos reagrupar.

Es triste, y a la vez no sorprendente, pero a los pocos kilómetros me volvió a fallar un foco, se me volvió a bajar la pernera derecha y volvía a tener ganas de mear. Volvemos a parar en medio de una carretera y bajo una lluvia considerable. En el tiempo que nos llevó la parada vimos que se acercaba un grupo de ciclistas. Al poco comprobamos que era la porción del Pakefte que venía por detrás. Nos reagrupamos y juntos rodamos camino a Almazan.

La lluvia paró y volvió a empezar un par de veces. Amaneció en las rectas camino a Almazán. Hacía un frío de la leche. ¡Menos mal que llevaba las perneras!

A las 7:22 llegamos al bar de Almazán donde debíamos sellar. Allí estaba Edu tomándose su café con magdalenas. Sellamos (lo primer siempre ha de ser sellar, que ha eso hemos venido) y a mi me costó escribir la hora. Al tercer intento lo conseguí. Llevábamos 9 horas y 22 minutos de ruta, 180 kilómetros y yo estaba helado. Me desayuno un pincho de tortilla, bisolan, café con leche y tres magdalenas.

Jose dice que se va. Yo pienso que bromea, pero no. Que se va. Que llevaba lloviendonos prácticamente las últimas cuatro horas, que el es andaluz que la lluvia no le gusta y que ya está bien de frio y humedad. Pregunta en el bar donde esta la estación del tren y para allí que se las pira.

Edu había planificado media hora de parada, pero no le hicimos mucho caso. Necesitábamos una parada un poco más larga. Por lo menos 40 minutos. Edu decide que el tira. Nosotros nos quedamos.

Cuando salgo para empezar a recoger, todavía tiritando, me encuentro con Jose. Por lo visto hay un tren a las 09:18, pero no estaba claro que admitan bicicletas. El siguiente tren es sobre las seis de la tarde. No quiere arriesgarse a quedarse atrapado en Almazán. Yo me alegro. Me gusta que Jose siga en el grupo.

Empezamos a rodar no se a que hora, con frío, sin lluvia pero con el previsto viento de cara. En las primeras rampas nos dividimos. Antonio, Buje, Jose y yo por delante; Josu y Agustín por detrás, a su ritmo. Yo intento hacer reset mental. Intento convencer al cuerpo de que es un día normal y que empieza la ruta. No estoy seguro de si hace efecto, pero oye así se entretiene uno.

Empezamos a subir hacia Baraona. A mi las rampas me sentaron bien. ¿Os lo podéis creer? Toda la noche pedaleando y las primeras rampas de la mañana me sientan bien. Pero es que el esfuerzo de subir hace que entre en calor y aunque sople el aire el cuerpo se entona.

Llegamos a Baraona. Paramos en una fuente que resulta no tener agua. Bebo del botello, me como una barrita. Intento poner un post en Buzz pero no hay cobertura. Pues así las cosas nos vamos. Y cuando nos vamos a poner en marcha llegan Agustín y Josu con un tercer ciclista, uno de los de Pueblo Nuevo. Como deciden no parar nos unimos a su grupeta y nos disponemos a llanear por el altiplano, el primero de los tres que recorreríamos.

Enseguida la bajada. Muy rápida y después de un giro a la izquierda. En algún momento nos alcanzaron dos ciclistas más de los de Pueblo Nuevo y los tres de este grupo enseguida nos adelantaron y se fueron a su ritmo.

No me entraba ni el tercer ni el cuarto piñón más grande. Lo que quiere decir que o rodaba atrancado o rodaba demasiado suelto. Se acercaba la carretera del éxtasis y yo estaba tenso.

La carretera de éxtasis son los 14 kilómetros de entrada a Sigüenza. Una carretera recta, donde los coches corren que se matan, en constante sube y baja y con una subida al final. ¡¡¡Y LLENA DE BACHES!!!

La carretera del éxtasis me estaba machacando sicológicamente y de dolor cuando alcanzamos a los tres de Pueblo Nuevo que habían parado y se ponían en marcha justo cuando los adelantábamos.

Les cogí rueda. A su rueda me cubría del viento de cara y podía rodar con el quinto piñón con cierta comodidad. Si hay que pasar la carretera del éxtasis a pasarla lo más rápidamente posible por el bien de mi brazo.

Cuando llegamos a la cuesta final probé a subir con el segundo piñón más grande, pero era demasiado poco. Metí el quinto piñón pero era mucho. ¿Qué hago? Pues aunque sea gastar fuerzas opto por el quinto piñón. Mejor ir más rápido. Me levanto sobre la bicicleta y dejo atrás a los tres de Pueblo Nuevo abriendo hueco rápidamente.

Cuando llego a Sigüenza busco en Google Maps talleres de bicicletas en los alrededores, pero el más cercano estaba en Atienza. Si, el atienza por el que habíamos pasado hacía 120 kilómetros estaba a unos 30 kilómetros de Sigüenza. De todas maneras demasiado lejos como para llevar la bicicleta.

Cuando llego al bar de Sigüenza y sello son las 11:20. Llevamos 13 horas y 20 minutos de ruta, 242km. Yo me siento cansado y preocupado ante la perspectiva de tener que rodar 160 kilómetros sin los dos piñones que más molan.

Menos mal que Edu, que acababa de comer cuando nosotros llegábamos, se ofreció a echarle un vistazo al cambio. Lo arregló con un simple cuarto de giro para apretar el cambio. Lección aprendida, tengo que hacer un curso de mecánica básica, la diferencia de apretar un cuarto de giro es inmensa. Eso y el medio tupper de ensalada de pasta que me comí bebiéndome un acuarius y el caer en que a partir de ahora ya conocía el recorrido (era el mismo que la segunda parte del 300) hicieron que me recuperase física y anímicamente.

De Sigüenza se sale subiendo. Y subiendo en la salida de Sigüenza, al llegar a lo alto de una de las rampas más duras de todo el 400, entendí el secreto de los breveteros. Había subido con todo metido. Muy, muy despacio. Yo tenía fuerzas para haber subido mucho más rápido (bueno, tampoco tanto, tanto) pero cuando coroné me alegré por lo "descansado" que había subido. Despacio si, pero sin desgastarse.

Coronamos, también al tran tran, la subida a Mirabueno. Nos reagrupamos, todos menos Edu que tiró por delante. Empezaba el segundo altiplano. El viento era de cara, pero se acercaban kilómetros con el terreno favorable.

Parada en la fuente de las inviernas. Llegan algunos de los de Pueblo Nuevo. Y cometimos un error. Que si si, que si no, que si te espero que si tires; total que Josu tiró por delante y dejamos a Agustín por detrás. No es buena idea eso de dividirse cuando tienes viento de cara, pero es que en el Pakefte es así.

Antonio, Buje, Jos y yo formamos un grupo muy bueno. Nos pusimos en fila, empezamos a darnos relevos y por unos kilómetros alcanzamos buena velocidad de crucero.

En Masegoso vimos a Paloma. Paramos a recibir sus ánimos y a compartir con ella la alegría de verla. Nos informó que Josu iba por delante, le contamos que Agustín venía por detrás.

A los pocos kilómetros alcanzamos a Josu que iba un poco tocado. Nos propusimos tirar de él y pusimos un ritmo lento que le fuese asumible. Poco a poco nos acercamos a Brihuega.

Cuando empezábamos la dura rampa de Brihuega nos adelanta a toda velocidad Agustín. ¡Que alegría!. Resulta que había hecho grupeta con dos de Pueblo Nuevo y dándose relevos habían venido bastante bien hasta Brihuega. En el bar de Brihuega, en todo lo alto del pueblo, nos reagrupamos. Paloma estaba allí, Edu estaba echando una cabezada en el coche y los demás nos pusimos a comer. Eran las 15:50, llevábamos 300 kilómetros en las piernas después de 17 horas y 50 minutos de ruta. Nos quedaban 100 kilómetros, pero empezaba el terreno desconocido. Me comí el resto del tupper de ensalada de pasta, me comí una bolsa de patatas fritas y me tomé un café con leche. Pase lo que pase que me pille bien comido.

Nos ponemos en marcha. Agustín y Josu habían salido unos minutos antes pero al poco los alcanzamos, formamos un grupo con los siete del Pakefte y empezamos a darnos relevos a un ritmo que fuese asumible por todos. Y lo hicimos razonablemente bien.

En algún punto del valle del Tajuña nos cruzamos con Juan y Pilar que habían salido a nuestro encuentro para hacernos de liebres. Que alegría ver a Pilar de nuevo sobre la bici después de la caida en el 300. Ahora éramos nueve y aunque los relevos dejaron de salirnos tan bien los kilómetros fueron pasando con alegría.

Llegamos a Armuña de Tajuña y paramos en la fuente. Todos menos Edu que no se enteró que parábamos y siguió su ruta. En Armuña me comí una chocolatina que llevaba y un trozo de dulce de Guayaba que me dio Pilar. Según Juan es lo que toman los ciclistas colombianos cuando se disponen a subir un puerto. Y es que nos acercábamos a la subida al Pozo de Guadalajara. 6 kilómetros de subida, suave, todo hay que decirlo, cuando llevas 350 kilómetros en las piernas requieren toda la ayuda posible.

Pues oye, sería por la Guayaba, yo no digo que no, pero la subida al Pozo se me hizo muy cómoda. Forme duo de baile con Jose y juntos marcamos un ritmo muy digno.

¡¡¡Se puso a llover!!!

Alcanzamos a Edu que se había parado a ponerse el chubasquero. Nosotros no paramos, no quisimos perder el punto que llevábamos. En una curva salió Paloma del coche a darnos ánimos mientras se mojaba. Los ánimos cumplieron su función y seguimos subiendo en nuestra nube. Cuando llegamos al Pozo paramos en la gasolinera a ponernos bajo techo y a esperar al resto del grupo.

Resto del grupo que llegó sorprendentemente pronto. Aquí todo el mundo había hecho una subida a buen ritmo.

Nos pusimos los chubasqueros y nos pusimos en marcha justo cuando llegó a la gasolinera el grupo de los de Pueblo Nuevo. No éramos los últimos y alguien comentó que ahora ya no podíamos ser los últimos.

El caso es que no llevábamos ni un kilómetro rodando y pincho Josu. Nos paramos todos en la cuneta mientras Josu y Buje cambiaban la cubierta. Menos mal que había parado de llover (el típico efecto de ponerte el chubasquero).

Nos quedaban sólo 40 kilómetros, pero ese tramo de la carretera es el peor de todo el brevet, sin contar la carretera del éxtasis. Muchos coches, muy rápidos y nada de arcén. Menos mal que el terreno es favorable.

En Alcala de Henares Juan y Pilar se despidieron para ir a coger el tren. No tengo muy claro cuántos kilómetros habían hecho con nosotros (¿60?, ¿70?), pero es que no importa. El haber podido compartir con ellos parte de la ruta ha sido un placer y una alegría.

Salimos de Alcalá de Henares y debido a un accidente la policía nos desvió a un camino de tierra. Yo lo hice entero sosteniendo el manillar sólo con el brazo izquierdo. El brazo derecho me dolía demasiado.

Al poco pincho la rueda delantera. Kilómetro 386 (creo) de la ruta, sólo quedan 14 y pincho la rueda delantera. Me quedé un tanto parado, pero no importó Agustín y Buje (creo) se pusieron a repararme el pinchazo. Y cuando reparaban el pinchazo vimos a los de Pueblo Nuevo que nos adelantaban por otra carretera camino de Algete. Montamos (en realidad montaron) la rueda con rapidez y nos pusimos en marcha; eso ya con menos rapidez.

Subimos y bajamos los repechos camino de Algete lo más dignamente posible. Yo me sentía bien de fuerzas y de espíritu. Los piñones de la bici volvían a saltar, pero con lo poco que quedaba y con los de Pueblo Nuevo amenazando con hacernos cumplir con nuestra tradición no iba a ser yo el que parase al grupo.

De repente la demostración de que estamos locos de atar.

No es que llevásemos unos 395 km después de casi 24 horas con lluvia, viento de cara, piñones flojos y carreteras del éxtasis. No, eso hasta se puede entender.

Lo que no se puede entender es que de repente se lance un sprint. Yo no tengo claro como fue el tema. Sólo se que yo no lo inicié. No daré nombres de los insanos pero lo que si que tengo claro es que ante un sprint yo metí plato y aceleré con todas mis fuerzas. Total, los brazos ortopédicos de hoy en día son muy buenos.

Fíjate tu que llegamos al polideportivo de Algete y finalmente un poco antes que los de Pueblo Nuevo. Yo sellé mi tarjeta a las 21:25.


Este fue el momento de la alegría. Alegría por haber acabado. Alegría por haber llegado juntos. Alegría por estar razonablemente entero. Alegría por haberlo pasado tan bien.


¿Qué aprendiste?

A saber:
  • Que en un 400 puede hacer mucho frío.
  • Que las perneras son un complemento ideal. Pesan poco y si hace calor te las puedes quitar.
  • Que Edu tiene unas piernas impresionantes, sobre todo la derecha.
  • Que no tienes que fiarte de las previsiones meteorológicas. Sobre todo si dicen que no va a llover.
  • Que no mola cruzar puentes sobre los ríos después suele venir una subida. Esto me lo enseñó Antonio en mi primer 300, pero como se me olvidó ponerlo en la crónica lo pongo aquí para que no se me olvide.
  • No te fíes de las pilas que te vienen con los focos que te acabas de comprar. Ni son alcalinas ni na' y, obviamente, no durarán la noche de un 400.
  • Lleva una cubierta de repuesto. No ocupa tanto y cuando la necesitas pocas cosas pueden sustituirla.
  • Apúntate a un taller de mecánica básica. La alternativa es obligar a Edu a que participe en todos los brevets en los que participes.
  • No me acuerdo de más. Aprendí más cosas pero se me han olvidado.

Los números
  • Kilómetros: 399.21 No me quedaron ganas de hacer rotonding para llegar a los 400.
  • Tiempo empleado: 23 horas y 25 minutos. 
  • Tiempo rodando: 19 horas y 4 minutos.
  • Tiempo parado: pues la diferencia 4 horas y 21 minutos.
  • Velocidad media: 20.9 km/h
  • Velocidad máxima: 61.5 km/h
  • Pulsaciones medias: 118 ppm Sin desgastarse
  • Pulsaciones máximas: 167 ppm Seguramente en el sprint
  • Calorías consumidas según el pulsómetro: 10.083
  • Kilómetros de la bici: 1.170
  • Fue la quinta vez que montaba sobre la Cannondale y la novena vez en mi vida que montaba en bici de carretera. 
Una versión de la misma historia contada por Jose puede leerse en su crónica BREVET 400 KMS EN ALGETE - 8 DE MAYO DE 2010.

A cuidarse
Javier Arias González